Los diez mejores cuentos del mundo, primera entrega
He resuelto hacer mi propia lista de los mejores diez cuentos del mundo o, desde una perspectiva más realista, mis diez cuentos preferidos. En los próximos días presentaré los próximos nueve.
No están ordenados por mérito ni nada parecido, sólo por el orden en que me vinieron a la mente.
1. “To build a fire” / “Encender una hoguera” por Jack London (en cualquier antología del autor).
Jack London, un escritor inmenso, es injustamente relegado a la sección de literatura para chicos. (O tal vez esto sea lo más adecuado, porque así una chica de diez años puede recibir para un cumpleaños “La Quimera del Oro” de manos de una tía o un amiguito que compró el libro sólo porque estaba en la librería del shopping y como no paga derechos de autor es barato. Imprevistamente, así, a los diez años una se ve lanzada en el medio de Yukón, de los tramperos, de los trineos de perros esquimales, de los locos que arriesgan todo por un puñado de pepitas de oro y sólo encuentran lobos, frío, y más locos. Gracias a que London está en la sección para niños, más de una mente infantil fue rescatada para la literatura. Más de un niño aprendió a leer en el Yukón).
Jack London fue un maestro de la técnica de los cuentos. (Es curioso pero sus novelas siempre me parecieron inferiores: London se destacaba en los cien metros, no en el semifondo.) Si Poe inventó el cuento moderno, London lo perfeccionó, lo afinó como una navaja, y lo dejó ahí listo para que lo agarraran Hemingway, Woolf, y los demás. En un cuento de Jack London nada sobra, nada falta, y no puede cambiarse de él ni una coma. En él se suman una narración al mismo tiempo enérgica y sintética, y una maravillosa descripción de los paisajes helados de Alaska, de su crueldad y de su extremada belleza.
Pero hay más. En “Hacer un fuego”, London cuenta una historia engañosamente simple. Un hombre decide salir a caminar solo en un día en el que hacen 45 grados bajo cero. El hombre es un chechaquo, es decir, un recién llegado al Yukón. El chechaquo decide salir solo aunque los viejos pobladores le advirtieron que la primera, la única ley del invierno en el Yukón es que nunca se sale sin un compañero. El hombre se ríe; él es joven, es fuerte: sale entonces con su perro. Súbitamente, pisa un hielo que se rompe y se moja el pie en el agua encerrada bajo el hielo. Intenta entonces prender un fuego, sabiendo que si no lo hace en cinco minutos su pie se congelará irremediablemente. Se saca el guante, se le caen los fósforos … a la media hora está muerto, congelado.
El cuento nos detalla, lenta, metódicamente, cada una de las acciones del hombre, cada una de las pequeñas cosas que fallan, mientras su terror del aumenta (“Cuando todo estuvo listo, el hombre buscó en su bolsillo un segundo trozo de corteza de abedul. Sabía que estaba allí, y aunque no podía sentirla con los dedos la oía crujir, mientras revolvía en sus bolsillos. Por mucho que lo intentó no pudo hacerse con ella. Y, mientras tanto, no se apartaba de su mente la idea de que cada segundo que pasaba los pies se le helaban más y más. Comenzó a invadirlo el pánico, pero supo luchar contra él y conservar la calma. Se puso las manoplas con los dientes y blandió los brazos en el aire para sacudirlos después con fuerza contra los costados. Lo hizo primero sentado, luego de pie, mientras el perro lo contemplaba sentado sobre la nieve con su cola peluda de lobo enroscada en torno a las patas para calentarlas, y las agudas orejas lupinas proyectadas hacia el frente.”) Hacia el final, la narración se vuelve insoportable: el lector es obligado a habitar el cuerpo y la mente de un hombre que se está muriendo. Y London nos lo cuenta todo con la misma metódica linealidad de principio a fin, nos obliga a vivir cada uno de los minutos de la agonía, mientras el perro, tranquilo, nos mira.
El final del cuento siempre me pareció perfecto: “Más tarde el perro gruñó más fuerte, y aún más tarde se acercó al hombre, hasta que olfateó la muerte. Se irguió de un salto y retrocedió. Durante unos segundos permaneció inmóvil, aullando bajo las estrellas que brillaban, brincaban y bailaban en el cielo gélido. Luego se volvió y avanzó por la ruta a un trote ligero, hacia un campamento que él conocía, donde estaban los otros proveedores-de-alimento y proveedores-de-fuego.”
En el Yukón a cuarenta y cinco grados bajo cero, la experiencia humana se reduce a lo básico, a las verdades más esenciales. Y la verdad es que, mientras un perro se basta solo, un hombre no. Los hombres no pueden caminar solos porque los hombres somos demasiado frágiles. Pretender lo contrario, pretender que se puede ser independiente, es un error que sólo un engreído, inexperto, estúpido chechaquo puede cometer.
Mejor no seguir: si se dan cuenta de cuán terrible y profundo es este cuento, por ahí sacan a London de la sección infantiles.

Noviembre 15th, 2007 15:06
Fantástico el cuento de jack london. Gracias por descubrirmelo. He pasado frio y miedo.
Mayo 12th, 2008 06:06
me a encantado buestro libro yo tengo 10 años y voy a 5 de primaria ¿por que no escribiis mas cuentos tuyos son una bomba con cariño maria tupchiyenko 10 años plaza del gallo portal n 10 1A cantabria xau adios
Mayo 24th, 2008 13:20
Adelante, quisiera saber los otros nueve. Encender una hoguera, concuerdo que amerita estar.
Junio 12th, 2008 21:36
BUENO NADA ESTABA LEYENDO CUENTOS Y ENTRE EN ESTA PAG BUE NADA NO SE YO ESCRIBO CUENTOS Y SON RE-BUENOS VA ESO DISEN MIS FAMILIARES MAESTROS (DE 5º VOY A 5º) Y MIS AMIGAS QUERIA SAVER COMO ASER PARA QUE GANEN FAMA
Julio 7th, 2008 17:59
me toca muy de cerca el tema de las capacidades limitadas, por lo que con este cuento pude ilustrar una charla en cómo el mas fuerte de los hombres puede quedar limitado cuando te quedas sin una función basica como es la que una mano cumple al sacar un fósforo y un trozo de adebul del bolsillo. Por lo que respecta a London, simplimente un genio.
Septiembre 8th, 2008 16:04
SOY MEXICANA, TENGO 40 AÑOS, ME GUSTA LEER CUENTOS,NUNCA HABIA TENIDO EL PRIVILEGIO DE LEER UNO DE JACK LONDON, PERO LEY EL BURLADO Y ME FASCINO, LA FORMA EN QUE DESCRIBE LAS SITUACIONES, ME IMAGINE CADA UNA DE ELLAS COMO SI ESTUVIERA VIENDO UNA PELICULA, SIGUE ESCRIBIENDO, YA ESTOY LEYENDO OTROS CUENTOS, ESPERO ME CAUSEN LA MISMA IMPRESION.