Cuan Nuestro era El Flaco
No voy a ser original, cuando se muere uno como él, se va parte de nuestra vida. En mi caso un verano con Mariana en una casa prestada con Fuego Gris que iba y volvía todo el tiempo (“Voy al norte de nada, donde las cenizas vuelven al alma…”). O aquella noche de Kamikaze en otro tiempo. Almendra saliendo del radiograbador “stéreo” de la habitación de mi hermana. Organismo en el aire de Tester y “Tu corazón…” siempre en mis orejas cuando volvía a Argentina. O el reciente e inolvidable Bandas Eternas con Mer y mi amigo-hermano Felipe. Muchos de nosotros podemos sacar del arcón momentos así de nuestras vidas y el Flaco, estoy seguro. Es posible que la mía, que tengo 42, sea la última generación “del Flaco” en serio. Igual, estoy lejos de ser un sibarita spinettiano, que los hay, muchos, y de los buenos. Es más, lo mío más intensivo diría que fue desde Kamikaze a Los Socios del Desierto.
Pero lo que quiero decir es: cuan nuestro era el Flaco, con todo lo universal de su poesía. Cuan nuestro, cuan argentino y porteño, y si me apuran, cuan de cierto lugar de clase media argenta más o menos ilustrada o progre era. Lo digo como una nota sociológica, no como una virtud, o algo en lo que regodearse, ni porque me simpaticen mucho todos los contornos de esa clase. Hoy lo fui a despedir a la salida del velorio: parecía que todos los que estábamos ahí con los ojos rojos habíamos pasado por la misma cátedra del CBC. Era todo eso en los hechos, no porque su música tuviera un destinatario específico. Una vez quise que un par de muy buenos amigos mexicanos escucharan su música: inútil, no se les movía un pelo, no lo “entendían”. Tampoco era un músico masivo entre los sectores populares, especialmente en los últimos años, no jodamos—aunque es obvio que alguien que llena un estadio como Vélez y tiene decenas de miles de seguidores siempre será “popular” en cierto significado del término. Era un tipo que ibas muy tranquilo a ver al teatro Don Bosco en San Isidro o al Coliseo, sobre todo después de los 80. Más allá de las pocas veleidades comerciales del Flaco, no creo que sea casualidad que, a diferencia de Charly, Fito o Soda, nunca traspasó las fronteras de Argentina a niveles siquiera comparables—y no cuenta que Silvio te ponga una foto y una canción en su blog ayer desde Cuba. La música del Flaco es, en un sentido, hasta por su dicción y acentos, solo de Buenos Aires o de Argentina. Se me dirá que es más del bajo Belgrano que de Pompeya. Lo acepto. Pero la creo más porteña que el tango más arrabalero, y no sé bien por qué. Si todo el tiempo nos cuenta del cielo.

February 10th, 2012 15:38
Mucha suerte tuvimos de tener, no sólo un Spitnetta, sino también un Charly. Que te toque uno es un milagro, que te toquen dos …
February 10th, 2012 16:11
En general, tenés mucha razón. No soy un fan del Flaco, pero y en esto te quiero corregir, hay más jóvenes que vos que disfrutan de él. Mis dos hijos, de 26 y 20 respectivamente, son fanáticos tranqui, cuando se iba a hacer Bandas Eternas, estaban locos. En algún momento, pensé, como regalo de cumple, pedirle al Flaco, que les mande una nota, un autógrafo. Y sin embargo, repito, no soy seguidor a muerte, pero fijate vos, que les puede el Flaco haber transmitido, a través mío, que mis hijos lo quieren tanto? Yo tengo 58, y voy para los 59 en julio. Como escuche por ahí, el Flaco se volvió canción, y también… la poesía lo perdió. Chau.
February 15th, 2012 12:13
Cuan cierto lo que dice María Esperanza…Un Spinetta, un Charly, tienen pocos, al menos en la esfera rockera hispanoaméricana. Al igual que Sebastián y José Gabriel yo no me puedo considerar un fanático del flaco. Pero desde que lo ví por primera vez en el Coliseo allá en el lejano y sombrío año 1977 con 15-16 años hasta la última vez que lo ví, en el mismo teatro, en el 2010 mi apego a su esencia, por así decirlo, ha permanecido inalterable a lo largo de los años. Por eso me cuesta tolerar su ausencia física. Es verdad Seba, fue un fenómeno insular, más belgrano/caballito que Pompeya/barracas, sin duda, a diferencia de los que otros que nombrás que tuvieron muchísima más repercusión en latinoamérica. Es por eso que entiendo porqué a los mexicamos no les generó mayor impacto su música. Saludos