Acreditación de carreras a la CONEAU: ¿reformas al servicio de quién?

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La habilitación para acreditar carreras a CONEAU resuelta por el Consejo Superior genera posiciones encontradas. Las autoridades se apoyan en la desinformación para difundir falsas afirmaciones.

En cada curso donde se abre el debate, en las charlas de pasillo, hay ganas de saber de qué se trata esta resolución del Superior que habilita acreditar carreras a la CONEAU. La desinformación es muy grande. Hoy cursan en la Universidad generaciones enteras para las que quedó muy lejos aquella enorme resistencia a la LES y la CONEAU en 2004. Las conducciones de los Centros de Estudiantes dedicados exclusivamente a sacar fotocopias y atender bares, en manos de agrupaciones como la CEPA, el FEI, el MILES o Resistencia Sur, cumplen un rol pasivo y funcional a la desinformación, cuando no directamente favorable a la acreditación. Negarse a impulsar el debate es parte de que esos centros no sean una verdadera herramienta política para el conjunto de los estudiantes.

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¿Reformas a cargo de quiénes?

Muchos defensores de las acreditaciones a CONEAU, argumentan que éstas permitirían avanzar en una “modernización” del sistema educativo. Sin embargo, esto no es así. Las verdaderas intenciones que tiene este organismo externo, que busca la constante estandarización de nuestras carreras a través de evaluaciones diagnósticas, para luego regular y actualizar los planes de estudios, es reformar la orientación de las carreras acorde las nuevas demandas del mercado.

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Lo único cierto es que nuestros planes de estudios son viejos, obsoletos, que los mismos son ajenos a las necesidades estructurales de las mayorías trabajadoras y populares y que requieren reformas. Además, los contenidos de éstos suelen quedar atrasados antes los avances de la ciencia o la tecnología que paulatinamente se renueva y se auto-remplaza.

Pero las reformas trazan distintos caminos según quienes las impulsen y a qué intereses responden. No hay que olvidar que la CONEAU se constituyó como órgano para aplicar una de las leyes neoliberales de Menem en la educación, como es la Ley de Educación Superior, con un objetivo claramente mercantilizador que todos los gobiernos posteriores a Menem sostuvieron.

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Estandarizar la educación superior al servicio de la rentabilidad del mercado, actualizar los planes de estudios y ubicar la producción del conocimiento a la “temperatura ambiente” de los climas de negocios que vayan surgiendo, son algunos de los objetivos que persiguió el Banco Mundial, entre otros organismos financieros. Y lo hizo como parte de las políticas públicas que deben adoptar los gobiernos para que la educación deje de ser un “gasto innecesario”, como lo consideran, para los Estados. A la vez que estandarizan el conocimiento para solventar las demandas empresariales, avanzan en eliminar cualquier pensamiento crítico. Un ejemplo de esto, se puede ver en las reformas que se hicieron en las carreras que acreditaron a CONEAU en la Facultad de Ingeniería de la UNCo, abriendo hasta carreras específicas que se reducen a la explotación no convencional (fracking) de hidrocarburos en Vaca Muerta, un proyecto de saqueo de los recursos naturales y contaminación del suelo, aire y agua, convirtiendo nuestra región en un basurero petrolero, mientras amedrentan y desalojan con las fuerzas represivas a las comunidades originarias como la comunidad mapuche que habita esas tierras.

Entonces, ¿los planes de estudio requieren reformas? Sí. La cuestión es si esas reformas serán digitadas por organismos externos a las universidades públicas, violando la autonomía universitaria conquistada hace ya 100 años, o si seremos los propios estudiantes, docentes, no docentes, junto a organizaciones del pueblo trabajador, científicos no comprometidos con intereses privados, etc.

Facultad de ingeniería: un ejemplo de la subordinación a los intereses del mercado

A través de las pasantías gratuitas o mal pagas, los pos grados pagos y las modificaciones en los planes de estudios, las sucesivas gestiones de la UNCo en y la Facultad, convirtieron a Ingeniería en un apéndice de las empresas petroleras. La producción de conocimiento es allí un “bien de mercado” y las aulas son ahora un nicho rentable. Se mantienen convenios con multinacionales como la yanqui Chevron, la francesa Total, Pan American Energy (de capitales británicos, chinos y del grupo Bulgheroni), Tecpetrol (del grupo Techint), Pluspetrol (Poli), la Sociedad Anónima YPF o Petrobras, hoy propiedad de Pampa Energía de los Mindlin, amigos de Macri, quienes a su vez sellaron un convenio propio el año pasado, al tiempo que se convierten en uno de los pulpos energéticos mas grandes del país. Varias de esas empresas tienen prohibido el fracking en sus países de origen, pero vienen a realizarlo a la Patagonia. Y son las mismas que ayer se llenaron los bolsillos con los subsidios millonarios que pagaron gobierno tras gobierno, los que hoy seguirán ganando millones con los tarifazos. Las empresas responsables de este ataque a las familias trabajadoras y populares, que lucran con los servicios esenciales tienen sede oficial en Neuquén amigos en el gobierno, entre las empresas y también en la Universidad.

Con esos convenios, las empresas abaratan costos tanto en Investigación y Desarrollo (I&D), como de mano de obra calificada, que pasa a trabajar en tareas como el trazado de pozos gratuitamente.

Queda a la vista que la LES es promotora de formar profesionales acríticos, que resulten eficientes para maximizar los beneficios de unos pocos, sin importar los padecimientos de las mayorías, que deberán pagar los costos ambientales, económicos y sociales del saqueo de las multinacionales. Necesitan profesionales que agachen la cabeza ante la visión mezquina, depredadora e irracional del mercado capitalista, que conduce al conjunto de la humanidad a la barbarie.

Este mismo ejemplo, se repite en distintas facultades de Medicina con los laboratorios privados, en facultades de Ciencias Agrarias con los agrotóxicos, en facultades de Arquitectura con las grandes constructoras, etc. Desde ya que no todas las carreras suscitan el mismo interés en el mercado. Ese es el caso de las humanísticas. Para ellas, el modelo LES-CONEAU impulsa el desfinanciamiento y la imposición de ideologías que justifiquen y no cuestionen el orden establecido.

Un atentado a la autonomía universitaria y la libertad de cátedra e investigación

Al fijar contenidos e imponer evaluaciones externas para interferir en la orientación que deben tener las investigaciones y los planes de estudios, la CONEAU viola la autonomía universitaria que supo conquistar la lucha del movimiento estudiantil en 1918, rechazando la injerencias externas de la Iglesia e intereses privados.

“Acreditar para que te entreguen el título, acreditar para obtener fondos y presupuestos altos(…)para tener más prestigio y que nuestra carreras sean una verdadera oferta académica para el mercado laboral, para que nuestros títulos valgan más” .

Estás son alguna de las expectativas que generan los defensores las acreditaciones a CONEAU. Siembran ilusiones, que

extorsionan para lograr pasar un avance privatizador, a la vez que alimentan la idea elitista que hace de la educación

una cantera para la meritocracia. Incorporan un filtro económico más al logro de obtener un “prestigio académico” con la incorporación de los pos grados pagos que degradan las carreras de grados y disminuyen la profesionalización del conocimiento.

Graduarse en la universidad para muchos significa la expectativa de un “ascenso social”, poder hacerse de una herramienta que de mejores oportunidades de salida laboral. Pero lo cierto, es que esas aspiraciones se enmarcan en una sociedad cada vez más desigual, donde la gran mayoría vive en condiciones deplorables mientras una minoría goza de la acumulación de riqueza a costa del trabajo ajeno. La “sobrecalificacion” de la mano de obra juvenil es un fenómeno mundial, en un sistema en que para los jóvenes el horizonte es la precarizacion laboral. La forma de resolver lo que para el capitalismo es un “gasto excesivo”, es degradando la universidad publica y dificultando el acceso y la permanencia en ella de los trabajadores y sectores populares.

Centralizan el conocimiento y descentralizan el presupuesto

Al permitir el financiamiento por “terceros”, la CONEAU es un salvavidas del Estado para descentralizar el presupuesto educativo. En lugar de que el Estado se haga cargo de la educación pública superior como un derecho, se desliga de esa función y abre las puertas otras vías de financiamiento externo.

Muy distinta sería una universidad en la que los estudiantes y los docentes junto a organizaciones sociales, de trabajadores, las mujeres, las comunidades originarias, grupos socioambientales, de derechos humanos, o científicos no comprometidos con intereses privados sean los protagonistas del debate sobre qué cambiar y qué no, ¿qué respuestas estudiar e investigar para las incógnitas que nos plantea la realidad actual? ¿Cuáles son los problemas reales de nuestra sociedad a los que la generación del conocimiento podría aportar para solucionar? ¿Al servicio de quiénes debe formar profesionales y desarrollar la ciencia la universidad? ¿Ciencia y conocimiento para justificar y desarrollar las desigualdades sociales o para aportar a la lucha por erradicarlas?

Para empezar a responder todas estas preguntas, lo primero que habría que hacer es abrir las puertas de la universidad al pueblo trabajador y democratizar hasta el final los órganos de gobierno de la universidad para que los más de 30.000 estudiantes, docentes y no docentes junto a la comunidad, definan los planes de estudio y la producción de conocimiento. La lucha por una universidad de los trabajadores está íntimamente ligada a la lucha contra la clase capitalista, que termina convirtiendo todo en una mercancía y obstruye los desarrollos potenciales del ser humano al servicio de sus ganancias.



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