Ajuste negociado: el FMI "aceptaría" un déficit fiscal primario de 0,4 % en 2019

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Desde el organismo ya prevén que la actividad económica no mejorará y que no se cumplirán las metas pautadas en el acuerdo stand by. Las dudas y los términos de la negociación.

En la segunda misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el país desde el segundo acuerdo de septiembre con el objetivo de monitorear el ajuste, el organismo representante del capital financiero internacional evalúa alternativas tanto económicas como políticas para asegurarse el flujo de pagos de deuda.

Las propias consecuencias del plan de ajuste están complicando al gobierno debido a la disminución de la actividad económica y con ella, de la recaudación del Estado. Ante las perspectivas pesimistas de la economía, el FMI podría “permitir” que el gobierno no cumpla con su meta de “déficit primario cero” para 2019, sino que el mismo pueda alcanzar al 0,4 % del PBI, compuesto esencialmente por “gasto social”.

En realidad, de lo que se trata es de garantizar que las consecuencias del ajuste sobre el pueblo trabajador sean contenidas mediante planes de asistencia social, para evitar el malestar social y mayores niveles de conflictividad. Por ello la figura de Carolina Stanley, al frente del Ministerio de Salud y Desarrollo Social, tendrá mayor protagonismo. Será con ella con quien el organismo mantendrá una reunión antes de que culmine la primer semana de la misión.

Las contradicciones propias del “modelo”

En una visita en la que se intenta no exhibir sobresaltos y que tanto el gobierno como el FMI buscan dar señales de que el plan se desarrolla de acuerdo a lo convenido, todo parece encaminarse a que el FMI aprobará el próximo desembolso de marzo por U$S 10.700 millones, es decir, la mitad de los fondos previstos para 2019 por el organismo, con la respectiva ratificación posterior por el directorio del organismo multilateral de crédito.

Sin embargo, los problemas de fondo ocultos tras el “veranito financiero” no dejan de aflorar. En particular, las consecuencias de la recesión económica, que preocupan menos por sus gravísimos resultados sociales (a los que pretenden apaciguar con migajas asistenciales) que por la posibilidad de que la misma arruine la fiesta de los especuladores de deuda y el cobro de intereses por parte del propio FMI.

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Esto es así especialmente por la caída de la recaudación tributaria real, cuyo principal determinante es el ritmo de la economía, y que va rumbo a empeorarse junto con el agravamiento de la crisis. Los últimos informes de AFIP muestran que en 2018 la recaudación tributaria estuvo casi 12 puntos por debajo del ritmo inflacionario y el primer informe de enero de 2019 también estuvo 7 puntos por debajo.

Por estos motivos, la AFIP, está elevando la presión fiscal y la fiscalización sobre los trabajadores, jubilados y quienes menos tienen, como por ejemplo con el reciente cambio en ganancias que incorporó en el pago del gravamen a casi 50 mil nuevos jubilados y empeoró la situación de otros tantos.

El gobierno intentó calmar las preocupaciones de Christine Lagarde y del enviado a la Argentina, Roberto Cardarelli, apoyado en las previsiones de la cosecha de granos, en la que afirman que entrarán por exportaciones unos U$S 30.000 millones a partir de abril, lo que aliviaría las cuentas externas y las arcas del fisco. No obstante, se trata de la única contratendencia al declive económico, exagerada en su magnitud si se compara con los malos resultados del año previo.

Sin modificaciones al sistema de bandas de flotación del dólar

El día martes el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich rechazó que el FMI pidiera una modificación en la carta orgánica del Banco Central y negó presuntas negociaciones con ese organismo respecto de cambiar el sistema de bandas de flotación para el dólar, que había sido establecido por Guido Sandleris al asumir la presidencia del Banco Central, luego del segundo acuerdo con el FMI.

El FMI propone la aplicación de una política de libre flotación del dólar, pero acordó el sistema de “bandas de flotación” para la Argentina bajo condición de estabilidad cambiaria y monetaria.

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Sin embargo, se deslizaron rumores sobre una posible modificación de la Carta Orgánica del Banco Central a impulso del Fondo, con el objetivo de prohibir por ley el financiamiento del Tesoro por parte de la autoridad monetaria. El objetivo, tal como quedó plasmado en la letra chica del acuerdo es “reforzar la independencia del Banco Central”.

El endurecimiento monetario con un virtual congelamiento de la base monetaria, destrucción del crédito y el consumo y principalmente de ataque al salario real y el poder adquisitivo de los trabajadores fue la receta que derivó en la fuerte recesión de la economía actual. Es la consecuencia del ajuste pautado con la cúpula del FMI para garantizar los pagos de la deuda externa y los negocios de los grandes capitalistas.

Las felicitaciones de los enviados por el FMI a Dujovne y Sandleris, que tendrán la forma probable de un nuevo desembolso que aliente las aspiraciones electorales del oficialismo, no tienen otro objetivo que seguir profundizando los resortes de la sumisión.

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