La pelota casi se mancha: al menos por ahora, los sionistas no verán a Messi

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El repudio que generó a nivel internacional el “amistoso” pautado entre Argentina e Israel obligó a la suspensión del partido. El Estado de Israel reaccionó con furia frente al fracaso de su política

Durante todo el día de ayer, los principales medios de comunicación tomaron nota de la suspensión del partido que se iba a jugar en Jerusalem entre Argentina e Israel, como preparación para el mundial.

Lo que estuvo en cada diario, más allá de la linea política defendida por cada uno, fue la palabra “papelón”. Lógicamente, las críticas a Claudio “Chiqui” Tapia tienen que ver con el hecho de que se dio marcha atrás a un “amistoso” que estaba pautado hace bastante.

Lo cierto es que el presidente de la AFA no pudo manejar algo que no esperaba: el amplio repudio, no solo en el país sino a nivel internacional, que generó el evento. Tanto en Argentina, Palestina e incluso en Israel las manifestaciones -vía redes sociales- de rechazo se convirtieron en uno de los temas más comentados.

Es que la operación del Estado sionista Israelí tenía objetivos más profundos que llevar “buen fútbol” a Jerusalén. Después del apoyo de Donald Trump, que movió en diciembre la embajada estadounidense a esa ciudad, reconociéndola como capital de Israel, mostrar a uno de los deportistas más importantes del planeta reconociendo en los hechos la ocupación como válida podía ser un gran punto de apoyo a los ojos del mundo. Además, era una buena forma de sellar una relación más estable con el macrismo.

Esto no se da en cualquier contexto. Hace varias semanas, los palestinos vienen movilizándose contra la ocupación de sus tierras, de la cual se están cumpliendo 70 años. La respuesta del ejército israelí no es otra hasta ahora que una represión salvaje, en la que ya asesinaron al menos a diez palestinos e hirieron a cientos.

El fracaso de este intento de utilizar el fervor por el fútbol para profundizar la opresión al pueblo palestino enloqueció al gobierno de Benjamin Netanyahu, que personalmente llamó a Macri para presionarlo y que se jugara como fuera.

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Además, el Estado de Israel denunció a la Federación Palestina de Fútbol con un escrito que dice, literalmente, “Nos enfrentramos a un acto de terrorismo futbolístico (!) por parte de la Federación palestina y de su presidente.” Bien podríamos decir que es la continuación de la política racista por otros medios (deportivos).

Pero eso no fue todo. En nuestro país no solo se habló de “papelón”. No. En los principales medios de masas se publicaron notas diciendo que era una “hipocresía” no jugar porque en otros países también había violaciones a los derechos humanos, como si eso le quitara culpas a un Estado que oprime hace décadas a otro pueblo. O que la AFA se había dejado intimidar por Palestina. Algún reaccionario dijo que fue una derrota frente al “terrorismo”.

Incluso algunos periodistas llegaron a decir que el repudio a este amistoso era un acto de “antisemitismo”, buscando igualar el repudio a un Estado terrorista con la discriminación contra los miembros de la colectividad judía. Fue el ejemplo de Débora Plager, que le dijo “filo-nazi” al aire a uno de sus compañeros por defender a Palestina.

Si bien Israel no participará en el mundial de Rusia, por la debilidad de su selección de fútbol, una semana antes de la inauguración en Moscú podemos decir que se convirtió en el primer país en sufrir una derrota.



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