Emma Goldman: "si no puedo bailar, no quiero estar en su revolución"

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Emma Goldman fue una importante anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos libertarios y feministas. Fue una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.

A los 16 años emigró a los Estados Unidos donde trabajó como obrera textil y se unió al movimiento libertario, motivada por el ahorcamiento de los mártires de Chicago de la huelga del 1ro de Mayo. En ese tiempo planificó, junto a otro anarquista llamado Alexander Berkman, el asesinato del empresario Henry Clay Frick en un contexto donde sus trabajadores se encontraban en huelga. El atentado falló y Berkman fue sentenciado a prisión en 1893.

En ese momento Goldman ya tenía como objetivo luchar contra las injusticias y la explotación. De hecho, había relevado en la prensa cómo se desencadenaron los hechos del 1 de mayo de 1886, en Chicago, cuando 300.000 trabajadores realizaron una huelga para exigir una jornada laboral de ocho horas.

El 4 de mayo, durante una movilización, había explotado una bomba en la plaza de Haymarket. Por ese hecho ocho jóvenes fueron acusados y cinco de ellos ejecutados en la horca. Esto fue decisivo para que Goldman entre en acción: “Tenía la clara sensación de que algo nuevo y maravilloso había nacido en mi alma. Un gran ideal, una fe ardiente, la decisión de dedicar mi vida a la memoria de mis camaradas mártires”, dice en Viviendo mi vida, la autobiografía recién traducida al español por la editorial Capitan Swing.

Para finales del siglo XIX, Goldman ya era conocida por sus apasionados discursos políticos en los círculos intelectuales de Nueva York. Pero teniendo en cuenta sus 20 años también le gustaba bailar y divertirse. Eso de apartarse de su doctrina fue recriminado por algunos de sus camaradas. La joven se enfureció: “Estaba harta de que me arrojaran continuamente la Causa a la cara. Yo no creía que una Causa que defendía un hermoso ideal, el anarquismo -la liberación y la libertad frente a las convenciones y los prejuicios- negara la vida y la alegría”, recuerda Goldman en su autobiografía.

“Si no puedo bailar, no quiero estar en su revolución”, dijo alguna vez la anarquista Emma Goldman, sin imaginar que aquella frase se convertiría en un eslogan feminista de los años 70.

En su vida de militante Goldman conoció la cárcel. En 1916 fue enjuiciada por distribuir material sobre la contracepción, y nuevamente en 1917, junto con Berkman, por oposición a la conscripción militar.

En su autobiografía, Goldman admitió que el tiempo que pasó en la penitenciaría de la isla de Blackwell fue el momento de su mejor formación ya que tuvo la posibilidad de leer a los teóricos que más influenciaron su pensamiento, como Emerson, Thoreau, Whitman y Nietzsche.

Una de las cuestiones poco conocida de sus vida fueron sus prácticas como enfermera, una profesión a la que se dedicó cada vez que su libertad se sentía amenazada. A partir de esta actividad comenzó a ejercer y defender el derecho al control de la natalidad.

“Me impresionaba la ciega y fiera lucha de las mujeres de los pobres contra los frecuentes embarazos. La mayoría de ellas vivía en un continuo terror de la concepción”, recuerda.

Emma “la Roja”, como era llamada en la prensa de aquellos días, viajó por todo Estados Unidos para manifestarse públicamente en contra del Estado, el capital y el militarismo, y a favor de los derechos de los trabajadores, del uso de anticonceptivos y del amor libre. Su ideología libertaria fue considerada peligrosa en un país puritano, enfocado en ser una potencia económica mundial, y cuyo orden social podía verse amenazado por las crecientes revueltas obreras y la influencia comunista del exterior.

Goldman no claudicó a pesar de las numerosas amenazas. Sus convicciones le valieron distintos periodos en la cárcel y hasta llegó a ser expulsada del país que había sido su hogar durante 34 años, EE. UU.

En 1919 fue deportada a Rusia. En la audiencia en la que se trataba de su expulsión, J. Edgar Hoover, que era el presidente del mismo y futuro jefe del FBI, la calificó como una de las mujeres “más peligrosas de América”.

En Rusia estuvo en la sublevación anarquista de Kronstadt. En un primer momento, respaldó a los bolcheviques en contra de la división entre anarquistas y comunistas. Sin embargo sus opiniones sobre el Estado obrero se modificaron por la represión política, la burocracia y los trabajos forzados que siguieron a la Revolución rusa, bajo el proceso de burocratización del estado.

En diciembre de 1921 partió a Francia. Diez años después se publicaba por primera vez Viviendo mi vida, su autobiografía que hoy vuelve a ser editada.

“Descubrí con gran desconcierto que la vejez, lejos de ofrecer sabiduría, madurez y sosiego, suele ser fuente de senilidad, estrechez de miras y rencores. No podía arriesgarme a esa calamidad y empecé a pensar seriamente en escribir mi vida”, narra en la introducción de sus memorias.

Sus biógrafos expresan que en 1936, colaboró con el gobierno español republicano en Londres y Madrid durante la Guerra Civil española.

Goldman terminó sus días en Canadá muriendo en1940; actualmente está enterrada en Chicago.

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