Crónicas cercanas al Balón. Tercera entrega: ‘Se burlarán de mí, que nadie sepa mi sufrir’.

¡Qué tema resonante el de las paternidades en el fútbol! Corazones se paralizan, labios se fruncen más que cogote de Chiqui Legrand y puños se cierran con deseos ciertos de impactar en las mejillas del simpatizante que recuerda al agresor los partidos de distancia que median entre uno y otro. No es tampoco un tópico lineal o unicausal, pueden agregarse ciertas especificidades en las discusiones de filiaciones en el fútbol: ¿deben contarse los partidos de diferencia de la era profesional o incluir el amateurismo?, ¿los amistosos van?, ¿la Copa Libertadores?, ¿en una paternidad debe contarse sólo la fría estadística o tenerse en cuenta cosas como la laboriosidad y empeño de una hinchada respecto de la otra? ¿Vale rechulminar?, ¿arquero fijo o volante?, ¿chilena vale 15, taco vale 2?

River tiene muchísimo partidos de distancia con Racing (la mayor entre grandes) y esta semana volvió a refrendarla desatando una escalada de violencia en las huestes mostacistas (con un Merlo que a esta altura sólo le falta ponerlo a Sava de enganche y decirle a Sixto Peralta que juegue de Doble Arquero, ‘para darle un mano a Campagnuolo’).

Por otro lado, los de Avellaneda, señalan que la distancia que asimismo les lleva Independiente no contabiliza porque los primos ‘son amargos’ y ellos no. Aparte en los 90 tuvieron una seguidilla de partidos (¿11?) sin perder con los diablos, lo que les hacía festejar clásico a clásico por más que en el historial general fueran abajo. Este es el tipo de sutilezas de las que se estaba hablando. (Más allá de eso, ¡qué pesado el hincha de Racing cuando toma siempre como criterio por fuera de todo papelón futbolístico su pasión y desenfreno! Muchos de los debates sobre pelota con un seguidor de la Academia, siempre girando en que son fieles y mimosos con su clú, parecen más etnografía que algo relativo a cracks, goles y lucimiento dentro de la cancha).

Ahora bien, de nuevo sobre el tema cláusulas que pueden cambiar una paternidad, esta fecha por venir nos mostrará un caso paradigmático, prototípico, de manual: el clásico Boca – San Lorenzo.

El Boca Juniors tiene distancia en el historial sobre todos los grandes excepto con los santos de Boedo, el Ciclón de Avenida la Plata, el San Lorenzo del Padre Massa y Wall Mart. Este equipo es de todos el que más veces le ganó en la Bombonera y le lleva una distancia de alrededor de 8 partidos –que contando el amateurismo se reduce notablemente-. SL es, en los fríos números, padre del otro.

Ahora bien, ¿puede señalarse esto con tanta confianza, tanta pedantería azulgrana, en la semana que se producirá el nuevo cruce de estos rivales después de aquel mítico e imborrable 7 a 1 del 2006? ¿No borra una goleada así una paternidad y la pone en cuestionamiento al poner la siquis de uno y otro rival en igualdad de condiciones?, ¿irán los hinchas de San Lorenzo agrandados a la Bombonera con la cantinela de ‘hijos nuestros, hijos nuestros’ o más bien silbando bajito y a la espera de hilvanar tres o más victorias para recién ahí retomar la senda del castigo simbólico hacia los xeneises? Parece una mixtura pero con mayores componentes de lo segundo que lo primero.

Un elemento que complejiza el análisis y agrega adrenalina a un evento de por sí acelerado, es la presencia del hister-histriónico riojano en el banco de San Lorenzo. Tanto por su capacidad polémica y picara (para el simpatizante un bálsamo respecto del bonapartismo agrio de Ruggeri que tanto daño causó en el seno azul y rojo) como su cercanía con los colores blanco y rojo de los Millonarios. Ramón ya desplegó parte de su repertorio en el partido con Belgrano de Córdoba, que al jugarse en el estadio Mauricio Macri por estar suspendido el Fernando Miele, generó todo un tema sobre en qué banco se sentaba y como recibía la noticia de jugar de local en la odiada Bombonera.

Sin embargo, parece que tanto vodevil y chicanitas lo hizo perder un poco de vista al match contra el Pirata cordobés porque sus once dirigidos jugaron horrible y ganaron casi con exclusividad por la ansiedad de Serrizuela a la hora de sacarle la balón de la mano a su arquero, porque ni el gol llegó armado por la pericia de los players de Diaz.

¿Entonces? ¿Qué hacemos? Este domingo, Dios y la patria dispondrán. Pero la existencia del número 7 en un clásico, como es este el caso, condiciona tanto las gargantas como las almas. Y si estos argumentos no son suficientes, conozco una ciudad con muchas diagonales, hija pródiga del masonismo de Dardo Rocha –ya por entonces peleado con Julio Argentino- y un tal Troglio como para sumar fuerza a la tesis nodal de esta semana.

2 comentarios a “Crónicas cercanas al Balón. Tercera entrega: ‘Se burlarán de mí, que nadie sepa mi sufrir’.”

  1. Lorenzaccio
    March 18th, 2007 12:33
    1

    Estimado amigo: supongo que tanta amargura indica que todavía no ha comprendido usted que los milagos ocurren una vez cada cien años. Son hijos nuestros, no hay otro remedio que aceptarlo, y morirán hijos nuestros. En cuanto a su aversión a nuestro sponsor supermercadista, mire: otros han tenido multinacionales más chupasangres que esa, y nadie se queja.

    Yo propongo varías medidas para mejor organizar el fóbal, entre ellas:
    1. Fusionar a Vélez con la Sociedad de Fomento de Parque de los Patricios, a ver si entre los dos sacan 2/3 de la convocatoria popular de un grande
    2. Cambiar la horrible camiseta de Racing, que los asemeja a los Bananas en Pijama, y ponerle una con más onda.
    3. Explicarles, videos y estadísticas en mano, a los hinchas de Independiente que si no fuera por Bochini, no tendrían paladar negro ni gran cosa que festejar (hay jugadores que salvan la historia de determinados clubes: cuando yo era chico, el tercer grande por convocatoria y títulos era indudablemente Racing).
    4. Obligar a Boca a construirse un estadio de verdad. Y explicarles a sus hinchas más jóvenes que el gordo del habano y el tatuaje del Che siempre fue hincha del Rojo.
    5. Eliminar la pista de atletismo del Monumental, y taparla con tribunas.
    6. Mandar al psiquiatra a casi todos los rosarinos aficionados al fóbal. Y a la mayoría de los periodistas
    7. Proponerle a usted asuntos de artículos para impedir que siga escribiendo sobre fútbol, porque la verdad es que no resulta inteligente ni gracioso (o sí: se parece a Lilita Carrió o el Presidente Anglouruguayo Tab Vázquezson).

    PD: Aunque a Lázaro Silberman (a.k.a. ‘Marcelo Araujo’) no le guste, el estadio del Ciclón se llama PEDRO BIDEGAÍN. Fernando Miele es un señor amigo del referido Silberman y acaso suyo, que fue expulsado del club por turbios manejos con una multinacional amiga de la FIFA. El de Juniors Bosta se llama Alberto J. Armando (nombre del presidente que le hizo perder a esa entidad casi todo su patrimonio; antes se llamaba Camilo Cicchero, el Presidente bostero que lo construyó… eso muestra a las claras quién es el actual Presidente de JB, don MM, que fue quien propuso el cambio de nombre).

  2. Fernando
    March 18th, 2007 22:58
    2

    A la pelotita… el intentar descifrar cómo terminé parecido a Tabaré con mis crónicas es un esfuerzo lógico más propio de Lilita en su estadio actual de pensamiento.
    Lo de Macri vs. Miele era una ironía papá, tenes menos intuición que Ayala al correr al peluquero, eh.

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