Cinco claves sobre la fuga de capitales: ¿qué es y cómo frenarla?

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Bajo la gestión de Cambiemos la fuga de capitales escaló a más de U$D 68 mil millones. Las divisas del endeudamiento con el FMI garantizan esta sangría, pero el gobierno pretende que el costo del saqueo recaiga sobre los trabajadores, por eso hay que frenarla.

Al calor de la incertidumbre electoral y la inestabilidad cambiaria, la continua fuga de capitales que protagonizan empresarios y especuladores fue de $ 2.341millones de dólares en el mes de abril del corriente año, según la última estimación de la cuenta Formación de Activos Externos (FAE) del Sector Privado No Financiero, contenido en el Balance Cambiario y de Evolución de las Reservas Internacionales, elaborado por el BCRA.

La fuga de capitales mantiene una tendencia ascendente. Mientras en marzo había pegado un saltó aumentando un 83,5 % respecto a los valores de febrero, coincidiendo con el fin del “veranito financiero” que implicó un dólar planchado y baja volatilidad de capitales. En abril la variación mensual fue de 32,2 % respecto al mes anterior. En términos interanuales, se registró una suba respecto a abril de 2018, de 13,9 %.

Fuente: Elaboración propia en base a datos del BCRA

En los primeros cuatro meses del año la fuga acumulada asciende a 7.036 millones de dólares, ubicándose un 21,7 % por debajo de los valores fugados en igual periodo de 2018, esto tiene sentido por coincidir con el inicio de las corridas cambiarias que finalizaron con la vuelta al FMI y una mega devaluación mayor al 100 %. A continuación repasamos el concepto de fuga de capitales, quienes se benefician, y porque es necesario frenarla.

1) ¿A qué llamamos fuga de capitales?

Cuando hablamos de fuga de capitales la imaginación o sentido común podría hacernos pensar que se trata de dólares que abandonan el país (se fugan) en avión cada día. Pero en realidad el término de “fuga” hace referencia a las divisas (dólares) que a través de distintas operaciones (legales e ilegales) salen del sistema financiero y bancario nacional; quedando por fuera de la economía nacional.

La comúnmente denominada “fuga de capitales” en los distintos análisis, es la que estima mensualmente el Banco Central a través de la cuenta Formación de Activos Externos del Sector Público No Financiero. Este mecanismo implica una trasferencia de riqueza generada por los trabajadores argentinos hacia el resto del mundo.

Por fuera de las mediciones del BCRA se encuentra la fuga ilegal, los especialistas calculan que el monto total fugado (legal +ilegal) duplica los cálculos oficiales.

También existen otras formas complementarias a la fuga, que implican un vaciamiento y aumentan la constante sangría de capitales como la remisión de utilidades de las empresas multinacionales a sus casas matrices (que incluye distintos artilugios contables como falsificación de declaraciones de exportaciones e importaciones o la manipulación en los precios del comercio exterior) y los pagos de intereses usurarios de la deuda externa.

En un país como Argentina que estructuralmente tiene problemas de restricción externa (faltante de divisas), el éxodo de capitales agrava estas contradicciones, empujando a devaluaciones del peso que retroalimentan la inflación, afectando negativamente el poder de compra del salario. Las políticas de liberalización del mercado de cambios aplicadas por el macrismo- que le aseguró la categoría de “mercado emergente”- aceleraron la salida de divisas. Sólo en 2018 el saqueo en forma de fuga fue de 27.230 millones de dólares, un pico que superó por primera vez los niveles máximos de 2008 (23.000 millones de dólares), año del estallido de la crisis financiera mundial con la caída de Lehman Brothers en Estados Unidos.

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2) ¿Quiénes son los grandes fugadores?

La banca cumple un rol clave en la fuga. En la crisis de 2001, los bancos extranjeros Santander (ex Río), HSBC y Citibank confiscaron los depósitos de los pequeños ahorristas gracias al “corralito” y al “corralón”, y favorecieron una gigantesca fuga de capitales.

En el año 2003 se conformó una Comisión Investigadora de Diputados sobre la Fuga de Divisas que estimó que en 2001 salieron del país 16.026 millones de dólares, y señalaron que este monto equivaldría a entre 4 y 5 veces más de lo que las empresas (nacionales o multinacionales) invirtieron en el país en el mismo año.

El 70% del total esas divisas que se fugaron en 2001 provenían de las primeras 100 firmas de la cúpula empresarial en las que se encontraban: Pérez Companc, Telefónica de Argentina, Repsol, Telecom, Nidera, Shell.

Los fondos especuladores, particularmente algunos ligados a la JP Mogan, jugaron un rol protagónico en las corridas cambiarias del año pasado, cuando decidieron desarmar sus “inversiones” en pesos y pasarlas a dólares. Los bancos nuevamente como intermediarios realizaron jugosas ganancias.

La gran burguesía nacional mantiene la mayor parte de sus activos dolarizados, llegando a niveles que superan ampliamente los promedios de otros países, dependientes y atrasados. Para los especialistas, los activos de argentinos en el exterior podrían llegar a U$S 400.000 millones. Esto representa más del 70 % de lo que produce el país (PIB) en un año.

3) ¿Qué se podría hacer con esos fondos fugados?

En los primeros cuatro meses de 2019 la fuga de capitales acumuló 7.036 millones de dólares, o un equivalente a 2.697 millones de pesos por día (tomando un dólar de $46).

Este monto es 6,5 veces mayor al gasto en salud (por día) aprobado en el Presupuesto 2019, 4 veces superior al asignado diariamente a educación y 9 veces mayor al monto desinado para las Asignaciones Universales por Hijo (AUH) por día.

Con esos 7.036 millones de dólares se podría financiar:

La construcción de 351 hospitales equipados de alta complejidad

La construcción de 148.000 viviendas

La construcción de 18.000 escuelas

Duplicar el presupuesto destinado a las 57 universidades nacionales.

4) No pagar la deuda con el FMI que financia la fuga de capitales

En toda la gestión de Cambiemos, desde diciembre de 2015- hasta abril de 2019 la fuga acumulada es de 68.388 mil millones de dólares, superando por lejos el monto del acuerdo Stand By contraída con el FMI (57 mil millones de dólares), el más grande de la historia.

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Un gobierno de “fugadores seriales”, que se endeuda para continuar financiando la sangría de capitales y la deuda misma a los especuladores. Sólo en 2018 los niveles de fuga alcanzaron el 96,5 % de los desembolsos realizados por el Fondo ese año, por 28.200 millones de dólares.

En el actual contexto de alta inflación y recesión, la aceleración en los montos fugados está relacionada con la creciente incertidumbre de los “mercados” sobre los pagos de la deuda-que se expresa en la suba del riesgo país- y en el factor electoral. El peligro de nuevas corridas contra el peso no se descarta, por eso desde BCRA mantienen tasas al 70 % profundizando la bicicleta financiera y el hundimiento de la economía. Se suma la habilitación para vender reservas sin tope, entendida como una concesión impulsada por la Casa Blanca, en un gesto político para que Cambiemos intente llegar a octubre sin colapsar.

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Teniendo en cuenta que las reservas disponibles del Central -descontando el canje de divisas con el Banco de China (que no se puede utilizar) y los encajes por depósitos en dólares- arrojan como resultado un monto inferior a USD 30.000 millones, se puede sostener que la devolución de cierto “poder de fuego” al BCRA parece insuficiente para frenar una corrida como la de 2018.

Esas reservas que se queman diariamente tienen como objetivo garantizar los dólares necesarios para financiar la fuga del gran capital, tanto de los empresarios locales como la dolarización de carteras por cobertura de los especuladores.

5) Banca estatal única y monopolio del comercio exterior

El sistema bancario argentino, que concentra entre 10 bancos al 45 % de los depósitos del sistema financiero, es el medio a través del cual se realiza gran parte de la fuga de divisas.

La banca privada compuesta en gran medida por bancos extranjeros, alimenta la especulación financiera, favorece el encarecimiento del crédito (porque es menos rentable) y jugó un rol fraudulento en 2001 cuando se aplicó el “corralito” que perjudicó a miles de pequeños ahorristas, al mismo tiempo que posibilitó la fuga de divisas para multinacionales y especuladores.

Una banca estatal única que contraponga a la lógica actual del lucro especulativo que nos empobrece día a día, una administración de toda la masa dineraria en función de los intereses sociales, sería una herramienta poderosa para terminar con la fuga de capitales y la evasión. También sería posible lograr crédito barato para la vivienda popular o para el pequeño comerciante ahogado por la crisis.

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Complementariamente y para hacer frente a problema de la brecha externa, el monopolio del comercio exterior permitiría administrar las divisas que provienen de las exportaciones en función de las necesidades del pueblo trabajador y no en función de las ganancias de unos pocos. En Argentina sólo un puñado de 200 empresas concentran casi el 70 % de las exportaciones, como: las automotrices, mineras, grupos nacionales trasnacionalizados como Techint o Arcor y cerealeras (Cargill, Bunge, AGD, Vicentín, Dreyfus, Toepfer, Molinos Río de La Plata y Nidera).

Romper el acuerdo con el FMI es sólo el primer paso de un conjunto de medidas de emergencia que plantee dar vuelta las prioridades en función de las grandes mayorías. Una banca estatal única bajo gestión de los trabajadores y el monopolio del comercio exterior, son medidas que conforman un programa de 10 puntos propuestos por el FIT para que la crisis la paguen los capitalistas.

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