América Latina: vanguardia democrática
Hace mucho que me viene rondando esta idea: la vanguardia de la creatividad democrática mundial hoy está en América Latina.
Desde fines del setenta para acá, hubo en el mundo una definición hegemónica de democracia: se buscaba una poliarquía liberal de partidos, con una concepción bastante restrictiva de la relación entre sociedad y partidos (a la Schumpeter: competencia de elites con baja participación popular) combinada con economía capitalista más o menos neoliberal., con apertura y baja regulación. Hubo matices en todo esto: no es lo mismo EEUU que Europa ni Japón que India, pero las diferencias eran bastante menores. Durante décadas no hubo nadie que dijera “hey, yo tengo una idea diferente de qué significa ser democrático.” Hasta hoy.
El mundo está viviendo un momento de resquebrajamiento de las viejas seguridades y de las viejas definiciones políticas. -Y hoy en Latinoamérica hay varios países que están en procesos de fuerte creatividad y experimentación democrática. Bolivia, Ecuador, Venezuela, incluso México y Brasil no sólo están teniendo elecciones o cambiando presidente, están probando nuevas definiciones de qué significa hoy ser una democracia. También están probando nuevos modelos de articulación entre elites y movimientos populares, de relación entre economía y política, e, inclusive, de coexistencia étnica y cultural.
Y esto es bueno. No sólo porque, como dice hoy el Washington Post, estos procesos se están dando de manera pacífica, por las urnas y no por las armas. Sino porque la misma realidad demuestra que los viejos modelos son inadecuados: la autonomía de la economía, la coexistencia étnica, la desafectación popular son problemas para la mayoría de las democracias, no sólo para las latinoamericanas.
Esto no significa que todos los experimentos funciones, o que todos sean buenos. Pero estos momentos de experimentación y cambio impulsan la renovación institucional. Y esto es bueno, porque la democracia sólo puede existir mientras se reforme y se expanda a sí misma.

February 17th, 2009 13:17
Lo que esta mermando la capacidad politica del gran inquicidor para decir que es denocracia y que no. A la luz de la 1ra. eleccion de Busch, hoy Cuba parece la Polis griega.-
February 17th, 2009 13:54
Excelente. Un análisis MUY lúcido.
February 17th, 2009 14:03
a veces pienso que lo que está pasando es que se le está sacando mas el jugo a la democracia… tal vez como parte de su mismo proceso evolutvo. Personalmente aplaudo al Pueblo Boliviano y espero que su experimento llegue a buen puerto.
February 17th, 2009 14:51
Muy bueno. Muy de acuerdo.
February 17th, 2009 15:18
Un solo comentario.
Me parece que falta algo de consistencia. Muchos de los que apoyaron acá a Chávez en su reelección indefinida estuvieron en contra de la segunda reelección de Menem. Cuando Menem intentó algo más acotado, era un golpe a las instituciones, cuando lo hace Chávez (quien previamente había intentado un golpe de Estado) es un “proceso de fuerte creatividad y experimentación democrática”.
Aclaro que no estoy a favor de la perpetuidad (potencial) en el poder de nadie.
Saludos
February 17th, 2009 15:25
Natalio: Pero el tema de la reelección indefinida podría estar entre las cosas criticables que menciona ME; yo no veo que haga un elogio explícito de esas cuestiones. Aunque faltaría desagregar, creo que lo más importante está enunciado: Alta conflictividad resuelta de manera pacífica, dimensión pluriètnica. La plebiscitaciòn permanente es otra, pero no sé si es un avance.
Por lo demàs (Perdón MEC) el artículo me recórdo a Noemi Klein y a aquella cháchara del “laboratorio de la democracia”
February 17th, 2009 16:01
lindas palabras che…
aunque yo no me confiaria mucho de lo q dicen los medios “occidentales”…les recuerdo q a principio de los 30′ (cuando las democracias occidentales estaban aun bajo “la gran depresion”)…muchos “democrattas” de occidente se preguntaban…si el fascismo europeo…no era una “etapa superadora” de la democracia (visto los tempranos “exitos” de los fascistas alemanes e italianos,en materia de resurgimeinto economico,estabilidad social y laboral etc)…no hace falta q les recuerde como termino todo no???
en cuanto a latinoamerica y esta “reinvencion democratica”…eso estaria bien,si hubiesemos usado la “vieja” democracia para combatir la pobreza,la injusticia social etc…pero no¡¡¡…nunca la usamos¡¡¡…entre golpes militares,politicos corruptos,ideologias extremistas,perpetuacion en el poder y demas yerbas…nunca nos dimos el “gusto”…
es decir…nunca usamos a la “vieja” democracia de forma minimamente efectiva…y ahora resulta q la REINVENTAMOS???…mmmmm…no se…”a mal puerto viniste por leña” me parece…
saluditos…=)
February 17th, 2009 16:06
Sobre el tema, quizá les interese leer el nuevo libro de José Natanson (La Nueva Izquierda), que trata sobre el giro progresista en Sudamérica desde una perspectiva bastante “sudamericanista”
February 17th, 2009 16:51
Como que no hay una sola monarquia en America. Riqueza no es desarrollo. Se lo regalo como tema para beca de investigacion Maria. A mi me da fiaca escribir.
February 17th, 2009 17:34
Algunas cosas:
- Yo estuve en contra de la reelección de Menem y me parece que la alternancia es lo mejor. Tengo ambivalencia con respecto a Chávez. No se me escapa, sin embargo, que hay argumentos válidos a favor de peermitir varios períodos, sobre todo eliminar el “lame duck effect”. Y que, además, existen reelección indefinida en Gran Bretaña, España, Alemania y varias más democracias establecidas.
- Estaba pensando específicamente en la década del treinta como otro momento de creatividad política. Cierto, el fascismo no gustó a nadie, pero ojo, que la socialdemocracia también es una invención de esta época. Otra vez recomiendo este libro: Liberalis, Fascism, and Social Democracy, de Gregory Luebbert.
- La comparación con Noemí Klein es fuerte. La verdad, he leído muy poco de ella y mucho no me convence, ¿deberé entonces abandonar mis posiciones?
- El tema es que yo no creo que las “viejas” democracias sean enteramente adecuadas a las realidades latinoamericanas.
February 17th, 2009 17:59
Menem no puede tener reeleccion indefinada porque es un traidor a sus votantes,(el mismo hizo alarde de haberlo hecho) Chavez es coherente con sus votantes. Es una diferencia muy notoria, como para extrañarse porque a Chavez si y Menem no.
February 17th, 2009 18:35
Hector: En todo caso son los votantes los que tendrían que definir quien los traicionó y quien no.
Creo que el tema reelección y su bloqueo tiene que ver con la tradición caudillística de AL.
Cuando se hicieron las constituciones, el fraude era lo normal, y el que gobernaba era el que podía hacerlo mejor.
Con la prohibición, se obligaba al Presidente a tratar de imponer un delfín, que siempre es más dificil de imponer(porque quedan muchos desairados), y que muy bien puede darse vuelta en la primera de cambio.
En la medida en que las elecciones son limpias, ese miedo me parece que tiene algo menos de razón de ser.
February 17th, 2009 20:47
MEC
Es cierto lo de los países europeos, pero todos ellos son Estados parlamentarios, mientras que Venezuela y Argentina son presidencialistas. El hecho de que en aquéllos tenga mayor poder el Congreso de alguna manera minimiza la posibilidad de que el que esté en el ejecutivo se mantenga por períodos excesivamente largos.
Saludos
February 17th, 2009 21:17
El criador habia sacado una estadistica y los parlamentos ricos eran una escribania…
February 17th, 2009 21:51
Natalio Ruiz, tal cual como dice Baleno. El criador de gorilas machaca mucho, y yo misma he publicado, sobre la realidad de los regímenes parlamentarios: por un lado, en los regímenes parlamentarios hay más concentración de poderes que en un presidencialismo; por el otro, la empiria estáa en contra de lo que decís, ya que Alemania, Inglaterra, Finlandia, Francia y España , entre otros, tuvieron primeros ministros o presidentes que duraron más de 12 años en el poder. El parlamento no minimiza la posibilidad de que el ejecutivo se mantenga por períodos largos, si no al revés.
February 17th, 2009 23:18
Hola, una cosa sobre el tema de la reelección y el cómico paralelismo entre Chávez y Menem, me parece que acá conviene ir al grano, estamos a favor de la reelección de Chávez porque es un hombre que le hace bien a su país y a la región, pero estamos en contra de la reelección de Menem por la sencilla razón de que nos hizo pedazos. Me parece que buscar criterios neutrales para definir cuestiones relativas al funcionamiento democrático no tiene demasiado norte.
Distinto es preguntarse si no habrá un signo malo en la necesidad imperiosa de que Chávez se “perpetúe”. Hay una nota en pág12 sobre esto, la idea es sencilla: un proceso de transformación no puede depender de un solo tipo, o bien: ¿qué nos pasa que no surgen cuadros que puedan sustituir a Chávez? Pero acá claramente se corre el eje: pasamos a la discusión interna, entre compañeros por así decir. En general me parece que hay que apoyar la reelección infinita de Chávez para afuera, y debatirla hacia adentro. En ningún caso caer en la trampa neutralista de ver por qué estamos en contra de la re-re del turco y apoyamos la re-re del caribeño. Saludos!
February 18th, 2009 07:04
Mariano T. Cierto es, los votantes deciden; yo solo intentaba explicar porque Menem pasa del 55% de los votos a solo el 25% y con malas perspectivas para la segunda vuelta. Con una derrota previa,
lo que demuestra que el derrotado no era solo el candidato, habia mucho repudio a una gestion de gobierno.(no pretendo justificar a Duhalde). Saludos
February 18th, 2009 10:49
Muy de acuerdo con el post. Sobre todo, si uno compara lo que ocurre en América Latina en general con lo que percibe cuando conversa con (o lee a) gente de la izquierda europea (y me refiero a la verdadera izquierda, no a la socialdemocracia o la Tercera Vía): parecen atrasadísimos, en la prehistoria, anquilosados, en comparación con la creatividad inclasificable que se despliega por acá. De acuerdo, sobre todo con esto: “hay varios países que están en procesos de fuerte creatividad y experimentación democrática”, pero con la salvedad (y cómo me duele decirlo) de que la Argentina no está entre ellos. Apenas recibe su rebote, que nos hace muy bien, pero algo que salga de acá, poco y nada, y lo que aparece como experimentos originales son más bien Frankesteins de laboratorio.
En cuanto a alternancia y reelección indefinida: no aceptemos ese juego, por favor. No es una preocupación para nosotros. Tenemos otras mucho más importantes. El tema de la alternancia y la reelección se inserta dentro de un cuadro más general de concepción del Estado, y el de la concepción del Estado, en una visión de la sociedad. Eso es precisamente lo que está en discusión, lo que en buena parte de América Latina se está reviendo, y ahí reside el rol de vanguardia concreta (no vanguardia teórica, no vanguardia iluminada) que algunos sectores populares latinoamericanos están jugando en el mundo, me parece.
February 18th, 2009 12:29
La idea del parlamentarismo no tiene nada que ver con perpetuarse o no en el poder, sino con conformar mayorías sólidas que, perogrullo, cuenten con respaldo parlamentario. Me parece interesante porque ese respaldo quizás también signifique control. Es una cuestión central sobre la que pocas veces se discute, el control sobre los actos del ejecutivo. Algunos lo señalan como la diferencia entre una república que pueda llamarse así y una república, digamos, bananera. Por estas latitudes, bueno, qué se puede decir, si el gobierno directamente desconoce a la oposición.
February 18th, 2009 14:43
Disculpeme Balvanera; nosotros tenemos el Peronismo, el mas fabuloso
movimiento politico de america (preguntele a Chavez donde se inspira) y lo hicimos hace mas de 50 años.
Que tengamos una clase dirigente que no este a la altura de su pueblo, no quiere decir que ese pueblo no haya intentado superar las limitaciones que le imponia la historia. Saludos.-
February 19th, 2009 00:37
Muy bueno, y en general coincido.
February 19th, 2009 08:30
Baleno y MEC
Point taken.
Saludos
February 20th, 2009 05:31
Coincido con chispita. No podemos hacer una lectura neutra en este asunto. P
February 20th, 2009 10:31
No se trata, respecto de la reelecciòn indefinida, de si se juzga buena o mala la gestión de quien la aspira. Se trata de neutralidad, porque las reglas de juego tienen que estar claras, de otra manera volvemos a las armas, y ya sabemos què pasa.
Por otro lado, la regla del juego podrìa estar clarìsima, es decir, es legitima o no lo es la RI.
Pero el argumento central me parece es de la administración real del poder. Cuando el poder se concentra en un presidente por màs de ocho año, recurrentemente ocurre que la maquinaria del Estado se traduce en aparato partidario, un movimientismo que puede facilmente convertirse en mesianismo autoritario. Por contraste, en un primer ministro, los consensos y negociaciones permanentes son los que hacen que su poder dure, y su grado de concentraciòn es sensiblemente menor.
O me equivoco?
February 21st, 2009 19:22
[...] Habla bien de nuestras democracias que estos políticos hayan llegado a la cumbre del poder. Como dice María Esperanza de un modo un tanto hiperbólico: “la vanguardia de la creatividad democrática mundial hoy [...]
February 21st, 2009 20:12
WW, yo insistiría en mantener un pie en lo concreto, o sea, no discutir las reelecciones abstractamente, sino en cada caso particular y de acuerdo a una posición política de partida. En el caso de Chávez, ya que no me pienso mover ni un metro de ahí, me parece equivocado plantear el horizonte aterrador implícito en la frase “las reglas del juego tienen que estar claras, de otra manera volvemos a las armas”. Chávez ganó trece elecciones (perdió una por un punto), y su gobierno jamás disparó un solo tiro. Se me ocurren entonces dos preguntas: 1) ¿Qué regla del juego puede ser más clara que la voluntad popular? 2) ¿De qué armas hablamos?
February 22nd, 2009 20:34
Hola, de vez en cuando me doy una vuelta por este blog, suelen hacer posteos muy interesantes, aunque no suela comentar.
Hoy, que sí lo hago, opino que para un análisis un poquito más objetivo habría que tener en cuenta los sitemas: están comparando la reelección de Me*em con la de Chávez como si se tratara de casos extrapolables.
Dejando de lado los personajes y sus políticas que ya conocemos son opuestas, habría que tener en cuenta que se produjo “un referéndum” para la posibilidad de reelección de Chávez. Que en 10 años hubo “15 elecciones” en Venezuela, incluido un “revocatorio”, incluío otro referéndum para reelección con otros aditamentos, que el PSUV perdió.
En el caso Me*em, no se si lo recuerdan, se trató de un pacto entre 2 caudillos: él mismo y Alfonsín, quien vino a “salvarnos” para que la Constitución fuera un poco más decente ¿? pero de consulta ni hablar.
Más allá del parlamentarismo o presidencialismo unicato o colectivo, o primer ministro o ambos dos, si monarquía o república, etc., lo que aparece como novedoso es la reformulación de una democracia que funcionaba como “delegativa” (y aquí viene lo de la élite meritocrática), y hoy se empieza a poner en práctica como “participativa” en Nuestra América. A eso sí, súmenle el contenido, ahora en términos de políticas sociales y de estado.
Saludos.
PS: incluso desde lo más simbólico y formal, el preámbulo de las Constituciones, se puede ver la diferencia:
“El pueblo de Venezuela, en ejercicio de sus poderes creadores [...] decreta la siguiente Constitución … etc.
“Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias que la componen… etc.
December 2nd, 2009 19:20
ALGINAS OBSERVACIONES AL PENSAMIENTO DE
GREGORY M. LUEBBERT
INTRODUCCIÓN
Como lo indica el mismo título la obra que analizamos “Liberalismo, fascismo o socialdemocracia. Clases sociales y orígenes políticos de los regímenes políticos de la Europa de entreguerras” el propósito de Gregory M. Luebbert es explicar según un análisis comparativo de los países de la Europa occidental las causas de las tres elecciones posibles entre los regimenes político-económicos liberal, fascista o socialdemócrata, encontrando el factor determinante en las variables de las diferentes alianzas entre las clases sociales.
Para GL esas tres alternativas no tuvieron otro origen que la búsqueda de respuestas a la aparición en el escenario político y económico de una clase obrera que exigía reivindicaciones.
En el caso de la democracia liberal, nacida por una alianza de centro-derecha y en pugna contra la clase obrera socialista, la burguesía se habría consolidado por la debilidad de la clase obrera, lo que atribuye al
pluralismo pragmático de sus organizaciones. Es el caso de Gran Bretaña, Suiza, Francia, Bélgica y Holanda.
En las socialdemocracias, tejiendo alianzas entre la clase obrera urbana y el campesinado de pequeños propietarios, se derivó a un supuesto corporativismo “democrático” donde las organizaciones sindicales desecharon todo pluralismo para afirmarse en corporaciones fuertes, tal el caso de Noruega, Suecia, Dinamarca y Checoeslovaquia.
Pero también los fascismos según el autor, dieron lugar político a las corporaciones, aunque en una dimensión estatizante y al servicio del partido en el poder, con la variable además de asociar esta vez en campesinado familiar con la burguesía urbana. Alemania, Italia y España habrían caracterizado este fascismo de corte totalitario.
Hemos terminado de leer su intrincado libro y con suma humildad creemos señalar algunos desacuerdos superando su demoledora exposición de minuciosidades que intimidan el animo de un ignoto doctorando que no tiene solera para interponer juicios críticos… pero en eso consiste el trabajo que se nos pide y a eso nos abocamos.
ALGUNAS OBSERVACIONES
Dentro de la obligada simplificación de este planteo, también por razones de espacio, correspondería hacer algunas observaciones.
Intentar explicar las opciones políticas de estos países por el protagonismo y la ausencia de unas y otras clases sociales trae la dificultad de que, como lo reconoce el mismo autor, esos estamentos sociales carecían de conciencia de clase, cosmovisiones propias o supieran actuar cohesionadamente, por lo que deriva su argumentación a unos difusos “intereses materiales de las masas”. Y para definir el movimiento y orientación de esos intereses, Luebbert infiere conclusiones siguendo los enunciados programáticos y la praxis de las agrupaciones políticas partidarias, para poder configurar así una actuación unitaria de clases sociales pugnando por sus intereses.
En el análisis de las democracias liberales no podemos calificar como defectuoso el hecho que la clase obrera no se realizara en organizaciones globales y cohesivas que enfrentaran a los estados liberales y burgueses, sino que optara por alianzas políticas donde se favoreciera el reformismo y la negociación. Estas políticas liberales, aunque parecieran según el autor “concesiones necesarias para refrenar y subordinar movimientos obreros”, no puede dejar de constatar que satisfacían los requerimientos y necesidades de los trabajadores a más de lograr y cubrir así los anhelos de integración social y representatividad política. Si las opciones de las clases obreras rechazaron toda confrontación y lucha política, no podemos
atribuirlo a debilidad en la prosecución de los intereses propios sino a la decisión de marginarse de las conflictividades clasistas para alcanzar logros que consideraron satisfactorios.
Luebbert considera que en otros países donde el liberalismo fracasaba por las divisiones dentro de la clase urbana y entre esta y la burguesía rural, el papel del campesinado familiar y sus opciones en estas sociedades habría sido decisivo. Aliado con los obreros urbanos, impuso la socialdemocracia; aliado con la burguesía urbana, el fascismo.
Pero de nuevo se necesitaría no pasar por alto algunas precisiones sobre puntos que el autor pareciera haber preferido desdibujar. Los fascismos de Italia y Alemania no pueden igualarse sin más con el corporativismo de España y su sesgo político autoritario sí, pero no totalitario. Con esto apuntamos a que, más que concebir tres regímenes políticos, deberíamos apuntar a tres modalidades donde cada una de ellas presentaron semejanzas donde no debemos limar sus diferencias, para pasar a hablar entonces y con más precisión de liberalismos, fascismos y socialdemocracias en la Europa occidental de entreguerras.
Los aspectos “teóricamente decisivos” de estos regímenes políticos no resultarían tan omnicomprensivos. Habría que ser más cuidadosos cuando llamamos “correlatos de una manifestación particular” y lo dejamos al margen al etnocentrismo racista del régimen nacional-socialista alemán, donde las alianzas de clases no obedecieron a estrategias de intereses sectoriales sino a una mitificada cohesión de la identidad popular en torno a la sangre.
Por último, insistir en diferenciar por alianzas de clases al corporativismo fascista del socialdemócrata resulta impreciso, más cuando se habla en el caso de este último de un “corporativismo democrático”, evitando considerar como elemento configurante de sus caracteres positivos o negativos a los regímenes políticos propios de cada circunstancia histórica nacional, pues podría resultar un corporativismo tan no “democrático” tanto el de un fascismo totalitario como el de ese populismo totalizante de nuestros días latinoamericanos.
Estas puntuaciones ejemplificativas a Luebbert quieren sobre todo objetar ese planteo teórico donde pretende encontrar como atributos fundamentales de la etiología de esos regímenes, al modo de un análisis
científico comparado, en las relaciones de alianza, divorcio o ruptura entre las clases sociales de los países estudiados.
De ese modo y para hallar “un único conjunto de variables y de conexiones causales” en esas sociedades, se marginan y relegan como no relevantes las especificidades propias de cada nación en ese momento histórico de experiencias intransferibles. Los análisis comparativos no pueden derivar en explicaciones uniformativas donde el esfuerzo metodológico de la teoría propuesta omita ponderar los elementos que la debilitarían, pues recortar la realidad para conformarla a una tesis puede ser el peligro y la tentación de muchos discursos académicos.
Ing. Omar Assaf
oassaf@riograndes.com
January 7th, 2010 09:08
Más leo sobre los ensayos que todo el mundo se cree con autoridad para hacer sobre Latino América y me convenzo que la sociología y la política de la región manejada por las escuelas anacrónicas norteamericanas con Gregory Luebbert a la cabeza que nada han cambiado desde Marx en 1.848 o Saint Simón o Augusto Comte casi de la misma época todos hijos de una utópica (con perdón de Santo Tomás Moro) modernidad de suponer como Kant deslumbrado con la mecánica de Newton que la metafísica podía transformarse en una ciencia exacta como la física desde ahí todos estos que suponen que el hecho social es una cosa y que la Psiquis humana en un “aparato psíquico” como el aparato digestivo.
Decía que más me convenzo de que toda la sociología política usa nuestra región como experimentación inventando cuestiones abstractas.
Señores necesitamos DESARROLLO en el más amplio sentido del término y no solo reducido al ámbito de la economía DESARROLLO ENDOGENO
Ese es el análisis y la síntesis pendiente para nosotros que seguimos tonteando con los problemas de genero con los pueblos originales y un millón de esterilidades más
América DESARROLLO es el desafío.
En América Latina existen en la actualidad 225 millones de pobres, y la mitad están bajo la línea de indigencia.
Hoy 7 de enero de 2.010 se declaró la emergencia energética en Venezuela que se encuentra sobre un océano subterráneo de petróleo… no se trata ni siquiera de riqueza se trata de DESARROLLO
January 7th, 2010 09:10
me olvide de firmar si…SOY OMAR ASSAF
January 19th, 2010 18:30
PROEMIO
A caballo entre el pasado y presente siglo, Manuel Antonio Garretón nos presenta la situación política y social de Latinoamérica en momentos de cambio cuya dirección constituye un desafío electivo de futuro para el continente. Así las relaciones entre Estado y sociedad son sometidas a observación y análisis, pero con el propósito de señalar caminos adecuados para acciones de intervención política. En suma, se trata de vincular la formación y el debate académico a las elaboraciones programáticas de la política, pues existe o debería, una incumbencia intelectual en la política concreta.
Aunque la tarea aquí es elaborar una síntesis del trabajo en cuestión, su lectura nos ha hecho detenernos en dos o tres casos sobre ciertos tópicos dándoles una diferente extensión y titulándolas entre paréntesis.
(DETERMINISMOS UNIVERSALISTAS)
Al referirse a las orientaciones teóricas que Garreton dice haber ido construyendo junto a su análisis socio-político, vemos su rechazo por cierto “determinismo estructural de tipo universal” en donde las historias nacionales “son la mera ilustración de leyes generales”, y que apuntan a una “correlación esencialista y abstracta […] entre economía, política, cultura y sociedad”.
Precisamente este presupuesto también objetábamos* en la obra de Gregory M. Luebbert cuando, haciendo él un análisis de los países de la Europa occidental y sus tres elecciones entre los regímenes político-económicos liberal, fascista o social-demócrata, trataba de explicarlas por un solo factor determinante y según él teóricamente decisivo, creyendo hallar así “un único conjunto de variables y de conexiones causales”. Para tal propósito relegaba como no relevantes las especificidades propias de cada nación según sus instancias históricas particulares. Pensábamos críticamente que los análisis comparativos no podían derivar en explicaciones uniformativas, ya que ningún rigor metodológico de una teoría propuesta puede omitir o minimizar los elementos que la debilitarían. Recortar la realidad para conformarla a una tesis, es el peligro y la tentación de muchos discursos académicos. Precisamente este trabajo de Garreton ve como causales de estas orientaciones en predominio de los análisis intelectuales sociologizantes en desmedro del pensamiento político, eligiéndose un elemento que actuando como paradigma omnicomprensivo explicaría supuestamente los movimientos todos de una sociedad.
* “Algunas Observaciones al Pensamiento de Gregory M. Luebbert” Omar Assaf. “Ciencia Política Sistemática” presentada para el Dr M. Cavarozzi
Felizmente, el autor aquí se aparta de tales determinismos universalistas y reduccionismos esencialistas ciegos a los tiempos históricos de cada nación.
Hecha tal evaluación, pasemos como decíamos a nuestro trabajo.
LA NUEVA PROBLEMÁTICA LATINOAMERICANA
Contemporáneamente ya no es posible hablar de una problemática latinoamericana que, con sus peculiaridades nacionales, permita unificar análisis y planteos. Hay procesos comunes pero sin modelos teóricos de relación configurante los cuales, ciertamente, deben respetar dinámicas históricas nunca predeterminables.
Uno de ellos a tratar con detención más adelante, “es el de la construcción de la democracia política”. Esa posibilidad dependerá por cierto de su profundización, puesto que en nuestras latitudes dichos regímenes son abortados por autoritarismos populistas (Venezuela, Argentina) que a menudo se imponen apelando a motivaciones de ejecutividad y cortoplacismo para resolver urgencias coyunturales.
Tres fenómenos se presentan en la construcción de la democracia social, que no se confunde con la democracia política. Uno es el de la exclusión social, donde los marginados ya no son los explotados de ayer sino los prescindibles de hoy y esta falta de integración de porcentajes harto significativos de la población es la que debilita toda posibilidad eficaz de acciones colectivas. El segundo fenómeno tiene que ver con la expansión y diversificación de derechos ciudadanos exigibles que antes se acotaban a lo
cívico, lo económico y lo social, pero no se han creado aún las instituciones que puedan responder a estos otros reclamos y reivindicaciones. La tercera cuestión cifra en resolver para la democratización social el tema de la participación, que para realizar hoy en equidad debe contemplar no solo el acceso sino las calidades de igual peso pero de contenidos diferentes según las categorías sociales.
Otro proceso nuevo es el cambio en nuestros modelos de desarrollo. Pasando el viejo protagonismo del Estado como motor único del desarrollo nacional, advinieron los mercados transnacionales y el empresariado privado. La propuesta de las privatizaciones como solución definitiva al desarrollo, y adquiriendo a veces un matiz ideológico fundamentalista, escindieron a la política de la economía cuando no la subordinaron, dando además como resultado un crecimiento de la pobreza y de la desigualdad. Por otra parte, dicho modelo propuesto suscita una tensión no resuelta entre la globalización cultural que sirve de apoyo al mercado y la reacción de las diversas identidades latinoamericanas que dicen potenciarse al sentirse amenazadas por su disolución.
Como ya el Estado dejó de ser el centro socio-político que motorizaba los procesos de desarrollo, tras los regímenes militares y la globalización las respuestas que se implementaron o simplemente acontecieron fueron entre otras la ausencia de un modelo nuevo de acción social, la regresión, una nueva construcción, cuando no una yuxtaposición de todas ellas.
Pero consideremos ahora el papel que fueron desempeñando en estos procesos los movimientos sociales. Había antes una sola corriente adonde confluía y de la que resultaba un único movimiento social que pugnaba por el cambio integral y la satisfacción de demandas concretas en nombre de “el pueblo” frente al Estado, y su fuerza representativa emblemática eran los sectores obreros. Tras los regímenes militares y los nuevos cambios, debilitándose la centralidad de estos movimientos sociales, las acciones colectivas se orientaron hacia las reconstrucciones democráticas y su consolidación.
La cuestión ahora es saber si será posible formular un nuevo sentido que coadune los movimientos sociales, para que se centralicen tras un principio de expresión y acción reales fuera de las simulaciones de unificación que conducen ciertas burocracias sindicales afines a la corrupción. Para resolver dicha cuestión será necesario dar respuestas tanto a los excluidos del sistema, como a saber si serán los partidos políticos o movimientos populistas los que escribirán la agenda del Estado y de qué manera se podrán homogeneizar las reivindicaciones cada vez más segmentadas según la diversidad de identidades sociales.
No hay ni puede haber ahora una respuesta única de las ciencias sociales ante semejante pluralidad que obliga a una correlativa diversidad en la teoría y el método para abordarlos.
CAMBIO SOCIAL Y RECONSTRUCCIÓN POLÍTICA
Ciertamente a la par de la actual globalización que domina los mercados y medios, la potenciación de identidades (de edad, etnias, etc.) ha dado un complejo panorama, donde si bien las democracias nuevas de Latinoamérica se han consolidado en lo instrumental, hallamos que la política actúa cada vez menos en la vida social.
Antes los movimientos sociales resultaban de la interrelación entre el trabajo-producción y la política y por ella se construía la sociedad. Con la globalización sus ejes de consumo e información carecen de sistema político. Así, los nuevos actores de la sociedad postindustrial tienen principios de referencia que desbordan el Estado en sus problemáticas y requerimientos, pues carecen como se ha dicho de instituciones que les respondan. Desaparecen entonces las correspondencias entre política, economía, cultura y sociedad.
De tal modo las ciudadanías ya no requieren reivindicar sus derechos frente al Estado, o porque no atañen a él o porque son reclamos propios de colectividades y no de individuos. Sumemos a esto que las nuevas exclusiones, al no ser de explotación o dominación como se veía imposibilitan, careciendo de motivos reivindicatorios, su organización colectiva, más cuando dicha exclusión se da en todas las categorías sociales.
Coadunar en una sola sociedad política a las naciones latinoamericanas entonces, es una reconstrucción pendiente que debe resolver dos cuestiones mayúsculas: las desigualdades sociales por un lado, y por otro reforzar cuanto ensanchar las democratizaciones políticas dando autonomía complementaria al Estado nacional, los partidos políticos y el sistema de actores sociales.
(SOCIALISMO: AYER, HOY Y ¿MAÑANA?)
Interesan sobremanera las consideraciones que hace MAG sobre el pasado y el futuro del socialismo, concepto multívoco si los hay, pero a este aspecto lo consideraremos después.
Las concreciones históricas del llamado “socialismo real”, como bien lo señala el autor, no agotan por cierto las posibilidades del mismo y aspectos considerados esenciales en la praxis de esas naciones (URSS sobre todo y China disputándole la ortodoxia ideológica), eran en realidad supuestos arbitrarios pese a que con ellos se autodefinían como tales, como socialistas, y así definían a los demás.
Cuatro de esos elementos autoconfigurantes del “socialismo real” se pueden señalar.
Uno de ellos es el de la concepción ya históricamente superada de que la única vía de acceso de una nación al socialismo era la toma violenta del poder, la convocada con un sesgo entre pragmático y romántico como “la Revolución”, así con mayúsculas. Hay vigente hoy el propósito de un “socialismo posible” que no considera bautismal un umbral revolucionario, ni como probable, ni como siquiera deseable. Y en los casos de imposible sustitución por otra vía alternativa, queda aún la carga de prever que la realización concreta de un cambio de poder aventaje en bienes sociales a los males por desplazar.
Aunque la mayoría de los países donde estuvo vigente el “socialismo real” optaba por denominarse a contrario sensu y oficialmente como “repúblicas democráticas”, en todas ellas regía el sistema de partido único, absoluto. Contemporáneamente el ideario socialista se ha encaminado hacia la aceptación del sistema democrático y en la mayoría de los países no como una mera opción instrumental y utilitaria obligada por los nuevos tiempos sino como una de sus definiciones propias.
Curiosamente también, no es posible identificar socialismo con abolición de la propiedad privada ni a esta con explotación. Garreton, al decir que la propiedad privada “es un elemento dinamizador de la actividad económica” que sólo tiene el límite del procomún en reglas políticas “socialmente negociadas”, nos recuerda la concepción, ventajas y límites que señalaba para la posesión particular de bienes Tomás de Aquino en el Medioevo (Suma Teológica II-IIae, q 66,2).
Ni tampoco estaría en la esencia del socialismo la aspiración hacia una sociedad sin clases como meta posible y alcanzable, sino el propósito de combatir en las corrientes de la historia toda forma de explotación, sometimiento o marginación desde un permanente “aquí y ahora” sin diferirlo hacia un posible futuro político.
Pero, habría que preguntar si este propósito permanente de ampliar los horizontes de igualdad, libertad y solidaridad en las sociedades no deberían ser hoy principios éticos básicos e irrenunciables de cualquier accionar político, socialista o no.
Para Garreton el socialismo surgió históricamente por considerar que la sociedad se enfrentaba a situaciones graves de conflictividad y contradicciones en el capitalismo y a la convicción de que la voluntad humana podía en acciones colectivas propias de la clase obrera llevar al cambio, transformación y superación mediante la toma del poder político. Pero al transformarse las sociedades contemporáneas hibridando el viejo modelo industrial de Estado nacional con el postindustrial globalizado “se debilita la idea de que la sociedad tiene un centro”. Así los nuevos proyectos, antes que descansar en programas de medidas, han de buscar el imperio sobre las fuerzas del mercado potenciando las dimensiones políticas y donde los actores de tal transformación ya serán plurales.
Ahora bien, si en el plano político los nuevos actores han de ser las coaliciones de centro e izquierda, y su aporte consistirá en que por la acción los cambios son posibles, recuperando para la política “la ética y la épica”, centralizándose en el tema de la igualdad, representando la voz de los de abajo y continuando su crítica anticapitalista, insistiríamos que tales acciones han de ser en algunos tópicos las de todos los partidos que buscan motorizar un cambio y en otros aspectos desechar los lastres de hoy borrosas utopías nostalgiosas que deformaron y devoraron ya las ruinas del “socialismo real”.
Hay un anhelo esencial de justicia social que atraviesa los tiempos y que excedió el ser privativo del socialismo y de sus incontables réplicas menores: mutualismo, gremialismo, cooperativismo, socialismo de mercado, etc. Si recurriésemos al concepto clásico y riguroso de Justicia, entenderíamos que las demandas reivindicatorias del socialismo, exigen ser las de cualquier proyecto político legítimo pues sus tópicos han llegado a ser transversales de cualquier propuesta.
DEMOCRACIA Y DEMOCRATIZACIÓN
Ya habíamos observado el defecto que conllevaba un análisis donde a través de paradigmas omnicomprensivos se sometían las realidades socio-políticas de Latinoamérica a una explicación de clave única, y no es necesario extendernos sobre el tema otra vez.
De este modo, cuando consideramos cómo se pensó la democracia de nuestros países, nos hallamos que la diversidad de posiciones, aunque fueran contrapuestas, trabajaban con idéntico error. Así hubo quienes postularon que los regímenes democráticos eran secuencias de un desarrollo económico significativo, subordinando los procesos políticos a los económicos. Otros hacían depender la democracia del grado de tradición cultural cívica, liberal e individualista, de una comunidad nacional. Pensamiento adscrito al etnocentrismo anglosajón, consideraban entonces a nuestras poblaciones latinas, caudillistas y clientelísticas, como casi incapaces de edificar sin tutorías foráneas una democracia real. No fueron las únicas posiciones de análisis, pero importa subrayar que haciendo depender de un solo elemento las distintas dimensiones de la sociedad, se consideró innecesario un estudio pormenorizado de cada una de ellas.
En América Latina siempre se confundió la idea de democracia con el modo de realización efectiva según la experiencia histórica particular de cada país. Así se mezclaron los pensamientos liberales donde democracia es acceso a la libertad, los socialistas con el logro de la igualdad o los otros con el sentido de solidaridad en la pertenencia a una nación.
En consecuencia estuvo ausente el estudio de lo institucional, y ya la sabemos cuán débiles son en la realidad nuestra la dimensión de las instituciones, cuando no falsificadas, arrasadas por los autoritarismos y populismos, lo que dio a la sociedad una preferencia por el sentido instrumental de las mismas y no por su valor intrínseco.
Hechas estas aclaraciones, vemos que en la transición de Latinoamérica desde las dictaduras a la democracia, lo que se privilegió entonces fue el factor libertad como el único alternativo y prioritario aún postergando temporalmente otras necesidades económicas, culturales o estructurales de la sociedad.
Este proceso de democratización política no ha de convertirse también en un paradigma único de los fenómenos sociales, siendo como es, un foco temático.
Hay que distinguir ahora necesariamente, siguiendo adelante, tres tipos de democratización política. Uno es el de las fundaciones y el ejemplo son las sociedades centroamericanas en las últimas décadas. Otro es el de las transiciones de un régimen autoritario o militar a otro de reconstrucción democrática y donde el cambio se impone por factores que no incluyen los derrocamientos. El tercer tipo es el de la reforma democrática, donde pueden no cambiar los titulares del poder, pero donde se busca transformar globalmente las instituciones. Ahora bien, estos procesos están ya casi cumplidos en nuestros países y con la segura posibilidad de ser irreversibles. El próximo eslabón a resolver desde el presente es la irregular calidad democrática de algunos de los países donde la misma se ha instaurado de manera incompleta, débil o deficitaria.
(DEMOCRATIZACIÓN Y RECONCILIACIONES)
Un problema particular a resolver que señala Garreton en los procesos de democratización latinoamericanos, harto delicado, es el de las reconciliaciones nacionales cuando en dichos países se sale de situaciones de desgarramiento tras las intervenciones militares al poder o las guerras civiles.
Habría que precisar el origen de tales conflictos y tener en claro que tras la II Guerra Mundial sobrevino con especial intensidad en nuestros países la globalización política bipolar de dos opciones imperialistas en pugna lideradas por los EEUU y la URSS. Tales acontecimientos entonces, montándose sobre los conflictos reales de cada nación, convirtieron a los mismos en episodios de la llamada Guerra Fría beneficiando así los intereses, movimientos y estrategias geopolíticas de aquellos contendientes mayúsculos.
La otra precisión es que entre los protagonistas locales de estas guerras, los de las insurgencias armadas y los de las represiones militares, hubo porciones significativas de la población que contemplaron como espectadores inermes esas pugnas por el poder rechazando tomar partido alguno. No se les permitió tener voz relevante entonces ni tampoco, y es lo que importa, tenerla ahora.
Si esencialmente toda reconciliación es nunca más considerar al adversario como enemigo y rechazar que las diferencias sólo puedan superarse con la supresión del otro, ese segmento social que optó por la neutralidad en tiempos de máximas tensiones y presiones, y que no lo hizo por asepsias individualistas, es la única palabra que puede liderar con verdadera autoridad moral ese largo pero sostenido proceso de reconciliaciones. Ningún otro “modelo” posible puede ser eficazmente mejor.
De este modo la sociedad puede tomar conciencia de que no solamente coexiste en un espacio común sino que para tener un proyecto de futuro común debe formarse o reformarse en la noción que las diferencias y sus conflictos son enriquecedores no sólo en teorías declamadas sino concertando acciones comunes en la diversidad.
LA TRANSFORMACIÓN DEL ESTADO
Fue en las últimas décadas cuando, casi como un pensamiento de moda, comenzó a instalarse un enfoque sobre la reforma del Estado que veía en su acotación y reducción el mejor destino posible para la realización de un país. Se habló de necesidades de mayor eficiencia y eficacia, de la pesadez burocrática de los aparatos estatales, de la necesaria tecnologización requerida por los nuevos tiempos, trasladando las concepciones empresariales privadas y sus mecanismos al sector público estatal. La economía debía librarse de toda tutoría política y, como estrategias para forzar las privatizaciones de empresas estatales poniéndolas a manos del mercado global, se postuló la ineficacia del Estado para tales menesteres, argumento que ya venía desde el siglo XIX (al caso, Juan Bautista Alberdi para la República Argentina). Ahora, una reforma integral que atendiese a resolver la redistribución de la economía con una mirada de largo plazo, fue eludida cuando no resistida. Las consecuencias de ahondar las desigualdades, desproteger a los más vulnerables y recrudecer la pobreza, son de todos conocidas.
Por eso la necesidad de transformar al Estado ha de pedir que el mismo cumpla un rol orientador del desarrollo, con fuertes atribuciones de regulación y nuevas relaciones con el sistema de representación y la sociedad civil. No es entonces una vuelta al pasado sino una puesta al día pero fortaleciendo tanto al Estado como a los niveles de representación y participación. Ya nos referiremos al papel de los partidos políticos.
En el orden práctico, los principios han de variar según los casos ya que mientras unas circunstancias exigen la reducción de la burocracia (que no es la debida de los controles, regulaciones y mediaciones), otras necesidades requieren la ampliación de los recursos estatales (la administración de la Justicia, p.ej.).
POLÍTICAS SOCIALES E IGUALDAD
Si las políticas sociales no pueden ser una categoría residual de la económica ya que la economía ha de estar al servicio del hombre, entonces habrá que orientarla para asegurar a la sociedad tanto la igualdad como cierta calidad diversificada según el contexto cultural pluriforme y actores que operen activamente como ciudadanos.
Las reconstrucciones de las democracias latinoamericanas hicieron hincapié en dos principios básicos: libertad e igualdad. Sin embargo en la práctica la democratización política avanzó, con todos sus defectos pendientes de resolución, superando en sus concreciones a la democratización social. Las demandas por la igualdad se han diversificado en múltiples dimensiones y los actores sociales que han de pugnar por ellas carecen de peso y fuerza organizativa en muchos casos.
Hoy se confunden los conceptos de igualdad y equidad, identificando a esta última con aquella, cuando en rigor sólo abarca un aspecto de la misma. Ambas son las dos caras de la vieja “justicia social”, pero ninguna puede suplantar a la otra. La equidad insiste en que los individuos de una sociedad tengan acceso a lo básico necesario para la existencia sin atender a las distancias que pudiera haber entre las distintas categorías sociales, cosa que sí atañe e importa a la igualdad.
En nuestros países la desigualdad social ha mostrado un proceso creciente donde hay excluídos con base social fragmentada cuyas divisiones no tienen voz unificada y que, aún así, carecerían de un interlocutor válido para sus demandas que no fuesen los “otros” de la sociedad integrada. Incluso en los casos donde los índices de pobreza hubieren disminuído, las distancias socio-económicas han seguido acentuándose.
A esto hay que sumar las nuevas adscripciones de la sociedad a identidades particulares: género femenino, tercera edad, etnias originarias, etc., cuyas demandas de derechos insisten en la propia diversidad y amplían el campo de las desigualdades.
Ni los procesos revolucionarios ni los populistas lograron revertir en el tiempo las desigualdades. Hoy ya no será posible ciertamente que alguien carezca del acceso a determinados bienes, pero surge el problema de la despareja calidad con que pueden presentarse los mismos (casos paradigmáticos, educación, salud). Tampoco, y menos, pueden resolver el problema las fórmulas neo-liberales ni los mecanismos del mercado, donde lejos de implementarse políticas sociales a largo plazo, se optó por la solución transeúnte de beneficiarios focalizados en una suerte de compensaciones que recrudecieron las dependencias clientelares.
Solamente una reforma donde el Estado lidere políticas redistributivas de carácter estructural ha de ser la respuesta adecuada.
PARTIDOS POLÍTICOS Y REPRESENTACIÓN
Repasemos ahora algunos conceptos ya enunciados al hablar de nuestras transiciones para enfocar así el tema de los partidos políticos, su representatividad y funciones.
Habiendo dejado atrás los tiempos de la nación-Estado o sociedad-polis sonde existía una correspondencia básica entre política, economía, cultura y sociedad, y en donde los actores sociales generaban sistemas de representación, han surgido dos amenazas. Ambas cuestionan y desafían aquella unidad, incidiendo de opuesta manera. Por un lado la llamada globalización, con el aterrizaje de los mercados transnacionales, quita a la nación-Estado su rol de centro de decisión. Por otro, el surgimiento de fragmentaciones en torno a los particularismos e identidades, contribuyen también a provocar un estallido del viejo modelo de modernidad, zozobrante entre aquellas fuerzas de explosión y estas de implosión.
La cuestión es hoy reconstruír la nación-Estado y su sistema político para frenar el predominio de los mercados planetarios y su pretensión de definir toda problemática mediante el libre juego de sus fuerzas ciegas. Cuando existe la nación-Estado, lo político (búsqueda del bien común y orientación de la sociedad) y la política (accionar sobre lo anterior) coinciden, pero contemporáneamente hallamos que ambas dimensiones se han disociado y que las instituciones básicas donde se expresaba y realizaba esa vinculación eran los partidos políticos.
Corrijamos la idea de que los partidos políticos cumplen únicamente las funciones de representatividad pues es mucho más lo que abarcan: liderazgo, convocatoria, proyectos y demandas, etc., etc. No son funciones privativas de los partidos pero sí la conjugación de todo ello.
Lo que aparece hoy a la vista es la crisis de representatividad de los partidos. Para no ir más atrás del siglo XX, consideremos que tradicionalmente los partidos representaban la vos de los conflictos y oposiciones de una sociedad y expresaban los mismos en un proceso de acumulación homogéneo por lo que el espectro se dividía en derecha, centro e izquierda. Hoy la crisis se genera porque las nuevas fragmentaciones y contraposiciones no son reductibles entre sí como para aglutinarse en determinados ejes abarcativos. Luego, la promoción y defensa de estos intereses se derivan para su representatividad en expresiones corporativas, sacando el debate del espacio de los partidos políticos.
Mirando pues hacia delante, es necesario que los partidos atiendan estas nuevas problemáticas articulando coherentemente política, economía, sociedad y modernización, sabiéndose que sin partidos fuertes no habrá Estado fuerte y, sin este, no habrá “polis”.
LA SOCIEDAD CIVIL Y LA DEMOCRATIZACIÓN
Llamando sociedad civil a los actores u organizaciones que no son parte del Estado ni del sistema político formal, distingamos sus diversos modos de presencia en el espacio público.
En los regímenes militares o dictatoriales habría que hablar en realidad de su ausencia, como efecto de la censura y represión impuesta en tales casos, dándose un repliegue de la vida pública. Aparece luego una “transición invisible”, por el agrietamiento que producen las medidas económicas liberales en el tejido social. Actuada por los sindicatos y en oposición a los recortes de conquistas laborales, surgen a su sombra otras movilizaciones sociales que son potenciadas por estallidos culturales afines, con lo que comienzan a intensificarse las protestas por una demanda democrática. Activada la sociedad civil, aparece la necesidad de canalizarla en el plano ya político para poder abolir el régimen dictatorial impugnado. Pero los partidos políticos, debilitados y sin aval de confianza en la población, plantean una encrucijada en el paso de lo social a lo político y es que ambas dimensiones deben aliarse y subordinarse mutuamente para negociar con eficacia la abdicación del régimen repudiado.
LOS CAMBIOS DE LA CULTURA POLÍTICA
Tras los procesos de democratización política, Latinoamérica parece por fin haberse encaminado a un reconocimiento de las formas y contenidos tanto de las instituciones como de sus normas de juego que, a la par, no excluyen sino que han acrecentado una desconfianza en las mismas.
Aquí es donde surgen propuestas de una “nueva política” que dice orientarse a resolver de manera práctica los problemas de “la gente”, sin otorgar al accionar político otro sentido que este y sin advertir que la especificidad de la política desborda las percepciones de los requerimientos individuales. (Llama la atención el cambio en el vocabulario, donde “la gente” sustituye ahora lo que antes denominábamos como “el pueblo”.)
No habrá sin embargo una verdadera tarea de reconstrucción en tanto no nos convenzamos de que debemos reunificar lo político de la política, y ya se ha abundado sobre los fundamentos al respecto——————————-
En Purmamarca el 19 de Enero de 2.010.
Ing. Omar Assaf
oassaf@riograndesa.com
October 21st, 2010 17:50
COMENTARIO de Omar Assaf al trabajo:
“DEL RÍO DE LA PLATA A LA ARGENTINA”
de José Carlos Chiaramonte.
Sobre el fragmento que contiene el trabajo del Dr. Crespo “Estructuración Política Institucional y Cultural del Tercer Mundo” del Dr. José Carlos Charamonte. Publicado para el Doctorado de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Tucumán, República Argentina.
INTENCIONES
El valor particular de este ensayo, estriba en que muchas de las peripecias por las que fue variando la posible denominación de nuestro (también posible) país, obedecieron en su mayor parte a concepciones políticas diversas y subyacentes y este aspecto aquí estudiado constituye un aporte significativo al tema de nuestro gentilicio nacional.
Intentamos comentar dicho ensayo haciendo algunas observaciones que encaramos como aportes complementarios.
Para exponerlos con claridad nos resulta necesario antes un muy breve repaso de ese trabajo, para sobre esa síntesis desarrollar unas pocas observaciones.
SÍNTESIS
1) Argentina
En 1602, el Arcediano Martín del Barco Centenera publica un largo poema al que titula: La Argentina y Conquista del Río de la Plata. Allí usaba, escasamente en verdad, el término latinizante argentina (de argentum, plata) de manera adjetiva o sustantivado en el sentido concreto de rioplatense.
Limitado al uso poético, el término aún no había sido asimilado en el habla común de tiempos como los de la Invasiones Inglesas o los de la Revolución independentista. Nuestra identidad nacional, todavía inexistente entonces, no puede por lo tanto aplicarse retroactivamente al significado de ese término en los inicios del siglo XVII. La intención no fue otra que la de hallar en el pasado una nacionalidad preexistente a los tiempos independientes.
2) Provincias Unidas del Río de la Plata
Al ser designado Bernardino Rivadavia como Presidente en 1826, lo será de esas Provincias Unidas del Río de la Plata aunque la Constitución, rechazada luego por el país interior, lo nominaría como Presidente “de la República Argentina”.
Pero ese término de “argentina” era utilizado por ese entonces para referirse a la población de la ciudad de Buenos Aires y esa ciudad, además, era la única de la banda occidental costera del río de la Plata.
Más precisión y menos ambigüedad parcializante había tenido la Constitución de 1819, que adoptó para la nación proyectada el nombre de Provincias Unidas en Sud América, tal como rezaba el Acta de la Independencia de l816.
3) Provincias Unidas…
En el tiempo, sería más constante este primer miembro de las denominaciones tentativas para reafirmar la soberana independencia respecto de la corona española.
Pero sin embargo, por otro lado suscitaba el desafío de una doble interpretación en el orden interno, pues bien podía significar (como se problematizó más adelante) el nombre de una entidad única o el de una reunión de identidades que guardan su independencia: federación o confederación.
4) Confederación Argentina
Tras el Pacto Federal de 1831 y durante todo el gobierno de Juan Manuel de Rosas, se impuso por lo general pero sin rigor alguno, el nombre de Confederación Argentina promovido por Buenos Aires, que si en la anterior denominación de Provincias Unidas… manifestaba su tendencia hegemónica rioplatense, prefería ahora otra que acentuara su autonomía soberana.
5) ¿Confederación?
Tras la caída de Rosas, la Constitución de 1853 adoptó formalmente el nombre de Confederación Argentina, aunque en abierta contradicción con el hecho de que dicho texto constitucional instauraba claramente un estado federal.
Domingo F. Sarmiento vio el problema y abogaba por su enmienda, pero para darle una carga afectiva a su propuesta atribuía a Rosas y su régimen repudiado el uso partidario de esta denominación.
En la reforma de 1860 condicionada por el reingreso de Buenos Aires a la unidad nacional, se quiso imponer en consecuencia el nombre de Provincias Unidas del Río de la Plata que también promovía Bartolomé Mitre.
6) Resolución final
Curiosamente, la Convención nacional constituyente de 1860 daría al territorio y al gobierno nacional tres denominaciones indistintas: la de Provincias Unidas…, la de Confederación… y la de República Argentina, prescribiendo que se usara “Nación Argentina” para el texto de las leyes.
Sin embargo, un decreto del gobierno nacional de ese mismo 1860 decidió que para los actos administrativos se usaría la expresión “República Argentina”.
COMENTARIO
Antes de Martín del Barco Centenera, el nombre latinizado del río de la Plata ya figura en un atlas veneciano de 1536, lo que haría suponer una práctica no desconocida en los ambientes letrados aunque no difundida en la cultura media común.
Y también, notemos, curiosamente a la ciudad altoperuana de Charcas misma se la llamaría Ciudad de la Plata o Ciudad de Argentina según textos franciscanos españoles de 1565, una denominación eclesiástica propia en realidad de su obispado que así la conservaría.
Pero dejando de lado este aspecto recordemos que tras 1516, cuando Juan Díaz de Solís llamó al río Mar Dulce, al que se conocería también como río de Santa María o río de Solís, serían en realidad los portugueses quienes primero lo habrían de llamar Rio da Prata.
En efecto, el portugués Alejo García habría remontado el río hacia el corazón de la tierra hasta llegar a las altas montañas occidentales, y aunque no sobrevivió a la expedición, algunos de sus miembros regresaron con abundantes objetos de plata que vio el veneciano Sebastián Caboto por lo que enviaría en exploración al capitán Francisco César.
Habría por otro lado que matizar la consideración de que las denominaciones rioplatenses parcializaban sobre Buenos Aires el gentilicio del país recién tras las tentativas de conformarlo en los tiempos independientes. No se trabaja sobre un dato antecedente y mayúsculo, cual es el hecho que el 1776 la creación de un nuevo virreinato por Carlos III se denominara oficialmente “del Río de la Plata”, aunque abarcando en ese momento inicial siete provincias la mayoría ajenas a esa región, pues junto a Buenos Aires se incluían como rioplatenses las de Paraguay, Cuyo, Tucumán, Potosí, Charcas y Santa Cruz de la Sierra. Esto hasta 1782 con la nueva división en ocho intendencias, tres de las cuales comprendían lo que serían nuestras primeras catorce provincias.
Esto, en el orden histórico y en sus connotaciones geopolíticas. Pero, cabría pensar si aún sería posible encontrarle un plus de sentido a nuestro gentilicio.
No deberíamos para ello olvidar el sentido último y originante del río de la Plata que legó el nombre actual del país. Por ese río fue que los conquistadores atlánticos creyeron encontrar el camino que los conduciría a la fabulosa Ciudad de los Césares, ubicada en algún impreciso lugar de la cordillera occidental. Esa mítica región fue una y otra vez buscada por aquellos hombres de hierro y su leyenda resurgiría bajo otros muchos nombres y en otras muchas empresas.
Pero cuando tras los Borbones el centro de gravedad de América se desplace del Pacífico al Atlántico, ese río no sería otra cosa que la puerta a la Modernidad trasatlántica.
Habría que imaginar si la antigua aventura crematística podría inspirar la oportunidad de reconvertirse en un proyecto de reencuentro cultural con el resto del continente profundo, y esto debería implicar a la vez una visión política hacia un futuro posible.
Sería una manera de fundamentar nuestro nombre ya no en el pasado sino de proyectarlo hacia el mañana inconcluso y pendiente de esta Sudamérica argentina, ese que abortó aquí la dinastía borbónica.
La utopía que desde los vectores atlánticos y trasponiendo el corazón del continente, emprendiéramos un Nuevo Mundo, mirando al Pacífico como el Mare Nostrum americano.
Ing. Miguel Angel Omar Amado Assaf
oassaf@riograndesa.com