¿Adónde va el movimiento de mujeres?: polémica entre la izquierda y el kirchnerismo

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Los debates que atraviesan a las distintas corrientes que intervienen en el movimiento de mujeres se profundizan en el marco de la preparación del 8M. Tareas y desafíos del movimiento de mujeres, y dos perspectivas opuestas: la del kirchnerismo y la de la izquierda.

Fotos: Enfoque Rojo

Buena parte de los debates que atraviesan a las distintas corrientes que intervienen en el movimiento de mujeres, se profundizan en estos días en el marco de las Asambleas que preparan la movilización del 8M, Día Internacional de las Mujeres. El viernes pasado, en el segundo encuentro, las perspectivas sobre las que se debate quedaron expuestas con mayor claridad.

Por un lado, están quienes quieren llevar la fuerza del movimiento de mujeres hacia el proyecto electoral que tiene el kirchnerismo y más en general, el PJ, que busca conformar un gran frente electoral en el que “entran todos”: desde Cristina Fernández de Kirchner a Miguel Ángel Pichetto, Sergio Massa y Juan Manuel Urtubey, los empresarios que la juntan en pala, los dinosaurios celestes que votaron contra el aborto, les aliades de las cúpulas clericales y las burocracias sindicales que -por cierto- se limitaron a rezar en la Basílica de Luján frente al ajuste en curso.

Por otro, estamos quienes desde la izquierda peleamos por un movimiento que no vaya detrás de ningún proyecto patronal ni clerical, sino que confíe en su propia fuerza y se organice desde abajo, impulsando Comisiones de mujeres en los lugares de estudio, de trabajo y en los barrios, donde todes puedan participar, debatir y decidir los pasos a seguir. Un movimiento de lucha, amplio, democrático e independiente de todos los sectores que garantizan nuestra situación de opresión: justamente, las jerarquías de las Iglesias, las instituciones del Estado, los partidos y políticos que defienden este régimen social.

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Ese es el punto de vista con el que Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda intervienen en cada instancia que se da el movimiento de mujeres. El punto de vista de un feminismo de clase, de un feminismo socialista, que ve en les trabajadores a sus mejores aliades, porque su perspectiva es la de desarrollar un gran movimiento que acabe con este sistema capitalista y patriarcal, que encuentra en la opresión de las mujeres un punto de apoyo inestimable para garantizar su persistencia. Una salida de fondo, para un problema estructural.

El intento de llevar la interna peronista al movimiento de mujeres

“Ya no nos mueve el deseo, nos mueve el hambre, compañeres”, dijo Florencia Minici, del colectivo Ni Una Menos y el Frente Patria Grande, ante la Asamblea de mujeres, lesbianas, travestis y transexuales del viernes pasado. Para resolverlo, propuso que el 8 de marzo haya un documento “que diga cómo queremos gobernar el país”, para echar a Macri.

Otras activistas que integran distintas variantes del PJ, complementaron el llamado y contestaron que “en realidad”, hay que dar “un salto a la política”. “Nuestra tarea son las elecciones”, “tenemos que debatir el armado de las listas”, “hay que construir una alternativa nacional, popular y feminista” para sacar al gobierno de Macri y para que vuelva Cristina.

Las intervenciones, sin embargo, parecían más propias de una mesa de negociación de las listas del PJ, con una fracción de mujeres feministas buscando algún lugar más o menos expectable, más o menos visible dentro del armado, que una asamblea de mujeres. Un “clavado” -más que un “salto”- hacia la interna por los cargos que hoy consume al peronismo por las presidenciales de octubre, y que significaría un retroceso y no un avance para ese movimiento masivo.

Lo contrario, de hecho, al verdadero salto que tiene planteado dar el movimiento de mujeres que en 2018 protagonizó la enorme marea verde, desafiando a los dinosaurios del Senado y a los jerarcas de la Iglesia, despertando la simpatía de millones, acompañando el proceso de miles de pibas que pasaron de este reclamo elemental a un profundo cuestionamiento al régimen que sostiene la violencia machista, e inspirando también a otros sectores a salir a la lucha. Así lo mostraron las valientes trabajadoras de Siam, del Nordelta, de Madygraf (la ex Donnelley) bajo control obrero, y también las docentes y las enfermeras, por mencionar algunos ejemplos donde el rostro de las mujeres estuvo en la primera línea de la lucha contra los planes de ajuste, los despidos y la discriminación laboral.

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La respuesta al planteo de las corrientes del feminismo peronista, sobre la perspectiva del kirchnerismo “para gobernar el país”, ya la había dado sin embargo el propio Axel Kicillof el día anterior a la Asamblea, cuando se reunió con bizcochitos Don Satur y tono austero, junto a los representantes del Fondo Monetario Internacional.

Como era de esperar, el referente de Unidad Ciudadana garantizó que de ser gobierno seguirán pagando a este organismo que prepara un nuevo saqueo en el país, del que sólo podremos esperar más hambre, más despidos, más pobreza. La receta, como se sabe, no es nueva, y muestra que “la unidad” que promueve el kirchnerismo es con los que avalan ese acuerdo, igual que lo hicieron cuando fueron gobierno y del mismo modo que hoy lo hacen ante la injerencia imperialista en Brasil o Venezuela.

La pregunta que se impone, entonces, es ¿cómo pretenden dar respuesta a las problemáticas más acuciantes de las mujeres trabajadoras si ceden a los interes del FMI? ¿Qué proponen las feministas de la “unidad peronista” para terminar con la esclavitud doméstica y en los trabajos que impone la terrible doble jornada laboral para las mujeres? ¿Y para terminar con los tarifazos? ¿Y frente a la violencia y el derecho al aborto? Sobre esto, ninguna referencia. Es que de la mano de los empresarios, las fuerzas represivas, el Vaticano y hasta el FMI, no hay ninguna salida posible para las mujeres.

Dar vuelta todo

El salto que está planteado es político, sí, pero con perspectiva emancipatoria y con claridad estratégica, porque ninguna contienda electoral entre esos politicos burgueses puede ser favorable a la pelea por nuestros derechos. Mas bien, todo lo contrario.

“Todas nos indignamos al ver la foto de la abuela juntando berenjenas mientras reprimían en Constitución. ¡Qué tan hijo de yuta tienen que ser Macri para reprimir a los que no tienen nada!”, dijo Valentina, nuestra compañera secundaria de la agrupación Pan y Rosas. Su intervención en la Asamblea mostraba cuán compartida es la preocupación por el ajuste que golpea a las mujeres con fuerza particular, pero advierte también sobre la magnitud de esa imagen, que es sólo el anticipo de una barbarie a la que nos quieren llevar los capitalistas y sus gobiernos de turno.

Por eso Valentina también advirtió que “con la crisis que se viene, estas cosas se van a repetir”, gobierne quien gobierne. “Cada vez que viene el FMI a las primeras que perjudica es a las mujeres, porque la tasa de femicidios sube o porque somos las primeras a las que despiden y las últimas a las que nos contratan”, dijo.

Su intervención condensaba el planteo de un feminismo que apuesta a darlo vuelta todo, que busca que la crisis no la paguen las familias trabajadoras, los sectores populares y las mujeres que sufren la doble carga del trabajo doméstico, sino los capitalistas. Un feminismo socialista, que quiere aportar a que se levante la clase obrera, a mover los cimientos de los sindicatos para derrotar el ajuste y el acuerdo con el FMI, y para imponer definitivamente el no pago de la deuda externa, que es ilegítima, ilegal, fraudulenta. Para que esa plata vaya para salud, educación, trabajo, para la prevención y la atención de la violencia machista, y no para los especuladores financieros y los organismos internacionales a los que rinden pleitesía los políticos patronales y los gobiernos de turno. “La deuda la tienen con nosotras”, como dijo Valentina.

Por eso también planteamos que para que no sigan muriendo más mujeres por abortos clandestinos, es necesario que se apruebe sin más vueltas el proyecto de la Campaña por el derecho al aborto, que se presentará por octava vez consecutiva porque ningún gobierno -ni kirchnerista ni macrista- nos concedió ese derecho. Por eso mismos exigimos la separación inmediata de las Iglesias y el Estado, la educación sexual integral, la anticoncepción gratuita, y todas las medidas urgentes que desarrollamos en nuestra propuesta de un Plan Nacional de acción contra la violencia hacia las mujeres, que presentamos en la Cámara de diputados con Myriam Bregman, Nathalia González Seligra y Nicolás del Caño, del PTS en el Frente de Izquierda: la única alianza que en el Congreso, junro a las restantes fuerzas que lo integran, banca sin fisuras todas estas demandas, y pelea por ellas.

Desafios y alertas

Nuestra apuesta es desarrollar un movimiento que confíe en su propia fuerza, que se alíe a quienes no tienen para perder nada más que sus cadenas, que se proponga dar continuidad a la marea que en los últimos años irrumpió en Argentina y contagió a las mujeres de otros países, calando profundamente en la subjetividad de millones, con ejemplos como los que vemos hoy en Francia con los “chalecos amarillos”.

Pero un gran movimiento de mujeres sólo puede desarrollarse si es capaz de albergar en su interior a las distintas tendencias, programas, propuestas y proyectos políticos que lo habitan. Si es capaz de convertirse en un movimiento vivo, que no sólo contenga a esa enorme diversidad, sino que también la ponga en debate, para que todas sus expresiones se desarrollen y tengan la posibilidad de convencer a otres de su propia perspectiva, y para que cada decisión resuelta democráticamente en asamblea, pueda ser desarrollada en conjunto.

Lo contrario a la imposición burocrática de los acuerdos tejidos a espaldas del movimiento, en “mesas chicas” a las que luego se dibuja de “consensos”, en burdos intentos por mantener al movimiento encorsetado detrás de intereses que le son ajenos, como la interna peronista. Ese intento, de encaminar detrás del PJ a este movimiento masivo (que por si hace falta decirlo, supera en mucho a las reuniones que se realizan en el barrio de Chacarita), plantea además dos peligros.

Por un lado, el de un retroceso en las conclusiones que dejó la enorme marea verde, que mostró ante millones que las instituciones del Estado -como el Senado y la justicia- y las cúpulas de las Iglesias son fervientes enemigas de los derechos de las mujeres. Por otro, el de regimentar al movimiento, limando toda perspectiva de que conquiste no sólo sus reclamos más urgentes, sino también y sobre todo, la perspectiva de que avance y se desarrolle en el camino de la pelea por todas las libertades y por derribar al patriarcado. Una perspectiva que sólo puede venir de la mano de terminar con este régimen social, basado en la explotación y la opresión de millones de seres humanos en todo el planeta.

Después de tantos años de historia, de tantas mujeres que pelearon por esta perspectiva emancipadora, el próximo 8 de marzo no puede menos que incorporar estos debates como verdaderos alertas. El movimiento de mujeres, sin dudas, tiene planteado dar un salto, pero ese salto sólo puede venir de las conclusiones a las que llegue por su propia experiencia de lucha; de la revisión que realice acerca de quiénes son sus enemigos y aliados; del debate democrático, con todas las libertades y para todas las tendencias que habitan en su interior, y con todas las garantías para decidir y resolver sobre sus propias demandas, sobre los pasos a seguir para profundizar su lucha.

Esa es la perspectiva que apostamos a desarrollar desde Pan y Rosas y el PTS en el Frente de Izquierda para multiplicar y renovar la fuerza de este movimiento masivo que merece desarrollarse y multiplicarse por millones.



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