Un cambio generacional

Las elecciones de hoy, domingo 23 de octubre, seguramente darán pasto a más de un post. Sin embargo, me gustaría empezar haciendo un comentario corto sobre un hecho que por ahí parece secundario: el recambio generacional que se manifestó en estas elecciones.

Más allá de los alineamiento estrictamente partidarios (y tendremos mucha tela para cortar sobre esto) un dato que no parece haberle llamado la atención a nadie es el generalizado recambio de generaciones que tuvo lugar en todo el país. En este momento, en prácticamente todas las jurisdicciones del país, una generación de políticos y políticas que no llega a cincuenta y cinco años y en muchos casos tiene menos de cincuenta, ha expulsado, en muchos casos por las malas, a la generación que marcó los destinos instucionales de la Argentina desde el cambio de la democracia.

Por ejemplo: Néstor Kirchner tiene 55 años. Cristina Fernández de Kirchner tiene 53. Rafael Bielsa tiene 52 años. Mauricio Macri y Elisa Carrió son aún más jóvenes: cuentan con 46 y 47 años respectivamente. (Es interesante el que Kirchner sea ligeramente mayor que muchos de sus candidatos).

Los grandes derrotados en esta elección son, antes de ninguna cuestión política, de otra generación. Carlos Menem tiene 75 años. Eduardo Duhalde, si bien no tan mayor como Menem, pasa sin embargo los sesenta. Por ahí también debe andar Luis Barrionuevo. Sería interesante ver hasta qué punto el factor edad jugó en contra de Carrió: Olivera es antes que nada el representante vivo de una generación radical, signada por el comité, el wisky, el habano y la campera de gamuza con pañuelo, que huele alternativamente a naftalina y a desastre.

Mirando estrictamente el peronismo, esta es la Renovación de la renovación en términos generacionales. Es el reemplazo de los últimos políticos peronistas que ya tenían cargos de importancia en la década del setenta, como Menem. Los que ahora los desplazan son por supuesto muy disímiles entre sí en términos de historia y convicciones pero los une la llegada al peronismo desde posiciones más de clase media, menos ligados a lo sindical y a la clase trabajadora, con una mística que (cuando existe) se reconoce mejor en la plaza del camporismo del 73 que en los descamisados del 45. Hay más comodidad en hablar de “la gente” que de “el pueblo”. Se nota, además una relación de cierta tensión con el legado de Perón, al que admiran pero que, no olvidemos, los echo de la plaza en un momento dado.

La generación que timoneó la salida de la dictadura y la “doble transición” a la democracia y al mercado neoliberal se fue, o mejor dicho la fueron mientras se agarraba con uñas y dientes. La excepción a la regla, claro está, es el venerable Raúl Ricardo Alfonsín; su influencia, sin embargo, ha quedado restringida casi complemente al interior del partido radical, dado la súbita evaporación gaseosa de la bancada de diputados de su partido. La generación que nos dió los juicios a las juntas, el punto final y obediencia debida y los indultos, la hiper, el uno a uno, el pacto de olivos y más, ha sido reemplazada. Hagamos un minuto de silencio y agradezcamos los servicios prestados.

Este comentario no intenta, sin embargo, mostrar esto como una ocurrencia absolutamente positiva. El dato positivo es este: esta generación que ahora ocupa todo el pesacio hizo su vida política casi enteramente en democracia. Este es el único juego que saben jugar y hay infimas posibilidades de que golpeen, cualquiera de ellos, puertas de cuarteles.

Pero también hay peligros en la juventud. Elisa Carrió juega con un discurso de permanente negación de la institucionalidad que dice respetar cuando tal institucionalidad no genera los resultados que desea, y se regocija en ver maremotos y conflagraciones, ignorando que en la Argentina no se llama al desastre; en este país, cuanto peor, peor; también ha elegido señalar a los peronistas como “vulgares y brutos”. Por momentos suena mucho más vieja que sus 47 años: parece que por ella habla el espíritu de un escandalizado antiperonista de, digamos, el 52.

Mauricio Macri es quizá la creación más auténticamente novedosa de esta elección. Por un lado, ha logrado borronear exitosamente el hecho de que es la representación fundamental de una clase rentista que nació y creció con el proceso tanto como con el menemismo; también demostró la capacidad de vender reivindicaciones de derecha sumadas a un discurso tecnocrático y tintes vagamente futboleros-populistas. En este sentido, es tal vez la primera vez en los ultimos treinta años (posiblemente más) que se logra una representación política pura de la derecha asociada al capital financiero y rentístico, sin mezcla de radicalismo o peronismo (más allá de algunos duhaldistas y menemistas eventuales, que no contaminaron el discurso del candidato). El sí podría ser el germen de la “centroderecha” clara que tantos reclaman.

El kirchnerismo, al ser gobierno, tiene por delante los mayores desafíos. Uno de ellos es qué hacer con el PJ. La dilemática es reminiscente de los setenta: puede intentar “ir por afuera” para clausurar el ciclo histórico del un partido que resistió dieciocho años de proscripción y llegó a tener la mayor cantidad de afiliados de Occidente, o ir “por adentro” y ocuparlo para ponerlo detrás de su liderazgo. Una cosa es clara: los pobres lo votaron, mientras que las clases medias urbanas de las grandes ciudades, votaron otra cosa (ya sea a Binner, ya sea a Macri). Tal cosa parecería indicar que Kirchner está, si no condenado al éxito, si condenado al peronismo. Varios compañeros salieron a pedir que Kirchner ocupe la presidencia del PJ. Una definición se viene en este tema y esto no se puede seguir postergando. Por otro lado, del lado del derrotado duhaldismo se notaba más espíritu de volver con caballo cansado que de lucha denodada. Pero es posible que Kirchner se engolosine con el tercer movimiento histórico. Habrá que ver.

Por ahora, retiró del juego a los ultimos vestigios de la generación anterior y legitimó su propio poder. Es bastante. El sabe que es probable que sea quien dé forma a la política de los próximos veinte años, más allá de que gobierne o no. Habrá que esperar a ver su próxima movida, sabiendo que la pelota está en su cancha.

6 comentarios a “Un cambio generacional”

  1. eva maria
    June 3rd, 2007 19:55
    1

    tendria que empesar por lo mas vasico si de verdad quiere cambiar el pais por ej los pobres que duermen en la calle , los policias corructos y asi hasta poder tener un lugar un poco mas seguro yo se que usted ya iso algunas cosas buenas pero se nesecita un poco mss solo hay que pedir ayuda a la grnte eso nes todo chauu . es para el presidente que lo lea.

  2. Fran
    July 1st, 2007 18:36
    2

    Recambio GENERACIONAL?????, primero tenés que informarte q Nestor es funcionario público desde 1987, SIII!! desde hace 20 años que vive del Estado!!!, Cristina es funcionaria pública desde 1989, 18 añitos!!!!!, jóvenes pero peor que “los viejos”

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