Claves de la Ley de Identidad de Género a siete años de su sanción

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Un recorrido sobre la sanción de la Ley de identidad, sus logros, cómo puso en jaque a la Iglesia y los límites a la hora de su implementación.

La Ley de Identidad ya está sancionada y en la misma participaron personas trans que no sólo le pusieron el cuerpo sino también los fundamentos. Corresponde reconocer el valor de la misma teniendo en cuenta que “la Ley no es la primera ni la única de nuestras demandas”, como dice el filósofo Blas Radi.

Su sanción produjo cambios en las personas travestis y trans cuyas dimensiones es difícil de medir. Pero también trajo consigo grandes desafíos por los que aún hay que luchar.

La Ley hoy

La visibilidad conquistada no es menor, más de 10 mil personas mayores de edad accedieron al cambio registral. Si bien no se sabe cuántos niños, niñas y adolescentes se encuentran en situaciones similares, sí se registran 94 personas menores de 18 años que cambiaron su identidad de género desde 2012, de acuerdo con datos del Registro Nacional de las Personas (Renaper).

Pero estos números no son suficientes, porque aún hoy la igualdad ante la Ley no es la igualdad ante la vida. El brutal ajuste que lleva adelante Mauricio Macri y los gobernadores conducirá inexorablemente a un aumento de la pobreza. Frente a esto es imprescindible la organización. De la misma manera que se hizo para pensar la Ley de Identidad y pelear por su sanción, pero esta vez: para dar vuelta todo.

La crisis económica pega de lleno en las travestis que tienen que sobrevivir por las calles de Once o Constitución, o en aquellos hombres trans que tienen hijos que alimentar, en quienes tienen que dejar sus estudios para poder comer.

¿Qué implica?

Para que esa ley fuera posible fue fundamental el desarrollo de artículos interpretativos que prepararan el camino.

Por ejemplo, los Principios de Yogyakarta, redactados por un grupo de 29 expertos internacionales, entre los cuales estaba el intelectual y activista argentino Mauro Cabral, permitieron darle paso a una ley que es ejemplo en materia legislativa a nivel mundial.

En este documento “se buscó destilar el estado actual de la legislación internacional que ahora ya se aplica a las personas discriminadas por su orientación sexual e identidad de género en la forma de veintinueve principios que cruzan por una gama de derechos, entre ellos, los derechos civiles, políticos, sociales, culturales y económicos. Estos Principios definieron por primera vez en la legislación internacional el término de “orientación sexual” y el de “identidad de género”.

Esta ley fue la primera en el mundo en garantizar a los trans el cambio de nombre en todos los documentos oficiales sin necesidad de someterse a un proceso judicial, ni pasar por una legión de psicólogos que confirmaran lo que estas personas ya tenían claro desde la infancia.

Garantiza el derecho a la identidad autopercibida, a través de una rectificación registral por vía administrativa del DNI. En su 2º artículo dice “se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole, siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género, como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.

Es necesario destacar que la identidad es una construcción social, es decir que cada uno va formando su identidad dentro de un contexto económico, político y social. Los roles de género son impuestos desde la Iglesia, el brazo ideológico que pregona como único horizonte la construcción binaria: hombre y mujer.

¿Hay alguien en contra de la Ley?

El gran enemigo fueron las iglesias Católica y Evangélicas, el entonces Cardenal Jorge Bergoglio -hoy Papa Francisco- se opuso férreamente a la Ley de Identidad de Género. Como lo hizo también declarando la “Guerra de Dios” cuando se debatió el matrimonio igualitario. Sin embargo, pese a todo, la noche del 10 de mayo sufrieron un revés porque se sancionó la Ley Nº 26.743 de Identidad de Género.

Existimos

Que se aplique la Ley de Identidad no es un capricho de las personas trans. Es necesario para que se entienda que existen personas que eligen construir su identidad y/o sexualidad fuera del cinto de la heteronorma. Los casos como el del joven trans tucumano Lucas, que fue violentado primero físicamente y luego por todas las Instituciones de Tucumán, desde Manzur, pasando por la policía y hasta la institución médica, reflejan la necesidad de que se implemente y se respete la Ley de Identidad de Género.

Fue la pelea en las calles la que perimitió conquistar esta ley, es la pelea en las calles la que tiene que estar a la orden del día para que junto a la clase trabajadora sigamos batallando contra la discriminación y violencia. Por una vida que merezca ser vivida, para que la tierra sea nuestro paraíso.



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