Argentina y FMI: nuevo préstamo “stand by” de “alto acceso” para ajustar

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El Gobierno anunció que pedirá al organismo un acuerdo SBA. Un tipo de crédito habitual para el país (1984, 1996, 2001, 2003), pero que siempre trajo mayor injerencia del Fondo. Más saqueo.

El Ministerio de Hacienda informó ayer que la Argentina le pedirá al Fondo Monetario Internacional (FMI) un acuerdo financiero “stand by (SBA) de alto acceso”. La firma del acuerdo durará cerca de seis semanas.

Es un pacto que viene de la mano de más controles y condiciones. No es nuevo para Argentina ya en 1984, 1996, 2001 o 2003 por nombrar algunos años se solicitó el mismo acuerdo.

Todos los gobiernos pagaron la deuda, en total, más de U$S 500.000 millones, desde la dictadura militar. El mecanismo de saqueo sigue vigente.

¿Qué es un acuerdo Stand By?

Según explica el FMI en su página web, el préstamo stand by es para los países miembros que enfrenten necesidades de financiamiento externo, donde el organismo presta hasta el 435 % del aporte de cada país (en el caso de Argentina sería U$S 19.780 millones) por un período de 12 a 24 meses, pero no más de 36 meses.

Los países deben cumplir “metas cuantitativas” y “los desembolsos del FMI están supeditados” al desempeño de esas metas, que pueden estar orientadas a las reservas internacionales, el nivel de déficit o el endeudamiento público, entre otras variables.

Si bien el Gobierno no confirmó aún los montos, se difundió que rondarían los U$S 30.000 millones. Pero el organismo aclara que “puede prestar fondos por encima de los límites normales según cada caso en el marco de su política de acceso excepcional, que implica un análisis más riguroso por parte del Directorio Ejecutivo del organismo”.

El Fondo en su página aclara (por si quedan dudas) “cuando un país solicita un préstamo al FMI, acuerda ajustar sus políticas económicas para superar los problemas que lo llevaron a tener que pedir financiamiento en primer lugar”. Los puntos a cumplir tiene que presentarlos Argentina en una carta de intención, que luego es el que aprobará el organismo.

En la actualidad, Irak, Jamaica y Kenia tienen acuerdos stand by.

Una historia de deuda

“Stand By” no es una palabra nueva en Argentina (al menos para los no millennials), ya que es un crédito que históricamente pidió el país. Por este motivo, ante el anuncio del Gobierno del martes se hicieron muchas asociaciones al 2001, un año catastrófico para Argentina.

Las recetas ortodoxas de ajuste, privatizaciones, despidos rondan en la memoria aún. De ahí, el alto rechazo al acuerdo con más del 75 %.

A fines de 1984, Alfonsín acordó un préstamo Stand By con la gestión ministerial de Bernardo Grinspun y Enrique García Vázquez al frente del BCRA con Jacques de Laroisiere como interlocutor en el FMI.

En 1987 también bajo el gobierno de Alfonsín, la Argentina pactó otro préstamo Stand By negociado por el ministro de Economía Juan Vital Sourrouille y el titular del BCRA José Luis Machinea.

Durante el menemismo, hubo Stand By en 1989 (primeros meses de la gestión) en 1991, 1992 1996 y en 1998. La nefasta década noventista vino con una ola de privatizaciones y despidos.

Con de la Rúa, el 10 de marzo de 2000, se pactó un acuerdo Stand By con José Luis Machinea como ministro de Economía.

Entre el 21 de diciembre de 2000 y el 7 de septiembre de 2001 intervino Cavallo a cargo del Ministerio de Economía. El famoso blindaje y megacanje. Es conocido como terminó la historia. Una crisis que dejó a más de la mitad de la población bajo la pobreza.

En 2003 hubo un nuevo acuerdo Stand By durante la presidencia de Eduardo Duhalde, mientras era ministro de Economía, Roberto Lavagna y la negociación la realizó el entonces presidente del BCRA, Alfonso Prat Gay con Köhler.

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El verso k de “FMI go home”

Desde que se conoció la noticia del préstamo con el Fondo el kirchnerismo denunció el nuevo préstamo por “volver” a la injerencia del organismo. Pero ¿nos fuimos del FMI en la “década ganada”?

Néstor Kirchner anunció en 2005 que cancelaba los acuerdos con el FMI, una “patriada” que costó U$S 10.000 millones. El pago millonario al organismo no se podría haber hecho sin la abundancia de dólares comerciales que hubo en esos años.

El kirchnerismo buscó así limitar la injerencia del FMI sobre la política económica a través de sus revisiones anuales. La razón de fondo fue que ante los desequilibrios de la economía que comenzaron a emerger necesitaban tomar políticas económicas adicionales.

Como explica Esteban Mercatante en La Economía Argentina en su laberinto, en ese entonces, el Gobierno necesitaba ganar grados de libertad para hacer una política pro capitalista más intervencionista. Ante los primeros síntomas de que la economía ya no marchaba como antes tuvo que tomar medidas (subsidios, acuerdos de precios, primeras restricciones al comercio exterior) que distanciaron los lineamientos de las prescripciones imperantes en el consenso internacional. Medidas que fueron cuestionadas por el organismo.

Pero Argentina durante el kichnerismo siguió siendo miembro del Fondo, no rompió con la institución, que es líder en imponer los intereses del capital financiero internacional y las multinacionales saqueadoras con el aval de los países imperialistas y sus socios locales.

Cristina Kirchner, además hizo uso de privilegios de ser miembro del Fondo, como contar los Derechos Especiales de Giro (activo de reserva internacional creado por el FMI para complementar los activos de reserva de sus países miembros) como parte de las reservas.

La “menor” injerencia del FMI no implicó cuestionar el ordenamiento internacional en su conjunto ni apuntó a modificar las condiciones de integración internacional del capitalismo dependiente argentino.

Honrar la deuda implicó una salida de dólares que complicó la situación económica cuando se evaporó el superávit comercial.

Ser “pagadores seriales” fue una transferencia de riqueza enorme a los centros financieros y los bonistas.

Durante el kirchnerismo se pagaron U$S 200.000 millones de deuda pública. ¿Y la soberanía? Como dijo Cristina, “la vocación de la Argentina es pagar sus deudas” y así lo hicieron durante la década pasada.

Las penas son de nosotros…

Hoy el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, se reunirá con Christine Lagarde, la titular del FMI. Un nuevo acuerdo de saqueo será pactado.

Las recetas del organismo ya están presentes en el modelo macrista, como los tarifazos por la reducción de subsidios, recorte del gasto público y la reforma jubilatoria. La agenda del Fondo, por el momento, no es muy distinta a las medidas del macrismo. Pero por la historia del FMI en Argentina y en otros países no pueden descartarse mayores ajustes.

Habrá que ver si los fondos verdes calman a los especuladores, o exigen más. Aunque Macri les hable con el corazón, volverán a responder con el bolsillo. Las turbulencias pueden seguir.

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Mientras las negociaciones se cierran, lo cierto es que habrá más endeudamiento. Deuda que crece, a pesar de los millones que se pagaron en todos los Gobiernos. Recursos a manos de los especuladores y muy lejos de los bolsillos de los trabajadores que ven deteriorar día a día su poder adquisitivo con la suba del dólar y los tarifazos.

Ni un peso más para los especuladores. No hay que pagar una deuda ilegítima, fraudulenta e ilegal, que ya se pagó con creces a expensas de las mayorías populares.



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