Alperovich y Mirkin, el doble juego del peronismo tucumano ante el aborto legal

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Son parte del mismo espacio político pero votaron distinto. Las decisiones de ambos están atravesadas por el prisma electoral del 2019.

El senador nunca estuvo

En menos de un minuto, José Alperovich salió de su posición de indeciso ante el proyecto de de ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE). En las primeras horas del 8A, frente a un grupo de periodistas, el ex gobernador de Tucumán dijo: “He estudiado mucho este tema. He recorrido mucho Tucumán, he hablado con todos los tucumanos. Se lo que sienten con respecto a esto. Si bien es cierto que yo no hablado antes es porque no he querido hacer política con esto, porque me parece que como senadores no debemos hacer política con esto porque es un tema que divide mucho a la sociedad. Pero después de hablar con muchos tucumanos, voy a votar en contra de la ley que viene de diputados”. Ante la repregunta, se limitó a un “ya está, ya le acabo de decir”, y apuró el paso para entrar al Senado.

Las redes sociales se hicieron eco del hecho de que un político profesional con más de dos décadas como funcionario haya instado a no hacer política por un derecho que movilizó a millones. Y tras las ironías, comenzaron a aflorar razones de peso que hacen que sea difícil creer que Alperovich podía haber actuado como “aliado” en la lucha de las mujeres. La absolución de los responsables de la desaparición de Marita Verón, con un gran entramado de mafias y redes de trata de fondo; el femicidio de Paulina Lebbos, en el cual el ex mandatario no quiere declarar; el hecho de que Tucumán sea la única provincia sin adherir a la ley de salud sexual y procreación responsable o la fuerte injerencia de la Iglesia en la educación pública que lleva a que se den contenidos religiosos de manera obligatoria.

-Le toca ahora, entonces… ¿el senador Alperovich no está? No, fueron las palabras de Gabriela Michetti cuando era el turno del ex gobernador. A pesar de haberse anotado entre los primeros diez oradores, Alperovich optó por el silencio.

Aunque decidió no explicarse en el recinto, las razones del voto de Alperovich por sostener el aborto clandestino son inteligibles. Por un lado, lo ya dicho. El régimen político tucumano de conjunto está al servicio de la cúpula de la Iglesia Católica, con una relación que combina injerencia en políticas públicas (como en la educación o la salud), financiamiento (subsidios provinciales o cesión de terrenos) junto al respaldo en tiempos convulsivos (como ocurrió durante las denuncias de fraude electoral en 2015).

Como gobernador entre 2003 y 2015, Alperovich supo ser cultor de esa relación con clero, relación que también llegó a plasmarse en la reforma constitucional de 2006. En varios incisos del artículo 40 se toma la cosmovisión de la Iglesia católica, como la harta repetida “defensa de la vida desde el momento de la concepción” (en esto, Alperovich se anticipó a la concesión que hizo el kirchnerismo a la Iglesia en la reforma del Código Civil). En el tercer inciso es revelador: se habla “de protección de la maternidad, favoreciendo la participación laboral de la madre sin que afecte tareas propias del hogar”. Es decir, para la Constitución provincial, las mujeres trabajadoras se reducen a ser madres y a realizar el trabajo doméstico.

Por otro lado también hay razones basadas en un cálculo electoral. Con un disputa de final abierto con el gobernador Juan Manzur y el vicegobernador Osvaldo Jaldo por el 2019, Alperovich quedó en un no lugar luego de la avanzada clerical a la que sus dos rivales se sumaron convencidos. Declarando a Tucumán como provincia “provida” y encabezando una movilización antiderechos, Manzur y Jaldo buscaron congraciarse con el Vaticano. Según el periodista Juan Manuel Asís, en su reciente viaje a Roma, el gobernador no pudo lograr una foto con el papa Francisco por no haber disciplinado a todos los diputados en la votación de la media sanción.

Con la cancha marcada por sus adversarios y por la cúpula clerical, Alperovich votó contra el proyecto de ILE para no perder espacio político. Sin embargo, la indecisión como parte de una especulación política esta vez no sirvió de mucho. Se trató de una decisión tardía que no le permitió capitalizar la cruzada de los pañuelos celestes frente a figuras como Silvia Elías de Pérez o la gobernación; y ante la marea verde quedó como el último senador que se sumó a la lista infame de quienes sostienen la clandestinidad del aborto.

Salvemos a los dos peronismos

Con su voto positivo, Beatriz Mirkin asumió un lugar opuesto al de Alperovich. La prima del ex gobernador buscó rivalizar con Elías de Pérez en las audiencias del Senado y su intervención en la sesión cosechó algunas adhesiones, en un intento deslucido de reflotar la idea de una “sororidad transversal”a los partidos del régimen. “Hay un nuevo escalón. Toma estado público que hay mujeres que abortan en la clandestinidad porque no hay un control del Estado es importante, se lo debemos exigir al Estado que se haga cargo”, sostuvo ayer a modo de balance.

Justamente, el núcleo de la argumentación de Mirkin es el talón de Aquiles de su discurso. Mirkin exige al Estado como si ella no fue parte de la gestión del Estado. Ministra de Desarrollo Social entre 2003 y 2011, diputada nacional entre 2011 y 2013, volviendo al gabinete de Alperovich en sus últimos dos años. Como riñón del alperovichismo, comparte la responsabilidad política en los numerosos derechos negados a los mujeres que mencionamos más arriba como así también de la obstrucción de la aplicación del protocolo de aborto no punible o casos de prisión disciplina, como ocurrió con Belén. Agregando la adhesión al kirchnerismo, que cajoneó seis veces el proyecto rechazado ayer por el Senado.

Mirkin viene además de votar la reforma previsional, que degradó la vida de miles de jubilados junto a una rebaja en las asignaciones universales por hijo. La senadora había compartido un acto con Cristina Kirchner en Tucumán, en donde se había llamado a rechazar la medida macrista y sin pruritos reafirmó su “oposición de diseño”.

Un voto no puede borrar lo escrito durante más de una década, a costa de la vida de miles de mujeres. En todo caso, el voto de Mirkin es un intento de resguardar a los sectores más progresistas del peronismo tucumano, en medio de una interna partidaria por 2019. En esta interna del PJ, los sectores progresistas terminarán nuevamente detrás del peronismo de pañuelo celeste, ya sea por la vía de la unificación electoral o para embellecer a los propios integrantes de su conducción, como el propio Alperovich, surgidos de un régimen enemigo de las mujeres. Camino que además busca sacar de las calles a la marea verde.

Con la batalla por el aborto legal, el movimiento de mujeres experimentó un gran desarrollo con el impulso de muchas jóvenes. A pesar de la Iglesia y un grupo de 38 senadores, las movilizaciones mostraron que ya elegimos y que nuestras fuerzas residen en la calle. Nadie se va a quedar de brazos cruzados, y por eso hay que preparar las próximas batallas, como la pelea por la separación de la Iglesia y el Estado, que va ganando simpatías. Tenemos que redoblar la organización en lugares de trabajo y estudio, conquistando comisiones de mujeres para multiplicar la movilización en perspectivas de acciones más contundentes. Se abre una nueva etapa para multiplicar nuestras fuerzas y terminar de conquistar en las calles el derecho al aborto legal, seguro y gratuito.



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