[#AbortoLegal] Tenemos bronca pero mucha fuerza: aportes para seguir luchando

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Luego de una jornada de más de 20 mil personas movilizadas en Córdoba en el día de la votación del derecho al aborto, compartimos algunos aportes para pensar como continúa la lucha de las mujeres y personas gestantes

En Córdoba, el movimiento de mujeres se expresa con muchísima fuerza desde la emergencia del primer #NiUnaMenos. Los viejos dogmas que marcaron la moral y formas de vida de generaciones (impulsados por la Iglesia, el Estado y los partidos políticos tradicionales) hoy son cuestionados por un movimiento que se nutre de los sectores más jóvenes.

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Este fenómeno, que tiene raíces profundas, no se agota en una sola batalla. La pelea por arrancarle al Estado el derecho elemental de no morir por la clandestinidad del aborto puso en evidencia la dimensión de los poderes a los que nos enfrentamos. El poroteo hasta último momento en Diputados y el rechazo en el Senado el 8A viene a advertirlo de manera contundente.

La estrategia militante de la Iglesia

Posterior a la media sanción, la Iglesia se lanzó a disputar más ofensivamente la relación de fuerzas. Para eso, contó con sus propias “trincheras”: las escuelas confesionales que, con el subsidio estatal, emprendieron campañas sistemáticas de adoctrinamiento (incluyendo desfiles marciales de niñas en Santiago del Estero) y persecución a estudiantes y docentes que no se alinearan con la campaña pro-vida, como sucedió en Córdoba con los casos de Romina Molina y Florencia Vega Clavero.

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La percusión clerical se hizo sentir también en sanatorios y clínicas privadas que lanzaron la campaña anti derechos “no cuenten conmigo”. En Córdoba, se ubicó a la cabeza el Portal de Belén, reconocido por haber bloqueado la aplicación del protocolo de aborto no punible.

A la Iglesia católica se unió la Iglesia evangelista para desplegar una ofensiva campaña que disputó un sector de la opinión publica basado en un discurso hipócrita de defensa de la mujer por ser madre y el “niño por nacer” que convenció a un sector de indecisos.

Pero la Iglesia no pudo, aunque intentó, ganar en las calles, ni logró contrarrestar el apoyo mayoritario entre la población a la aprobación de este derecho. Lo que si logró, fue afianzar su alianza con el régimen político, que marcó así su distanciamiento de las demandas de las mujeres y la juventud.

A excepción del FIT, todos los bloques tuvieron diputados y/o senadores que se opusieron a la sanción de la ley, mostrando que nuestros derechos solo son su materia de calculo electoral.

Las pibas vs. los dinosaurios

En la jornada del 8, ante cientos de miles de personas quedó expuesto el carácter antidemocrático del Congreso, con senadores y diputados que cobran cientos de miles de pesos para representar a una minoría de la sociedad y actúan como capataces de estancia.

Lo vimos y escuchamos todo: que no leyeron los proyectos, que puede haber “violaciones sin violencia” y un largo etcétera que se sumó a la invocación permanente de sus creencias religiosas puestas por encima de nuestras vidas.

La presión sobre el parlamento que sostienen como estrategia algunos sectores del movimiento mostró sus límites: un puñado de dinosaurios decidió el destino de millones según sus propios dogmas e intereses, mientras “las pibas” copaban las calles chocando contra un Congreso que no las escucha, pese a tener alta composición femenina.

Argentina posee la composición más feminizada en su Congreso Nacional de todo América Latina. La Cámara de Senadores está compuesta en un 41,6% de mujeres y aún así votó contra nuestros derechos.

Lejos de la “sororidad femenina transversal y multipartidaria” que alentaron los partidos mayoritarios para evitar una radicalización del movimiento y que algunos sectores del propio movimiento de mujeres así lo creyeron, nada tenemos en común con mujeres que todos los días representan los intereses de los grandes empresarios y la Iglesia como Carrió, Larramburu, etc.

Contra quienes nos pretenden hermanadas a mujeres que representan los intereses de las clases dominantes por su sola condición de mujeres, tenemos que redoblar la apuesta por afianzar lazos con nuestros aliados, las y los trabajadores.

Pensando en 2019

A nadie se le escapa que el 60% de las y los jóvenes que hoy son vanguardia de esta pelea votarán en las elecciones del 2019. Ya vimos el accionar de Cristina Fernández de Kirchner: en su primer pronunciamiento justificó que en 12 años de su gobierno no se tratara este derecho, planteando “que la sociedad no estaba preprada para este debate” mientras éramos miles en las calles.

Luego, en esta segunda instancia donde estuvo obligada a votar por la lucha de las personas gestantes, llamó al peronismo a “hacerse feminista” y acto seguido nos pidió no enojarnos con la Iglesia: como si pudiéramos arrancar uno solo de nuestros derechos democráticos sin enfrentar decididamente la resistencia oscurantista de la Iglesia.

Cristina mostró que se prepara para fortalecer su alianza estratégica con el Papa, que actuará como contención frente a la crisis social y económica que amenaza con profundizarse. Buscan evitar cualquier salida independiente a la crisis.

Mientras Cristina busca unificarse con el mismo peronismo feudal que votó y militó contra el aborto y aplica el ajuste en todas las provincias, el Papa influencia sobre dirigentes gremiales y movimientos como la CTEP para contener y evitar cualquier salida de las trabajadoras y trabajadores y la juventud.

Su negocio en común es impedir la convergencia explosiva de los sectores en lucha. No quieren que “las pibas” nos rebelemos ante los poderes más profundos del propio patriarcado: la santa alianza de la Iglesia y el Estado. Un Estado que volvió a demostrar su carácter clerical, antidemocrático y profundamente reaccionario. Por eso desde Pan y Rosas sabemos que solo con la total independencia política, el movimiento de mujeres podrá avanzar de conjunto para conquistar nuestros derechos.

Fortalecer nuestra organización desde los lugares de estudio y trabajo

Aunque aún no ganamos esta batalla, es verdad que si ganamos mejores posiciones para fortalecer nuestra pelea. Ganamos una enorme visibilización de la violencia machista y patriarcal. Logramos la imposición a nivel de masas del debate sobre el derecho al aborto.

Conquistamos el reconocimiento de nuestra enorme fuerza, ganamos en las calles y en las nuevas generaciones que despertaron a la vida política dando esta pelea movilizándonos. Ganamos experiencia para prepararnos mejor.

Desde Pan y Rosas intentamos aportar en este sentido: desde los hospitales dimos una pelea para que los y las trabajadoras tengan un rol activo en defensa del aborto y contra la campaña de la Iglesia, y fuimos parte de la organización del pañuelazo en el Polo Sanitario junto a trabajadoras y trabajadores del hospital Rawson.

Desde las escuelas, además de impulsar el primer encuentro provincial sobre Educación Sexual Integral junto a docentes y jóvenes, lanzamos junto a la banca de la legisladora Laura Villches una gran campaña contra la persecución a Romina Molina y Florencia Vega Clavero. Ambas fueron despedidas por pronunciarse por el derecho al aborto.

Esta campaña logró una gran repercusión a nivel provincial y nacional, lo que nos permitió denunciar masivamente la ofensiva de la Iglesia en las escuelas contra estudiantes y docentes. Esta ofensiva se sustenta en que las estudiantes secundarias sufren muy directamente la persecución en las escuelas religiosas, siendo amenazadas con sanciones o directamente con pedidos de pases o expulsión.

Para darle forma a una organización desde las bases, con ellas impulsamos en común una asamblea interescuelas que votó defender a las compañeras docentes despedidas, organizarse contra la Iglesia y proponer a la asamblea #NiUnaMenos impulsar una enorme marcha el 8A.

Un debate sobre cómo pelear

En la asamblea #NiUnaMenos quedó planteado un debate entre los sectores que no veían necesario movilizar el 8A y Pan y Rosas que, junto a estudiantes con mandato de asamblea, dimos la pelea por una movilización que expresara activamente y de conjunto el movimiento de mujeres, que pudiera ganar las calles al nivel del 8 de marzo pasado.

La movilización del 8A juntó alrededor de 10 mil personas en Córdoba, en su mayoría por pibes y pibas secundarios. Allí se mostró las ganas de movilizarse y el potencial de esa herramienta. Esta marcha podría haber sido aún superior si el conjunto de las organizaciones que intervienen en el movimiento de mujeres la difundían y aportaban a organizarla, cuestión que lamentablemente recayó solo en Pan y Rosas.

Para batallas próximas debemos incorporar, de conjunto como movimiento la importancia de siempre apostar a que nuestra fuerza se exprese masivamente impulsando juntas la movilización en las calles.

Una estrategia para vencer

La estrategia es el arte de vencer, es decir, unir el conjunto de las batallas que parecen aisladas para un mismo objetivo final. Si buscamos torcer una relación de fuerzas más general ante poderosos enemigos, debemos fortalecer en primer lugar la fuerza de nuestra organización democrática en cada lugar de trabajo y estudio para anclar nuestras bases en lugares concretos.

Unir lo que parece dividido, para golpear con más fuerza y dar mejores respuestas a la Iglesia y a los partidos políticos tradicionales. No se puede pensar que al peso de la Iglesia aliada al régimen se le puede oponer una estrategia que tenga su punto fuerte en diseñar políticas de negociación parlamentaria, haciendo lobby con diputados y senadores que están mucho más cerca de la Iglesia que de las mujeres.

Por eso, es fundamental pensar que el movimiento de mujeres no solo debe confiar en sus propias fuerzas jugando a la ganar las calles, sino también buscar aliados sociales fundamentales que cambien esta relación de fuerzas.

¿Se imaginan cómo hubiera sido el voto de los senadores si hubiera acompañando a la movilización y la vigilia, un paro nacional como lo hicieron las mujeres españolas, y amplios sectores de la clase obrera el pasado 8 de marzo?

A la gran fuerza del movimiento de mujeres, que ya se ganó amplios sectores de la opinión publica, le tenemos que sumar la fuerza de la clase obrera que pueda paralizar un país entero por nuestros derechos.

Para eso debemos organizarnos más fuertemente y pelear por arrancarles a los burócratas sindicales esas poderosas herramientas de lucha. Las mujeres trabajadoras ya empiezan a mostrar que pueden ser vanguardia en la peleas por sus derechos, dentro de sus propios sindicatos. Tenemos que apostar a construir esa unidad social que puede ser poderosísima.

En Córdoba, eso parte de la unidad con los docentes que enfrentan la persecución en las escuelas y las y los trabajadores de Luz y Fuerza que son atacados por el gobierno de Schiaretti.

Lo mismo con el movimiento estudiantil que hoy empieza a organizarse para defender su educación publica. Muchas de las que participamos en todas las peleas por los derechos de las mujeres somos estudiantes y queremos levantar demandas donde nuestros derechos también sean reconocidos en los lugares de estudio.

¿Cómo seguimos? Separación ya de la Iglesia del Estado

Solo esa alianza social entre estudiantes, trabajadoras y trabajadores, junto con las y los oprimidos y explotados nos podrá permitir avanzar en la conquista del derecho al aborto y por la separación definitiva de la Iglesia y el Estado.

Si no avanzamos en esta perspectiva con una gran campaña en las calles, en las facultades, colegios , hospitales, lugares de trabajo, etc., la Iglesia y los partidos tradicionales seguirán poniendo todo su poder para frenarnos. Te invitamos a impulsar una enorme campaña junto a nosotras y a seguir la pelea para que efectivamente Iglesia y Estado sean como cantamos “asuntos separados”.



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