A 50 años del Mayo Francés

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En La Izquierda Diario: Un arma para la crítica en Filosofía y Letras de la UBA (Junio 2018), el periódico impulsado por la agrupación En Clave Roja (PTS+Independientes), conducción del CEFyL.

Tomás Quindt

Estudiante de Historia

Sobre finales de la década de 1960 el mundo vivía una situación de crisis, guerras y revoluciones. Los países coloniales se venían levantando contra el imperialismo en África y Asia. En Argelia se vio la verdadera cara del imperialismo francés, que cometió los más atroces crímenes de guerra para seguir oprimiendo a su colonia. En Vietnam los revolucionarios mostraron que se podía vencer incluso al país capitalista más poderoso. En Estados Unidos se desarrolló toda una crítica a la guerra y un cuestionamiento por amplios sectores de la juventud y de trabajadores. En Japón tenía lugar el desarrollo de un fuerte movimiento estudiantil llamado Zengakuren. En Italia existió un “Otoño caliente” de fuerte lucha obrera contra las malas condiciones de vida. Estaba teniendo lugar un fin de ciclo del “Estado de Bienestar” que había sido pagado con salarios obreros, pero cuyas condiciones excepcionales no estaban más: la Segunda Guerra Mundial supuso la más grande matanza humana, la destrucción de infraestructura de todo tipo que permitió crecer a la economía mundial reconstruyendo lo destruido. Esta situación mundial no fue ajena a las conciencias de estudiantes franceses que se habían incorporado a las universidades.

En Francia los estudiantes se levantaron contra las reformas del Gobierno de De Gaulle que buscaban endurecer las condiciones de ingreso y permanencia en las universidades, orientando más abiertamente la educación hacia las necesidades del mercado al mismo tiempo que buscaba dotarlas de un carácter de “servicios” con la finalidad de formar profesionales “útiles” para el sistema. Estas luchas, al calor de la influencia sobre los estudiantes que tuvieron las distintas manifestaciones contra el imperialismo, cobraron una vitalidad que superaba las paredes de la universidad y llegaba a cuestionar al sistema mismo a partir del cual se desarrollan las lógicas educativas. Surgieron enormes asambleas bajo un clima de organización y politización fervientes. A pesar de las burocracias estudiantiles como la del PCF (Partido Comunista francés) que intentaba desgastar la lucha, los estudiantes las superaron, tomaron universidades y colegios, salieron a las calles y se enfrentaron en barricadas contra la policía. Incluso se llegó a formar una organización propia, el Movimiento 22 de Marzo, donde los trotskistas tuvieron un peso importante aunque también concrentraba a militantes anarquistas, maoístas y situacionistas. Los trabajadores sufrían un aumento del desempleo, bajos salarios y la pauperización de sus condiciones de vida, los jóvenes eran a quienes más fuertemente pegaba este fenómeno aunque no fueran los únicos.

En el transcurso de la lucha, los estudiantes vieron la necesidad de aliarse con los obreros que estaban dando grandes muestras de combatividad (tomas de fábricas, huelgas generales), reconociendo que el ataque del Gobierno era de conjunto y sólo una fuerza mayor podría hacer frente al nivel de ofensiva. La alianza dió lugar a semanas de huelga general de la clase obrera junto con el estudiantado donde entre 7 y 9 millones de manifestantes se movilizaron haciendo tambalear al Gobierno que llamó a elecciones anticipadas y otorgó ciertas reivindicaciones a los sectores en lucha. El objetivo era claro: dividir y pasivizar la situación pre-revolucionaria. La vía electoralista que finalmente triunfó se debió principalmente a 3 factores, primero el apoyo del PCF a la maniobra, que a pesar de haberse desprestigiado por sus abiertas traiciones y de verse obligada a llamar a la huelga, dirigía a la mayor parte de la clase obrera; segundo porque no hubo una alternativa de estrategia revolucionaria de peso suficiente, la corriente trotskista JCR (Juventud Comunista Revolucionaria) no trascendía su peso en el movimiento estudiantil y no pudo darle un impulso a la creación de organizaciones propias de las masas que actuaran como un doble poder frente a los partidos e instituciones burgueses; tercero porque en el mundo el estalinismo aplastó las revoluciones políticas que se alzaban contra la burocracia y fue un corset que no se pudo romper en los distintos países que podrían haber dado triunfos que contagiaran entusiasmo y confianza en los trabajadores y estudiantes.

¿Y qué hacemos los estudiantes en la crisis actual?

Con más de 2 millones de estudiantes universitarios en Francia, y cerca de 1.5 millones en Argentina, somos un sector con un peso social importante y con una gran potencialidad disruptiva. La propia Universidad es, al decir de Trotsky, una “caja de resonancia” de las contradicciones propias de la sociedad de clases y de la coyuntura política que las atraviesa, y es por eso que el movimiento estudiantil ha producido luchas progresivas importantes como la Reforma universitaria de 1918 en Argentina y también ha tenido una posición reaccionaria apoyando el golpe de Estado de 1955 a Perón. Dependiendo de la situación política y la dirección del movimiento, este puede adquirir posiciones opuestas. Desde la agrupación En Clave Roja, que impulsamos desde PTS junto con compañeros independientes, buscamos construir una fuerza estudiantil militante que pelee en los lugares de estudio y en las calles contra los ataques de los gobiernos y los empresarios, pero también por las reivindicaciones propias como una educación pública de calidad y que cuestione el rol de la Universidad en la sociedad de clases, donde nos forman para ser mano de obra al servicio de los intereses de los capitalistas y no de las mayorías populares.

Con esa perspectiva peleamos por recuperar los centros de estudiantes y federaciones que hoy están en manos de burocracias estudiantiles de los partidos tradicionales como la Franja Morada (Cambiemos), que le ha dado una diputada nacional al Gobierno macrista, o la UES (peronismo-kirchnerismo), que además de ser los mismos que se reparten los cargos de las gestiones universitarias, construyen centros “de servicios” donde reine la pasividad estudiantil, el buen café y las fotocopias. Es por eso que somos críticos de conducciones de centros y federaciones como las que lleva a cabo el Partido Obrero, donde se mantiene en gran parte el modelo de servicios de la Franja y la UES. Nosotros queremos que las organizaciones estudiantiles sean espacios donde se discuta la ideología dominante en las universidades, que busca formar estudiantes que hagan una carrera individual, que trabajen para el Estado o para las empresas sin cuestionar qué rol vamos a cumplir como profesionales. No queremos sociólogos que asesoren a las empresas en su marketing, ni ingenieros para la Barrick Gold ni economistas para los bancos.

En el CEFYL, nuestra agrupación En Clave Roja es parte de la presidencia y desde ahí apoyamos la lucha de la clase trabajadora como hicieron los estudiantes franceses en Mayo de 1968. Así lo hicimos en los conflictos de Kraft-Terrabusi (2009), Lear (2014), Pepsico (2017) o el Hospital Posadas (2018). Apostamos a la alianza obrero-estudiantil porque sabemos que si quienes trabajan en los lugares estratégicos como los transportes, la producción, los puertos, las comunicaciones, se unen con docentes y estudiantes que forman o se están formando como intelectuales, se acumula una fuerza social con poder de derrocar a este sistema organizado por y para los empresarios.

Lo que nos deja como lección el Mayo francés y los procesos revolucionarios de la década de 1960 y 1970 es que los estudiantes tenemos una fuerza poderosa para influir en el triunfo de las grandes luchas actuales y por venir. Pero esa potencialidad tiene que ser organizada y encausada firmemente hacia objetivos claros. Esa estrategia y esos objetivos serán muy distintos dentro de los movimientos, por eso es necesario un partido revolucionario internacional que a través de sus agrupaciones pelee por superar las presiones que querrán desviar la lucha.

El objetivo de terminar con la mercantilización de la vida que nos impacta de lleno a los estudiantes exige unir nuestras fuerzas con la fuerza de las y los trabajadores. Ellos son los únicos que pueden llevar hasta el final la lucha que cuestiona los fundamentos del sistema.



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