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A treinta años del golpe de estado

En este día, ¿qué decir? En este día se puede hablar de muchas cosas. De cómo un aparato represivo sistemático planificó y llevó a cabo miles de asesinatos, además de torturas, desapariciones y robos. De cómo esto fue acompañado de una igualmente sistemática reconversión económica que privilegió la mediación financiera a la actividad productiva. De cómo el proceso también llevó a cabo una política de destrucción cultural, social y afectiva que intentó desmobilizar, individualizar, fragmentar, esconder, a la vida en común en las ciudades y barrios.

Pero leyendo los diarios de hoy veo que muchas personas ya están dedicadas a estos temas. Así que se me ocurre que hay que plantear la reflexión desde otro ángulo. Este ángulo es la reivindicación de la política.

Es importante recordar que el Proceso tenía un diagnóstico armado sobre qué fallaba en la sociedad argentina. Este fallo, este problema originario, entendían los teóricos del proceso, era la sobreabundancia de política, la excesiva movilización, la excesiva “concientización” política de la sociedad de este país.

Ahondemos más en esta idea. El Proceso (o sea, la coalición procesita de civiles y militares), entendían ellos mismos, venía a curar una enfermedad política del cuerpo social argentino: la movilización política de las clases populares, iniciada por el peronismo en la década del cuarenta pero continuada y resguardada por el movimiento sindical (peronista y no peronista) de las décadas del cincuenta y sesenta. En su excelente biografía “El Doctor” Martín Sivak cita a Mariano Grondona rememorando cómo vio el 17 de octubre de 1945 desde el balcón de su casa y diciendo (cito de memoria): “No sabíamos que esa gente existía. Para nosotros fue cómo si hubiesen bajado de platos voladores”. Esta movilización, este salirse de la clase trabajadora de su invisibilidad para reclamar un lugar de actor político, es la herida hereje que el Proceso imaginó iba a suturar de una vez y para siempre.

Es central, para entender el plan de partido militar, entender que las organizaciones armadas de la década del setenta no eran, para ellos, el problema central. Es más, los partidos políticos en sí tampoco lo eran. Las organizaciones guerrilleras eran para el proceso el emergente de la sobreabundancia de política en la sociedad argentina: es decir, de conflictos, de sindicatos, de ideologías, de movilizaciones, de programas y petitorios, de actividades, de escritos, de panfletos, de centros de estudiantes secundarios, de comisiones obreras, de revistas, de corsos de carnaval, de películas “de contenido”, de sociedades de fomento, y todo lo demás. El Proceso quiso extirpar de nuestro país de una vez y para siempre, no a la guerrilla, sino a la política, en todas sus expresiones. Por eso se secuestraron tantos delegados sindicales de base. Por eso se eliminó el feriado de carnaval. Por eso se quemaban libros. Por eso se desaparecieron cientos de estudiantes secundarios, de periodistas, de cineastas.

La Argentina tenía que transformarse, en este plan, en una especie de máquina absolutamente desmovilizada, despolitizada, muerta. Había que hacer volver a los aliens a sus platos voladores o, en su defecto, matarlos. La utopía procesista fue una especie de regresión a una mítica, inventada imagen de la estancia paternalista, católica y milica del siglo diecinueve. Las mujeres y los pobres en su lugar, cumpliendo órdenes. Los dueños del campo diciendo a todos que hacer, eligiendo entre las chinitas para su disfrute, y fumándose un cigarro en el Jockey Club con los tecnócratas de Chicago.

Hoy estamos lejos del proceso y, parece, hemos aprendido algunas cosas. Pero el discurso antipolítico emerge una y otra vez: la aspiración mítica de una sociedad regida de manera completamente tecnocrática, por “expertos”, por “gente nombrada por concurso”, por “técnicos”. Con un estado que prohiba “cortar calles”, que prohiba a los chicos juntarse en las plazas, que asegure la paz y el orden.

Frente a esto, hay que reivindicar la política. Sí, es cierto, la política es ruidosa, rara, lenta y puede ser antiestética. Hay gente protestando, marchando en las calles, haciendo juicios políticos, armando quilombo. Es así. Pero sin política no hay democracia, y sin democracia nos matan, ya sea a palos o de hambre. Sepámoslo bien, porque lo hemos aprendido por el peor de los caminos: la utopía antipolítica termina en muerte.

La segunda reivindicación que debemos hacer, se me ocurre, es la reivindicación del carácter político de la alegría. Recordemos: Massera, Videla y compañía prohibieron el corso porque semejante cantidad de gente divirtiéndose en la calle es subversivo. Clausuraron los recitales de rock porque que los jóvenes se junten para celebrar su juventud y su potencia es subversivo. La alegría, sobre todo si es compartida, es lo opuesto del miedo. Hay una dimensión política en la diversión del pueblo: la alegría como antídoto contra el poder esterilizante del terror.

Así que hoy, además de ir a una marcha o participar en un acto, hay que juntarse con la familia y los amigos. Hacer una asado, ir a comer afuera, armar un picado en una plaza, ir al teatro o simplemente a caminar hasta el centro de la ciudad. Aunque el día de hoy duela, hay también que estar alegres. Este es nuestro país, estas son nuestras ciudades y si vivimos en ellas sin miedo será señal de que la construcción de un futuro mejor es posible.

4 comentarios a “A treinta años del golpe de estado”

  1. Edgar
    Marzo 29th, 2006 11:31
    1

    Algunas reflexiones que me provoca tu muy interesante post

    No estoy tan seguro de que politica sea sinonimo necesario de movilizacion, cortes de calle y juicios politicos. En el mejor de los casos, eso es simplemtente un sintoma de una sociedad enquilombada que no cuenta con canales mas “institucionales” para sentirse representada. Tambien muchas veces es un sintoma de que ciertos grupos politicos, de minima representacion electoral no encuentran mejor manera de demostrar su existencia que juntando a sus militantes en las calles de manera de intentar imponer una agenda que es irrelevante para la inmensa mayoria de la poblacion, al menos segun los votos que logran en las elecciones…..
    Atenti, no quiero decir que las movilizaciones sean innecesarias o negativas como elemento de expresion social, sino que sospecho que la inmensa mayoria de las mismas son simplemente la expresion de la incapacidad e irrelevancia politica de quienes las organizan (irrelevancia en el sentido de importancia para la mayoria de la sociedad, desde luego)

    Cuando escucho que una marcha es exitosa porque reunio 30000 o 50000 personas por algo, pienso que con igual rigurosidad intelectual uno puede afirmar que a esa marcha no fueron varios millones de personas. O que a otro tipo de eventos (desde recitales hasta partidos de futbol) va tanta o mas gente y no por ello esa gente representa a la sociedad.

    Si la movilizacion fuera el pulso real de una sociedad, entonces deberiamos admitir que el PO, MAS, Quebracho, Barrios en Pie, la gente de Castells y tantos otros grupos mas o menos minusculos, son fieles representantes de lo que sociedad reclama. Es evidente que esto no es asi y que en muchos casos, esos grupos tan afectos a la movilizacion viven en un mundo tan alejado de la realidad como el mundo en el que vive Grondona…..

    Hacer de la movilizacion un sinonimo de la politica me parece que es un remanente anacronico de sociedades mas pequeñas, de politica de aldea, cuando una marcha de 10000 personas representaba quizas un importante porcentaje de un pueblo. O cuando la unica forma de enterarse que sucedia era saliendo a la calle. Y la unica forma de hacer escuchar la voz de la mayoria era gritando en grupo consignas simples.A veces tengo la impresion de que muchos de los militantes que marchan tienen una añoranza de un mundo mas pequeño, mas simple, mas directo, sin medios masivos, un mundo que, para bien o para mal, no existe mas desde hace decadas.

    Una sociedad desmovilizada no es una sociedad despolitizada. Es mas: una sociedad sin marchas y cortes de ruta, no es necesariamente una sociedad peor, en ningun sentido, que una sociedad en estado de marcha permanente. Y sospecho, por como le va a nuestro pais tan “movilizado” en relacion a paises cercanos y lejanos un poco menos espasmodicos, que ese tipo de movilizacion tampoco es sinonimo de exito ni de felicidad ni de progreso.

    Pero, por supuesto, puedo estar totalmente equivocado

  2. Maria
    Marzo 29th, 2006 21:34
    2

    Me gustaría dejar una respuesta al comentario anterior de Edgar. Esta respuesta, sin embargo, no va a ser una polémica. Estoy de acuerdo con lo expresado en el comentario. En varios post anteriores me he ocupado de expresar mi exasperación con el proyecto y la metodología de los partidos y grupos de izquierda. La utopía de una legitimidad democrática basada solamente en la capacidad de “mover gente” es muy limitada. Yo quería referirme a “movilización” en sentido más amplio: a un continuum de acciones que tienen que ver con apropiarse de y tener presencia en el espacio (real y simbólico) público. En este sentido, participar en partidos políticos o armar corsos de carnaval también sería movilizarse.
    En cuanto a la dupla piqueteros duros-izquierda, sin embargo, hay que decir que ahí están y son un dato de la realidad. Sería positivo que se integraran al sistema político ya sea formado un partido o en coalición con uno. Por eso, me parece interesante el diagnóstico del Kirchnerismo, única fuerza que ha apuntado a integrar a dirigentes piqueteros. A varios analistas no les gusta esto, pero, creo yo, una integración política sería la mejor manera de institucionalizar este movimiento.
    El problema es que cuando los partidos “obreros” se presentan a elecciones solos sacan el 1% de los votos. Esto los lleva a intentar radicalizar la movilización directa. Tal vez lo único posible sea apostar a que se vaya diluyendo e institucionalizando con el tiempo.

  3. ivo
    Octubre 14th, 2007 16:12
    3

    la verdad me chupa un huevo esto

  4. maxi
    Marzo 31st, 2008 17:53
    4

    es unguranjo el qe escribio esoo
    me parece un atonteria el qe ayamos idoo a la guerra sabiendo
    qe noo estabamos eqipados
    nos mintiron, nos enjañaron solo jugaron con nosotros
    en qe nos emos bueltoo
    …con 12 mil soldados argentinos ii 7 mil ingleses…
    no era ovio?????????’

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