Camino al abismo: el FMI aprobó el nuevo acuerdo

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En la tarde del viernes se conoció el visto bueno del Directorio Ejecutivo. Mientras se pone en marcha el segundo plan económico en seis meses, la actividad transita hacia una profunda recesión.

Luego del fracaso del primer acuerdo “Stand By”, este viernes 29 el Directorio del FMI aprobó el segundo plan económico con el Gobierno de Mauricio Macri en menos de seis meses.

A fines de septiembre desde desde Nueva York se anunció que el monto total del préstamo sería de U$S 57.100, pero el Fondo comunicó este viernes que “La revisión incrementa a USD 56.300 millones el acceso total y permite que USD 5.700 millones estén disponibles de inmediato”.

Aunque levemente menor a lo esperado, implica el mayor préstamo en la historia del FMI.

Las potencias imperialistas (Estados Unidos, Japón, China, Alemania, Canadá, Francia, Gran Bretaña e Italia), que dominan el Directorio Ejecutivo del FMI, dieron el visto bueno al “rescate” económico.

Donald Trump había anticipado el apoyo yanqui a la negociación. No obstante, existían objeciones por parte de los socios europeos del organismo multilateral: ven complejo el cumplimiento del “déficit cero” y la emisión monetaria cero hacia las elecciones del año próximo.

El primer acuerdo, aprobado el 20 de junio, había quedado hecho trizas cuando el 29 de agosto, en un desafortunado mensaje el presidente anunció que debido a la “falta de confianza de los mercados sobre la capacidad de lograr financiamiento para 2019” acordaron con el Fondo adelantar los desembolsos.

Tal acuerdo, aprobado recién este viernes, no existía entonces. Aquel 29 de agosto el dólar escaló por encima de $ 40.

Redactado en el norte

Los lineamientos generales del nuevo acuerdo fueron detallados por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, y la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, el 25 de septiembre desde Nueva York.

Comprenden una ampliación del préstamo original desde U$S 50.000 millones a los actuales U$S 56.300 millones y el adelantamiento de los desembolsos. También se acelera el ajuste con cambios en las metas presupuestarias definidas en junio.

El apuro por votar el brutal recorte presupuestario de 2019 en el Congreso en el medio de la represión tenía un fin claro: dar una señal antes de la reunión del Directorio del Fondo.

La no aprobación hubiera significado un golpe en la línea de flotación del plan económico del macrismo. En estos términos, se comprende el pleno significado de la complicidad del peronismo que aportó votos y de la borrada de la CGT en la jornada de lucha del último miércoles.

Los nuevos lineamientos producen un viraje importante en la política monetaria y cambiaria, que ya aplica hace semanas el Banco Central: está aspirando desenfrenadamente billetes en circulación para intentar contener la inflación y la retener la suba del dólar. El resultado: se agudiza la recesión en curso.

Para seguir el cumplimiento de lo pautado, días atrás llegó a Buenos Aires el jamaiquino Trevor Alleyne para instalarse en el edificio del Banco Central.

A sangre y fuego

El financiamiento del FMI tiene un objetivo explícito y otro implícito. El explícito es dar garantía a los acreedores de la deuda sobre que podrán cobrar. El implícito es atacar el poder de compra del salario.

Se trata de un aceitado mecanismo que quita riqueza social (que produce la mayoría laboriosa) del bolsillo trabajador para transferirla a las cuentas bancarias de los especuladores.

El presupuesto 2019 cristaliza esos objetivos. Los pagos de intereses de la deuda se incrementan 10 % en términos reales (50 % en términos nominales). Alcanzarán a casi $ 600.000 millones: es el equivalente a 4 veces lo destinado a salud y a 2,6 veces la partida de educación y cultura.

En términos reales (es decir, descontada la inflación de 34,8 % proyectada hacia el año próximo), los gastos primarios, que fundamentalmente tienen un fin social, caen 8 %. Hacia el año próximo, incluso de manera desagregada la enorme mayoría de las partidas sociales pierden con la inflación. A lo cual hay que agregar la pérdida de este año.

El 14 de noviembre el oficialismo buscará la aprobación definitiva del presupuesto en el Senado. El macrismo quiere el tema cerrado antes del inicio de la reunión del G20, que reunirá a los líderes del imperialismo mundial y otras economías dependientes en Buenos Aires.

Para los que no se conforman con la explicación de la crisis como una catástrofe natural o una tormenta inesperada, será una nueva oportunidad para desarrollar una movilización masiva que rechace el ajuste.

Desorden económico

La relativa y contingente calma cambiaria con el dólar oscilando en $ 37 y $ 38 contrasta con el desorden que se manifiesta en el resto de las variables económicas.

La inflación alcanzó un nivel récord con el 6,5 % de septiembre. Los analistas económicos anticipan que en octubre estará por encima del 5 %. La suba de precios de 2018 se aproxima peligrosamente al 50 % y será la más elevada desde 1991.

El impacto sobre los salarios es fulminante. El Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma difundió un informe que estima que en el año en curso la caída del poder de compra del salario podría ser la peor desde 2002.

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El consumo no sólo está afectado por la pérdida del poder de compra del salario. También por las exorbitantes tasas de interés que establece el Banco Central, que liquida las compras con financiamiento a través de las tarjetas de crédito o préstamos personales.

La política del Banco Central está afectando la producción por diversas vías, pero principalmente por el costo de financiamiento, que tiene estresada la cadena de pagos.

El año cerrará con una caída superior al 3 %. La recesión que se inició en abril todavía no mostró el pleno desarrollo de la crisis económica en curso. El 17 de octubre, una semana antes del segundo acuerdo con Argentina, el FMI difundió un artículo que indica que la economía de estas pampas caerá casi 2 % en 2019.

La parábola de la deuda

El regreso a los “mercados” lo intentó Axel Kicillof. Para ello firmó un pacto fraudulento con el Club de París, que incrementó mágicamente la deuda que la cartera de Economía bajo su mando registraba como pasivo.

En ese mismo derrotero se inscriben la indemnización del ministro “soviético” a Repsol y el pago de los litigios en el Ciadi, un tribunal imperialista en el seno del Banco Mundial donde las privatizadas exigían indemnizaciones al Gobierno argentino.

Todos esos pasivos de la “década ganada” se siguen pagando hasta el día de hoy.

Finalmente, el exministro impulsó la Ley de Pago Soberano para llegar a un acuerdo con los fondos buitre, reconociendo ganancias de 300 %. Pero falló por la intransigencia de Paul Singer que quería mucho más.

En los albores de 2016, el regreso triunfal a los “mercados” lo lograron Alfonso Prat Gay y Luis Caputo. ¿Cómo lo lograron? Cediendo a todas las exigencias de Paul Singer y el juez neoyorquino Thomas Griesa.

Tanto Prat Gay como Caputo fueron carcomidos por la política y la economía. La misma suerte corrió el ex presidente del Central, Federico Sturzenegger. Como las revoluciones, las crisis se devoran a sus mejores hijos.

Desde 2016 hasta que se cerraron los “mercados” a fines de abril de este año, cuando la J.P. Morgan y otros financistas amigos del macrismo tomaron medidas de fuerza para que se acelerara el ajuste, se ejecutó un festival de endeudamiento sin precedentes en la historia argentina.

En mayo el macrismo fue de apuro a los pies del FMI para buscar contener la corrida hacia el dólar. El primer acuerdo comprendió el ingreso de U$S 15 mil millones de dólares que se dilapidaron en menos de tres meses.

La fuga de capitales, aunque se moderó en septiembre, sigue intensa y se encamina a erigirse en otro de los tristes récords históricos del macrismo durante 2018.

En las próximas semanas primará la euforia de los ajustadores gracias a la regeneración de la primavera especulativa alimentada por el Banco Central y el ingreso de dólares del FMI. Están dulces. La borrachera durará poco.

El Presupuesto 2019 establece que las necesidades financieras brutas hacia el año próximo son de U$S 38.900 millones, de los cuales restaban cubrir U$S 22.600 millones.

El nuevo acuerdo con el Fondo, incluidos los mayores desembolsos, alcanzan sólo para la mitad. ¿Cuánto falta para una nueva corrida y la consecuente renegociación?

El macrismo terminará la gestión con casi el doble de deuda que al principio del mandato. Los “mercados” están tan cerrados como cuando arranco la “revolución de la alegría”. La fiesta duró dos años, la hipoteca que quedó la pagarán generaciones.

El FMI financia el camino al abismo. Seamos realistas, no paguemos la deuda y tiremos al Fondo al basurero de la historia.



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