Kinsey y la ética de la moderación

Recomiendo “Kinsey”, la biografía del autor de los “Informes Kinsey” sobre sexualidad protagonizada por Liam Neeson, para cualquiera que quiera conocer el estado moral de la sociedad norteamericana. Más exactamente, esa película marca la tendencia de una sociedad puritana de correrse todo el tiempo hacia los extremos.

Lo primero que llama la atención a quien vive un tiempo en Norteamérica y proviene de una cultura no protestante es su absoluto puritanismo moral sexual. Es simplemente inaudito hablar ni siquiera tangencialmente de sexo, ni siquiera entre adultos y en situaciones informales. Muchachos grandes de mas de treinta años y un metro ochenta de alto se ruborizan como adolescentes victorianas si ven una pareja dándose un beso por la calle. Las parejas no se tocan nunca en público, no se besan ni andan de la mano. Tampoco nadie se saluda con un beso y las mujeres se dan la mano. Las familias no se saludan con un beso ni un abrazo si los chicos son mayores de diez años más o menos. La película hace un buen relato de todo esto: Kinsey es hijo de un pastor metodista obsesionado con eliminar todo tipo de pulsión sexual; se ven también ejemplos de los libros de higiene con los cuáles se enseñaba que cualquier práctica amorosa fuera de la procreación era perversa, enferma y pecaminosa. Aún hoy, en el fondo de su corazón los norteamericanos son el pueblo más pacato del mundo.

Decir esto no es original. Pero la película hace también alusión a un problema más profundo de una cultura puritana, que me interesa discutir aquí: una cultura puritana por definición es incapaz de encontrar el punto medio. Ella debe oscilar contantemente entre represión y descontrol (como ya lo decía Foucault, por otro lado). En el caso de Kinsey, la película muestra bien como su reacción contra la represión es el intento de separar sexualidad de amor y confundir lo “sano” con una especie de irreflexiva promiscuidad. Pero esto finalmente también termina siendo dañino, porque la mente humana no es tan simple: la represión lastima, pero el todo vale también. Además, la película muestra como Kinsey desarrolla su propia actitud autoritaria: está tan convencido de que hay una sola forma de vivir bien (el amor libre y abundante) que termina transformando tanto el deseo como el amor, que son por definición la afirmación de la libertad más esencial del espíritu (la capacidad de desear como fundamento de la capacidad de trascender lo que somos; la posibilidad de amar como fundamento de la posibilidad del compromiso libremente elegido con alguien distinto de mí) en una tarea repetitiva, monótona y sin sentido.

La virtud cardinal aristotélica es la moderación: la buena vida para Aristóteles consiste en combinar todo es su justa medida. La virtud en este caso es un camino medio entre dos vicios o excesos: en este caso, el adecuado control entre los excesos de la represión y el descontrol. Esto me parece sabio; el problema, sin embargo, es que la moderación como virtud cardinal no es atrayente para el alma puritana. El espíritu protestante es todo o nada. O hay negación de disfrute total, o hay pecado total; por eso la transgresión es total cuando sucede y no se disfruta, ya que la culpa también es total. Y, nos dice la película, la tentación es romper con la represión sólo para pensar que es posible o deseable vivir sin límites ni convenciones ningunos.

Otras cosas se podrían decir, por ejemplo, sobre la absurda idea de que los dilemas como el que nos presenta la película (dónde trazar el límite adecuado entre libertad sexual y cuidado del otro) los va a resolver la ciencia. Esta es la actitud de Kinsey: la ciencia nos dirá cual es el “buen” comportamiento. Tal desatino es tal vez la amenaza más grave de la cultura contemporánea. Los problemas del espíritu los resuelve o no el espíritu: la ciencia no tiene nada que decir en estos casos. (Por supuesto, esto también se aplica a problemas políticos: mis colegas los “cientistas políticos” están intentando encontrar el algoritmo científico que les permita resolver para siempre los problemas de la política, pero eso es otro tema).

Un comentario a “Kinsey y la ética de la moderación”

  1. Pedro
    May 13th, 2009 11:45
    1

    Estimada María Esperanza:
    Escribiste esto en 2006, no sé si vas a leer este comentario:
    ¿Has leido “Conducta sexual del varón”, aparte de ver la película. Porque la película es anecdótica y no dice mucho. Lo importante es que leas lo que él escribió mas que conocer los pormenores de su vida. Se descubren muchas cosas sobre el sexo que mucha gente aún hoy, mas de cincuenta años mas tarde, desconoce.
    Saludos.
    P.D: El tema sexual no siempre implica espiritualidad.

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