Call centers: ¿en serio tenés ganas de quedar efectivo?

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El testimonio de un trabajador de call y la pregunta sobre un trabajo que no se sabe si es mejor perderlo que encontrarlo.

Hace días que siento dolor en la mandíbula cuando me levanto. Supongo que esto de no saber si quedo o no efectivo en el call, me está afectando. Son los últimos días, la última semana. Y de a poco todos nos fuimos haciendo a la idea de que nos quedamos de nuevo sin trabajo. En realidad no sabemos quiénes, de la camada que entramos juntos, serán los privilegiados. Las probabilidades son pocas. En estos tres meses solo vimos a pocas personas quedar efectivas en nuestro grupo. El resto se va antes de que podamos aprender su nombre o enterarnos de que estaban en la misma campaña.

“Eh, ¡que no se corte!”, “Chiques ha sido un placer…” Los chistes, chistes son, aunque poca gracia cause en lo profundo que todos hayamos sido víctimas de la trampa de la precarización. Mucha gente por primera vez. Otro tanto, una vez más.

La posta es que nadie sabe qué prefiere.

  • ¿Querés quedar efectivo?

  • Solo sé que no quiero volverme a casa sin trabajo.

    El desempleo nuevamente, no es la mejor opción, pero permanecer en el call a veces luce como una opción peor.

  • ¡Chicos, no puede ser que otra vez haya gente que se va en cero! Chicos, necesito ventas, garra por favor.

    El team leader grita de pie entre las líneas de boxes. Cuesta seguir la conversación con el cliente o la clienta cuando empieza a meternos presión. Qué distinto se oye su grito cuando llegué al trabajo iluminado y para esa hora ya tengo dos o tres ventas anotadas. No es lo mismo cuando hiciste una venta por lo menos. Uno trata de que no le importe, pero sí, es un bajón cuando volvés a casa en cero. Un día menos en objetivo, una chance menos de preservar el trabajo.

    Ya queda muy poco para saber quiénes quedan y quiénes se van. De hecho la empresa ya debe saberlo, pero no nos lo dicen. La patronal quiere que vendamos como si nos estuviéramos jugando todo hasta último momento. Uno ya quisiera relajarse, tanto si sabe que no queda como si quedara. Pero no. El martirio continúa hasta el día en que se cumplan los tres meses exactos.

    Un call no es una fábrica, pero te rompe. Me cuesta imaginarme después de un año. La voz, los oídos, la columna. La psiquis.

  • Por lo menos ahora no me dan ganas de llorar cuando no vendo.

  • Ah sí a mí se me pasó también. Al comienzo me daban ganas de llorar cuando me puteaban.

  • Sí, qué bronca la gente que se la agarra con vos y te caga a puteadas.

  • Cualquiera, a esos forros que me tratan mal les pongo “rellamar”.

    ¿Es necesario?

    Uno se pregunta todos los días para qué. Qué cosa puede ser tan importante y necesaria.

    En el salón hay una serie larga de filas con boxes. En los pasillos entre línea y línea le damos la espalda al compañero o la compañera de atrás. A la persona de enfrente no podemos verle la cara, a lo sumo si le da la estatura y se sienta con la espalda derecha, sobrepasa la pared del box y llegamos a verle la vincha que le atraviesa la cabeza y le aplasta el pelo.

    La mayoría somos jóvenes, que sacrificamos bastante en ese trabajo.

  • Hola, buenos días, mi nombre es Pedro

  • Buenos días, qué necesita

  • ¿Hablo con María Pérez?

  • No, estás hablando con el marido

    Hay quienes lo piensan antes de escuchar música con auriculares en el subte. No falta quien está esperando el alta de AFIP para ver si con la obra social se saca unos anteojos para descansar la vista. Nada ayuda. Ni el estado de las vinchas, ni la disposición de las computadoras y monitores, ni el estado de las sillas. Durante doce horas, pasan por el piso alrededor de 400 almas en dos turnos sin que cambie el aire.

    Otra vez, uno se pregunta qué puede ser tan importante. En nuestra campaña, vendemos una tarjeta de descuentos.

  • Hay que crearle la necesidad al cliente, ustedes tienen que decirle que va a poder ahorrar un montón.

    Ya si hay que “crearle la necesidad al cliente”, empezamos mal. La necesidad no existe, por lo tanto lo que vendemos no le importa a nadie.

  • Esta tarjeta María, viene con una revista semanal.
  • Ah pero yo no quiero revistas, leo por internet.

  • La revista en realidad es la forma de que usted pueda tener la tarjeta, María.

    O sea, la tarjeta es un invento para tratar de enchufarle a la gente una revista que no desea comprar. Le creamos la necesidad para que compre una tarjeta que va a obligarla a comprar revistas y le decimos que las revistas, que es lo que la empresa más interesada está en que vendamos, en realidad no valen en sí mismas, si no que lo que importa es que tenga la tarjeta. Le decimos que haga lo que quiera con ellas, que las regale, que se las dé a un vecino, que se las mande a los padres. Aunque sería útil para crear la necesidad, no podemos decirle que pueden servirle para el asado.

    ¿Que si quiero quedar efectivo?

    Solo sé que no estoy preparado para quedarme de nuevo sin trabajo.



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