Campo minado financiero y hielo en la economía real, los saldos del nuevo plan de Macri y el FMI

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En menos de una semana, las tasas pasaron de 65 % anual al 73 %. Leliq, la nueva bomba creada por el Banco Central. La actividad económica, en caída libre.

El viernes de la semana pasada, la tasa de la política monetaria estaba en 65 %. Cuatro días hábiles después, cerró en 72,83 %. Si algún dato puede resumir el desfiladero al borde del cual se mueve la política económica de Cambiemos, ese podría ser un buen candidato.

Llegando al cierre de la primer semana de la nueva política monetaria, fabricada por el FMI y adoptada “llave en mano” por Guido Sandleris, el reemplazante de Luis Caputo al frente del Banco Central (BCRA), el saldo es un crecimiento de las Letras de Liquidez (Leliq) que ya se muestra explosivo.

Las Leliq son los títulos con los cuales el BCRA absorbe pesos, para cumplir el compromiso de crecimiento cero de la base monetaria que se mantendrá hasta junio. Esto significa que la cantidad de dinero en circulación (billetes y depósitos) permanecerá en los niveles nominales que tiene hoy, sin variacion. Con esto, el objetivo sería secar la plaza de pesos que puedan demandar dólares, y al mismo tiempo imponer una contracción monetaria que desacelere la inflación (bajo la discutible hipótesis de que un exceso de dinero sería uno de los principales disparadores del aumento de precios). Las Leliq son adquiridas exclusivamente por entidades financieras, a diferencia de las Lebac no pueden ser adquiridas por otros inversores. Diariamente el BCRA define la cantidad de Leliq se propone colocar (pesos a absorber) y toma la tasa que le fijan los “mercados” (es decir los banqueros).

¿Déficit cero?

El gobierno presentó un Proyecto de presupuesto para 2019 con el lema de “déficit cero”. Se trata de una reducción del gasto de 2,7 % del PBI en un sólo año; entre 2015 y 2019, el recorte llegará a nada menos que 7,7 % del PBI. Pero esto es para el gasto primario, ya que el déficit financiero (es decir tomando en cuenta los intereses de la deuda pública) será de 3,3 % del PBI, es decir USD 14,1 mil millones de dólares. Pero esto deja afuera el componente más explosivo: el déficit cuasi fiscal, es decir aquel en el que incurre el BCRA por su política monetaria. El columnista de Ámbito Financiero Walter Graziano estimó que, con las tasas que hoy pagan las Leliq, el déficit cuasi fiscal llegará en 2019 a 5 %.

Es decir que el déficit total será de 8% del PBI, y esto en caso de que se cumpla el objetivo de déficit primario nulo que se propone el gobierno; con una economía en caída libre, la recaudación también cae, y con ello se aleja la posibilidad de cumplir los objetivos fiscales. Por eso, a pesar del feroz ajuste que el gobierno quiere hacer votar por el congreso para el año próximo, es probable que los ingresos crezcan menos de lo esperado, y no se cumplan los objetivos propuestos.

Pero aún si lo lograra, la bomba de las Leliq promete tener efectos tan devastadores como su antecesora, la bomba de las Lebac. Con las tasas en 6 % mensual, cada mes el BCRA tendrá que absorber un monto de pesos que crecerá en alrededor de $ 45 mil millones por los intereses pagados. Esto significa que el esfuerzo de absorción de pesos será cada vez mayor. En estas condiciones ¿tenemos algún motivo para esperar que las tasas puedan ir a la baja? Spoiler: no, no lo tenemos.

La bomba de las Leliq ofrece un rendimiento formidable en el corto plazo para los bancos. Las entidades se están fondeando con plazos fijos por los cuales pagan a los depositantes 38,75 % anual, y le facturan al BCRA 72,83 %. Por adelantos en cuenta corriente (de más de $ 10 millones) facturan a empresas 76,78 % anual. La tasa de los créditos personales y el financiamiento con tarjeta de crédito supera holgadamente el 100 %.

Pero la contracara de estas fuertes ganancias es una precariedad creciente de todo el sistema financiero. Por empezar, por el fuerte deterioro que el déficit cuasi fiscal genera en el balance del BCRA. Aún si en lo inmediato para contracción financiera permitiera contener al dólar (lo cual no está asegurado), el deterioro de la solvencia de la entidad va a volver a retroalimentar la presión contra el peso más adelante.

La misma precariedad se contagia, por la vía de las Leliq, a todo el sistema financiero. Si para algunos analistas las Leliq son menos explosivas que las Lebac porque no pueden ser adquiridas por inversores individuales, lo que esto tiene como correlato es que las entidades verán crecer sin límite a la vista el peso de los títulos del BCRA en sus balances. Al mismo tiempo estamos observando una suba de los encajes, que en el último mes el BCRA aumentó en 3 puntos más (están 44 %). Aunque son encajes remunerados (cuantiosamente) esto repercute sobre la rentabilidad del sistema y reduce la solidez del sistema. El pasaje de la corrida cambiaria a una corrida cambiaria se cocina al calor de estos desequilibrios.

Era de hielo

Con las tasas de interés hace meses en niveles astronómicos (y en aumento), y el salto en el costo de vida que vino de la mano de la megadevaluación, no sorprende que la economía haya ingresado en caída libre.

Ayer el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) informó que la industria cayó en agosto 5,6 %, acumulando desde enero un retroceso de 0,8 %. Si bien la construcción no mostró caída (creció un ínfimo 0,1 %), viene cayendo mes a mes, proyectando para septiembre un indicador que también se ubicará en terreno negativo. En julio el empleo en el sector empezó a caer.

No son los únicos datos de la semana que muestran la llegada de la era de hielo para la economía: la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó que en septiembre las ventas minoristas cayeron 9,2 %. La venta de autos de las terminales a concesionarias cayeron 20 %.

No sorprende que en este contexto, el ex funcionario del gobierno Carlos Melconian haya advertido que “se vienen cuatro trimestres duros. La referencia es a la etapa de fines de 2007 y comienzos de 2008, cuando la actividad llegó a caer 7% algunos meses”.

¿Hay alternativas?

La hecatombe que atravesamos no responde a fenómenos meteorológicos. No se trata de una “tormenta” en cielo sereno, sino al producto de un vaciamiento descarado orquestado por la clase dominante. El endeudamiento externo del sector público desde que asumió Macri sumó USD 75 mil millones (y eso hasta el primer trimestre, sin incluir todavía la hipoteca del FMI). Mientras entraron esos dólares, por la otra ventanilla la fuga de capitales sumó en lo que va del gobierno de Cambiemos USD 55 mil millones. A esto hay que sumar los pagos de deuda, las remesas de utilidades de empresas al exterior, y las maniobras con el comercio exterior, para calibrar el quebranto de la economía. La sequía que redujo las exportaciones de sojas fue apenas la gota que rebalsó el vaso, semejante hipoteca no se cubría con una mejor cosecha.

La crisis que atravesamos y las consecuencias sobre el pueblo trabajador no son de ningún modo inevitables: pero impedir que se siga profundizando requiere hacer exactamente lo contrario a lo que hace el gobierno, y no esperar hasta 2019: imponer el no pago de la deuda pública fraudulenta y usuraria, la nacionalización de la banca y la creación de una banca estatal única para frenar la fuga y la especulación y restablecer el crédito, el monopolio estatal del comercio exterior, y la expropiación de los grandes terratenientes para avanzar en la apropiación íntegra de la renta de la tierra. Esta es la perspectiva que plantea el Frente de Izquierda, que puede ser llevada adelante por un gobierno de los trabajadores en ruptura con el capitalismo.



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