Fernando Henrique Cardoso: dependencia no, primer mundo sí

El día miércoles pasado estuve en una conferencia de Fernando Henrique Cardoso en la Universidad de Georgetown. Allí, el ex presidente de Brasil presentó su libro de memorias, “El Presidente Accidental de Brasil”. Fui a la charla con un grupo de estudiantes graduados latinoamericanos, todos amigos.

En la charla Cardoso se dedicó a explicar que Brasil es hoy un país “del primer mundo” y “moderno”. Presentó una larga lista de datos económicos: aumento del PBI, de las exportaciones, inversión extranjera directa, fabricación y venta de aviones, etc.

También explicó como su historia personal es una metáfora del desarrollo de Brasil. Cuándo él era un niño en Sao Paulo, la ciudad estaba conectada con sólo dos rutas pavimentadas: una hacia Río de Janeiro, otra hacia el puerto. Manejar en Brasil era un deporte para valientes. Pero ahora, luego de 40 años de modernización, Brasil construyó muchas rutas: la abundancia de infraestructura básica como dato básico de la modernización.

Cardoso explicó el populismo de esta manera: en los años cincuenta, migrantes internos llegaban a las ciudades como Río y Sao Paulo en una tasa de 400.000 por año. Estas masas de migrantes no educados tenían que vivir en ciudades que carecían de la infraestructura necesaria porque el estado no podía construirla tan rápido como la gente se mudaba: las demandas excesivas de estas poblaciones constituyeron el fenómeno populista.

Ahora, según Cardoso, las cosas son diferentes. Brasil se ha modernizado, la estructura básica existe y la sociedad civil está organizada en organizaciones no gubernamentales con las cuáles se puede dialogar. Quedan algunos desafíos, como la pobreza e inequidad, pero los recursos para resolverlos están.

Al final, invitó al público a comprar su libro y a hacer cola para tenerlo autografiado.

Esta charla fue desconcertante. Era raro ver a Cardoso explicando Brasil utilizando la más básica Teoría de la Modernización, sacada textual del discurso de la CEPAL de la década del cincuenta (pasaje de lo tradicional a lo moderno en base a la industrialización y la inversión básica, el populismo como sub-producto de la creación de “masas disponibles” por la industrialización y las migraciones internas, la creencia de que todos los países pueden llegar al “primer mundo” si se “portan bien”, la identificación de desarrollo con una orden social) cuando él mismo escribió (con Faletto) uno de los libros que le pusieron la lápida a esa misma Teoría de la Modernización: “Dependencia y Desarrollo”. En éste libro, por ejemplo, la falta de rutas o, más bien, el que la única ruta fuera la que une la ciudad con el puerto (como en Argentina) no se explica por ignorancia o la existencia de una cultura “tradicional” sino por un hecho estratégico: las elites de un país agroexportador necesitan sólo una ruta o un tren conectando campo y puerto. Más es un gasto inútil de recursos.

Como un amigo mío dijo, la explicación de Cardoso oponía implícitamente el populismo como “gente que se porta mal” con sociedad civil, que sería esa misma gente cuando se “porta bien”. Ya sé, dijo Shervin, mi amigo (el famoso iraní-estadounidense que es latinoamericano honorario), si los pobres aceptan lo que les dan sin protestar, son sociedad civil. Si reclaman lo que quieren, son masas populistas peligrosas.

Le preguntaron que iban a hacer las élites brasileñas para disminuir la inequidad. Dijo que las estadísticas eran engañosas y que lo más importante era la educación. O sea, no dijo nada.

El paso del tiempo, supongo, no deja incólume a nadie. Y el poder tampoco.

Un comentario a “Fernando Henrique Cardoso: dependencia no, primer mundo sí”

  1. Karl Marx y el cementerio de barcos
    April 15th, 2006 17:44
    1

    [...] Pocas veces he visto una metáfora más perfecta del capitalismo, una imagen en la que se condensan tan apretadamente capas y capas de sentido, en donde se entrelazan tan claramente lo global y lo local, y se muestra tan clara la explotación del hombre por el hombre que es específica de nuestro momento histórico. Esta imagen nos dice muchas cosas, cosas que vale la pena recordar. 1) La dicotomía modernidad-tradición o civilización-barbarie es un metáfora desafortunada que debe ser, toda ella, rechazada. (Esto lo sabía Fernando Henrique Cardoso, al que luego se le olvidó). Noten ustedes que estas multitudes de bengalíes estropajosos no están haciendo agricultura de subsistencia con una azada de palo o arreando un burro, sino que son parte integral del ciclo de vida de una industria de alta tecnología: de la industria que produce los barcos que llevan de acá para allá a la principal fuente energética del mundo. La barbarie aquí está creada y es funcional a la modernidad. Ni el bárbaro es bárbaro ni el moderno es moderno: ambos son contemporáneos. 2) Como Immanuel Wallerstein enseñó, la única unidad de análisis válida para entender el capitalismo es el mundo. El capitalismo fue, es y será, por definición, sistémico. En último término, no tiene sentido intentar comprender la economía de los estados-naciones como unidades autónomas: tal autonomía también es una ilusión metodológica. Las plantaciones de azúcar y tabaco de América del siglo XVII, las minas de oro de Nueva España y Potosí, las estancias ganaderas de Argentina en la era de la Generación del 80 no pueden comprenderse cabalmente si no es contra el trasfondo de las relaciones centro-periferia. Bangladesh no es “tercermundista” por estas aislado de la modernidad: es tercermundista porque está integrado al mundo moderno, industrial, productor de maravillas tecnológicas como esos barcos gigantes, desde un lugar en donde lo único que le queda es la tarea de limpieza más subterránea y última. Si estuviera verdaderamente aislado, quien sabe, por ahí le iría mejor. 3) Otra vez, Cardoso y Faletto: esto no significa que las dirigencias políticas de los países periféricos estén exculpados, o que no haya posibilidad de estrategias autónomas. (¿No sería posible que el estado bengalí interviniera para obligar a las empresas dueñas de los barcos a pagar mejores sueldos, a ofrecer condiciones sanitarias, a dar vacaciones y jubilaciones? Algo, cualquier cosa, sería un avance.) Pero estas estrategias se dan siempre en el contexto de estas relaciones estructurales, en donde la mano viene marcada fuertemente en beneficio de unos y maleficio de otros. 4) La relación entre centro y periferia está marcada por el reciclaje. El reciclaje, la hibridación como adaptación constante de la periferia a lo que el centro tira. El centro tira su basura para afuera, y el afuera la recicla, y se construye una vida con ella. Los bengalíes desguazan sus barcos. Los salvadoreños, leí el otro día, compran autos chocados en EEUU, los arreglan y los venden en El Salvador. Los cartoneros de Buenos Aires viven, literalmente, de la basura. Las mujeres latinoamericanas que limpian los pisos de la universidad por donde mis satisfechos alumnos, y yo, caminamos todos los días, compran su ropa en los inmensos mercados de usados de las afueras de Washington DC, en donde los americanos de clase media depositan todas aquellas cosas que se han comprado para Navidad y no han usado ni usarán. [...]

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