Claves del nerviosismo del dólar y el equipo económico que continúa sin GPS

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La cotización del dólar bajó en la jornada del viernes a $ 42,27 pero en la semana tuvo un salto de 4 %. Crecen las dudas sobre la capacidad de pago de la deuda y el Banco Central cuenta con pocas herramientas para contener una eventual estampida cambiaria.

  • En la semana corta, la cotización minorista saltó 4 %, de $ 40,83 el viernes 1 de marzo a $ 42,27 este viernes 8. Llegó a cotizarse a $ 43,70 el día jueves en algunos bancos.
  • Se terminó el “veranito financiero”* en cuanto aparecieron modificaciones en las condiciones a nivel internacional. En este caso, por una salida de capital de países “emergentes” hacia China: La calificadora MSCI (Morgan Stanley Capital Investment) informó esta semana que aumentará cuatro veces la ponderación que tiene es sus índices China continental. Los inversores comenzaron a desprenderse de activos de otros países, como los argentinos que ya contenían un alto riesgo, para ir en busca de los activos chinos.
  • A pesar de la economía intervenida por el FMI, a los acreedores de deuda (y al capital financiero en definitiva) no les convence la capacidad de pago de la deuda que el gobierno dice tener, especialmente, una vez que se termine el auxilio financiero del FMI. Las metas comprometidas con el FMI en materia fiscal, el salvaje ajuste sobre el gasto doméstico y el cumplimiento de vencimientos de estos años con plata del organismo, no resultan suficiente para despejar los reparos.
  • La restricción financiera es la siguiente: en marzo se recibiría el último desembolso grande del FMI y en 2020 se termina su sostén (luego comienza a cobrar), el país tiene vedado el financiamiento internacional por los altos costos (tasa de interés) y riesgos que presenta, pero los vencimientos de capital e intereses del Estado nacional entre 2020 y 2026 alcanzan al 65 % de lo que hoy se debe (U$S 210.000 millones, el equivalente de lo que pagaron los gobiernos kircheristas en sus 12 años de gobierno). El gobierno deberá recurrir al mercado doméstico para financiar lo que falta, empezando en el 2020 su prueba de fuego.
  • Mientras tanto, la economía atraviesa una recesión que se ve profundizada por las propias políticas de ajuste.
  • Sin acceso a los mercados de crédito en los próximos años y solo apelando al mercado local, no hay ajuste que alcance para cubrir los vencimientos de la deuda ya contraída.
  • También inciden los riesgos de corto plazo, desde los económicos (como la inflación galopante y las dudas sobre la posibilidad de que el gobierno cumpla con el ajuste fiscal) hasta las preocupaciones políticas sobre los resultados electorales.
  • Se suma una menor liquidación de dólares del sector agropecuario. Se contrajo 26 % en febrero respecto de enero, con un volumen de U$S 1.290 millones anunció la Cámara de la Industria Aceitera y el Centro de Exportadores de Cereales. El Gobierno espera el ingreso de U$S 25.000 millones de la cosecha 2019 este año (es decir, un importante incremento respecto del año pasado), pero habrá que ver si los exportadores liquidan los dólares o esperan un tipo de cambio superior.
  • El Banco Central no tiene muchas herramientas para contener una eventual corrida sobre el dólar. Con el esquema de “bandas de no intervención” en el tipo de cambio, acordadas con el FMI, el BCRA no puede vender ni comprar dólares dentro de la banda; solo puede intervenir de manera indirecta operando a través del mercado de futuros, o a través de su política monetaria hiper contractiva: quitando pesos de circulación y con una tasa de interés por las nubes como herramienta. Si el dólar sube por encima de la “zona”, el BCRA sólo puede vender U$S 150 millones, que no alcanza para contener ninguna corrida.
  • Pero con el ritmo actual de inflación, la tasa de interés como herramienta se queda corta para contener el dólar. La suba de la cotización del dólar durante febrero fue de 4,8 %, mientras que la tasa real de un plazo fijo fue de 3 % mensual. Si esta brecha continúa o se agranda puede hacer girar a los especuladores a dolarizar sus carteras.
  • Asimismo, la inflación incrementa la perspectiva de la devaluación, ya que el peso se aprecia frente al dólar en términos reales (la monda de EEUU pierde poder de compra en el país).
  • A pesar de la disposición de Macri de permitir un nuevo saqueo de los acreedores y fugadores a costa de un feroz empobrecimiento de la clase trabajadora, no alcanza para revertir la precariedad del actual esquema económico.
  • La única manera de salir del Fondo al que está conduciendo el país la clase dominante es mediante una intervención independiente de las y los trabajadores para imponer un programa de conjunto para que la crisis la paguen los que la generaron.

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* Se denominó informalmente como “veranito financiero” a un breve período entre enero y febrero en el que pareció que la Argentina dejaba atrás la situación de emergencia de 2018. Este “veranito” consistió en un dólar estable y cotizando en niveles “bajos” (debajo de la banda inferior de la llamada “zona de no intervención” del Banco Central), y una reducción del riesgo país, que sin embargo seguía en niveles muy elevados (por encima de los 600 puntos básicos).



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