A las Madres de la Plaza de Mayo
La decisión de un sector de las Madres de Plaza de Mayo de abandonar las marchas de la resistencia, sumada a la próxima fecha del 30 aniversario del golpe de estado, abre una buena oportunidad para hacer una reflexión, a modo de balance, sobre lo que ellas significaron para la política argentina en estos últimos años.
El desafío, claro, es eliminar los lugares comunes: su coraje, su capacidad de resistencia y de organización, su inclaudicable compromiso con la no violencia y con la defensa del estado de derecho. Todas estas cosas son ciertas. Pero yo elegiría otra para empezar: la capacidad que vi en estos 30 en las Madres para la alegría.
No pretendo presentarme como una persona con conocimiento de las internas del movimiento; tuve de hecho más contacto con las Madres cuando mis viejos militaban en la APDH de Neuquén entre 1978 y 1983. De grande, estuve en algunas reuniones y en muchas marchas. Pero siempre me impresionó lo mismo. Uno esperaría que mujeres que han pasado por la experiencia de tener los hijos desaparecidos, no saber qué había pasado con ellos y saberlos asesinados y torturados, ser rechazadas por el poder político una y otra vez, ver también como desaparecían sus propias compañeras traicionadas por quien había dicho ser un aliado, fueran algo así como cariátides de dolor. Sumidas en un pesimismo monocorde. Nada que ver. Son mujeres que hacen chistes, que se ríen, que demuestran un gran afecto entre ellas y por los jóvenes, ya sean otros hijos o sus nietos (con la excepción quizá de Hebe de Bonafini, quien ya antes del 83 parecía ya reducida a un tono de furia constante).
Esta capacidad para la alegría me pareció aún más admirable durante los años más áridos de la transición, cuando todo parecía perdido. Es difícil recordarlo hoy, pero entre 1987 y el fin del menemismo, casi todo parecía perdido. La cobardía alfonsinista trajo las infames leyes de Obediencia Debida y Punto Final, y el menemismo los indultos. Sabíamos que la Corte Suprema menemista apoyaría cualquier aberración. Vimos caminar libre a Astiz, a Menéndez, a Videla. Estos fueron años difíciles de sobrellevar.
Recuerdo una marcha muy grande en la ciudad donde crecí, Neuquén, en 1990 o 91 luego del indulto. Neuquén, como muchas ciudades patagónicas, creció alrededor de una guarnición del ejército. Por esas cuestiones del crecimiento urbano, hoy quedaron, como un resabio, las lujosas casas de los comandantes de guarnición en las mejores manzanas del centro de la ciudad. Pasamos con la marcha frente a las puertas de esas casas lentamente. Todas las casas estaban con las luces apagadas, pero en todas estaba la puerta de entrada abierta e iluminada, y las mujeres de los militares paradas en ellas con los brazos cruzados. Frente a unas mujeres, otras mujeres decían: estamos acá y parece que ahora vamos ganando.
En el peor de los momentos, las Madres siguieron igual que siempre.
Hoy la sociedad parece haber ya juzgado definitivamente. A pesar de personas como la mujer del ex mayor Mercado, Mariano Grondona o Patti, no hay espacio en Argentina hoy para reivindicaciones del Proceso. Los juicios siguen adelante, los jerarcas están encerrados, y las medias líneas culpables de crímenes también. Y una mujer (cómo está llena esta historia de mujeres) es ministra de defensa.
Me gustaría pensar que las marchas pueden parar ahora porque aprendimos. Por supuesto, quedarán todavía muchos momentos oscuros por delante. Las Madres nos enseñaron que hay que seguir aún cuando todo parece fracasar. Con pasión pero sin odio, sin dudas pero con alegría. Con capacidad de disfrutar lo que se puede mientras se continúa la lucha. Falta mucho, pero la impresionante reacción de la sociedad argentina ante la crisis, la solidaridad, la creatividad, las ganas de millones de personas, no habría sido posible sin los años de lucha.
No puedo encontrar un homenaje mejor que lo que se cantaba en el 89 y decimos hoy: hoy más que nunca, “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.

Julio 8th, 2007 23:34
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Octubre 25th, 2007 13:49
Mucho gusto… yo soy Mariana Brandan naci en 1976, soy de Santiago del Estero y actualmente tengo un juicio de filiacion Pos Mortem, mi padre el Dr Jose Claudio Olivera fue medico Ginecologo Obstetra, y medico policial, y se dedico a la venta de niños… toda la cuidad de la banda lo supo siempre pero por temor a el nadie se atrevio a denunciarlo, fue elegido en la ciudad de la banda 3 veces de Intendente desde 1983 hasta 1991. Tenia poder politico, yo queria contarles mi experiencia personal, y pedir apoyo por estar luchando por adquirir mi identidad, gracias . comuniquence conmigo pronto . Yo viajare a BsAs si es necesario, para hacer saber mi historia.