¿Acá se puede tocar blues?

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Crónica de una asamblea de mujeres.

“¿Acá se puede tocar blues?” preguntó Javier Malosetti, al comienzo de su show en Madygraf, la gráfica de zona norte del Gran Buenos Aires, ex Donnelley, recuperada hace cuatro años por los trabajadores y puesta a producir.

“¡Síiiiiiii!”, contestó el público, en su mayoría trabajadores, estudiantes, que ya minutos antes había disfrutado del show de tango de la Fernández Fierro.

Antes del festival, organizado a beneficio de la gestión obrera y para poder mantener la juegoteca de Madygraf, la fábrica abrió sus puertas a más de setecientas trabajadoras de distintos gremios para celebrar una Asamblea de Mujeres, de cara al 8 de Agosto, día en que se votará en el Senado de la Nación la ley por el derecho al aborto, legal, seguro y gratuito.

La consigna no se quedó ahí, sino que las compañeras de la Comisión de Mujeres de Madygraf, plantearon que se abría el debate para empezar a organizarnos en los lugares de trabajo, no sólo por el derecho al aborto, sino contra el ajuste brutal del Gobierno y del FMI. Presentó la asamblea una compañera de la Comisión de Mujeres de Madygraf remarcando la importancia de organizarnos, de sabernos acompañadas en la lucha. Ese fue casi el eje central en las distintas intervenciones, como la de Lorena Gentile, trabajadora de Mondelez Planta Pacheco, ex Terrabusi, miembro de la Agrupación Bordó en Alimentación. Ella planteó la importancia de organizarse en las fábricas ya que en la industria las mujeres tenemos un papel preponderante y la burocracia mira para otro lado a la hora de luchar por nuestros derechos.

Fue también conmovedora la intervención de la compañera del Hospital Posadas, haciendo hincapié en que las trabajadoras de la salud son mayoría en esa rama. Casi con la voz quebrada, trajo un aire fresco al recinto al nombrar a Pan y Rosas y decir que nunca nos rendimos y que acompañamos las luchas de las mujeres trabajadoras.

La Diputada de los trabajadores, Myriam Bregman y la Licenciada Andrea D’ Atri, fundadora de la Agrupación Pan y Rosas, también tuvieron sus intervenciones en la Asamblea. El discurso de ambas giró en torno al feminismo socialista, de clase, recalcando que la ley por el derecho al aborto hay que pelearla en las calles, como todos nuestros derechos y que el patriarcado no se va a caer solo, si no es con una marea verde imparable, que seamos miles en las calles enfrentando el ajuste, porque creemos que las mujeres somos las que primero vamos a sufrirlo.

Mientras las escuchaba, pensaba, es verdad, podemos todo, pudimos armar una asamblea un día domingo, medio lluvioso, helado, llegando de distintos lugares con nuestros pañuelos verdes a decir “¡presente!”, todas llevando su aporte, sus anécdotas de los lugares de trabajo y de estudio. ¿Cómo no vamos a poder avanzar contra este gobierno ajustador, contra el patriarcado que nos oprime y la patronal que nos explota?

Sentada en el medio del playón donde tuvo lugar la asamblea, rodeada de máquinas, en el medio de la planta, a un costado de las líneas de producción, tomé conciencia de donde estaba y se me puso la piel de gallina. Estábamos en el corazón de la fábrica, en una reunión de mujeres, un acto obrero, usando la herramienta más democrática que tenemos los trabajadores para decidir sobre nuestros destinos: la asamblea. Increíble, todo lo demás te parece de ficción, la verdad estaba ahí, en las ventanas del pasillo, donde colgaron láminas con frases de mujeres luchadoras de la historia, mujeres que en su época, como dijo Andy D’Atri, no eran consideradas, siendo minoría, no constituían amenaza alguna. Pero, cuidado con las mujeres…

Yo que transito a diario los pasillos de Felfort, siempre bajo la mirada del patrón, al caminar por los pasillos de Madygraf, y saludarme con los compañeros, llegué a sentir que todos tenemos que luchar porque esta gestión obrera no se caiga y que sea Madygraf nuestra casa, la casa de los trabajadores y de nuestros hijos.

Al término de la Asamblea, hicimos un pañuelazo, una gran foto de todas las mujeres y los compañeros hombres presentes, con nuestros pañuelos verdes en alto.

Ahora que sí nos ven, tenemos el compromiso de demostrarles que somos imparables, que donde pisa una mujer trabajadora, está abriendo el camino para que avance toda nuestra clase.

Con nuestros pañuelos en las manos y en los cuellos, salimos de la planta y nos dirigimos a otro lugar de la fábrica donde iba a comenzar el festival. Escuchamos los bandoneones de la Fernández Fierro y el tango obrero, el tango de la calle y de los barrios, trepó hasta el techo, bajó y nos cacheteó insolente.

Después fue el turno de Javier Malosetti. Ahí fue que preguntó si se podía tocar blues.

Y sí, cómo no se va a poder, si se pudo armar un escenario cuyo soporte eran las bobinas gigantes de papel que se usa para la producción gráfica. Tocate un blues, mientras la noche cae y el cielo naranja se derrama sobre las cabecitas de los niños que en el pastito juegan al fútbol, en la fábrica manejada por los obreros.

“¿Se puede tocar una de Jimi Hendrix”?, preguntó después. ¡Y claro! También podés tocarte una de Hendrix, porque laburar sin patrón tiene mucho rock, porque tener una comisión de mujeres en tu fábrica también tiene mucho rock, y si encima organizás una asamblea, en el corazón de la zona norte, para más de setecientas trabajadoras, tenés más rock todavía.

Me tuve que ir, teníamos que volver porque ya se había hecho tarde. Desde la vereda aún se escuchaban los acordes. Podés tocar un blues, podés tocar a Hendrix, podés bailar, respirar, mirar el cielo naranja de la tarde noche. Podés atarte al cuello tu pañuelo verde y caminar así de contenta.

Lo único que no podés hacer es dejar de luchar.

¡Viva la lucha de las mujeres! ¡Viva la lucha de los obreros sin patrón!



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