Sobre universidades y pobreza: ¿vamos a aceptar la educación de Macri y el FMI?

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Recorte de incumbencias, desfinanciamiento en Ciencia y Técnica, endeudamiento con el FMI. La gobernadora Vidal dijo “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”. ¿Vamos a aceptar la educación que nos imponen Cambiemos y sus falsos opositores?

Los proyectos del gobierno nacional y el FMI, además de ajustar a las grandes mayorías trabajadoras, también tendrán impacto en la educación, principalmente recortando el presupuesto y reorientando recursos hacia las carreras que considera prioritarias. Las ciencias sociales, humanísticas y artísticas no son consideradas importantes, por lo que son el primer blanco de ataque de este gobierno. Junto con el desfinanciamiento de estas carreras, se cierran cursos y modalidades en escuelas, carreras y terciarios enteros en la provincia y el país. Ahora se restringen las incumbencias de varios títulos de grado, con la aprobación de los rectores, como Pizzi, el mismo que dijo que hay carreras que deberían ser cerradas. La gobernadora María Eugenia Vida, desde el exclusivo Rotary Club, cuestionó las universidades de la provincia de Buenos Aires porque “todos sabemos que nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”. Este discurso de clase donde la educación pública es un “gasto” innecesario para los pobres, está al servicio de una universidad ajena a las mayorías trabajadoras, al servicio de las empresas y que reproduzca el orden social vigente.

En los años ‘90, el Banco Mundial y el FMI avanzaron sobre las universidades mediante la sanción de la Ley de Educación Superior, recortando contenidos en las carreras de grado, mercantilizando la educación con pasantías en empresas multinacionales, imponiendo exámenes de ingreso que resultaron un filtro para elitizar las carreras más concurridas, y de conjunto promoviendo una ideología meritocrática y una educación al servicio de la formación de “recursos humanos”, como si de gestionar empresas se tratara. ¿Qué otro modelo podemos esperar con el FMI exigiendo una reforma laboral, baja de salarios, recorte en el gasto público y aumento de la edad jubilatoria?

El kirchnerismo y el conjunto del peronismo, que sólo están preocupados por las elecciones de 2019, no tienen una propuesta alternativa para la educación. Durante sus 12 años de gobierno no derogaron la Ley de Educación Superior menemista; destinaron miles de millones a pagar la ilegítima y fraudulenta deuda externa, que podrían haberse destinado a mejorar la educación pública, y hasta le aportaron su ministro estrella, Lino Barañao de Ciencia y Técnica, al gobierno de Macri, para reorientar hacia el mercado y vaciar el CONICET y administrar el ajuste que estamos enfrentando las y los becarios, investigadores y docentes universitarios. En la UNCuyo, la supuesta “oposición” a Pizzi la encarna Adriana García, que actualmente integra la gestión de Pizzi y apoyó a su fórmula en el ballotage, además de representar a lo más conservador del peronismo católico, parte de un régimen que ha mantenido bajo el oscurantismo a Filosofía y Letras durante décadas.

Este proyecto educativo también tiene un impacto en lo pedagógico, la educación cada vez responde más a un criterio estandarizado, basado en la meritocracia y la evaluación numérica, que no evalúan procesos ni calidad. Existen un sin fin de ejemplos, de prácticas -más o menos escritas, mas o menos ritualizadas- donde se sigue reproduciendo las asimetrías entre docentes y estudiantes. Junto con los horarios de cursado, imposibles de sostener para estudiantes que trabajan, el verticalismo en las aulas es una de las razones que exponen los estudiantes de la UNCuyo para cambiarse a universidades privadas, donde contradictoriamente se encuentra la mayoría de los estudiantes universitarios de las clases trabajadoras de Mendoza. Su contracara es la precarización de cientos de docentes que no acceden a los privilegios que tienen las autoridades universitarias y pueden pasar años sin concurso o cobrando salarios de miseria.

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Los exámenes individuales, con notas numéricas y el examen final buscan atomizar el proceso de conocimiento al evaluar en una sola instancia el proceso de aprendizaje de un sujeto. Los exámenes finales muchas veces refuerzan las asimetrías entre docente-estudiante porque se presta para abusos de poder o discriminación misoginia por parte de algunos docentes hacia las mujeres. Por ejemplo, en algunos países han naturalizado tanto esto que han creado salas anti-stress para que los estudiantes puedan llorar, angustiarse o vomitar antes o después del examen. Parece más fácil poner parches que preguntarse qué es lo que causa esta situación en primer lugar.

La idea medieval de que el docente sabe y el “alumno” no sabe, se refuerza más aún en los contenidos de las cátedras y las formas pedagógicas con las cuales se les enseña. Los estudiantes por qué no pueden participar del propio contenido de sus cátedras, discutir los contenidos del programa y debatir la propuesta pedagógica en cada cátedra, como sí sucede en otras universidades del mundo.

El problema del examen final se vuelve a repetir con la elaboración de tesinas para recibirse en las licenciaturas. Nuevamente el mismo conflicto, las mismas angustias, las mismas inseguridades, las mismas injusticias, donde los estudiantes nos sentimos en el blanco de la crítica. No es posible acaso que se evalúe de diferentes maneras el proceso por el cual obtenemos el título universitario. No podríamos elegir distintas vías como trabajos de pasantías, prácticas docentes, seminarios de investigación, elaboración de tesinas o proyectos sociales con organizaciones, sindicatos, partidos, etc que se ajusten más al perfil que los estudiantes quisiéramos.

Terminamos y ahora qué, viene la pregunta. Somos arrojados al mercado laboral, engrosamos las filas del ejército de reserva y cabe preguntarse qué tipos de profesionales e intelectuales han formado en la universidad. Egresados de las facultades sin ningún cuestionamiento pedagógico volvemos a reproducir a imagen y semejanza esos modelos que adquirimos en nuestra enseñanza superior. Cabe preguntarse una vez más para qué estamos estudiando, para quiénes enseñamos y qué conocimiento producimos, si es al servicio de este orden que fue cuestionado históricamente por los estudiantes de la Reforma Universitaria, del Cordobazo y el Mayo Francés.

Entonces sí verdaderamente nos importan los y las estudiantes, sus egresadas y egresados y el conjunto de la educación pública es necesario volver a discutir qué proyecto de universidad queremos. El Frente Desde Abajo por eso proponemos rechazar el acuerdo con el FMI, no pagar la deuda para destinar más recursos a la educación pública e impulsar un gran congreso pedagógico entre estudiantes, docentes y toda la comunidad educativa que discuta profundamente los métodos de enseñanza en la universidad. Que se revise el método de examen final y la nota numérica como el único método de evaluaciòn sin tener en cuenta métodos cualitativos y de procesos, una situación que se presta en muchos casos a abusos de poder y misoginia. Proponemos la participación de los estudiantes sobre el contenido de los programas de las materias y sobre la propuesta pedagógica de las cátedras. La elección de la modalidad por la cual obtener el título universitario, que no se reduzca a la elaboración de una tesina, que incluya diversas modalidades más ajustadas a la necesidad y perfiles del estudiantado.

Estas propuestas no están dirigidas a permanecer en una torre de marfil, sino a luchar por una educación que, además de pública, gratuita y laica, (conquista cada vez más amenazada), nos permita ser sujetos políticos de la realidad que nos atraviesa y a construir una fuerza social de estudiantes, docentes y trabajadores que cuestione el orden imperante.



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