Con ocho muertos por el incendio, Vidal ya carga con la peor masacre en comisarías

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Walter Barrios murió anoche y se suma a otras siete víctimas fatales del incendio del jueves 15 en la comisaría Tercera de E. Echeverría. La Bonaerense los dejó encerrados, sin luz ni agua. Murieron quemados.

Anoche falleció el joven de 21 años Walter Barrios, luego de agonizar cuatro días. Con él, la cifra de víctimas fatales por la masacre de la Comisaría Tercera de Transradio (Esteban Echeverría), ocurrida el jueves 15 de noviembre, asciende a ocho. Y aún quedan varios heridos.

Según informó la Comisión Provincial por la Memoria (CPM), Barrios llevaba dos meses en esa dependencia policial, detenido preventivamente por el presunto delito de “encubrimiento”, que contempla penas mínimas de entre 6 meses y 3 años.

Como ya se dijo en este sitio, al momento del incendio eran 27 los hombres detenidos (algunos llevaban meses allí) pese a que el Ministerio de Seguridad a cargo de Cristian Ritondo tenía prohibido por una orden judicial alojar presos allí.

Otro de los fallecidos, Miguel Ángel Sánchez (31), llevaba un par de semanas detenido por el “delito” de “tenencia simple de estupefacientes”, es decir por habérsele encontrado en la calle con un porro u otra sustancia para consumo personal.

La lista se muertos se completa con Jeremías Rodríguez(20), Eduardo Ocampo (60), Jorge Ramírez (30), Juan Lavarda (60), Elías Soto (20) y Juan Fernández (31). Cuatro murieron el mismo jueves a la noche, dos el viernes, uno el domingo y anoche se sumó Barrios.

Manual del relato policial

La masacre de Esteban Echeverría tiene muchos puntos en común con otros episodios similares ocurridos en cárceles y comisarías a lo largo de la historia. Pero para no ir tan lejos, vale compararla con la otra masacre reciente en una dependencia policial bonaerense, la de Pergamino, ocurrida a comienzos de marzo de 2017. Allí murieron siete detenidos con preventiva, también mayoritariamente jóvenes.

Desde la CPM, presidida por el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y por la Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora Nora Cortiñas, consideran “fundamentales” los testimonios judiciales de los sobrevivientes de esta masacre, ya que todos coinciden en que “no hubo intentos de motín ni de fuga” la noche del jueves 15, tal como intentó instalar el gobierno de Vidal en un principio.

“Los relatos coinciden en que la Policía, primero, cortó la luz en los calabozos cuando un grupo de detenidos se negó a apagar la música. Esa decisión, sumada a las degradantes condiciones de alojamiento como la falta de colchones, derivó en una protesta con fuego por parte de los detenidos. Fue allí cuando los efectivos deliberadamente cerraron el suministro de agua a los calabozos que habría evitado las muertes”, graficaron desde el organismo de derechos humanos.

Según la propia Comisión por la Memoria, que lleva años relevando casos de brutalidad y violencia policial, carcelaria e institucional, lo ocurrido en la comisaría de Transradio ya puede ser considerado como “la mayor masacre en la historia de las comisarías argentinas”. Al mismo tiempo, no dudan en afirmar que esta masacre “es el resultado directo del hacinamiento y la sobrepoblación, entre otros factores de violación de derechos en contexto de encierro, de una política criminal que persigue y encierra a los pobres”.

Leé también Informe 2018 de la CPM: “Este año fue récord en torturas y muerte en lugares de encierro”

Pena de muerte de facto

Apenas trascendió el hecho el viernes a la madrugada, no pocas empresas periodísticas salieron a “bancar” a María Eugenia Vidal, a su ministro de “Seguridad” Cristian Ritondo y a la Policía Bonaerense, buscando instalar la idea de que todo comenzó con un “intento de fuga” de los detenidos. Algo que, por estas horas, va perdiendo asidero a partir de la reconstrucción de los hechos en sede judicial.

Lo que sí se va confirmando cada vez más a partir de los testimonios de los sobrevivientes es la actitud deliberadamente criminal de los efectivos policiales que estaban a cargo de la Comisaría Tercera esa noche.

De acuerdo con el informe que la Policía le pasó al juzgado interviniente, el incendio se produjo por la quema de frazadas y papeles. No se quemaron colchones porque, precisamente, no existían en los calabozos (lo que era un reclamo sostenido desde hace tiempo por los presos). Como los elementos quemados requieren un tiempo prolongado de encendido y elevación de temperatura, todo hace presumir que los policías dejaron a propósito que el incendio se desarrollara sin abrir los candados para que los presos pudieran salvar sus vidas.

Pero además, la crueldad policial habría llegado al extremo de cortar el suministro de agua, impidiendo deliberadamente que los mismos presos pudieran extinguir las llamas. En declaraciones anteriores a este diario, Roberto Cipriano García, secretario de la CPM, informó que “cuando empezó el fuego y los detenidos pidieron ayuda, lo que hizo la Policía fue cerrar la llave de paso de agua, con lo cuál no tenían agua para apagar el incendio”.

A su vez, según las versiones de familiares y de testigos, en ese momento algunos efectivos miraban la situación y les decían con sorna a los detenidos “ahora se van a quemar como ratas”.

En un comunicado de prensa difundido este martes, la Comisión por la Memoria afirmó que “resulta urgente la necesidad de avanzar en las responsabilidades de los efectivos y autoridades de la Comisaría 3ª así como de los funcionarios policiales de la departamental y funcionarios políticos y judiciales, considerando las graves circunstancias y acciones directas en esta masacre y también la ilegalidad del alojamiento de detenidos en esa comisaría por orden judicial”.

Hasta el momento no hubo comunicado oficial del Gobierno bonaerense, a cargo de María Eugenia Vidal, que dé al menos su propia versión de los hechos. Solo Clarín publicó un testimonio de fuentes anónimas del Ministerio de Seguridad provincial, intentando desligarse de la responsabilidad de alojar detenidos en comisarías prohibidas para tal fin. “Los propios jueces y fiscales del departamento judicial de Lomas de Zamora, pese a los reiterados requerimientos de las autoridades policiales y ministeriales, son quienes remiten los presos a las comisarías clausuradas por ellos mismos”, dice Clarín que dicen desde la cartera de Ritondo.

Mientras tanto, el ministro mantiene un silencio cómplice con los autores de la masacre. Desde el momento del hecho, en su cuenta de Twitter solo se dedicó a postear pura propaganda.

Estos tuits de parte de uno de los responsables de la peor masacre en comisarías de la historia bien podrían tomarse como una provocación.

Foto Maxi Failla | Clarín



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