La peronización del kirchnerismo
Según Mario Wainfeld de Página 12, en los últimos movimientos políticos del kirchnerismo se ve un movimiento centrífugo con respecto a los transversales, y centrípeto con respecto a los peronistas:
El cierre sinérgico del Gobierno con la crema de la cúpula cegetista refleja un interesante cambio de la coalición oficialista, que es (a falta provisoria de mejor nombre) su peronización. Tras una serie de ensayos y sondeos en el lábil espacio transversal, Kirchner viene cerrando filas con el justicialismo, sí que imponiéndole su liderazgo y buena parte de su hoja de ruta. Puede suponerse que esa fue siempre su voluntad o creer (como este cronista) que llegó a esa conclusión tras una serie de ensayos y errores, propios y ajenos. Lo cabal es que Kirchner es bastante más convencional en su arco de alianzas y convocatorias que en sus años primeros, especialmente que en 2003.
La provocación innovadora que significaron los nombramientos de Raúl Zaffaroni, Carmen Argibay o Graciela Ocaña resaltan aún más cuando se los compara con la dupla Lingeri-Carlos Ben en cuyas manos queda una linda porción del futuro de la flamante empresa estatal AySA. Las interpretaciones pueden ser variadas, lo tangible es que Kirchner se permitía ser más disruptivo cuando era más débil. En la cúspide de su poder y su legitimidad, vira a un mayor conformismo, a una suerte de conservadurismo de sus propias metas y sus herramientas.
Es decir, estaríamos viendo hoy el final del intento kirchnerista de construir un movimiento basado en la “transversalidad” ideológica, sumando a militantes y políticos de “centroizquierda” o “progresistas” de afuera del PJ. Este proyecto de un movimiento transversal, como es sabido, estaba basado en el sueño de realinear, a fuerza de voluntad y pulmón, la gran grieta estructural de la política argentina, el principio de alineación que rigió los últimos sesenta años —o sea, el clivaje peronismo-antiperonismo— por el más moderno izquierda-derecha.
Cabe decir que La Barbarie había pronosticado hace ya bastante tiempo la imposibilidad fáctica de sustituir el peronismo por transversalismo (entre otras cosas, porque en Argentina la izquierda e inclusive la centroizquierda tienden a ser visceralmente antiperonistas o, de manera más coloquial, gorilas). Pero este tema ofrece ahora más tela para cortar. Es cierto que Kirchner parece estar recostándose cada vez más en las estructuras tradicionalmente peronistas, como los gremios y la CGT (Moyano incluido), y que ha moderado su discurso. Pero no todo es tan simple.
Veamos por ejemplo uno de los hechos más interesantes de la semana pasada: el quiebre del bloque duhaldista. De este bloque se fueron en los últimos días ex duhaldistas como Eduardo Camaño, Juan José Alvarez y Jorge Sarghini, y menemistas como los riojanos Alejandra Oviedo y Adrián Menem.
Este exodo hace recordar a la reacción antimenemista encarnada en el quiebre del Grupo de los Ocho, comandados por Chacho Alvarez, allá por los primeros años de la década del noventa. Lo notable es que ahora, por primera vez , es la derecha peronista la que se va del PJ, y no al revés.
Kirchner parece haber recorrido la ruta de su llegada y consolidación en el poder según la manera aconsejada por Maquiavelo: buscando los errores de sus predecesores. Tal parece que el error de Alfonsín habría sido privilegiar la negociación al conflicto frente a los sectores de poder; el de Menem, no haber nunca quebrado la capacidad de veto del peronismo bonaerense. Y el error de Chacho Alvarez fue haberse ido del peronismo. Es sabido que Kirchner coqueteó, en varios momentos, con la idea de irse del PJ (¿recuerdan la conferencia de prensa con Aníbal Ibarra y Elisa Carrió en el 2002?). Pero en último término, Kirchner, aún compartiendo mucho del diagnóstico de Alvarez, apostó a quedarse adentro del peronismo y, eventualmente, utilizar la inmensa capacidad operativa del “poder hereje” para su propio proyecto de poder. Es que para gobernar es necesario un partido, algo que Chacho nunca tuvo y por lo que nunca se preocupó.
Esta re-hegemonización, o sea, la construcción de una nueva estructura ideológica y material de poder al interior del peronismo, pareció ponerse entre paréntesis con la transversalidad. Pero la transversalidad fracasó, un poco por desgano kirchnerista y otro poco porque los “transversales” (Bielsa, Bonasso, Ibarra, la CTA) están enamorados de su condición de librepensadores sin pertenencia ni lealtad.
El peronismo, entre tanto, permanece. Y Kirchner, en el 2003, salió a quedarse con él, logrando lo que Menem no pudo: romper la hegemonía duhaldista. La actual estrategia parece una especie de reformulación del “entrismo” de aquellos años: entrar en el peronismo y realinearlo para otros fines.
Hay que ver si el experimento funciona. Tampoco está claro cuál es el proyecto ideológico del Kirchnerismo: poco queda de la retórica más antisistémica de los primeros meses. Muchos de los hoy autodeclarados kirchneristas fervientes son impresentables, o casi. Sin embargo, es la primera vez en mucho tiempo que es la derecha, y no la izquierda, la que se tiene que ir del PJ por la puerta de atrás. Esto no pasó ni en los setenta, ni en los ochenta, ni mucho menos en el menemismo. Esto es de por sí bastante novedoso.

April 20th, 2006 19:28
[...] Si, ya se, durante la crisis la gente pedía que se vayan todos. También es cierto que el kirchnerismo usa el nombre de fantasía “Frente para la Victoria”. Pero, como vengo sosteniendo, el kirchnerismo es más un intento de re-hegemonizar el peronismo para adentro que de hacer una entidad completamente nueva. Y tal parece que hay partidos para rato. [...]
April 23rd, 2006 12:24
[...] Siempre causa cierta satisfacción poder decir “te lo dije”. La Barbarie había anunciado este movimiento re-peronizante acá y, hace ya tres meses, acá. [...]
May 24th, 2006 12:26
[...] Acá, por ejemplo, decíamos: Cabe decir que La Barbarie había pronosticado hace ya bastante tiempo la imposibilidad fáctica de sustituir el peronismo por transversalismo (entre otras cosas, porque en Argentina la izquierda e inclusive la centroizquierda tienden a ser visceralmente antiperonistas o, de manera más coloquial, gorilas). [...]