Monique Wittig y una crítica a la heteronorma

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Wittig es considerada una precursora de la teoría Queer, pero sus escritos comenzaron en la década del 60 y 70 principalmente.

ilustaciones: José arturo Peñaloza, Ana Laura

Monique Wittig, fue una escritora francesa y poetisa, dio clases de Estudios de Género en la Universidad de Arizona, Estados Unidos. Wittig es considerada una precursora de la teoría Queer, pero sus escritos comenzaron en la década del 60 y 70 principalmente. El primero fue publicado en el año 1969 y se llamó “La Guerrilleras” y uno de sus màs conocidos fue publicado en 1992 titulado “El pensamiento heterosexual y otros ensayos”.

La revuelta de Stonewall

A fines de los 60 no solo los hombres gays y las personas travestis no se identificaban con el feminismo, sino que las mismas filas feministas comenzaron a dividirse entre mujeres heterosexuales y lesbianas.En este contexto de segmentación de los movimientos (mujeres, lgtb, negros, antibelicismo,ect) escribe su manifiesto Monique Witting al cual titula “El pensamiento heterosexual”.

El activismo que despertó con la Revuelta de Stonewall identificaba en su alianza con el resto de los sectores oprimidos y en su combate al capitalismo, el único camino posible para conquistar la Libertad Sexual y el fín de la opresión patriarcal.

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Este movimiento hermanado con aquellos que peleaban contra la guerra en Vietnam, en defensa de los derechos de la comunidad negra, y con el nuevo movimiento de mujeres, conquistó visibilidad y avanzó en sus derechos en una época atravesada por una generación que eligió como horizonte la revolución socialista contra el miseria capitalista.

Así entre 1970 y 1985 se logró la despenalización de la homosexualidad y las relaciones entre lesbianas en 26 de los estados de EEUU. En otros países imperialistas se avanzó en el mismo sentido, como en Alemania Occidental y Canadá en 1969, Austria, Finlandia en 1971, Noruega en 1972, España en 1979, Portugal en 1983, entre otros.

Witting da a conocer una de sus teorías más influyentes, a fines de 1978 en EE UU. Para ese entonces la crisis mundial y las revoluciones a lo largo y ancho del planeta, habían echado por tierra las grandes teorías sociológicas y antropológicas estructuralistas.

En los años 80 tras la derrota que sufre la clase obrera y el comienzo del neoliberalismo, el individuo comienza a tener un lugar más significativo en las teorías sociales. En este marco es que las feministas post-estructuralistas como Monique Witting, desarrollan sus teorías sobre el rol del individuo en el cambio de las estructuras. Este nuevo paradigma tuvo su máxima expresión teórica en el concepto “de-construcción” de Jaques Derride.

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El movimiento feminista dejó atrás su segunda ola y con ella la ambición de cambiar el sistema de raíz. Desde entonces con el surgimiento de estas nuevas teorías impusieron la idea de que el cambio se dará en el plano individual. Una vez que el sujeto, en el caso de Witting las mujeres (especialmente las lesbianas), toman conciencia de su situación de opresión, pueden comenzar este proceso de de-construccion a través de cambios en el lenguaje. Asi la visibilización de la opresion y la transformación de las categorías tradicionales del lenguaje, abren en la estructura una grieta por la cual se puede modificar.

Los escritos de Wittig han aportado mucho a la visibilización de las lesbianas incluso dentro de un feminismo que muchas veces las rechazaba. “El pensamiento heterosexual” fue un manifiesto disruptivo que abrió la puerta para pensar críticamente el componente heteronormativo que atraviesa las sociedades en el capitalismo.

Pero la teoría de Wittig parte de una definición errónea del patriarcado, al reducirlo exclusivamente a la heteronormatividad, concibiendo a la mujer como uno de los dos polos opresivos de esa heterosexualidad obligatoria. Siguiendo su razonamiento lo opresivo es inherente al género masculino, y la sumisión de la mujer inevitable mientras exista este binomio hombre-mujer.

El principio fundamental en el que se basa la teoría de Witting (y de muchas de sus contemporáneas) el que traza una clara ruptura con pensamiento marxista, es que las ideas existen más allá de lo material. El discurso es entonces la base de la opresión y por lo tanto son el lenguaje y los significados los campos de batalla donde se debe dar la emancipación de las mujeres y la comunidad LGTBI.

Partiendo de este supuesto es que los géneros y la heterosexualidad son construcciones sociales que existen desligadas del sistema económico capitalista que las produce y reproduce para su supervivencia. Y las relaciones sociales quedan también de esta manera desligadas de las relaciones de producción que las constriñen.

Monique Witting cita a Marx en varios de sus textos más famosos, pero resignifica sus conceptos vaciándolos de todo materialismo histórico. Sostiene ella por ejemplo que, “dialécticamente la lucha de clase entre hombres y mujeres es la que abolirá los hombres y las mujeres”.

La pelea por el discurso se libra entre hombres y mujeres, siendo las lesbianas el sujeto emancipador, las que se encuentran en un plano superior de conciencia. La batalla termina cuando se deconstruya en cada persona el lenguaje heteronormativo y falocéntrico. Algunos aspectos de esta teoría son retomados hoy en día por el feminismo radical.

El feminismo socialista por su parte, comparte con estas corrientes la crítica a la heteronorma, la cual reproduce el patriarcado y encuentra formas específicas en el capitalismo. Sin embargo, con el feminismo radical difiere no solo en la estrategia sino en la concepción que tiene de la relación opresión-explotación.

Para las feministas socialistas hay que atacar las bases materiales de este mundo de opresión y explotación. La opresión es vista por las socialistas como algo que va más allá del varón individual, se reproduce en una sociedad basada en una desigualdad de origen: entre una minoría que posee los medios de producción y explota el trabajo de la mayoría. En esta sociedad capitalista la opresión de género (como aquellas divisiones étnicas, religiosas, cuturales, sexuales) es funcional para sostener y reproducirla.

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Por infancias libres, diversas y respetadas. Porque son las futuras generaciones de un legado que sigue en lucha por una vida que merezca ser vivida.

Sin embargo mientras que las distintas etnias, razas y géneros pueden coexistir, la relación antagónica entre explotados y explotadores es la que define la existencia de una por la otra. En palabras del marxista Terry Eagleton “si bien nadie tiene una determinada pigmentación de la piel porque otros tengan otra, si bien nadie tiene un sexo porque hay otros que poseen uno diferente, sí es cierto que millones de personas se encuentran en la “posición” de asalariados porque hay unas pocas familias en el mundo que concentran en sus manos los medios de producción”.

La “deconstrucción” individual a la que aspiran las seguidoras de Witting al dejar en un segundo plano la cuestión de clase deja también de lado a la gran mayoría de las mujeres. Las mujeres trabajadoras, las que cargan con la doble jornada laboral, tienen en el camino de su emancipación la necesidad de liberarse de la dependencia económica de sus parejas, romper las cadenas del trabajo doméstico no pago, conquistar una maternidad no obligatoria, con educación sexual y acceso al aborto. Las teorías que siguen el legado de Monique Witting separan la opresión de la explotación constantemente, ven a la opresión como algo estático, y aislado de esta sociedad que reproduce constantemente las desigualdades.

La crítica a la heteronorma no puede verse de forma aislada al sistema económico en el que vivimos. Entender eso, es abrir el paso a la lucha por una verdadera libertad sexual que no puede pensarse sin el objetivo de una revolución social que cambie la realidad material de las mayorías explotadas.



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