Ciudadanía ilustre

A la espera de un post algo más elaborado en celebración del otorgamiento de la ciudadanía ilustre de la Ciudad de Buenos Aires al politólogo Guillermo O’Donnell, dejo aquí unos párrafos de su autoría. Lamentamos que la “atribución e imposición” de este título haya tardado tanto tiempo.

Como Preuss (1966:536) recuerda, comenzando con Atenas, pasando por las repúblicas Italianas, y continuando con las democracias liberales censitaires del siglo XIX, “la ciudadanía era un estatus de eminencia de una clase distinguida de individuos a los que se les reconocía tener un interés especial en la comunidad política.” Fue sólo más tarde, con los procesos subsiguientes de
democratización en el Noroeste, que la ciudadanía se extendió a prácticamente toda la población adulta—pero fue asignada como un atributo de la nacionalidad por estados que por razones domésticas e internacionales intentaban controlar a la población y sus lealtades. Desde entonces, la ciudadanía define no sólo al miembro potencialmente activo del demos democrático; también es un sinónimo de nacionalidad, la cual “denota la pertenencia legal de un individuo a un estado en particular…[y] define la categoría de personas que los estados soberanos reconocen como los objetos legítimos de sus respectivos poderes soberanos.” La naturaleza adscriptiva de este lado de la ciudadanía significa que “el estado no es y no puede ser una asociación voluntaria. Para la gran mayoría de la población, la ciudadanía no puede sino ser un estatus impuesto y atribuido.” El estado, esta asociación peculiar—no voluntaria, basada en un territorio, sustentada en última instancia por la coerción, altamente burocratizada y densamente legalizada—es un concomitante crucial, e históricamente cristalizado, del régimen democrático. Es por esto que la práctica y la teoría de la democracia no deberían ignorar—como suele ocurrir con excesiva frecuencia—el papel fundamental que tiene el estado, por la positiva y por la negativa y por acción u omisión, sobre el funcionamiento, la posible expansión y, por cierto, los peligros de caducidad de la democracia. La naturaleza combinada de la ciudadanía—activa y participativa por el lado del régimen democrático y adscriptiva y pasivamente otorgada por el lado de la nacionalidad—no ha impedido que, en las luchas que diversos sectores emprendieron por el pleno reconocimiento de su derecho a ambas ciudadanías, el estado fuera un referente institucional fundamental.

El texto completo acá

Un comentario a “Ciudadanía ilustre”

  1. Ana C.
    August 23rd, 2008 07:33
    1

    Che, ¿qué pasó en este post que no comentaron ni los perros? Y encima el único dedicado a O’Donnell en toda la historia de La Barbarie.

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