En América Latina cada vez hay menos energía para más personas

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Especialistas elaboraron un análisis regional sobre el estado de la energía en el subcontinente utilizando datos de la reciente edición del anuario estadístico de la ex British Petroleum.

Tres latinoamericanos han elaborado un análisis regional sobre el estado de la energía y han concluido que cada vez hay menos para más personas, mostrando cómo el déficit energético se profundiza en Latinoamérica y el Caribe. El análisis fue publicado originalmente en The Oil Crash el pasado 11 de julio y ha sido elaborado a partir de los datos de la reciente edición del anuario estadístico de la ex British Petroleum, la BP Statistical Review of World Energy.

“Se consolida la retirada de las tres fósiles, producción, refinería y consumo, arrastrando hacia abajo a la energía total producida en Latinoamérica”, indican. También señalan que si bien “continúa el crecimiento constante” del mix de energías renovables, estas “están lejos de compensar la pérdida” proveniente de fuentes fósiles, y sentencian que “los conflictos directamente relacionados con la escasez energética comienzan a provocar terremotos en el escenario político”.

Antecedentes regionales

Los analistas son Erasmo Calzadilla, Aníbal Hernández y Demián Morassi. Calzadilla es cubano y columnista en The Havana Times, mientras que Hernández es colombiano y editor de Peak Oil Colombia. Morassi es argentino y colaborador de La Izquierda Diario. Juntos vienen realizando desde hace años una revisión sobre el estado energético de América Latina. Esta sería su cuarta edición.

“En los tres anteriores pasamos por los picos de producción y consumo de las principales fuentes de energía y entramos a una meseta del consumo energético total”, señalan. “Este hecho es todo un hito que pone fin a más de 200 años de historia poscolonial, donde en cada década se agregaban nuevas fuentes de energía y modos de mejorar su eficiencia”.

Con los números de 2014 alertaban acerca de un inminente pico de consumo de petróleo debido a que se estaban encontrando el aumento de consumo con la caída de la producción. Con los de 2015 “nos percatábamos de que nuestro pronóstico era atinado. De hecho, 2014 se ha convertido en el pico de consumo de petróleo en Latinoamérica y El Caribe. Era hora de una nueva pregunta: ¿Habremos llegado al pico de consumo energético total?”.

Los especialistas señalan que los números de 2016 mostraron que se había llegado a una meseta: “En ese año subrayamos el declive de la producción de las tres energías fósiles (el petróleo venía cayendo desde 2006, el gas y carbón siguen sin superar el pico de 2014), y lo difícil que sería para las “renovables”, aun creciendo vertiginosamente, contrarrestar la caída de las anteriores”.

Las estadísticas energéticas en petróleo, gas, carbón y “renovables”

La principal fuente energética en la región sigue siendo el petróleo. De los tres gigantes Brasil es el único que no ha llegado al pico, mientras que México (campeón hasta 2014) y Venezuela (líder en 2015) están en franca caída. La meseta de producción que duró nueve años con valores entre 10,8 y 10,2 millones de barriles diarios (mb/d) se rompió definitivamente en 2016, perdiendo medio millón de barriles ese año y otro tanto el siguiente para quedar en 9,4 mb/d.

El declive de la producción en una región netamente exportadora, al mismo tiempo que se desplomaba el precio en los mercados internacionales, incidió negativamente en las arcas de los Estados. A finales de 2017, con la nueva subida del barril, se ve una pequeña reactivación. La disminución en la producción, junto al estancamiento económico, arrastra a una caída en el consumo.

La producción de gas solo aumentó en Brasil y Trinidad y Tobago, aunque aún no compensa la caída de los grandes productores como México y Venezuela. Argentina, que supo ser el principal productor hasta 2005, se está recuperando de una caída de diez años, pero para lograrlo las empresas mudaron sus inversiones de las cuencas eminentemente petroleras hacia el shale gas de Vaca Muerta.

“Los datos de BP para el gas fueron revisados hacia abajo en 2015 y hacia arriba en 2016. Por ahora no podemos saber cuál es o será el pico de consumo. Lo que es claro es que cada vez más el gas viene jugando un papel importante en la sustitución de una parte del petróleo y el carbón de la matriz energética de la región, aunque el techo está poniendo la caída en la producción”, señalan Morassi, Hernández y Calzadilla. “Si no hay grandes revisiones quedará 2016 como el pico histórico de consumo de gas en Latinoamérica y Caribe”.

En cuanto al carbón, Colombia va quedando cada vez más sola como productora de esta histórica fuente de energía que aún sirve como fuente de generación eléctrica a diversas naciones. Los descensos más fuertes tuvieron lugar en México (-8.5 %) y Venezuela (-52.4 %), que no casualmente sufren las caídas más importantes en la producción de petróleo. “Esto es un ejemplo de cómo el declive en la extracción de una de las energías fósiles puede arrastrar al abismo a sus “hermanas”. Y lo que tememos es que ocurrirá pronto con las renovables”, indican los especialistas.

Las “renovables” siguen creciendo. La hidroeléctrica está recuperando los valores más altos alcanzados en 2011, aumentando en casi todos los países. El aporte de las “otras renovables” (44,5 mtep) ya se aproxima a la producida por medio del carbón (45,8 mtep). Brasil es la que más contribuye por lejos en el desarrollo de estas energías.

Energía total y cuánto queda para cada uno

Según los tres latinoamericanos, la producción de energía total tocó techo en 2014 al darse al mismo tiempo el pico del gas y el carbón, mientras el petróleo se mantenía en leve declive desde 2006. El consumo total de energía ha logrado mantenerse en una especie de meseta cuyo pico es en 2016 (aunque pueda ser modificado en las revisiones futuras). Lo que se vislumbra claramente es una caída en la energía per cápita para una población que continúa aumentando, aunque la tasa es menor cada año.

Si bien estos datos pueden verse revisados en los años venideros las conclusiones parciales de Morassi, Hernández y Calzadilla se resumen en tres puntos: 1) Se consolida la retirada de las tres fósiles, producción, refinería y consumo, arrastrando hacia abajo a la energía total producida en Latinoamérica. 2) Continúa el crecimiento constante según BP del mix “renovable” formado por la eólica, solar y geobiomasa, a la vez que hay un repunte de la energía hidroeléctrica. Sin embargo, están lejos de compensar la pérdida de energía proveniente de fuentes fósiles. 3) Los conflictos directamente relacionados con la escasez energética comienzan a provocar terremotos en el escenario político. Protestas en Venezuela, Paraguay, Haití, Argentina, México y Brasil (en estos tres últimos por la desregulación del precio de las tarifas o los combustibles), inflación constante en Argentina e hiperinflación en Venezuela. En este último caso se consolida un colapso social estrechamente relacionado con el declive de la producción de energía.

Imposibilidad de un “derrame” y encrucijada

“Nuestra lectura muestra que cada vez estamos más cerca del fin del crecimiento económico en la región, se registra un estancamiento de tres años en el PIB y para revertirlo de manera sólida es necesario un crecimiento industrial que exige mayor consumo energético lo cual se choca de frente con nuestro análisis”, reflexionan los especialistas.

Según estos, el efecto de haber pasado el (por ahora) pico de consumo de energía per cápita y PIB per cápita, incluso con un incremento poblacional muy bajo, está conectado con un deterioro en el nivel de vida de los sectores medios y bajos. El aumento en la deuda externa de la región puede invisibilizar el faltante en las arcas de los Estados pero augura una mayor inseguridad en el futuro (a la falta de ingresos habrá que sumar el pago de las deudas).

También señalan que “la electrificación creciente está dando un respaldo a las renovables (especialmente a las que están en constante ascenso como la eólica, solar y geobiomasa) pero aún no sabemos qué lugar ocuparán en el mediano plazo”.

Una extrapolación de las tendencias actuales de caída de las energías fósiles y del crecimiento de las renovables demuestra que ni siquiera manteniendo el crecimiento exponencial de la solar, la eólica y la geobiomasa durante más de 30 años se llegaría a superar el aporte energético de las fósiles de hoy y por lo tanto no se superaría el pico actual de producción de energía primaria. Esto sin tener en cuenta que no son directamente sustituibles unas por otras.

“Tampoco sabemos qué lugar ocupará Latinoamérica y el Caribe en la geopolítica de esta tendencia al tener las reservas más grandes de litio del mundo, fundamentales para las baterías”, declaran.

Finalmente señalan que “dejar de quemar combustibles fósiles es una buena noticia ambiental pero solo puede ser presentado como positivo desde un punto de vista social si el reparto de los beneficios de su uso es más veloz que la caída de los miles de barriles per cápita perdidos año a año. Hoy está pasando justo lo contrario y aportar estos datos es nuestra manera de hacer ver la imposibilidad de un “derrame” como el que se pudo dar en otros momentos históricos con modelos económicos semejantes a los actuales.



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