Automotrices: con “espalda” para sortear la recesión piden reforma laboral en 2019

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En 2018 las terminales multinacionales tuvieron resultados combinados con desaceleración de producción -que se mantiene en niveles históricos altos- y suba de exportaciones. Pero las patronales piden en 2019 implementar el banco de horas, para aumentar su fuente de ganancias.

La industria nacional fue sin dudas uno de los sectores que menos ganaron en 2018. Las consecuencias de la crisis económica pusieron un frenazo a la producción industrial en general por distintos factores, entre ellos las altas tasas recesivas que encarecieron el crédito; y la mega devaluación que mostró efectos contradictorios al limitar las importaciones de bienes de capital, aunque esencialmente abarató la mano de obra.

Desde la Unión Industrial Argentina (UIA) afirmaron en un informe que la producción industrial sufrirá una contracción del 2,3% en 2018, y de cara a 2019 sostuvieron que continuarían “las malas noticias” ya que pronostican que la tendencia a la baja en el sector se mantenga. También problematizaron sobre la caída del empleo industrial y los datos del comercio exterior.

Sin embargo, en la rama automotriz el balance de 2018 no fue de hundimiento, aunque si se registró una desaceleración en la producción. Uno de los motivos que explican este resultado combinado -a diferencia de otras ramas industriales que se desplomaron como la textil- está ligado directamente a la integración productiva regional con Brasil y al respaldo de las multinacionales para afrontar contextos recesivos. La megadevalución cambiemita aportó lo suyo abaratando las exportaciones y la mano de obra local.

A pesar de la recesión económica, los últimos datos sectoriales publicados por la Asociación de fabricas de automotores (Adefa) sostienen que “el balance global de la industria al cabo de los primeros 11 meses de 2018 arrojó sendos resultados positivos de 1,4% en producción, con 446.170 unidades; y de 28,8% en exportaciones, a 246.413 máquinas, más de la mitad de la fabricación del conjunto de las terminales locales.” Si miramos el mercado interno se ven los efectos recesivos en las ventas a concesionarios, comparando los 11 meses de 2018 a igual periodo de 2017, estas se contrajeron en 20,2%, a 633.398 unidades. Además, el resultado de la balanza comercial en unidades fue negativa en 203.397 máquinas, se contrajo 44,6 %.

Las armadurías y el rojo comercial estructural

Las terminales automotrices radicadas en el país imponen una forma productiva de ensamblaje de piezas que en su mayoría son importadas. La relación de piezas nacionales e importadas por unidad alcanza un 30 a 70 % respectivamente.

Esta característica estructural de la cadena productiva automotriz -consolidada desde la década de los noventa con la puesta en marcha del acuerdo Mercosur- genera déficits comerciales del sector, dado que en general a medida que la producción aumenta lo hace en el mismo sentido la demanda de piezas importadas. Luego esta brecha puede atenuarse por las ventas al exterior, pero estas están condicionadas a la situación de la economía de Brasil, el destinatario del 70 % de las exportaciones nacionales. El acumulado de 2018 hasta noviembre arroja un total de 170.501 unidades vendidas al principal socio comercial de Argentina, superando en 47.465 unidades a las exportadas en igual periodo de 2017.

En los 11 meses de 2018 de acuerdo con los datos de Adefa, las exportaciones tuvieron una suba del 18,2% con relación a octubre y un incremento del 36,2% con relación a igual mes del año anterior. Comparando once meses del 2018 con respecto al 2017 se registró una suba del 28,8%. Si miramos la variación de las exportaciones por mes se puede apreciar el efecto de la devaluación coincidiendo con subas pronunciadas en el mes de marzo (58,2 %), julio (74,7%) y agosto (59,6%) al ritmo de las corridas cambiarias.

Fuente: elaboración propia en base a datos de Adefa

Por el lado de las importaciones del sector los datos del Indec para noviembre en el ítem compuesto por “Vehículos automóviles, tractores, velocípedos y demás vehículos terrestres; sus partes y accesorios” registraron una caída de 55,7 % respecto a igual mes de 2017; acompañando de esta forma la desaceleración en la producción que cayó un 18,6 % en el mismo periodo.

El mercado interno se contrae y golpea a las concesionarias

A diferencia de lo que sucede en la esfera productiva, las ventas a concesionarias presentan pronunciadas caídas por el efecto recesivo de la economía que afecta al mercado interno. Adefa confirmó una baja de 11,1% respecto de octubre y un descenso del 57,9% en comparación con el mes de noviembre de 2017.

El acumulado de los 11 meses de 2018 (633.398 unidades) respecto a igual período de 2017 (793.495 unidades), arrojó una caída del 20,2%. De estas ventas se registra una caída del 21,9 % en los autos nacionales y del 19,5 % en los vehículos importados.

Los datos de patentamientos de vehículos provistos por ACARA que contemplan el mes de diciembre confirmaron una caída del 10,47 % en 2018 con un total de 772 mil unidades frente a 862 registradas en el año2017.

Al respecto de estos resultados el Director Comercial de Volkswagen Argentina, Martín Massimino sostuvo que: “En estos últimos meses se ve una desaceleración”, aunque reconoció que la cifra final de autos 0 kilómetro que se venderán muestra “una industria automotriz muy buena, si uno mira la historia de nuestro país”.

La crisis como oportunidad para flexibilizar las condiciones laborales

Si bien el año 2018 finalizará con una desaceleración en la producción como consecuencia de la situación económica que atraviesa la Argentina, no es para nada catastrófica para las terminales multinacionales que continúan cosechando ganancias. La generalización del método just in time les permite poner el freno de mano en los ritmos de producción en momentos recesivos acompañados de suspensiones y despidos sobre el factor de ajuste: los trabajadores.

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En ese sentido se entiende que las multinacionales tienen “espalda” para sortear momentos recesivos sin que estos impliquen en lo inmediato reducir su margen de ganancia. Pero fiel a su lógica aprovechan las crisis para quejarse de sus “altos costos” y pedir rebajas impositivas y reforma laboral. El presidente del grupo PSA Argentina que fabrica las marcas Peugeöt y Renault, Gustavo Soloaga exigió una rebaja de impuestos: “Los autos en la Argentina siguen teniendo un 54 % de impuestos. Y cuando los vendemos al exterior, exportamos cerca de 20 puntos de tributos.”

Pero la exigencia más sentida es una reforma laboral que actualice los convenios de trabajo: “No pretendemos bajar los salarios, todo lo contrario. Pero hay cosas que vienen de hace años que hoy en el mundo están solucionadas. Cuando uno mira cómo trabajan España o Brasil, con el concepto de banco de horas. Si por alguna razón perdemos producción, cuando la queremos recuperar pagamos el doble. En cualquier otro lugar del mundo hay un concepto de banco de horas y cuando se deja de trabajar, se le sigue pagando a la persona como si hubiese trabajado, pero quedan horas que se pueden usar en otro momento.”

A Soloaga no le alcanzó con la devaluación de más de 100 % en 2018 que abarató los salarios de los trabajadores argentinos, sino que va por un ataque mayor. Cuando se habla de un plan de guerra de contra los trabajadores relacionando las medidas de ajuste brutal del Gobierno de Macri con tarifazos a pedidos del FMI, para garantizar los fondos necesarios para pagar el brutal endeudamiento no hay que olvidar el rol de las empresas multinacionales. Estas declaraciones del directivo del grupo automotriz francés al que no le va nada mal, en 2017 ocupó el puesto 10° del ranking mundial con 4.161.389 automóviles vendidos.

Pero esta idea no es nueva, ya en 2017 desde las terminales venían insistiendo con la aplicación del banco de horas en el momento en que se presentó un borrador de reforma laboral que luego no prosperó. Incluso existen terminales que lo han implementado como Toyota; o el caso de Mercedes Benz que primero lo aplicó de forma transitoria en 2002 ante la crisis y desde 2008 de forma definitiva en modificando el convenio por empresa.

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A esta avanzada patronal sobre las condiciones laborales de los trabajadores, donde se encuentra la fuente de sus ganancias, es preciso sumarle adimentos que podrían tensar más esta situación: el efecto Bolsonaro en Brasil y sus medidas respecto al acuerdo Mercosur y el rol entreguista de la burocracia sindical del Smata y la UOM. Es por este motivo que la única salida que beneficie a los trabajadores es por izquierda para enfrentar los ataques patronales que buscarán excusarse en las crisis para aplicar reformas que se mantendrán en épocas de recuperación y ensancharán sus ganancias a costa de una mayor explotación. El mecanismo de endeudamiento externo con el FMI empeorará la situación actual para millones de trabajadores y sectores vulnerables a través de planes de austeridad para pagar los vencimientos, la única salida es no pagar esa deuda usurera y atacar la ganancia capitalista.

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