Sobre el discurso de Kirchner en la Plaza
El discurso, aunque previsible, dejó una cuantas preguntas. Sabemos que K no es un buen orador en actos grandes y que la retórica no es lo suyo. Pero, aún haciendo esa salvedad, el discurso, para la plaza, fue corto, frío, poco elocuente. Éramos muchos, no importa cuantos, habíamos viajado, habíamos caminado, habíamos esperado, habíamos escuchado a Alejandro Lerner, y nos tuvimos que ir sin una palmada en la espalda, sin oír promesas ni anuncios, sin, digámoslo así, un cachito de mística. Las vagas apelaciones al pluralismo y a la diversidad, las cifras y porcentajes mil veces repetidos se oyeron como mensajes dirigidos a alguien que no estaba en la plaza. La sensación última fue la de ver un acto de convocatoria popular con un discurso a medida de los que lo escuchaban por radio Mitre.
Se me ocurren, para entender esto, algunas hipótesis (que no son necesariamente excluyentes entre sí). La primera es que Kirchner es sólo un mal orador. Esta hipótesis tiene sin embargo la desventaja de que no da material para escribir sobre ella, así que vamos a descartarla. (Además, esta administración maneja un control muy ajustado de la comunicación, es difícil creer que se le escape una cosa así.)
La segunda es que Kirchner está explícitamente evitando construirse como un líder populista. Según Laclau la principal operación discursiva de todo populismo es la construcción de un “nosotros” unificante que incluya al pueblo y al líder político, para marcar luego la oposición al “otro” (por eso Perón es “el primer trabajador” y Evita nunca dijo “volveré y seré millones”). Kirchner se niega a tal unificación, habla siempre en primera persona. No dice “venceremos”, sino “no me doblegarán”. No dice “avancemos” sino, como lo notó con toda claridad Rep, “ayúdenme”. Es probable que no quiera aparecer como un demagogo, pero lo que produce es distancia. Kirchner nos pide apoyo, pero no es ni quiere ser uno con nosotros.
De todos modos, es posible que el peronismo, no ya como discurso ideológico, sino también como estética, se esté agotando. Que Kirchner no apele al repertorio discursivo peronista porque tal repertorio no exista más, que se haya vaciado de manera irreparable. En contra de la crónica de Wainfeld del jueves, y también de lo que decíamos en La Barbarie ayer, algo de eso se sentía en la plaza. El himno se cantó desde arriba y la marchita desde abajo, es cierto, pero está última con letra vacilante y a media voz. La presencia de Perón y Evita, tanto en el discurso como en la iconografía, fue deslavada. Salvo que el entusiasmo metonímico lleve a pensar como modos intrínsecos del peronismo a los choripanes, a la movilización y hasta a las clases populares mismas, el caracter propiamente peronista del acto es discutible.
En la lectura más negativa, Kirchner está utilizando a la base, mostrándola para hablarle, por los medios, a otros. En una lectura más positiva, está tratando de articular, como puede, un nuevo discurso ideológico alrededor de elementos que no son los tradicionalmente populistas. La invocación a los desaparecido y las Madres y Abuelas fue quizá el punto más emotivo del discurso. En este sentido podría ir su opción de sumar a la reivindicación –por lo menos de facto- de la movilización peronista el discurso liberal de los derechos humanos, que el peronismo subordinó históricamente a los derechos sociales. Si es así, habrá que ver hasta qué punto este híbrido funciona andando el tiempo, y si permea más allá a los sectores medios.

November 3rd, 2006 15:41
[...] Ahora bien, ¿Kirchner propone alguna clase de discurso unificador de las distintas demandas particulares que emergen día a día en el escenario político argentino? Parece que no. En una entrada de hace algunos meses señalábamos la frialdad e, incluso, en el caso de los más entusiastas, la incomodidad con la que se recibió el discurso del Presidente en el acto del 25 de Mayo. Releído con Laclau en la mano, lo que le faltaba a ese discurso era una fórmula que permitiera sentirse parte de un esfuerzo común a los indudablemente diversos actores que se habían hecho presentes en la plaza ese día. No fué un discurso populista, sino institucionalista. La lógica política institucionalista funciona resolviendo o intentando resolver por separado cada demanda particular, de modo que no se produzca la agregación de esas demandas y la constitución de un sujeto político colectivo. Kirchner reconoce la legitimidad de las demandas específicas, con independencia de que las atienda en todos los casos de un modo eficaz, pero evita proponer los términos bajo los cuales se las podría reconocer como equivalentes. Es decir, no es populista ni lo quiere ser. La pregunta es si en las condiciones actuales es más duradera una construcción política fundada en una estrategia populista o en una institucionalista. A Kirchner la estrategia institucionalista le resultó eficaz en Santa Cruz, con un Estado solvente y demandas acotadas, pero el país no es Santa Cruz, ni lo va a ser en los próximos años, aún si el crecimiento se sostiene. El peligro es que con la aparición y la persistencia de demandas sin satisfacción, en un contexto de inexistencia de identidades políticas unificadas, se den las condiciones para la constitución de un populismo de derecha: “seguridad”, “república”, “instituciones” son significantes vacíos que actores políticos menos institucionalistas que Kirchner no evitan. [...]