Aborto: experiencia de una encrucijada

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Fornicar y matar, el libro de Laura Klein que aborda la historia del aborto, se publicó en 2005 y se reeditó en 2013 bajo el título más amable Entre el crimen y el derecho. El problema del aborto. Un libro que hoy se revaloriza al calor de los debates y el movimiento que suscitó la legalización del aborto en Argentina.

La autora contaba en una entrevista, que el cambio del título se le ocurrió al notar que, en los medios de transporte, quienes leían el libro intentaban ocultar la tapa por las fuertes connotaciones de los verbos impresos en grandes letras o también, porque había otros que lo enarbolaban desafiantes. El desafío a la controversia también recorre el libro, desde el comienzo.

En sus primeros párrafos narra una escena de 1994. En un set de televisión, un grupo de profesionales discute acerca del aborto, con argumentos a favor o en contra sustentados en datos científicos, interpretaciones éticas y posiciones políticas. En un rincón del estudio, un grupo de mujeres aguardaban para prestar testimonio de sus experiencias de aborto. “Ellas habían sido invitadas también para hablar, pero no para decir lo que pensaban sino para testimoniar lo que habían hecho”, dice la autora. En un momento de la acalorada discusión entre los “expertos”, la conductora se dirige a las mujeres y pregunta qué opinan de lo que se está debatiendo. Una mujer responde, mientras las demás asienten: “No entiendo de qué están hablando”.

A partir de esta anécdota, Laura Klein reflexiona sobre la distancia existente entre la experiencia de abortar y el debate de ideas, siempre controversial, en el que las mujeres que abortan no se reconocen. Es que, para la autora, la pregunta “a favor o en contra del aborto” obtura la reflexión y, además, es una pregunta que considera al aborto como una cuestión de principios y no como una experiencia. Obtura la reflexión porque exige una respuesta por sí o por no, sin vueltas y porque, planteada de ese modo, no encuentra a nadie que esté a favor. “Todos están ‘en contra’, quienes lo condenan, se oponen al aborto legal –y favorecen, de hecho, su clandestinidad– y quienes defienden su legalización, se oponen al aborto clandestino”, dice Klein.

La lectura que hace la autora nos lleva a cuestionar que, si el aborto es una experiencia y, como tal, es única, intransferible, en el derecho al aborto o el aborto legal se trata de otra cosa. Bien podríamos plantearlo como el derecho de las mujeres a no morir en la experiencia del aborto. Lo cierto es que la experiencia del aborto no va por el mismo camino que el debate de principios. Porque el debate sobre el aborto se aleja, entonces, de la moral sexual para presentarse como un conflicto ético entre derecho a la vida y derecho a la libertad. Y esto es lo que Laura expone en su más cruda realidad, incluso a riesgo de que su libro, como defensa de la legalización del aborto, resulte “una calamidad”. Algo que advierte desde la primera línea.

La encrucijada ética de cada mujer y de la sociedad

En el transcurso de la historia, desde tiempos inmemoriales, las mujeres han sabido proveerse de métodos anticonceptivos y han sabido realizarse abortos. Poniendo en riesgo su propia vida, siempre las mujeres que no eligieron ser madres, tuvieron que tomar la decisión de abortar o no.

Pero una decisión, dice la autora de Fornicar y matar, nunca es el producto de un razonamiento, sino que siempre es una encrucijada ética. En ocasiones, las mujeres podemos elegir no quedar embarazadas. Pero una vez embarazadas (por no haber podido elegir, por haber fallado en evitarlo o por las razones que fuere), proseguir con ese embarazo y tener un hijo o no, ya no es una libre elección, sino una decisión que se debe tomar en el marco de una “libertad condicional”. “¿Qué mujer ‘quiere’ abortar? En todos los casos, está en un trance ético, se ve coercionada a tomar una decisión en el aquí y ahora, no hay retirada ni paz. Se encuentra en una situación de la cual no hay evasión posible ya que no decidir implica continuar embarazada”.

Este análisis de Laura Klein sobre la decisión como una encrucijada y no como una libre elección nos lleva a plantearnos otro interrogante: ¿no es también una encrucijada ética la que plantean las miles de mujeres que mueren en el mundo por las consecuencias de los abortos clandestinos? Desde este ángulo, tampoco debiera tomarse como una libre elección la de estar a favor o en contra del derecho al aborto. Porque el aborto es un hecho que ya se nos presenta en acto, impidiéndonos elegir libremente si queremos que exista o no.

Laura Klein señala algo que es contundente: “el aborto es ilegal, abortar es delito penal, pero las mujeres abortan igual. No tienen el derecho, pero tienen el poder”. Así como las mujeres pueden engendrar, pueden abortar. Pero ese poder no implica libertad de elección. Podemos estar a favor o en contra del aborto, a favor o en contra de su legalización; pero el aborto es un hecho innegable que no se atiene a los principios éticos, ni a los códigos ni a las instituciones jurídicas, políticas o religiosas. Por eso, está muy bien lo que plantea Klein y que ya se conoce, en una versión popular, como una consigna del movimiento de mujeres: “estar en contra del aborto no es estar a favor de la vida, sino a favor del aborto clandestino”.

Es esa dicotomía “aborto legal o aborto clandestino” la que debería estar en juego en los debates y no la otra, falsa dicotomía “en contra del aborto o a favor” que también suele traducirse, maliciosamente, como “a favor o en contra de la vida”. Si el aborto es una encrucijada ética y no una elección, el Estado debiera garantizar que en esa encrucijada las mujeres no sufran infecciones generalizadas, ni perforaciones uterinas, ni hemorragias, ni la muerte. Porque no podemos elegir, como sociedad, que exista o no exista el aborto. Tenemos que tomar decisiones sobre los hechos ya consumados; de la misma manera que una mujer embarazada tiene que enfrentar esa encrucijada ética (abortar o no abortar) sobre un embarazo ya consumado.

Propiedad y libre elección: el individuo burgués en la encrucijada

Desde este punto de vista, la autora nos deja una reflexión que intranquiliza sobre las expresiones que habitualmente se utilizan para hablar del derecho al aborto como el derecho a elegir, sobre la elección de la maternidad como proyecto, etc. (en inglés, quienes están a favor de la legalización, suelen usar la expresión pro-choice). Dice Klein: “La situación de una mujer embarazada que no quiere tener un hijo no es una elección, sino una decisión”. Y esta definición impide todo tipo de caricatura liviana de la mujer embarazada “eligiendo” con frivolidad si interrumpe la vida que está gestando, con la que los enemigos de la legalización suelen ridiculizar y demonizar a las mujeres que abortan. La encrucijada ética en la que se encuentra una mujer embarazada sobre la prosecución o no de ese embarazo, dista mucho de la “libertad de elegir” que experimenta el consumidor frente a las ofertas del mercado.

Este “individuo-consumidor”, figura liberal de la sociedad burguesa, también está cuestionado por la figura de la mujer embarazada.

El conflicto se plantea a nivel de la materia, como si un lamentable accidente de la biología fuese el responsable del encuentro de las mujeres embarazadas y las vidas no nacidas en el vientre preñado donde pueden chocar los intereses de unas y otras. Esta patética utopía de independencia atraviesa los argumentos y metáforas con que las posiciones en debate se oponen y no pelean, se excluyen pero no se contradicen. El requisito necesario es desencajar del sexo al individuo con derechos; la operación, negar el embarazo.

De aquí, Laura Klein desarrolla una reflexión acerca de la tan corriente expresión utilizada a favor de la legalización que es “el derecho al propio cuerpo”. Para la autora, es necesario cuestionar profundamente este argumento según el cual es libre aquel que tiene derechos de propiedad sobre sí mismo, teniendo en cuenta que el embarazo es, justamente, una excepción a esa regla, pero no una cualquiera: es la excepción que permite perpetuar la especie. Señala:

Considerar a la Mujer Encinta como si fuesen dos seres separados –Mujer + Zigoto– habilita a narrar su relación corporal como un litigio entre dos individuos por sus respectivos derechos al propio cuerpo. Insensiblemente, el cuerpo-propio se desliza a cuerpo-cosa-casa, como si se tratara de un objeto más cuya propiedad se halla en litigio entre dos individuos anónimos cualesquiera.

Y más adelante se pregunta cómo puede entenderse que algo forme parte de otra cosa y al mismo tiempo, sea una “individualidad”. La autora sostiene que la contradicción lógica no es para las mujeres ni para los embriones, sino “para quienes pretenden reducir la lógica de la vida a la categoría del Individuo”. En el capítulo siguiente, dedicado a cuestionar el Código Civil, se atisba una respuesta: “Lo que nos hace humanos no es el ADN sino que una madre nos quiera tener. Antes de ser individuos, somos hijos”.

La encrucijada del cuerpo gestante: el poder de fornicar y de matar

¿Cómo hablar de aborto sin hablar de embarazo?, se pregunta la autora. Y es cierto, porque escindir el debate del aborto de aquello en lo cual se fundamenta es bastante sospechoso. Es que llevar el debate hacia el embarazo, nos obliga a debatir qué es la maternidad en nuestra sociedad, qué valores se le han adjudicado, por qué intereses, qué relación con el Estado y el modo productivo, etc. Y cuestionarse la maternidad, ineludiblemente, conduce a pensar la situación social de las mujeres: los estereotipos inculcados, los destinos prefijados según las normas, las violaciones cotidianas, la mercantilización de nuestros cuerpos, etc.

Dice Laura Klein: “Abortar es siempre una experiencia trágica también cuando una mujer no quiso ser madre y decidió abortar, se arrepienta más tarde o no”. Y ahí surge otro interrogante: ¿es acaso la subjetividad (que se juega en esa experiencia intransferible), independiente de la sociedad que interpreta, produce, legitima, confiere sentido, produce esa experiencia, ese deseo, ese no deseo, esa decisión, ese arrepentimiento, ese no arrepentimiento? Creemos que no. La autora reconoce que la mujer “no eligió quedar preñada; está forzada ahora por esa falta de libertad original”. Pero esa falta de libertad original no es esencial, no es ontológica. La falta de libertad original no está inscripta en el cuerpo, anatomía no es destino y menos aún con el desarrollo alcanzado por la civilización humana. Esa falta de libertad nos habla de una situación determinada de opresión de un género, de la mitad de la Humanidad.

Y en esa falta de libertad que caracteriza la vida de las mujeres, hay que destacar el discurso opresor de la Iglesia. En su capítulo sobre la Iglesia Católica, Laura Klein señala de qué manera los verbos “fornicar” y “matar” acompañan la historia de sanción del aborto. Porque la primera prohibición del aborto para el dogma religioso no ponía en consideración el respeto por la vida embrionaria, sino que penalizaba el “pecado sexual” cometido por la mujer, que había desembocado en ese embarazo no deseado. El castigo divino recae sobre la “fornicación”, es decir, sobre el trato sexual con un hombre con el que no se está casada, un pecado que la mujer adúltera intentará disimular con el aborto.

Quizás sea posible imaginar una sociedad donde abortar no sea una experiencia trágica. O donde abortar sea una decisión en vías de extinción, porque no existirían las fallas de los anticonceptivos, ni la imposibilidad de acceso a los mismos, ni la violencia contra las mujeres, ni la ecuación mujer = madre.

Organizarnos para irritar

Laura Klein advierte, contra los discursos a favor del aborto que no se atreven a correr estos riesgos políticos que “no irritar, también tiene sus costos”. Y vaya si lo sabemos quienes actuamos en política y quienes somos activas luchadoras por la despenalización del aborto en Argentina. Aunque suene irritante, no habrá derecho al aborto en la Argentina si no es producto de la lucha de las mujeres, movilizándose de manera independiente del Estado, sus instituciones, el gobierno y los partidos patronales-clericales. Un movimiento que ya demostró poder transformar en agenda política de masas los debates que, cuando salió la primera edición de este libro, parecían reservados para pequeños círculos de activistas.

Laura Klein sabe irritar a amigos y enemigos, corriendo el riesgo político de no ser “políticamente correcta”. Dependerá de quienes lean su libro saber sortear la irritación y proponerse el ejercicio de interrogar e interrogarse, de reflexionar sin eludir la complejidad, y arribar a nuevas y más sabias conclusiones que nos permitan ilustrar, fortalecer, mejorar y profundizar nuestra lucha por este derecho elemental a no morir en una decisión que no podemos elegir con libertad.

“Hay una distancia irreductible entre el discurso del derecho y el de la experiencia. Y la experiencia del aborto dice que el cuerpo no cabe en el derecho, que la tragedia no se resuelve jurídicamente, que hay poderes no legítimos y derechos impotentes”, dice Laura Klein y prosigue para terminar el libro con estas palabras:

Las mujeres ejercen un poder al que no tienen derecho; tienen el poder de infringir la ley. En él reside la fuerza que hace valer la lucha por su legalización: si la ley puede garantizar el ejercicio de las libertades, nos interpela Levi-Strauss, éstas no existen más que por un contenido concreto que no proviene de la ley, sino de las costumbres. Quienes rechazan esa fuerza niegan la parte de la leona que las mujeres tenemos en la experiencia, desconocen ese poder como si fuera peligroso. Y lo es.

Fornicar y matar desacraliza argumentos que considerábamos bien fundados y nos inquieta recordándonos que, cuando se trata de estrategias en debate, el discurso no es irrelevante, ni siquiera accesorio. Es un libro que provoca más preguntas que certezas, sin modificar por eso nuestra postura a favor de la legalización del aborto, que es la posición que sostiene y quiere transmitir la autora con su valiosa e irreverente obra. Recomendable lectura para una nueva generación que, con desparpajo, se apropió de viejos y creó nuevos fundamentos para reclamar sus derechos, tiñendo de verde la política nacional.

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Fotomontaje: Juan Atacho



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