25S: a la clase obrera le sobran los motivos para parar

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Frente a la crisis económica, Mauricio Macri propone un Presupuesto de austeridad en 2019, a pedido del FMI, para alcanzar el déficit cero. Pero sólo agravará el brutal ataque sobre los trabajadores y sectores vulnerables en curso. Con una inflación de 42 %, tarifazos y salarios ultradevaluados, sobran los motivos para un paro activo.

En las últimas semanas los ministros del Gobierno e incluso el propio presidente Mauricio Macri, se cansaron de pedir a “todos” los sectores un esfuerzo en estos momentos de creciente crisis económica. Pero a pesar del doble discurso los únicos “esfuerzos” de las medidas económicas de ajuste ya afectan a los trabajadores y a los sectores más vulnerables.

Los amigos del Gobierno, pertenecientes a la gran burguesía nacional, el capital financiero internacional (especuladores), el campo y la banca, han salido muy beneficiados de las corridas cambiarias y por el efecto de la megadevaluación que dejó un tipo de cambio más competitivo (encareciendo las importaciones) pero, sobre todo, abarató la mano de obra.

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Las distintas medidas adoptadas por Cambiemos desde el comienzo de su mandato fueron para favorecer el enriquecimiento de esos sectores, como la Ley de Blanqueo de capitales (a quienes, de mínima, evadieron impuestos), el acuerdo con los fondos buitres para “volver a los mercados de crédito internacional”, los tarifazos beneficiando a las empresas energéticas, o la quita de retenciones.

Pero también implicaron en algunos casos una pérdida de la recaudación del Estado que se consolidó con la Reforma Fiscal de 2017.

Así como mostraron gobernar respondiendo a los intereses de “su” clase (capitalista) ahora proponen un proyecto de Presupuesto para 2019 que recorta el gasto atacando la salud y la educación públicas, al empleo estatal, eliminando los subsidios económicos y habilitando así nuevos tarifazos de servicios públicos, o elevando la alícuota de ganancias para la cuarta categoría, entre otros.

La única partida que crece por encima de la inflación son los intereses de deuda (49 %), que excluye la deuda intraestatal.

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Todo este ajuste fiscal para alcanzar el “déficit cero” que le exige el FMI, calculado en U$S 358.039 millones irá en un 54 % destinado a pagar el déficit financiero que no para de crecer por la constante necesidad de tomar deuda para pagar intereses de deuda; la relación deuda-PBI ya alcanza el 87 %.

Es decir, el ajuste es para financiar la fiesta de los especuladores que en lo que va del año se han fugado más U$S 25.000 millones por la bicicleta financiera, exactamente la mitad del préstamo que concedió el FMI.

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Ante el ajuste, nos sobran los motivos para parar

El contexto macroeconómico actual refleja una recesión que avanza a un ritmo acelerado afectando fuertemente la actividad económica que hacia el segundo trimestre se hundió un 4,2 % y se espera un desplome del PBI de 2,4 % en 2018.

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La inflación Dujovne para 2018 es de 42 % y la inflación de mercado (REM) es de 40,3 %, niveles altísimos que aún no están contenidos por la latente volatilidad cambiaria. En los primeros ocho meses del año los precios acumulan una suba del 24,3 %.

Los alimentos, que explican la mayor parte del consumo de los sectores más vulnerables, tuvieron subas de hasta un 88 % durante el primer semestre, de acuerdo con un informe de la Universidad Nacional de Avellaneda.

La megadevaluación mayor al 120 % en 2018 aceleró la suba de precios y abarató los salarios. A la par, los tarifazos de servicios públicos también aumentan el nivel de precios y atacan el poder de compra de los salarios, que en los sectores formales mayoritariamente cerraron paritarias cercanas al 15 % en cuotas (salvo algunas excepciones como camioneros o aceiteros).

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Un relevamiento realizado por los trabajadores de la Junta Interna ATE Indec que mide Canastas Mínimas de Consumo sostuvo que ningún trabajador debería ganar menos de $ 31.878,80 (en mano).

Otra estimación realizada por el Instituto Estadístico de los Trabajadores (IET) en agosto, mostró que el poder adquisitivo del salario fue el menor desde 2010 y cayó 11,7 % desde noviembre de 2015. En 2016 calcularon que el salario real se contrajo un 5 % y se recuperó parcialmente en 2017, pero en agosto de 2018 se desplomó un 8,3 % interanual. IET afirma que es “la caída más alta en dos años”.

En este contexto de alta inflación y recesión, es apremiante la aplicación de las “cláusulas de revisión” para renegociar nuevos aumentos salariales.

La desocupación fue otro dato alarmante para los trabajadores al pasar del 8,7 % al 9,6 % en trimestre del año respecto a igual periodo de 2017, representando 250.000 desocupados más.

Las mujeres jóvenes fueron las más afectadas al buscar trabajo y no encontrarlo. Mientras la tasa de desempleo para las mujeres pasó de 9,5 % a 10,8 %, para los varones pasó de 8,2 % a 8,7 %. Pero para las mujeres de 14 a 29 años fue de 21,5 % (contra 19,8 % de un año atrás), mientras que para los varones fue de 17,3 % (en 2017 llegaba a 15,4 %). Y la pérdida de empleos en el primer semestre rondó los 24.000 puestos, los despidos y suspensiones están a la orden del día.

Los jubilados también perderán este año por los cambios en la movilidad jubilatoria impuesta en diciembre pasado. Según calculó El Destape, hacia diciembre el haber mínimo con la nueva fórmula será de $ 9.255, registrando una perdida de $ 2.442 respecto a la fórmula vieja, un verdadero saqueo.

Los motivos para adherir al paro sobran, ya que la clave del éxito de la devaluación es controlar la inflación enfriando la economía y planchando los salarios para que no recuperen lo perdido. Hay que tirar abajo el Presupuesto del ajuste a medida del FMI y frenar el saqueo en curso con el no pago de la deuda.

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Por un plan de lucha nacional, hacia una huelga general para enfrentar el ataque a los trabajadores que quieren consumar desde el Gobierno con los votos del peronismo y la contención social de las burocracias sindicales y la Iglesia.

Una salida por izquierda es posible, el camino lo marcan los sectores combativos en lucha como el Astillero Río Santiago, los trabajadores de la salud del Hospital Posadas, los estudiantes y docentes y las mujeres.



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