Rawls y la izquierda norteamericana
Leyendo Rawls, me doy cuenta de cuál es el problema de los “liberals” (palabra vagamente equivalentes a “progresistas” o “centroizquierda) norteamericanos.
John Rawls y los rawlsianos (Bruce Ackerman, Amy Gutmann y Dennis Thompson, Henry Richardson, entre otros) constituyen hoy (como dijo una vez un profesor mío) “el paradigma hegemónico de la izquierda en EEUU”. Los programas de las materias de ética o filosofía política de los departamentos de filosofía “progresistas” de EEUU suelen empezar con Hobbes y terminar con Rawls, mientras que los neconservadores o los libertarios radicales lo detestan por su énfasis en la justicia distributiva y su interés en fundamentar teóricamente un estado de bienestar para ellos inaceptable.
El principal problema de la teoría política norteamericana hoy es el pluralismo cultural, es decir, cómo resolver el problema de la condición de posibilidad de la construcción de un orden político que sea al mismo tiempo justo y respetuoso de las diferencias culturales (y de género, y sociales, y religiosas, y muchos etcéteras). Los teóricos de la democracia “minimalista” liberal dirían que éste no es un problema del cuál se tenga que ocupar la política, pero, como queda claro hoy, en ciertas partes del mundo la política no se ocupa de otra cosa. Los teóricos del neconservadurismo (los straussianos-voegelinianos) dirían que la superioridad cultural de los WASP es tan clara que sólo queda aceptar la pesada carga del hombre blanco.
Los rawlsianos a menudo proponen la “democracia deliberativa” como la mejor manera de resolver diferendos que involucran cuestiones morales. Es decir, apuestan a resolver los desacuerdos (propios de sociedades pluralistas) que involucran cuestiones morales o religiosas básicas (el aborto, diferentes cuestiones relacionadas a la moral sexual o las relaciones de género) mediante diversos mecanismos de deliberación pública que operan por búsqueda de consenso antes que mediante mecanismos de agregación de las preferencias como referendos o votaciones por mayoría.
Hasta aquí, la propuesta teórica suena atractiva. A las escuelas teóricas que reifican y escencializan las diferencias culturales, religiosas o sociales (y que suelen terminan proponiendo alguna variante del “choque de civilizaciones) se le opondría una idea de proceso político basado en el diálogo y en la búsqueda de denominadores comunes, idea construida sobre la asunción de que hay una racionalidad básica que pertenece a la esencia de la especie humana (o a la del lenguaje, diría Habermas) y no a las culturas, etnías o grupos sociales.
Pero, en Liberalismo Político, John Rawls nos informa que la deliberación sólo es posible en sociedades que ya sean de hecho “abiertas y tolerantes”.
Es más,luego afirma que la “razón pública” debe estar “autolimitada”: los individuos deben limitarse a dar razones que estén fundadas en el “sentido común” y las “verdades simples” (“plain truths”) generalmente aceptadas por una cultura determinada. En el caso de la religión, Rawls determina que no serán aceptables razonamientos públicos que no puedan ser empíricamente comprobables (con lo que la religión es excluida de facto de la esfera pública).
Si éstas fueran condiciones abstractas para una deliberación imparcial, serían discutibles en tanto tales. Pero la clave es que las condiciones para la deliberación no son para el Rawls post- Liberalismo Político (y para los rawlsianos) actitudinales o epistemológicas, sino culturales. El individuo secular, respetuoso e imparcial que puede deliberar públicamente es un constructo histórico que sólo se ha constituido en las sociedades liberales-democráticas u “occidentales”.
La democracia deliberativa, en definitiva, es para muchos rawlsianos un privilegio que la historia ha concedido, al fin de cuentas, a un grupo de personas que en cualquier caso están de antemano de acuerdo sobre la justicia de su orden social.
Por eso mismo, Rawls inclusive busca limitar la posibilidad de que los individuos pertenecientes a las sociedades occidentales critiquen los fundamentos de esas mismas sociedades: las justificaciones públicas deben apoyarse en las “normas y creencias aceptadas” y nunca ir en su contra.
Al final, hallamos que, entrando por otra puerta, estamos otra vez encerrados en el excepcionalismo de las sociedades occidentales (que serían abiertas y tolerantes de una manera radicalmente distinta a las demás), en la tesis de la la incomunicabilidad de los sistemas culturales, y, al final del camino, en el choque de culturas.
Con esto quiero decir: la alteridad cultural es, al fin de cuentas, tan problemática hoy para la derecha neoconservadora como para la izquierda liberal norteamericana (y probablemente también europea). Al fin y al cabo, ambos campos entienden que hay “culturas” con las cuáles no se puede o no merecen, deliberar. En definitiva, es inclusive probable que muchos liberales deseen, íntimamente, que la derecha les resuelva el problema de una buena vez, haciendo lo que ellos no se atreven a hacer.

November 11th, 2006 15:49
hoy por hoy la mayoria de los paises es regido por la derecha es por eso siempre habra mas perdicion en vez de mejorar y asi poco a poco la verdadera cultura se esta perdiendo y principalmente en los EE.UU por la clase burocratas que tienen como el señor George.W.Buhs
February 24th, 2007 15:32
es un poco complicado extrapolar las conclusiones que Rawls tiene en su teoría doméstica al plano internacional; de hecho, si te interesa, el último libro de Rawls – the law of peoples, traducido y bastante barato creo – trata el tema internacional; la mayoría de los críticos lo acusan, precisamente, de lo opuesto a lo que vos lo “acusás”: de tolerar demasiado a sociedades no liberales.
En lo otro, en el terreno político de republicanos y democrátas, ahí sí estoy de acuerdo con vos.
Saludos
April 5th, 2007 17:13
Creo que los mas importantes lectores e interpretadores de Rawls en Argentina son el Sr y la Sra K, no es cierto???