Incineración y consumo: ¿cómo andamos por casa?

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El discurso verde llegó a su fin. La ley de incineración fue aprobada, chocando con años de discurso a favor del reciclaje. Esta antipopular medida debe hacernos reflexionar respecto a nuestra basura.

Contamina, es más cara y destruye empleos. Simples y concretos son los argumentos para oponerse a la incineración de basura, tecnología vieja que está siendo paulatinamente dejada atrás en el mundo. Esto se encuentra explícito en las políticas de la Unión Europea que han dejado de subsidiarlas y han aumentado la meta de recuperación de materiales provenientes de la basura a partir del reciclado. Completo es el informe sobre incineración realizado por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) donde claramente podemos entender que si la decisión de avanzar por la incineración es por una cuestión verde, es por afán a los billetes estadounidenses y no por una cuestión ecológica.

Sin embargo, como se propuso anteriormente, la idea de esta columna es la de reflexionar respecto a nuestra basura. Quienes escriben consideran que esto es una gran posibilidad para redireccionar nuestro nivel de consumo hacia uno sostenible, pero que esto no se realiza solo sino con una fuerte política de educación ambiental.

Según la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) en 2014 los alemanes generaban anualmente 454 kg de residuos residenciales por persona. Casi 3 veces más que los porteños, que en ese mismo año generaron en promedio 169 kg por habitante según datos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, mientras Alemania recicla más de la mitad de sus residuos, la realidad en la ciudad es diferente.

El estudio de calidad de los residuos sólidos urbanos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires publicado por el CEAMSE muestra que el 43,56 % de los residuos de CABA en 2015 eran desechos alimenticios, seguido muy por detrás por pañales y apósitos (5,19 %), residuos de poda y jardín (4,94 %) y materiales de construcción y demolición (4,78 %). Este estudio concluye con afirmaciones interesantes, entre las que se pueden destacar que el 42 % de los residuos recolectados son materiales potencialmente compostables, y que el 11,5 % son potencialmente reciclables.

La generación de residuos depende de los niveles de producción y consumo, y en definitiva con el nivel de desarrollo (en términos hegemónicos) que posee cada país. De esta forma, y con la brecha tan grande en generación de residuos que posee un alemán y un porteño, se puede explicar la deuda ecológica que poseen los países desarrollados para con los subdesarrollados.

Así lo demuestra el análisis de la huella ecológica por países a nivel global, que equipara la demanda de la humanidad sobre la naturaleza con la extensión del área biológicamente productiva necesaria para suministrar recursos y absorber residuos. De esta forma, mientras más oscuro es el color del país en el mapa, mayor demanda de recursos y generación de residuos genera, lo que lo relaciona directamente con la dificultad de alcanzar un modelo de consumo sustentable.

Fuente: Informe Planeta Vivo 2016 (WWF).

Esta información es esencial para no perder de vista las diferentes responsabilidades a nivel país que se posee en la crisis ambiental, pero no tiene que hacernos creer que podemos continuar con la misma concepción de desarrollo de los países denominados actualmente como desarrollados. Si hoy no generamos la misma cantidad de residuos que un alemán es debido a los fallidos intentos de desarrollo por los que atravesó nuestro país durante el siglo pasado. Porque los objetivos eran los mismos. De ahí que tenemos que replantearnos alternativas al desarrollo, que nos permitan pensar en otras formas de consumo, y en definitiva, de relacionarnos con la naturaleza.

En este sentido no es necesario continuar creciendo para mejorar el bienestar de la población, basta con mirar los resultados en salud, educación, vivienda, nivel de empleo, esperanza de vida, entre otros indicadores, de países con menor PBI per cápita que la Argentina. O de otra forma los similares resultados en estos elementos entre países con niveles de PBI per cápita muy diferente. Así se explica que la clave para mejorar el bienestar no está en el crecimiento económico sino en la redistribución de la riqueza.

Nuestra generación de residuos es menor al promedio de un país desarrollado y eso es una oportunidad a aprovechar, que va a depender directamente de la educación ambiental, de la separación de residuos, del reciclado de los mismos y de la convicción de nuestra población de pensar en nuevas formas de entender el progreso, desmaterializando la vida.

Acá no es necesario decrecer sino educar y mejorar nuestras prácticas, lo que se puede considerar una ventaja.

Por el momento el Gobierno no da señales en esa dirección sino por el contrario, se aprobó la incineración en una semana álgida por la denuncia presentada por Myriam Bregman, Enrique Viale y Facundo Di Filippo, donde se habla de la confección de listas negras de dirigentes e intento de coacción a periodistas mediante el uso de pauta de publicidad oficial para allanar esta práctica en la ciudad.

* Florencia es Licenciada en Ciencias Ambientales (UBA). Juan Carlos Travela es Doctorando en Desarrollo Económico. Ambos son miembros del grupo ecologista Hacia el Buen Vivir.



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