10 claves para entender la crisis presupuestaria en la universidad

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En todo el país se movilizan miles de estudiantes, docentes y no docentes. Detrás de la paritaria y la deuda en las partidas de funcionamiento, una crisis estructural y la tijera del FMI hacia el 2019.

1) El año pasado, los rectores que componen el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), pidieron un presupuesto insuficiente. Según sus modelos, hacían falta $113.000 millones para 39 universidades. Pero pidieron $110.000 millones para las 57 universidades nacionales que hay en todo el país.

2) El presupuesto que mandó al Congreso el macrismo, y que votaron los diputados de Cambiemos, el PJ, el massismo y el MPN, fue aún menor de lo que pidió el CIN: $103.000 millones. En marzo de este año, la Secretaría de Políticas Universitarias anuncia el recorte $3.000 millones de ese presupuesto y empieza a suspender obras de infraestructura.

3) Se consolida el estancamiento de casi una década del presupuesto universitario en relación al Producto Bruto Interno. Desde 2009, lo destinado a las universidades representó en promedio un 0,81% del PBI (con pisos de un 0,77% en en 2011 y 0,85% en 2015).

(En mayo, María Eugenia Vidal dice que “nadie que nace en la pobreza puede ir a la universidad”).

4) En la discusión del presupuesto 2018 el gobierno prometía una inflación del 10%, elevada a los pocos días (el 28 de diciembre) a un 15,7%. A su vez, pronosticaba un dólar a $19. Hoy, Macri piensa pedirle perdón al FMI porque va a superar el 32% de inflación, y el dólar ya se fue a más de $30.

5) Si lo convertimos a dólares (tomando un dólar a $30,5), el presupuesto universitario es de u$s 3.300. Mientras que a saldar vencimientos de deuda se destinarán u$s 78.000 (casi 24 veces más). La fuga de capitales que financió el gobierno con los dólares del FMI, asciende a los u$s 20.000 en los primeros 7 meses del año.

6) Hasta acá tenemos un presupuesto insuficiente, recortado, y devaluado. Pero no contento con eso, el gobierno retiene durante meses las partidas presupuestarias para gastos de funcionamiento: es decir, para todo lo que no es salarios. Millones de pesos que faltan en decenas de universidades para cumplir con los gastos corrientes.

7) El gobierno no dio respuestas a las y los docentes, y terminando agosto aún no se cerraron las paritarias. En un hecho insólito, mientras la inflación aumenta por las nubes, Macri bajó la oferta de 15% a un 10,8%. Hoy, una docente del Comahue, por ejemplo, con 5 años de antigüedad y dedicación parcial, cobra $12.600, casi 4 veces menos que un obispo…

8) El ajuste pega especialmente en las y los estudiantes que trabajamos, o de familias trabajadoras. Aumentos en los colectivos, alquileres, apuntes, alimentos. Más despidos y más precarización. Pero se estima que el gobierno otorgará 360.000 becas “Progresar” menos que en el 2017.

9) Para el 2019, los 57 rectores con voto en el CIN elevaron nuevamente un presupuesto insuficiente, sabiendo que será recortado. En sus pedidos, mantienen un esquema que, como plantean las federaciones docentes, destina 90% a pagar salarios. Mientras que en la UNAM (México), el 61% va a salarios, un 26% para investigación y un 8% para extensión universitaria, por ejemplo.

10) Pero lo peor está por venir: el FMI le ordenó al gobierno reducir $300.000 millones el “gasto fiscal”. El proyecto de presupuesto 2019 lo redactará Lagarde, lo enviará al Congreso Dujovne, y ahí lo votarán los mismos que ajustaron a los jubilados y mantuvieron el aborto en la clandestinidad. Se rumorea que puede ser un presupuesto nominalmente igual al de 2018, es decir, con un ajuste real brutal. ¿A quién se le puede ocurrir que la universidad no será un blanco privilegiado de este nuevo saqueo? ¿Por qué al FMI le preocuparía la continuidad de la universidad pública?

Una salida para la crisis universitaria

Los recursos están, pero se destinan a pagar una deuda ilegítima y fraudulenta, multiplicada durante la última dictadura cívico militar. O se fugan al exterior como nunca antes. No hay forma de aumentar el presupuesto educativo sin cuestionar esta sangría. Por eso, desde la Juventud del PTS y las agrupaciones que impulsamos junto a compañeras y compañeros independientes, luchamos por un aumento del presupuesto educativo en base al no pago de la deuda externa.

No podemos dejar el destino de la universidad en un grupo de rectores que cobran decenas de miles de pesos más que un docente, una casta de senadores, o la propia Christine Lagarde. El presupuesto tiene que ser definido democráticamente, por los sindicatos, centros de estudiantes y federaciones. Y tiene que contemplar no sólo el pago de salarios mínimos iguales al costo de la canasta básica familiar, sino también para realizar las reparaciones y obras de infraestructura necesarias, construir edificios en condiciones, un sistema de becas integrales de estudio, la apertura y funcionamiento gratuito de los comedores en las universidades, la construcción de jardines materno-parentales para que nadie abandone la universidad, la inversión en investigación y extensión, etc.

Para imponer un presupuesto acorde a estas necesidades, hay poner en pie un gran movimiento estudiantil, docente y no – docente, que se una a las y los trabajadores en lucha de todo el país en un plan de lucha contundente.



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