Almagro: una marea que ganó las calles y se organiza desde abajo

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38 senadores votaron por sostener el aborto clandestino desoyendo a millones en las calles. Allí estaban trabajadoras y estudiantes de la zona de Parque Centenario demostrando que esta marea verde se organiza desde abajo y que no la van a poder detener.

El 8 de agosto quedó en la memoria de todos como una jornada histórica. El sabor amargo que dejó el voto negativo de 38 senadores a la media sanción que tenía la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, se mezcla hoy con la fuerza que demostró tener una vez más la marea verde. Esta marea que volvió a inundar las calles con millones de personas peleando por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.

Esa mañana, mientras el Congreso amanecía vallado por la policía, pero a la vez, rodeado por decenas de miles (que con el paso de las horas fueron millones), en la zona del Parque Centenario la marea verde hacía las primeras olas de la jornada.

Alrededor de las 12 del mediodía, trabajadoras y trabajadores del Hospital Durand, del Instituto Pasteur, del Anfiteatro Parque Centenario y de la Dirección General de Música se reunían para realizar un corte y pañuelazo, junto a estudiantes del barrio y libreras del parque. Los días previos la convocatoria había recorrido la zona con el boca en boca, redes sociales y radios de Almagro, y las trabajadoras prepararon los pañuelos gigantes de cada uno de los lugares de trabajo.

Pañuelos, banderas, cintas y latas de humo verde acompañadas de música combativa le daban color a una sentida acción organizada desde las bases por las trabajadoras. Durante el corte se sintió muy fuerte la demanda de “aborto legal en el Hospital”, junto con la exigencia de que “los curas se vayan a laburar” en repudio a la injerencia clerical en las cuestiones de salud pública y sus vínculos con el Estado. Tampoco se salvaron los burócratas sindicales quienes no estuvieron a la altura de las circunstancias sin llamar a un paro que pudiera hacer que miles de trabajadoras y trabajadores estuvieran presentes en el Congreso para reclamar un derecho tan elemental que involucra un problema de salud pública. De esta manera, las trabajadoras de la zona se pusieron a la cabeza de esta demanda uniendo desde las bases lo que las burocracias dividen. Se sumaron las libreras del parque y estudiantes de la ORT, escuela secundaria de la zona. Jóvenes estudiantes y trabajadoras de 30 o 40 años de antigüedad aliadas en la lucha por sus derechos con sus compañeros varones.

Todas sabían que tenían una cita obligada en el Congreso y allá fueron para unirse a esa marea verde. Resistieron a la lluvia y el frío, demostrando esa fuerza imparable en las calles. El Senado, con la Iglesia a la cabeza, hizo oídos sordos, y le dio la espalda a semejante movilización. En su frase final, la presidenta de la cámara, Gabriela Michetti, se apresuraba a cerrar la sesión sin privarse de festejar cínicamente del resultado que hará que sigan muriendo mujeres por abortos clandestinos. Ese apuro, y todas las maniobras que llevó adelante en alianza con gobernadores y la Iglesia para que no saliera la ley, no expresan más que el temor que tienen frente a la organización de la que son capaces las mujeres trabajadoras en alianza con sus compañeros. Y desde el Parque Centenario, estas trabajadoras vienen poniéndose a la cabeza de un proceso que puede transformarlo todo si se lo propone.

Hoy más que nunca debemos ser conscientes que esta batalla no será ganada sin pelear por la separación de la Iglesia del Estado. Nuestra lucha no puede quedar en manos de los partidos tradicionales, que han vivido históricamente haciendo alianzas con la Iglesia, y dejan nuestros derechos al “libre albedrío” y cada cual vota lo que se le ocurre (incluyendo “panquecazos” de último momento). Todos nuestros derechos los ganamos organizadas y en la calle, en cada escuela, en cada fábrica, en cada lugar de trabajo y en eso radica nuestra fuerza para que este derecho sea Ley. En ese camino están las y los trabajadores del Hospital Durand, del Instituto Pasteur, del Anfiteatro Parque Centenario y de la Dirección General de Música.



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