¿Qué pasa si no pagamos la deuda?

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Ya pasó varias veces en la historia pero siempre fue por imposibilidad de cumplir con los compromisos a los acreedores. ¿Cómo se desarrollaría una situación en la que no pagar fuera una decisión soberana del pueblo trabajador?

En las últimas semanas, con la “turbulencia” política y económica que atravesó el gobierno, se volvió a instalar un tema que en Argentina ya es viejo y conocido: la deuda externa. En todos lados se habla del tema: ¿Volver al FMI nos va a llevar a otra crisis como la del 2001? ¿Alguna vez terminaremos de pagarla?

Mientras tanto, algunos nos preguntamos: ¿pagarle al FMI es una salida para ser un país soberano? ¿Y si no la pagáramos?

La estructura económica argentina lleva a que cada diez o quince años el pago de la deuda se transforme en un verdadera problema, como pasó en 1989 y en 2001. Aunque seguimos pagando, siempre llegamos a una situación en la que se hace imposible mantener los compromisos con intereses multimillonarios.

Entonces ¿la única opción que hay es volver a soportar una nueva crisis? ¿Qué pasaría si Argentina no pagara la deuda pública, no por imposibilidad sino porque tomara una decisión soberana? El prejuicio es que “sería imposible” por las represalias del imperialismo. Las frases que surgen en este sentido son varias.

“Se van a llevar toda la plata del país”

Argentina es un país semicolonial y dependiente porque la mayoría de las empresas y tierras están en manos de potencias extranjeras que se dedican a robar nuestros recursos y nuestra plata. Unos cientos de empresas multinacionales y los principales diez bancos manejan una parte importante de la economía para su propio beneficio.

Lógicamente, lo primero que harían ante la decisión de Argentina de no pagar sería fugar sus ganancias al exterior. El macrismo intenta naturalizar que la toma de deuda, como la que plantean ahora con el FMI, es para evitar esto y que el dólar se dispare, porque el problema al que se enfrenta siempre el país es la falta de dólares.

Sin embargo, estos sectores fugaron toda la plata en 1989 y en el 2001, ante la crisis hiperinflacionaria y el estallido del corralito, justo antes de que Argentina no pudiera pagar sus compromisos financieros. Siempre que Argentina pagó, las crisis de deuda terminaron arruinando a los pequeños ahorristas pero no a las grandes empresas multinacionales. Ellos saben cuándo les conviene sacar su plata de los bancos.

Ante esa situación, la primera medida que tiene que acompañar al no pago es la nacionalización de la banca en un sistema único estatal, para cortar de raíz con la especulación financiera. Esto permitiría además otorgar créditos con bajo interés a pequeños comerciantes para sostener sus comercios o a las familias para que puedan, por ejemplo, acceder a una vivienda. También evitaría que las multinacionales usen la fuga como un mecanismo para “castigar” a Argentina ante medidas de decisión soberanas.

“Nos van a bloquear, vamos a quedar aislados”

El imperialismo y los organismos financieros no se quedarían de brazos cruzados al no poder fugar capitales. Por eso implementarían distintas represalias.

La principal entrada de dólares al país proviene de las exportaciones del campo. Las mismas están concentradas en veinte empresas de capitales extranjeros que exportan materias primas o de agroindustria: Minera Alumbrera, Cargill, Dreyfus, Pan American Energy, Bunge, por nombrar algunas.

Por eso podrían decidir “atacar desde adentro”. Si ya especulan con la venta o almacenamiento de granos para venderlas cuando les conviene, es lógico pensar que ante la nacionalización de la banca decidan postergar su venta y reducir de esa forma la entrada de dólares al país.

Entonces es necesario instaurar el monopolio del comercio exterior, para que el Estado legisle sobre lo que se importa, lo que se exporta y la entrada y salida de dólares para equilibrar la balanza de pagos y organizar un plan económico basado en las necesidades del pueblo trabajador. Que lo que se exporta no genere desabastecimiento o que todo lo que se produce pueda o no venderse según esas necesidades: ¿Cuántas veces vimos cómo se tiran alimentos cuando hay tantos pobres en Argentina?

Aún suponiendo que Estados Unidos decidiera hacer un bloqueo, ¿no podría Argentina seguir comerciando con otros países? Contamos con recursos naturales que a muchos les servirían. Hoy nuestro principal comprador de soja es China, que probablemente a costos competitivos haría oídos sordos a su principal rival imperialista. ¿No pasaría algo similar con nuestra relación económica con Brasil o con el resto de los países de América Latina?

“Van a generar un desabastecimiento”

Estas empresas seguramente querrán enfrentar al monopolio del comercio exterior para defender sus intereses. Probablemente llamarán a un “lock out”, es decir, a un “paro” empresarial, sin producción, como medida de protesta. Si ya lo hicieron cuando quisieron subirles un poco las retenciones en 2008, con más razón lo harían ante esta situación.

Si esas empresas no quieren producir en el país y no les preocupa dejar en la calle a miles de trabajadores, entonces el Estado tendrá que hacerse cargo de ellas. Sacarlas del medio puede permitir que Argentina produzca y sea competitiva, no solo en las materias primas sino también en productos más elaborados.

Esa entrada de dólares, ahora manejada por el Estado, podría acelerar un proceso de créditos baratos para el desarrollo de la técnica y la ciencia, que lleve a un salto estructural en el proceso industrial. Son los trabajadores los que podrán dirigir estas empresas mejor que nadie, ya que son los que diariamente producen en ellas.

“¡Nos van a querer hacer una guerra!”

¿Es posible, a esta altura, una invasión imperialista? Muy probablemente Estados Unidos no estaría muy contento con estas medidas soberanas, que además podrían impulsar a otros pueblos del mundo a cuestionar los mecanismos por los cuales el imperialismo los saquea diariamente.

Pero una guerra de esa magnitud, ante el hecho de que un país se niegue a cumplir con sus compromisos de deuda, podría generar un movimiento antiimperialista multitudinario, no solo en Argentina y Latinoamérica, sino en el resto del mundo. La invasión de Estados Unidos a Vietnam, por ejemplo, generó un enorme rechazo que llevó a masivas movilizaciones en el corazón del imperialismo, dándole un golpe importante a su política militar.

“Plantear esto en este momento es una utopía”

Para pelear por la liberación nacional de un país dependiente habrá que aplicar estas medidas de defensa nacional. Está claro que el gobierno macrista no podría llevar adelante semejantes propuestas. Solo un gobierno de los trabajadores, que cuestione las ganancias empresarias para poner esos recursos al servicio de las grandes mayorías, enfrentando al imperialismo y apoyándose en los pueblos del mundo, podría lograrlo.

Los trabajadores y los jóvenes no podemos esperar a votar cada dos años mientras el macrismo nos hunde en la miseria y los empresarios se organizan y conspiran diariamente contra nosotros. Por eso, ese gobierno solo podremos conquistarlo con enormes movilizaciones en las calles, arrancándole a las dirigencias sindicales un paro general y un plan de lucha para derrotar el ajuste. La gran resistencia a la reforma previsional fue solo un pequeño ejemplo de eso.

Para eso necesitamos construir nuestra propia organización, un partido revolucionario, que apueste a ir más allá y se proponga la enorme tarea de dirigir el enfrentamiento contra el imperialismo y los empresarios para construir una sociedad donde los recursos que producimos día a día no estén destinados a una pequeña minoría sino al bienestar de la humanidad.



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