Axel Kicillof: “Siempre quisimos arreglar con los fondos buitres”

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El exministro de economía prepara su candidatura para 2019 defendiendo los intereses empresarios y de los especuladores de la deuda.

Propone reestructurar la deuda con el FMI, reivindicó los arreglos con el CIADI, el Club de París y el “camino” realizado con los fondos buitres cuando fue gobierno, defiende la rentabilidad de los empresarios y a los empresarios mismos. “No somos antiempresa”, sentenció.

El ex ministro de economía de Cristina Fernandez de Kirchner y actual diputado nacional prepara su candidatura para 2019 (¿como gobernador de la provincia de Buenos Aires?) ubicándose como acérrimo defensor peronista de los intereses empresarios y de los especuladores.

Tapa de la revista de negocios “Forbes”, se presenta allí a Axel Kicillof como “los peores temores del mercado”, una apariencia de combativo economista que atemoriza a los “hombres de negocios” a billetazos limpios, pagando sin chistar hasta el último centavo de la fraudulenta e ilegal deuda pública. En otra entrevista en “La política Online” (LPO), el exministro aseguró que en su gestión, “siempre quisimos arreglar con los fondos buitres”.

La decisión con la que defiende los intereses de los empresarios en ambas entrevistas no se manifiesta de igual forma para con los trabajadores. Más precisamente, no sólo no se plasma con igual vehemencia, sino que directamente los trabajadores son una clase ausente en su relato, un factor residual, un dato de la realidad que es importante considerar para la que cierren las cuentas. Pero vamos por partes.

Por qué renegociar la deuda no es una salida posible

“Hoy una renegociación con el FMI se podría hacer desde una posición de fuerza”, señala Kicillof en la entrevista en LPO. La táctica de denunciar el enorme endeudamiento del gobierno de Macri (“Macri llevó la deuda externa a un 90 por ciento del PBI, que puede ser 110 por ciento”), y en particular, del odiado FMI en forma demagógica, para luego proponer una salida de reestructuración de la deuda es una trampa que conduce a un nuevo robo a los trabajadores.

Con ella, se generan ilusiones en salidas pacíficas y reformistas a la crisis, en una situación que muy lejos está de tener siquiera condiciones para posponer los efectos de pagar “serialmente” a los especuladores de deuda y los organismos internacionales; como supieron hacer los gobiernos de los Kirchner a costa de despilfarrar miles de millones de dólares obtenidos en condiciones internacionales extraordinarias.

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En primer lugar, vale mirar la experiencia histórica reciente a la que el propio Kicillof se remite. “Nosotros arreglamos los reclamos pendientes del CIADI, los del Club de Paris y veníamos caminando con los buitres porque creíamos que era importante que las empresas accedieran al financiamiento internacional”, afirmó el exministro kirchnerista.

Efectivamente, la estrategia de volver a los mercados internacionales comenzó como política explícita de los gobiernos kirchneristas. El acuerdo con el FMI y el Club de París (flojo de “papeles”), el pago al Ciadi, el reconocimiento de los tribunales extranjeros renunciando a la soberanía y los canjes de 2005 y 2010 con falsas “quitas” sólo tuvieron ese objetivo. A los que deben sumarse el “desendeudamiento”, política de “pagadores seriales” que costó más de 200.000 millones de dólares durante sus gobiernos.

Macri sólo continuó esa tarea y, gobierno de CEO mediante, llevó adelante la mayor entrega al capital financiero, negociando el escandaloso pago a los buitres. Hay que recordarlo: el apoyo del Frente para la Victoria en senadores hizo que ello sea posible, así como otras tantas leyes antiobreras que salieron del Poder Legislativo en donde Cambiemos no alcanza la mayoría.

Kicillof afirma que era mejor negociante, que hubiese pagado en cuotas. De eso se trata el debate, o el “no debate”, mejor dicho. Todos de acuerdo en pagar, en convalidar el saqueo, en permitir que un puñado de especuladores obtenga rendimientos inéditos. Este es el segundo punto a tener en cuenta: con el pago a los buitres las ganancias siderales superaron en algunos casos el 1.000 %. Pero con las “renegociaciones” de 2005 y 2010 los especuladores no dejaron de ganar, y obtuvieron ganancias de hasta 300 %, como reconoció el propio gobierno.

Pero no sólo eso. Se continuó aceptando la jurisdicción de Estados Unidos para dirimir diferencias en la justicia. Una entrega de soberanía que después se pagó caro y se vio reflejada en la misma intervención del Juez Griesa retrasando la ansiada “vuelta a los mercados” del exministro Kicillof.

El enorme y permanente pago de intereses de deuda, a pesar de se presentado como un gesto de “soberanía”, ni siquiera evitó que la deuda en términos absolutos no continúe creciendo. La deuda pública pasó de U$S 145 mil millones cuando asumió Néstor Kirchner a U$S 223 mil millones cuando culminó la gestión de Cristina Fernández.

En la actualidad, pensar una renegociación de la deuda con el FMI y los acreedores no sólo no representa una salida de fondo para los trabajadores ya que su objetivo fue y es continuar el camino del endeudamiento, sino que además significa convalidar un saqueo histórico al pueblo trabajador que se acompaña necesariamente de más ajuste, despidos, pérdida de salario y empeoramiento de las condiciones de vida para exprimir hasta la última gota con el fin de garantizar el pago de intereses de deuda.

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Pero además, Kicillof señala para la revista Forbes: “No vamos a volver a nada de lo de 2015. Porque el mundo que vamos a encontrar en 2019, el que va a encontrar el gobierno que viene, va a ser muy distinto al que había en 2015”. Efectivamente, la situación económica no es la misma que les permitió obtener dólares sobrantes del comercio exterior para pagar la deuda con el FMI y luego con los acreedores, una vez acordado en 2005. Incluso desde la propia lógica del planteo de renegociar, ¿con qué recursos se pagaría la deuda, considerando también que ni siquiera puede patearse el problema con más deuda el mercado de crédito internacional está cerrado? Todos los caminos del pago de deuda conducen…. al ajuste. Nada bueno de ello puede venir para los y las trabajadores.

Si le hablan a los bolsillos empresarios, ¿qué deben esperar los trabajadores?

Al igual que la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner detalló recientemente, la preocupación del espacio político que comparte con Axel Kicillof parece estar centrado notoriamente en el devenir de los bolsillos empresarios.

El ministro hasta defendió la actitud del empresariado argentino, aún cuando sus exponentes locales se encuentran envueltos en causas de corrupción que ahora salen a luz -además de la fuga de capitales y su atesoramiento en paraísos fiscales-, y consideró que “es mentira que los empresarios no invierten, los defiendo a muerte a los que durante doce años invirtieron”.

En la misma línea, también afirmó que “hay que asegurar rentabilidad a las empresas para que inviertan”. Esta idea es muy sencilla y muy falsa a la vez: si las empresas se benefician, eso se traduciría en el bienestar general. Un argumento típico para defender las posturas de conciliación de clases que llevan al movimiento obrero a la rastra de los patrones.

Pero si en el modelo de crecimiento a “tasas chinas” los salarios reales crecieron muy por detrás de las ganancias de los empresarios que “la levantaron en pala”, sin superar el nivel de los años ´90 (e incluso en los últimos años del gobierno de Cristina Kirchner retrocedieron frente a la inflación), ¿qué decir de la posibilidad de que a los trabajadores “les vaya bien” cuando, precisamente, en este contexto de crisis económica a nivel local y de los problemas internacionales la forma en que se quiere preservar los bolsillos de las empresas es atacando las conquistas del pueblo trabajador?

Ninguna salida realista puede provenir de las promesas de “mejoría” de las condiciones de vida obreras sobre la base de continuar efectuando los pagos religiosos a los especuladores de deuda pública y de la preservación de las ganancias capitalistas.

No sorprenden las declaraciones de Axel Kicillof. Su perfil pro mercado y su oposición a Macri por el mero hecho de sostener abstractamente que ellos podrían “negociar mejor” las condiciones de la deuda no es más que una confirmación del rumbo efectuado cuando fue exministro de economía.

Si verdaderamente se quiere cuestionar el acuerdo con el FMI y tener un acto de real soberanía nacional, el mínimo paso es desconocer y rechazar el acuerdo con el Fondo, así como convocar a un efectiva anulación de los pagos de la deuda externa a los especuladores.



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