Hannah Arendt, el perdón y la justicia

Elisa Carrió rompió su silencio, a la vuelta de un viaje a Sudáfrica en el cual se dedicó a explorar la llamada “comisión de la verdad”, es decir, la institución elegida por ese país para saldar las cuentas con el apartheid. En este modelo, los responsables de los crímenes del apartheid ofrecen información sobre el destino de sus víctimas a cambio de una promesa de amnistía.

Carrió explica que el problema de la transición argentina es que “tuvimos una salida no pactada” y asume como necesaria la búsqueda de la “reconciliación con verdad y justicia”.

Carrió defiende su uso de la palabra “reconciliación” en estos términos:

Tenemos que ir a la busca de palabras expropiadas por los reaccionarios. No es lo mismo lo que plantea (Mariano) Grondona, que expropia la palabra reconciliación para el olvido, de la misma forma que otros expropian la justicia para la venganza”, disparó en dirección al presidente Néstor Kirchner.

Carrió, tal como lo dijo públicamente, apoya la continuidad de los juicios contra los responsables de los crímenes del proceso. Ella, sin embargo, plantea una crucial diferencia entre “justicia” y “venganza”:

Nos plantearon que no pensaban en condenas, sino en una justicia que restaura la verdad en la víctima. Tienen el concepto de Ubuntu, que implica que tu humanidad depende de la del otro”, sostuvo Carrió, quien planteó que “con un sistema legal imperfecto, sin embargo, uno nota una revolución en paz. Esto ha sido gracias a la capacidad de perdón de los líderes negros.

En el caso sudafricano, “perdonar” significa renunciar colectivamente a enjuiciar a los responsables. Sin embargo, Carrió admite que en el caso argentino es necesario avanzar con los juicios y que debe haber “reconciliación con verdad y justicia”. ¿Qué significa entonces perdonar? ¿Por qué sería necesario perdonar además de enjuiciar?

Es bien sabido que Carrió toma el concepto de perdón de Arendt, más específicamente, de La Condición Humana. Pero ¿es buena su lectura? Yo diría que, sin ser errada, es limitada. Y que si esta lectura es posible leyendo las primeras obras de Arendt, no lo es una vez que se toman en cuenta las obras posteriores.

Hay que recordar que La Condición Humana es su segundo libro publicado (el primero es Los Orígenes del Totalitarismo), y es también aquel en el que es más evidente la influencia sobre ella de Agustín (a cuyo concepto de caritas, o amor, había dedicado Arendt su tesis doctoral) En La Condición Humana Arendt, influida por la ética agustiniana, dedica una lugar importante al concepto de perdón y escribe “la libertad contenida en la doctrina de Jesús sobre el perdón es liberarse de la venganza, que incluye tanto al agente como al paciente en el inexorable automatismo de la acción.” (Buenos Aires, Editorial Paidós, p. 260)

Sin embargo, es ya incorrecto extrapolar el concepto arendtiano de perdón a la esfera política. Primero, porque a quien lea con atención las páginas de este libro le ha de quedar claro que el perdón es por definición un acto pre- o apolítico. El perdón nace del amor, es eminentemente personal y privado; y, en tanto facultad, se orienta hace personas determinadas y nunca hacia procesos históricos in toto. Se puede elegir, de manera individual, perdonar a Astiz y por eso mismo renunciar a buscar contra él una venganza personal. Pero la necesidad de juicio, político e institucional, sigue en pie.

Podríamos llegar a la conclusión de que “perdonar” es renunciar a la venganza, más no a la justicia. Esto nos obliga, sin embargo, a pensar qué es venganza. ¿Puede el buscar enjuiciamiento dentro de la ley en el estado de derecho ser pensado como venganza? En síntesis, no. Tal vez la venganza sea la búsqueda de una retribución privada.

Podría inclusive argumentarse que los organismos de derechos humanos han “perdonado” a los criminales, siempre y cuando no ha habido un solo caso registrado de venganza por mano propia. En todo momento ha habido de su parte aceptación del orden legal, aún el de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, aún el de los indultos. No hubo venganza ni siquiera en casos como el de Juan Gelman, que cuenta como un día se cruzó con la calle con el militar que casi seguramente había matado a su hijo, Marcelo, cuando éste tenía 19 años.

Este es un primer punto. Un segundo punto consiste en señalar el cambio brusco que sufrió el pensamiento de Hannah Arendt luego de presenciar el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén.

La idea de perdón, una idea abstracta, nacida de una tesis de doctorado escrita bajo la influencia de filósofo cristiano, desaparece frente al contacto, en vivo y en directo con un perpetrador del Holocausto y sus víctimas. Arendt viaja a Jerusalén y algo cambia en su pensamiento: desaparece Agustín, desaparece el amor, desaparece la cómoda abstracción que permite el juego de ideas, y queda la terrible realidad del asesino, sus víctimas, y la necesidad de juzgar. No una idea, no un concepto, sino una persona. Y con esto, desaparece también el perdón.

Arendt cierra así el post-iscriptum de Eichmann en Jerusalén.

Aquí nos ocupamos únicamente de lo que hiciste, no de la posible naturaleza inocua de tu vida interior y de tus motivos, ni tampoco de la criminalidad en potencia de quienes te rodeaban. (…) Todavía queda el hecho de haber, tú, cumplimentado, y, en consecuencia, apoyado activamente una política de asesinato masivo. El mundo de la política en nada se asemeja a los parvularios; en materia política, la obediencia y el apoyo son la misma cosa. Y del mismo modo que tú apoyaste y cumplimentaste una política de unos hombres que no deseaban compartir la tierra con el pueblo judío ni con ciertos otros pueblos de diversa nación (…) nosotros consideramos que nadie, es decir, ningún miembro de la raza humana, puede desear compartir la tierra contigo. Esta es la razón, la única razón, por la que has de ser ahorcado.” (Barcelona, Lumen, 421.)

El juicio a Eichmann fue justicia, no venganza. Carrió, en definitiva, lo sabe. Por eso dice, refiriéndose al modelo de “reconciliación” sudafricano: “ese sistema fue bajo presión, yo creo que en 15 años los responsables van a ser juzgados”.

En sus últimos años, Arendt abandona la idea de perdón completamente. Es un concepto que mezcla y confunde un pensamiento político y uno religioso y las esferas pública y privada. En definitiva, tanto “perdón” como “venganza” parecen solamente referir, como apunta Martín, a la evanescente realidad de intenciones y ánimos personales: son conceptos que no agregan a lo público-político. Tal vez, como hizo Arendt misma, sea mejor dejarlos de lado.

29 comentarios a “Hannah Arendt, el perdón y la justicia”

  1. Alejandro
    October 15th, 2006 22:17
    1

    Me parece que mezclaste los términos. “Perdón” no implica impunidad. De hecho, es imposible que exista perdón o reconciliación sin arrepentimiento (y la consiguiente aceptación de un castigo). De hecho, es la misma Carrió la que habla de “reconciliación con verdad y justicia”, lo que implica necesariamente una condena. El perdón no implica impunidad, sino que presupone una pena por los crímenes cometidos.

  2. Maria Esperanza
    October 16th, 2006 08:38
    2

    Justamente, yo no entiendo qué se quiere decir cuándo se habla de perdón. Me parece que el tratamiento del término es confuso. En el caso sudafricano, “perdón” sí se confunde con impunidad porque se renuncia a los juicios. Por momentos, Carrió parecería indicar esto. Sin embargo, como vos decis, ella misma advierte que busca “reconciliación con verdad y justicia”. Entonces, ¿qué es el perdón, en este contexto?
    En mi lectura, podría llegar a ser renunciar la venganza privada pero no a la justicia pública.
    La pregunta es si agrega algo hablar de perdón. Por esto, es necesario poner un poco de claridad conceptual. Porque tampoco queda claro nunca qué es perdonar.
    Si tenés una definición clara del concepto tal cuál como la usa Carrió, sería bienvenida.

  3. Alejandro
    October 16th, 2006 12:41
    3

    Supongo que se referirá a evitar abuso de violencia simbólica? Tenés razón en que no deja demasiado margen. En lo personal, noto que ultimamente hay más enfasis en gritar contra los responsables del terrorismo de estado que en solucionar las actuales violaciones a los derechos humanos (los abusos de poder de las fuerzas de seguridad, el estado de las cárceles, los llamados de algunos intendentes bonaerenses a “desactivar a los activistas”). Ojo, estoy 100% de acuerdo con que se haga justicia, voy todos los años a las marchas los 24 de marzo y fui a una de las marchas que se hicieron pidiendo la aparición de Julio López (y si no fui a mas, fue porque la facultad no me lo permitió). Pero creo que tiene poco sentido la retórica vacía, que solo lleva a la legitimación de grupúsculos de fachos a lo Pando/Mujica.

  4. Maria Esperanza
    October 16th, 2006 12:54
    4

    Justamente, ¿qué es el perdón? ¿Vale la pena hablar de él? Pdemos coincidir en la necesidad de ir mucho más allá en la desarticulación de los núcles de poder represivos que aún quedan (la policía bonaerense, por caso, fue un actor represivo muy importante durante el proceso y, a diferencia de las fuerzas armadas, no ha sido alcanzada aún por autocrítica ni depuración ninguna; me atrevería decir también que habría que desarticular también a sectores de la iglesia católica pero ésta ya no depende del estado). Sin embargo, apuntaria solamente a que en política lo simbólico y lo institutional están imbricados, mal que nos pese. Los juicios necesitan de las marchas. El poder de las instuciones estatales debe reforzarse frente a las amenazas, tanto institucional como simbólicamente.

  5. eduardo
    October 16th, 2006 15:34
    5

    A nivel anecdótico, resulta interesante ver la película “Red Dust” de Tom Hooper, sobre el tema de Sudáfrica.
    Saludos

  6. Alejandro
    October 16th, 2006 18:15
    6

    Esto salió en Perfil, en la entrevista de Carrió con Magdalena:

    ” Lo que estoy rescatando del sistema sudafricano es el ánimo. Si la pregunta es ¿qué diferencia hay entre Mandela y Kirchner?, la respuesta sería justamente ésa: el ánimo. Hay en algunos espíritus resentimiento y venganza y, en el caso de Mandela, existe un gran proyecto de país hacia el futuro y espíritu de grandeza y magnanimidad. Quiero que esto se entienda bien: el perdón no está ligado a la amnistía. Por ejemplo, Juan Pablo II perdonó a su agresor Ali Agca pero no pidió una rebaja en la pena que le había dictado la Justicia. ”

    Lo que reclama Carrió vendría a ser, fundamentalmente, una diferencia retórica y en el fuero interno. Y fundamentalmente, cortarla con la sobreactuación (y acá adhiero, estoy un poco cansado de la gestualidad vacía que parece estar tan de moda).

  7. Maria Esperanza
    October 16th, 2006 18:23
    7

    Eduardo: anoto la recomendación ya que no ví la película.
    Alejandro: puede ser, en general yo prefiero dejar las cuestiones de la “motivación” fuera de la discusión política. Me fue imposible hacer otra cosa luego de leer “la política como vocación” de Weber: en la política no hay intención, sólo responsabilidad.
    Por otro lado, no me queda claro leyendo a la propia Carrió si los líderes negros de Sudáfrica han realmente perdonado o están solamente juntando poder para poder hacer realmente los juicios y castigar a los culpables.
    Y, sinceramente, hacer una crítica al actual gobierno, o a cualquier gobierno, basado en su espíritu me parece dudoso.

  8. Diego
    October 16th, 2006 20:09
    8

    Dos cosas me gustaría acotar.
    La primera es que los sectores más reaccionarios -esos mismos que reclamaron una amnistía en la marcha en contra de la democracia- son los que consideran que juzgar a los criminales de la última usurpación armada al Estado es equivalente a “vengarse” de los mismos. Por eso en los discursos hablan tanto del odio y la venganza.
    La segunda está absolutamente relacionada con la primera y es que Carrió sale con este discurso en este momento en donde se los está juzgando en lo que a mi entender es oportunismo político. Y todo surge de su intento de llevarle la contra al gobierno nacional en cuanta oportunidad se le aparece. El tema es que en este caso no tiene por donde atacar, no puede decir “está mal que los juzguen” y como no tiene sustento su posición, utiliza al discurso de la derecha reaccionaria sobre la venganza. Para Carrió evidentemente el gobierno está alentando al odio al criticar a los asesinos de la dictadura. Pretende un perdón cuando en este país absolutamente ningún genocida lo pidió.
    Entonces cuando la escucho decir estas cosas me pregunto ¿a quién le habla? ¿A las madres que buscan desde hace 30 años justicia? ¿A los que impulsaron junta a ella la derogación de las leyes de impunidad?¿al gobierno? Está claro que no. De hecho una de las imágenes que más me quedaron de este gobierno es a las madres de plaza de mayo brindando cuando se derogaron las leyes de impunidad.
    Si denuncia públicamente que el presidente está alentando al odio o venganza, en realidad se está dirigiendo a los que piensan que lo que hace este gobierno es vengarse de los genocidas. Y estas personas suelen ser las mismas a las que Macri les dice que hay que dejar de “agitar los fantasmas del pasado”.
    Creo que lo principal para entender el mensaje confuso de Carrió es entender a quién le está diciendo estas cosas y por qué. Ahí lo que parece confuso se aclara bastante.
    En fin, sólo una opinión.

    Saludos!

  9. Ramiro
    October 17th, 2006 00:32
    9

    Faaa… Excelente entrada. ¿Será que el perdón que reclama Carrió es el que venga “del corazón de todos los argentinos”, para hacer una especie de sanación holística colectiva en miras del “parto” que se avecina? Saludos.

  10. Hal
    October 17th, 2006 01:59
    10

    “Y todo surge de su intento de llevarle la contra al gobierno nacional en cuanta oportunidad se le aparece.”

    Cuando aparecieron las primeras declaraciones de Carrió en relación a este tema, se le exigió una definición sobre los juicios a los genocidas.
    Ahora que dejó en claro su opinión respecto a la necesidad de llevar esos juicios hasta el final (como era obvio), se le recrimina que su planteo sobre el perdón carece de materialidad. No sé por qué imagino que cualquier cosa que diga va a resultar insuficiente o será motivo de reproche.
    Me parece un tanto peligrosa esta corriente interpretativa según la cual, en este o en otros asuntos, aquellos que no coinciden con la voz oficial pasan a engrosar la fila de la derecha reaccionaria. Agregaría que, de alguna manera, se actúa según el criterio imputado a la referente del ARI pero invirtiendo los términos: todo lo que provenga de Carrió debe ser impugnado.

    María Esperanza: ¿cómo vamos a dejar la “motivación” fuera de la discusión política? Motivación es voluntad como producto de la ideología, es habitus, es la manera en que se materializa la subjetividad. Ningún análisis que se pretenda riguroso puede prescindir de las motivaciones a la hora de anticipar escenarios y conductas de los actores involucrados.

  11. elcriadordegorilas
    October 17th, 2006 10:17
    11

    Y Weber no deja de lado el análisis de la motivación de los actores. Todo lo contrario.

  12. Maria Esperanza
    October 17th, 2006 10:27
    12

    Hal: Sabía que iba a venir este comentario. De ninguna manera estoy diciendo que todo lo que venga de Carrió deba ser impugnado y verás que en la nota no pongo en la misma bolsa a Carrió con Macri y Lavagna. Reconozco su defensa de los juicios: no diría yo que mi post fue crítico de Carrió. Ahora bien, su posición me deja interrogantes, que son los que exploro en el post. De hecho, me parece, la propia Carrió manifiesta ambivalencias con respecto a la cuestión del perdón y el castigo en Sudáfrica: no me queda claro, leyendo la nota, si renunciar al enjuiciamiento es la solución o no. Es probable, por otro lado, que estas ambivalencias existan en la misma sociedad civil sudafricana misma.
    Por último: el desconcierto que me produce la posición de Carrió es el mismo que me produce el pensamiento de Arendt: mi interés último en el post era discutir el concepto de perdón en Arendt para mostrar cómo ella misma lo deja de lado. Las declaraciones de Carrió me vinieron bien para hacer esto.

  13. Diego
    October 17th, 2006 13:22
    13

    Hal: cuando dije lo que citaste me refería a que por alguna razón Carrió se quiere diferenciar del gobierno nacional en cuanto tema aparezca. En este caso, como ella trabajó en la misma línea que las medidas que se tomaron, no puede ponerse de la vereda de enfrente y es por eso que -y esto es una valoración mía- sale con este discurso confuso al que por lo menos yo no entiendo adonde apunta.
    Está a favor de los juicios, perfecto… ¿entonces que tiene que ver la venganza en todo esto? Coincido con Esperanza en que deja muchos interrogantes la mención de Sudáfrica en todo esto.
    Fuera de eso, me parece bien que se defina en este tema.

    Creo que cuando decís que:
    “Me parece un tanto peligrosa esta corriente interpretativa según la cual, en este o en otros asuntos, aquellos que no coinciden con la voz oficial pasan a engrosar la fila de la derecha reaccionaria.”

    te estás refiriendo a lo que dije en cuanto a que “Creo que lo principal para entender el mensaje confuso de Carrió es entender a quién le está diciendo estas cosas y por qué.”

    Quizás esté equivocado, pero 1) ¿qué es exactamente lo que quiere decir carrió con sus declaraciones -a mi entender- ambiguas? y 2) ¿A quién apunta dichas declaraciones?
    Porque no entiendo que es lo que busca lograr, yo no veo que el gobierno esté impulsando una venganza ni que su discurso destile odio. Y esto a pesar de que no soy kirchnerista. Me parece buena la propuesta de tratar de dilucidar el trasfondo del mensaje de Carrió, ya que deja muchos interrogantes.

    Abrazo!

  14. Gustavo
    October 17th, 2006 15:19
    14

    Me parece que lo que esboza Carrió está presente, desde otro lado, en lo que escribe Gargarella en los TPs

    http://www.bonk.com.ar/tp/daily/1141/la-insatisfaccion-permanente

    Gargarella quiere que el castigo se piense desde una lógica de inculpación moral, del cual surja arrepentimiento y “verdad”, proceso al cabo del cual tendríamos un refuerzo de los valores comunitarios que fueron desbaratados.

    En ese ánimo, parece que vale la pena pensar qué es lo que queremos hacer cuando mandamos a alguien a la cárcel o, como Eichmann, a la horca, especialmente si creemos que la justicia debe ser algo más complejo, sólido y útil que un “escarmiento”.

    En fin, yo veo dos líneas:

    1. Los que de verdad piensan en un enfoque digamos “alternativo” del juzgamiento en ciernes, y quieren trazar una diagonal que les permita evitar tanto la negación de los hechos como la venganza (pública o privada).

    2. Los que admiten que ese camino es un “second best”, una solución temporaria ante los problemas de estabilidad o gobernabilidad que se seguirían de juzgar el pasado con el Código Penal en la mano.

    La posición de Carrió parece contradictoria: su critica al gobierno parece formulada desde la tesis (1), su apoyo al sistema sudafricano, desde la tesis (2).

    Pero es importante, en el interín, que no perdamos de vista que lo que se está buscando es aplicar la ley, y que eso lo hace un tercero imparcial (el juez), no la víctima ni el presidente.

    Lo que quiero subrayar es que “desde” el derecho (en un Derecho con mayúsculas, al que todos pudiéramos adherir) no hay venganza, sino conductas humanas y consecuencias jurídicas.

  15. Maria Esperanza
    October 17th, 2006 15:34
    15

    Este debate está excelente y está causando, debo decirlo, una pronunciada baja en mi productividad laboral.
    Sobre Weber, supongo que el comentario se dirige a apuntar que Weber inventó, por así decirlo, el análisis motivacional o culturalista en la Etica Protestante. Esto es así, por supuesto, en el nivel del análisis sociológico, más no en el nivel del juicio político sobre la acción. ¿Diría Weber que se debe juzgar una acción política según la intención del actor? Cito Politics as a Vocation:
    “We must be clear about the fact that all ethically oriented conduct may be guided by one of two fundamentally differing and irreconcilably opposed maxims: conduct can be oriented to an ‘ethic of ultimate ends’ or to an ‘ethic of responsibility.’ However, there is an abysmal contrast between conduct that follows the maxim of an ethic of ultimate ends–that is, in religious terms, ‘The Christian does rightly and leaves the results with the Lord’–and conduct that follows the maxim of an ethic of responsibility, in which case one has to give an account of the foreseeable results of one’s action.”
    Suponemos que Carlotto odia a los represores. Sin embargo, nunca sus acciones se dirigieron a, digamos, pagar a un sicario para que los mate. Los facts básicos de la política son las acciones y sus resultados: las representaciones interiores de las personas son extremadamente díficiles de registrar y medir.
    El tema son los results y la cuestión, cómo se dice siempre en metodología de la investigación, es construir definiciones precisas (que es lo que me parece que le falta al debate político actual).
    - ¿Cuál es la definición operativa de la “venganza” kircherista? Propuse un indicador: la búsqueda activa de resarcimiento personal a través de la violencia privada. (El secuestro de Julio López sería venganza, por ejemplo, pero nunca un juicio conducido en el estado de derecho).
    - ¿Cuál serían los indicadores externos del perdón que se reclama? ¿Cuál serían los resultados?
    - ¿Cuáles los indicadores externos de la reconciliacón reclamada?
    Por último: Carrió afirmó hoy en Clarín que “con las plazas de enfrentamientos, que nos condujeron a un hecho tan grave como la desaparición de López”. Me pregunto si la falta de mesura y prudencia discursiva es solo propia de un sector, o si esta temeraria afirmación de causación no peca también de desaforada.

  16. Maria Esperanza
    October 17th, 2006 15:36
    16

    Gustavo: no leí tu comentario antes de enviar el mío, me pareció muy útil tu manera de sintetizar la cuestión. Gracias.

  17. Alejandro
    October 18th, 2006 09:06
    17

    Diego: A mi juicio, el discurso oficial SI destila odio. O, por lo menos, es demasiado agresivo para venir de alguien con escaso compromiso con los derechos humanos antes de 2003. En realidad, tampoco hoy se nota un gran compromiso, salvo que reduzcamos DDHH a significar “Justicia para las victimas de la dictadura”, fin loable pero no suficiente. Las cárceles siguen superpobladas, las fuerzas policiales siguen torturando y matando, la pequeña y mediana dirigencia del PJ es prácticamente la misma que hace 20 años y sigue con las mismas prácticas de siempre… Y, sin embargo, la noción de DDHH parece aplicarse solamente a llevar adelante los juicios a represores. Que está perfecto que se hagan, pero estaría bueno no tener que esperar 30 años para que se haga justicia por los crímenes de hoy. En vez de eso, tenemos una plétora de gestos como hacer que Bendini saque el cuadro de Videla del Colegio Militar en 2004, o el “No les tengo miedo” digno de Gianola el ultimo día del ejército. La verdad, esos gestos no generan nada salvo fachos resentidos. Esa política de gestos es, por lo menos a mi juicio, totalmente desmedida (a diferencia de las acciones en este sentido, que son razonables y moderadas).

  18. Hal
    October 18th, 2006 11:37
    18

    La supuesta ambivalencia de Carrió respecto a la cuestión sudafricana se termina cuando la diputada expresa, en el reportaje aludido, que nuestro régimen jurídico es superior al sudafricano.
    Tanto su reivindicación de los juicios como su admiración por el espíritu que anida en la salida sudafricana parecen complementarse para coincidir con la tesis de quienes “piensan en un enfoque alternativo del juzgamiento, y quieren trazar una diagonal que les permita evitar tanto la negación de los hechos como la venganza”. Justamente, porque cuando mandamos a alguien a la cárcel lo hacemos en el entendimiento de que la Justicia debe ser algo más complejo, sólido y útil que un “escarmiento”. En tal sentido, el concepto de Ubuntu, que trasciende la esfera privada y tiene un innegable alcance social, en nada contradice la idea de que los Juicios y Castigos representan el eslabón y piedra fundamental de la democracia (Martín Rodríguez dixit). Pero se requiere, eso sí, que tal eslabón exprese más un consenso frente al totalitarismo y el Terrorismo de Estado que un pase de facturas a quienes violaron el estado de derecho. Y esto es posible porque la tropa acata (y habrá de) las órdenes de la Justicia democrática, pero no por el carácter ejemplificador del enjuiciamiento (como lo demuestran los levantamientos de los 80’s) sino por la imposibilidad de darle carnadura social a sus eventuales reclamos.
    En relación al pensamiento de Arendt, yo diría que el último texto transcripto (el post-iscriptum de Eichmann en Jerusalén) resulta más útil y tiene mayor entidad en el orden de lo jurídico que en el político o filosófico. Es decir, resulta imposible un análisis político que prescinda de los ánimos o motivaciones de los actores, ¿cómo entender las voliciones sin acercarnos a la voluntad que les da origen? El juicio político sobre la acción adquiere un valor (nada desdeñable) recluido en el campo de lo testimonial, mientras que el análisis político (donde convergen -no solamente- la política y la sociología) siempre es anticipatorio y proyectivo y, por ello, no puede prescindir de lo motivacional.
    El centro de la cuestión reside en que no hay nada de evanescente en las intenciones y los ánimos personales, la motivación es madre de los hechos y las palabras.
    Vale reafirmar que no es en el terreno de los hechos donde parece haber diferencias entre Carrió y K respecto al enjuiciamiento de los genocidas sino en el de las palabras y los símbolos (en la retórica y la sobreactuación, comentó antes Alejandro). Pero, como lo señalara María Esperanza, en política, lo simbólico y lo institucional están imbricados.
    Partamos del relato de Martín Rodríguez para rastrear esas “inasibles” representaciones interiores. Según Martín, el Juicio y Castigo es el producto de una ética de la responsabilidad antes que de una ética de los principios (esto sería motivo de otro debate), donde la Justicia adquiere un carácter ejemplificador en la domesticación de la tropa. De allí que MR prefiera 50 militares en penitencia, emblemáticos, y no un laberinto de juicios penales sin saber jamás el límite o la frontera de culpas.
    Lo que ahí se soslaya es que no hay juicio y castigo ni ética de la responsabilidad (ni de los principios) que no requiera del ánimo presidencial para alcanzar su corporización ya que es ese ánimo el que pone en juego la derrota dialéctica de la dictadura.
    Ahora bien, como ya dijimos, no es en ese tipo de exteriorizaciones del ánimo presidencial donde anida el problema. El cuestionamiento de Carrió va dirigido a las exteriorizaciones simbólicas, un terreno donde el discurso y la gestualidad del primer mandatario promueven cortes transversales inadecuados y no genera agregación social. Dicho de otra manera, se delimitan espacios donde la cercanía al poder blanquea a personajes que no dudaron (ni dudarán) en acompañar las política que consagraban la impunidad y se confronta con muchos otros que han dado claro testimonio de una inquebrantable vocación por la Justicia. En simultáneo, la retórica oficial se muestra insuficiente para favorecer una deconstrucción social de la Teoría de los dos demonios y elaborar un nuevo relato.
    Ahí tenemos el ejemplo de Corrientes, el Presidente rodeado de personajes a quienes poco les importó la impunidad de los indultos menemistas (entre otras impunidades) denunciando la complicidad de la Iglesia con la última dictadura. Justo en un lugar donde los representantes de la Iglesia (los que integran las listas de la oposición) fueron reconocidos denunciantes del Terrorismo de Estado. Todo esto en el marco de una disputa electoral que poco tiene que ver con la defensa de la justicia democrática.
    Lo dicho, se polariza mal, se blanquea a quienes no se debería, se exacerban ánimos inútilmente y se manipula con sentido electoral un tema que es basal en la construcción democrática. Mientras tanto, la principal debilidad de la política para darle un cierre a las implicancias de la violencia en los 70 no está en la oposición al Juicio y Castigo sino en el la imposibilidad de abordar plenamente un debate franco sobre las organizaciones armadas revolucionarias de aquellos años. Y, convengamos, el discurso oficial poco aporta al respecto.
    Si los actos generan acuerdo, los gestos desconciertan e irritan. Obviamente, es en el ánimo donde se encuentran las respuestas para tal asimetría, y en virtud de los ánimos deben ser reinterpretados los actos. Ello es posible a partir de dos consideraciones:
    1. Si la intención fuera domesticar a la tropa, alcanzaría con los 50 militares emblemáticos que pide Martín Rodríguez.
    2. Si el propósito implicara trazar una diagonal que permita evitar tanto la negación como la venganza, el gobierno tendería a salir del centro de la escena para “despolitizar” las decisiones de la Justicia.
    Sopesados estos elementos, y dado el carácter de la retórica oficial, no es descabellado pensar que en el ánimo (y la psicología) presidencial predomine un criterio que asimila Justicia a venganza antes que a la restauración de la verdad.
    Dada la verosimilitud del planteo, las declaraciones de Carrió adquieren relieve y no deberían ser desdeñadas. A pesar de sus exabruptos, claro.

  19. Diego
    October 18th, 2006 13:00
    19

    Alejandro, sobre esto que decís:
    “En vez de eso, tenemos una plétora de gestos como hacer que Bendini saque el cuadro de Videla del Colegio Militar en 2004, o el “No les tengo miedo” digno de Gianola el ultimo día del ejército. La verdad, esos gestos no generan nada salvo fachos resentidos.”
    Me gustaría exponer los motivos por los que no me parecen gestos que destilen odio ni nada similar. Para empezar, así como en España se sacan los cuadros y estatuas del dictador Franco, acá teníamos el cuadro de videla colgado como si hubiera sido un presidente. Lo que hizo Kirchner al sacarlo es ponerlo en el lugar que le corresponde que es el de criminal que asaltó al Estado con sus armas.
    Y con respecto al “no les tengo miedo”, no se refería a los militares, algunos diarios como la nazión sacaron de contexto la frase (eso sí puede generar odio) ya que la frase venía a continuación de mencionar al acto donde se reivindicó el terrorismo de estado. Kirchner dijo que hubieron “acciones y palabras rayanas con la apología del delito al reivindicar el terrorismo de Estado”.”Quiero que quede claro que como Presidente no tengo miedo ni les tengo miedo, que queremos el Ejército de San Martín, Belgrano, Mosconi y Savio, y no de aquellos que asesinaron a sus propios hermanos, que fue el de Videla, Galtieri, Viola y Bignone”

    Como verás, la frase no apuntaba a todos los militares, sino a los que habían sido partícipes de aquel acto en donde se trató de intimidar al gobierno democrático por reabrir los juicios a los genocidas. Sigo insistiendo en que no veo odio en el discurso presidencial.

    En fin, sólo quería aclarar eso.

    Saludos.

  20. elcriadordegorilas
    October 18th, 2006 13:04
    20

    Dice MEC: “en general yo prefiero dejar las cuestiones de la “motivación” fuera de la discusión política. Me fue imposible hacer otra cosa luego de leer “la política como vocación” de Weber: en la política no hay intención, sólo responsabilidad”.

    Dice MW: “all ethically oriented conduct may be guided by one of two fundamentally differing and irreconcilably opposed maxims: conduct can be oriented to an ‘ethic of ultimate ends’ or to an ‘ethic of responsibility.’”.

    Ergo, en política como vocación/profesión (es intraducible Beruf, según me dijo uno que sabía alemán) no hay “sólo responsabilidad”. Si hubiera “sólo responsabilidad” no habría conflicto moral, no habría lo que Rinesi llama “la tragedia de la acción”, porque sabríamos fácilmente cómo obrar. La densidad de Weber es que hay tanto convicción como responsabilidad. Y por otra parte, me parece imnposible diferenciar un Weber “sociólogo” de un Weber “politólogo”, que no aplicara su (enorme) teoría social en éste último rol. La acción política es acción “cum sentido”, y ahí está (creo) el quid de la cuestión.

    Pero todo esto no viene al post. Y de Arendt no sé nada, porque me mata de aburrimiento.

  21. artemio lopez
    October 18th, 2006 16:14
    21

    El “sentido” de la acción social, el “ánimo”, hummm, se dice rapidito todo eso pero yo me quedo con Durkheim que era francés pero no boludo y en su renuncia epistemolígica a las teorías del sentido, firmo una dedicatoria al amigo max, y mandó (cito de memoria pero respeto el espíritu de emilio seguro):”el sentido de una acción social sólo puede ser captado desde fuera a través de ligeras aproximaciones”. Durkheim rules!!

  22. elcriadordegorilas
    October 18th, 2006 16:44
    22

    Pero guarda, Artemio, que para Emilio el “hecho social” sólo se impone al individuo cuando es “internalizado” (y eso que supuestamente es un “holista”…). Calculo que la “internalización” se revela de modo tautológico: si actúe de tal modo, es porque necesariamente antes se me internalizó… En caso contrario, no hay cómo “aproximarse” a esa internalización. Y tenemos el mismo problema que Max…

    Yo me quedo con Max, pero Elster también me va: explicar qué pasa, pero entender por qué los actores actúan del modo que genera esos resultados.

  23. Hal
    October 18th, 2006 18:11
    23

    Che, acabo de escuchar (18:10 horas) a Kirchner decir, textualmente: “reconciliación sin impunidad”. Punto final para el debate, Lilita lo convenció a K.

  24. Maria Esperanza
    October 19th, 2006 08:23
    24

    Estimados-as: ¡Qué debate de nivel! Habría que publicarlo…
    Hal: estoy en general de acuerdo con lo que decís. Me gustaría señalar un punto en cierta defensa a K. Me parece que hay que recordar que los gobiernos de Menem, la Alianza (con Lopez Murphy primero y Jaunarena, vocero oficial de los dinosaurios después) y Duhalde al fin habían institucionalizado como política de estado el “apaciguamiento” de la cuestión militar. Yo, por lo menos, echaba espuma por la boca viendo la política de De La Rua, que tiró para atrás la derogación de las leyes de impunidad. Entonces, me parece que el inicio de este tema “gestos” como sacar los cuadros o llevar a los organismos a ESMA eran (me parece) necesarios para marcar la cancha.
    Varias personas me han dicho “darle de los militares es gratis para Kirchner, los militares están desprestigiados y no hay ningún riesgo”. Son los mismos que hace dos años decían que había que dejar pasar las cosas porque en situación de crisis institucional no había que enojarlos.
    (Del “no les tengo miedo” no hablo aquí porque me parece una equivocación: las frases que comienzan por “no”, diría un lingüista, son )
    Esto se relaciona con lo de la interioridad/exterioridad del sentido. Fíjense como A POSTERIORI cambió el sentido tal como fue en un gesto. Lo que muchos decían que era “imposible” (derogar las leyes) ahora es leído como especulación política barata por ser demasiado fácil.
    El sentido de una acción política cambia, para los lectores, según sus consecuencias. Es muy difícil aislar el sentido “puro” de lo que habría sentido un actor político cuando conocemos las consecuencias de sus actos..
    Artemio: coincido. Y tengo graves problemas con el intencionalismo metodológico del rational choice…

  25. Hal
    October 19th, 2006 12:27
    25

    María: para despejar cualquier duda, acuerdo con la política de enjuiciamientos impulsada por K, independientemente del ánimo que la promueva.
    En perspectiva, queda claro que ni es gratis pegarles a los militares ni su enojo puede ser el fundamento de las políticas del Estado. Al respecto, no cambió el sentido que impulsaba esos actos y gestos de K sino la lectura que de él se hacía; una lectura tan errada como suponer que era imposible derogar las leyes. Más allá de las dificultades metodológicas, el problema central en aquella lectura es el enfoque.
    Coincidimos en la importancia de los gestos (y la manera en que adquieren materialidad) a la hora de marcar la cancha. Ahora, lo que Carrió cuestiona en los gestos y palabras de K es la sobreactuación, la exacerbación innecesaria, las falsas polarizaciones, y deduce que ellos están motivados por un ánimo revanchista. Incluso si prescindimos de adentrarnos en el complejo mundo de los ánimos, debemos admitir que la retórica y la gestualidad K dan tela para la polémica aún entre quienes valoramos positivamente sus actos (por lo menos en lo que al Juicio y Castigo refiere).
    Un ejemplo: bajar los cuadros estaba perfecto, pero ¿era necesario que fuese el propio Jefe del Ejército quien los bajara? Si el propósito era reafirmar la autoridad civil por sobre la militar bastaba con ordenar la quita de los cuadros; pero disponer que la máxima autoridad militar realice actividades que bien podría adjudicársele a la tropa se torna problemático en el seno de una institución donde la disciplina y la jerarquía son elementos constituyentes de su identidad.
    Todo esto no pasaría de la mera anécdota si no fuera porque los gestos, cuando adquieren materialidad, operan por acumulación. Y, en ese sentido, la gestualidad K no parece tender a cerrar las cuentas sino a sostener en el tiempo los conflictos abiertos (¿no hubiera sido más práctico en el “caso Baseotto” dar por caído el convenio con el Vaticano y eliminar de cuajo las vicarías castrenses?, por ej.).

  26. Maria Esperanza
    October 19th, 2006 15:32
    26

    Hal, hagamos una cosa. Por un lado lo convencemos a K de las cosas que decís, y por el otro vos la convencés a la Carrió de que no diga que el secuestro de López es consecuencia de las “marchas y contramarchas” y que ahora en el país hay un régimen de violencia organizado. TODOS deberían rebajar un cambio en el nivel de las declaraciones, me parece.

  27. Diego
    October 19th, 2006 18:59
    27

    Hal: con respecto al caso Baseotto, el problema si mal no recuerdo era que el Vaticano consideraba que sin su visto bueno no aceptaban la baja del convenio. Aquel convenio especificaba que se nombraba en conjunto el obispo pero no decía nada sobre la manera de rajarlo.
    Igual me parece que más allá de la forma de decir las cosas, por ejemplo el caso de Julio López habría pasado de cualquier manera. Al igual que toda esta sarta de actos de reivindicación del terrorismo de Estado, lo que los produce es el cambio de política en sí mismo, no la forma en la que se produce. No me imagino a los jurásicos charlando entre ellos diciendo “si, la verdad que vamos a ir presos, pero fijate que lindo que fue el discurso de Kirchner, mejor quedémonos en el molde.
    Creo que los cambios de políticas, cuando se tratan de cuestiones de fondo, absolutamente siempre generan una reacción de los intereses que son afectados. Si gravaras con impuestos a las transacciones bursátiles por ejemplo, es inminente una reacción que intente desestabilizar al mercado. Y así con todo. Lo que rescato de todo esto, es que si estos tipos saltaron como saltaron, es porque realmente les están -perdón por el criollismo- tocando el culo. Es un signo de que el cambio va más allá de los discursos y de que la política estatal cambió para mejor en este tema.

    Saludos

  28. Alejandro
    October 21st, 2006 21:06
    28

    Es verdad que los represores son tipos racionales y pensantes (por lo menos los altos mandos: los ejecutores en realidad tienden a ser unos brutos). Pero solos no son nada. Son un factor de poder en la medida que la sociedad los apoye (como los apoyó mayoritariamente en el 76). Y la mejor manera de generarles una base de apoyo es victimizándolos. Ahí está el centro de lo que Carrió quiere decir: la reconciliación se da entre los sectores de la sociedad enfrentados, y no con los ejecutores del genocidio (o si, pero una vez que hayan cumplido su condena). No se olviden que en ese viaje a Sudáfrica estaba Tata Quiróz, que se pasó toda la dictadura menos un par de meses presa a disposición del PEN.

  29. Claudia Rodriguez
    December 19th, 2006 08:53
    29

    La reconciliación no puede lograrse si no es con memoria, verdad y justicia. Que todos los represores vayan presos, desde los primeros hasta los últimos. Sólo así podremos mirar para adelante, y ése es el drama en el que nos venimos debatiendo desde 1983.

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