Ni cierre ni vaciamiento de los profesorados

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En medio del malestar social por tarifazos, devaluación y techo salarial, y luego de que se rompiera el cerco mediático, el Gobierno prepara el plan B: cierre gradual de los profesorados.

Con el corte en el Obelisco y la intervención en la 44° Feria del Libro, estudiantes y docentes rompieron el cerco mediático que aislaba la lucha por nuestros profesorados. Esto se dio en el marco del hundimiento de la imagen del Gobierno nacional y de Larreta. La bronca por los tarifazos y los techos salariales se agudizó esta semana con la corrida cambiaria que fue detenida momentáneamente mediante más intereses para los especuladores y un ajuste fiscal de 30.000 millones de pesos, mientras la inflación se sigue disparando.

Es así que la ministra Acuña tuvo que aclarar que querían debatir el proyecto y alargaron lo tiempos de tratamiento en la Legislatura. Mientras tanto, el ya “mal” conocido para los docentes Abrevaya, que fue el voto que definió el cierre de las juntas docentes en el 2011, dejó claro en su columna del diario Clarín que podría haber un proyecto “alternativo” para que la UniCABA salga. Al mismo tiempo, y mientras se prepara la movilización del miércoles 9, Eduardo López, secretario general de UTE-CTERA, a quien docentes y estudiantes le exigen un gran paro educativo, salió en declaraciones mediáticas diciendo: “Le decimos a Rodríguez Larreta que abra todas las universidades que quiera”. Al coro de guardavidas del macrismo se sumó Gustavo Zorzoli, rector del Colegio Nacional Buenos Aires, afirmando “apoyo la iniciativa de la creación de una universidad para la formación continua de los docentes, que se articule con los institutos, ofreciendo licenciaturas y postgrados gratuitos”

Ni “reformismo” permanente, ni gradualismo

No es aceptable una universidad creada a la imagen y semejanza del macrismo, en donde el ejecutivo defina a dedo, por medio de un rector interventor, quien trabaja y con qué contenidos. El Gobierno de los CEOs sólo nos traerá más mercantilización de la educación, con programa de precarización como el “Elegí enseñar” o negocios con las plataformas educativas de las multinacionales. No lo queremos para la formación inicial, como así tampoco para la formación continua, eso le debería quedar claro a Abrevaya, Zorzoli y López.

Pero el peligro de estos proyectos “alternativos” es aún mayor. No se trataría de un empate en la lucha, sino de un cierre gradual. Para clarificar, tomemos el caso de la UNIPE, creada por el kirchnerismo con el objetivo inicial de dar formación continua en la provincia de Buenos Aires. Desde este año, no sólo tiene oferta en la ciudad de Buenos Aires, sino que agregó carreras de formación docente inicial. Su cogobierno consiste en un Consejo Superior de 11 miembros en donde sólo 1 es estudiantil y la totalidad de la planta docente fue designada según los “criterios” de los rectores “normalizadores”.

Cuando decimos no a la UniCABA, no a los proyectos alternativos, hablamos de defender la autonomía y cogobierno de nuestros profesorados, no queremos que este, ni ningún Gobierno intervenga despóticamente en la formación docente. Estas propuestas de coexistencia implican por un lado el ahogo presupuestario y por el otro la competencia por la matrícula. Abrevaya en su nota en Clarín dejó claro este objetivo “hay que asumir responsablemente que, si no hay alumnos suficientes, no hay instituto”.

Los problemas reales de la formación docente

Según un informe realizado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el 78% de las y los estudiantes trabaja, y en condiciones precarias. Con un sueldo que no alcanza, con trabajos precarios de ocho, nueve o más horas. Esta es la realidad a la que se enfrentan muchos estudiantes, dificultades que muchas veces ponen en duda la continuidad de su formación.

Hay otra realidad a la que el macrismo tampoco da respuesta con su proyecto. En los profesorados la composición femenina es mayoritaria, llega hasta el 80% o más para el nivel primario e inicial. Muchas de las estudiantes son madres, algunas, únicos sostenes de hogar, deben hacer malabares para poder estudiar sin abandonar o retrasarse. Es una demanda indispensable que haya juegotecas en todos los institutos, en donde todos esos niños y niñas puedan pasar tiempo ahí de manera didáctica, recreativa y educativa, para que sus madres y padres puedan seguir cursando.

Mientras tanto 31 profesorados privados, en su gran mayoría religiosos, reciben este año más de 340 millones, cuando tienen sólo 590 egresados por año. Es decir que se gasta más de medio millón de pesos por egresado, para una formación que no respeta la ley de educación sexual integral. Es inaceptable que sea el mismo Estado quien promueve y financia la fragmentación del sistema educativo entre estatal y privada, cuestión que ratificó el kirchnerismo con su Ley de Educación Nacional del 2006.

Este año, el presupuesto educativo para la Ciudad de Buenos Aires es el más bajo de la historia, sin embargo, el gasto en deuda pública sigue aumentando. Las jerarquías están claras y es hora de dar vuelta el debate. Quienes, a pesar de mil trabas, sostienen día a día la educación pública y la formación para esa tarea, somos los docentes y estudiantes, justamente quienes no fuimos consultados por el Gobierno para elaborar el proyecto UniCABA, ni tampoco por Abrevaya, Zorzoli ni Eduardo López con sus contrapropuestas.

Por profesorados al servicio de las y los trabajadores

¿No ha demostrado la comunidad de los terciarios que son los que más saben sobre formación docente? ¿Acaso no tienen más de 100 años de experiencia formando talentos de la talla de Julio Cortázar? Es tiempo de reconocerles una autonomía plena, como a las universidades, y profundizar la democratización de sus órganos de cogobierno. Democratizar los órganos de cogobierno con mayoría estudiantil, claustro único docente y participación no docente, estableciendo el voto directo, como mecanismo de elección de autoridades y revocabilidad de los cargos, no es una demanda desligada de que se exprese el avance de un programa transformador, ligado al movimiento obrero y a sus luchas. Dar esta pelea lleva a cuestionar las trabas materiales estructurales que hoy imposibilitan el acceso y permanencia: sin becas integrales para poder estudiar, sin una reducción de la jornada de trabajo para poder trabajar y estudiar, sin salarios iguales a la canasta familiar para docentes y no docentes, no es posible siquiera pensar en el avance de un programa que revolucione la formación docente.

¿Y si en lugar de subsidiar profesorados religiosos con 340 millones por año se la damos a los estatales? ¿No se podría jerarquizar así la carrera docente con mejores edificios, becas integrales y juegotecas? Con ese dinero se podrían dar más de 1800 becas equivalentes al salario inicial de un docente durante los doce meses del año. Sería un gran paso para terminar con la falta de docentes y mejorar en los hechos las condiciones de estudio.

Desde ya que para esto necesitamos más presupuesto educativo, lo que sería posible si dejamos de subsidiar la educación privada y religiosa, de pagar la deuda externa y aplicando impuestos progresivos a las grandes fortunas. Exigirle al Estado que se haga cargo de financiar no significa que tenemos que dejar el control en manos de funcionarios que representan los intereses de la clase dominante, de los empresarios, de las cadenas editoriales, de los organismos financieros internacionales. De Carlos Marx a esta parte sostenemos que “eso de ‘educación popular a cargo del Estado’ es absolutamente inadmisible. ¡Una cosa es determinar, por medio de una ley general, los recursos de las escuelas públicas, las condiciones de capacidad del personal docente, las materias de enseñanza, etc., y, como se hace en los Estados Unidos, velar por el cumplimiento de estas prescripciones legales mediante inspectores del Estado, y otra cosa completamente distinta es nombrar al Estado educador del pueblo! Lo que hay que hacer es más bien substraer la escuela a toda influencia por parte del Gobierno y de la Iglesia”.

Nuestra educación, la de millones de jóvenes, vale más que sus ganancias. Pero los ministros, tecnócratas y burócratas no pueden darle una salida a esta crisis.

Necesitamos un gran Congreso Educativo Nacional, donde docentes, estudiantes y familias podamos definir un programa para salir de la crisis a donde nos llevaron todos estos gobiernos que defienden los intereses del mercado.



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