Abusos sexuales: para el capellán Lorenzo todo el mundo miente, menos él

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Aún está impune, pero la causa por abuso sexual se reabrió y ahora comienza otra historia. Acaba de renunciar a su cargo en el Servicio Penitenciario Bonaerense. Qué dicen quienes lo desenmascararon.

Luego de que este diario informara en la tarde del jueves que el cura Eduardo Lorenzo renunció a su cargo de capellán general del Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) a raíz de la causa penal reabierta en su contra por abusos sexuales cometidos hace más de diez años, la noticia corrió rápida y varios medios la replicaron.

En el caso del diario El Día de La Plata, difundió un escueto artículo en su portal web. Allí menciona el nombre de Lorenzo recién en el segundo párrafo, como buscando ocultarlo a simple vista. Y explica que el cura antes de renunciar “había pedido licencia en su desempeño como capellán general y finalmente presentó su renuncia argumentando ‘motivos personales’”.

Hay que recordar que El Día, además de ser el diario tradicional de La Plata, se lleva de maravillas con el Arzobispado local. Tanto que el arzobispo jubilado Héctor Aguer es un columnista habitual de esa empresa periodística. Quizás por eso la información sobre el escándalo que rodea a Lorenzo, un mimado de la Curia, tiene un tono particularmente pudoroso.

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Lo cierto es que Lorenzo, acorralado por las firmes denuncias en su contra, se vio obligado a renunciar a un cargo de semejante exposición como es el de ser jefe de los capellanes de todas las cárceles bonaerenses. Y lo hizo enviándole una carta a su jefe eclesiástico, el actual arzobispo Víctor “Tucho” Fernández.

La carta, a la que accedió La Izquierda Diario pero aún no fue publicada ni por el Arzobispado ni por el SPB, está dirigida directamente a Fernández. Allí Lorenzo dice “estimado monseñor, como lo conversamos, informo a usted que he decidido renunciar a mi cargo de capellán general del servicio penitenciario de la provincia de Buenos Aires”.

“El motivo de tal decisión”, dice Lorenzo a renglón seguido, “se fundamenta en la campaña mediática, calumniosa e injuriosa que se ha desatado contra mí (sic) persona”. Habla, por si hace falta decirlo, de León (el joven denunciante), de Julio Frutos y Adriana Lara (los padrinos de León que llevan adelante la querella), de Roxana Vega y Alejandro Disalvo (a quienes él ordenó armarles una causa penal por el hecho de haber querido averiguar sobre la denuncia de abuso sexual) y, obviamente, de periodistas y medios de comunicación que venimos siguiendo de cerca el caso.

En la carta también asegura que renuncia “a fin que esto no afecte el buen nombre del servicio penitenciario y de la capellanía”. ¿De qué buen nombre habla? ¿No es el mismo Servicio Penitenciario que está plagado de denuncias de torturas, asesinatos y de las más variadas violaciones a los derechos humanos? ¿No es el servicio penitenciario de la Masacre de Magdalena de 2005, con 33 personas calcinadas en medio de un inexistente “motín”?

“Espero que la justicia a la cual he acudido llegue pronto a la verdad y se proclame”, va terminando amenazante su esquela. Y le agradece al arzobispo “su paternal acompañamiento” en este trance. No es para menos, si Fernández (no se sabe si por iniciativa propia o por orden de su amigo Bergoglio) es uno de los sostenes más firmes del cura acusado de abusador.

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En diálogo con La Izquierda Diario, las y los protagonistas de haber logrado la renuncia de Lorenzo (y de, probablemente, acelerar los trámites para que juzgado y condenado), cuentan cómo recibieron la noticia.

Julio Frutos es el padrino de León. Un católico practicante que junto a su esposa Adriana encararon hace una década esta lucha por verdad y justicia. Para él “la carta de Lorenzo es, objetivamente, el pedido de un funcionario que opta por renunciar a su encumbrado puesto consciente de que el carácter transitivo de sus imputaciones no tardarían en motivar su despido”.

Aunque, asegura, “también hay mucho de estrategia funcional a sus superiores eclesiales, que rápidamente la aceptan y destinan su puesto a un nuevo destinatario”. Y remarca que “las cartas que ahora intercambian, si bien más escuetas y áridas que las anteriores, no dejan de mencionar la mendacidad de las acusaciones”.

Frutos dice que “ingenuamente” se sigue preguntando qué llevó a los arzobispos Aguer y Fernández “a no querer disipar las dudas tan terrenales que plantea este conflicto entre hermanos de la fe. Esclarecidas mentes, tan dispuestas a explicarnos los misterios sobrenaturales, renuncian en cambio a la posibilidad de haber conversado, ante testigos calificados, con aquellas víctimas de abuso en todas las comunidades en que nosotros las hemos detectado. Tarea que no les hubiera demandado más de una semana”.

Dice que se lo pregunta “ingenuamente”, porque en verdad cree saber “que el superior eclesiástico sabe muy bien cómo obtener la verdad real en casos como estos. Lo que no saben aún, es qué hacer con ello”.

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Adriana, la madrina de León, afirma que “para alguien tan aferrado al poder” como Lorenzo “no es un hecho menor que haya renunciado al Servicio Penitenciario Bonaerense”.

“En lo personal siento algo de alivio en mi dolor”, confiesa Adriana, ya que el cargo de capellán penitenciario, “entre otras cosas le sirvió para amedrentar a sus víctimas. Lamento que después de tantos años, y habiendo tenido tantas oportunidades siga sin arrepentirse, sin pedir perdón a tantas víctimas y, peor aún, que siga poniendo la culpa en los demás”.

“La verdad está saliendo a la luz”, afirma, aunque “para muchos, lamentablemente, ya es tarde. León no miente y Lorenzo lo sabe. Conozco el destrato de la jerarquía eclesial, por eso me solidarizo con todas las víctimas que fueron a contarle sus dolores a otros sacerdotes y salieron aún más heridas”.

Que Lorenzo siga negando los hechos, no me sorprende. Que algunos sacerdotes lo encubran, me entristece. Pero que ninguno reaccione, me espanta. Los mismos que han querido escapar de la justicia se muestran ahora sorprendidos por la condena social”, sentencia Adriana.

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La pareja Vega-Disalvo también recibió la noticia de la renuncia de Lorenzo con mucha alegría. Ellos, como relataron a este diario, recibieron un ataque violento y directo de parte del cura de Gonnet. Solo por haber querido saber si era cierto que el párroco que estaba cerca de sus hijos era o no un violador.

Para Roxana “está perfecto que se aparte de ese cargo. Si, como él dice, está ‘tranquilo’, entonces es mejor para todos. Pero yo, como miembro de la comunidad educativa de la que él está a cargo, quisiera también que dé un paso al costado tanto de la parroquia de Gonnet como de los colegio. Sería una falta total de ética que siga al frente de ellos”.

“Por suerte la causa se reabrió”, festeja Vega. Y aclara que junto a su compañero Alejandro lo único que pidieron siempre “es que se investigue y se llegue a la verdad, que no se tape nada, solamente eso. Que lo dejen de encubrir, que sea una persona más como cualquiera de nosotros y que la justicia actúe como tiene que actuar”.

Alejandro Disalvo agrega que si “durante diez años nunca pudimos hablar libremente, hoy estamos muy contentos de poder hacerlo y que se sepa la verdad. Eso tiene que ver con que la sociedad ha cambiado y también porque ahora él (por Lorenzo) parece que ya no tiene esa banca del poder o esa mano que le daban”.

Disalvo destaca también la figura del abogado de León, Juan Pablo Gallego. “Esto es también porque el patrocinio de él en la causa de León es muy importante, sobre todo porque fue el abogado que defendió a las víctimas del padre Grassi y logró que termine preso”.

“Va cayendo todo por su propio peso”, asegura Alejandro. Y termina con el mismo deseo de su compañera. “A mí me gustaría también que Lorenzo renuncie a los colegios Concilio Vaticano II y San José Obrero de Villa Castels. Y que se someta a la justicia, dejando de mentir como lo hace siempre tanto él como el Arzobispado”.

Eduardo Lorenzo en su misa del último domingo | Foto Enfoque Rojo



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