Cuarenta científicos protestan contra la pesca ilegal de tiburones en mar argentino

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Es en respuesta a registros veraniegos sobre pesca de escalandrunes, una especie inofensiva en peligro de extinción. “La conservación del ecosistema marino depende de cada uno de nosotros”, reclaman.

El pasado 11 de enero fue difundido por medios periodísticos y redes sociales un video que muestra a pescadores, supuestamente recreativos, en una embarcación con una captura ilegal de ocho tiburones de la especie Carcharias taurus, más conocido como escalandrún (un tiburón inofensivo), en aguas frente a Mar Chiquita, provincia de Buenos Aires. En respuesta, unos cuarenta científicos nacionales, pertenecientes al Conicet y a diversas instituciones a lo largo y ancho del país, emitieron un comunicado en el que advierten sobre la necesidad de respetar la reglamentación vigente y conservar a los tiburones del mar argentino.

“Los abajo firmantes somos profesionales de las ciencias biológicas especialistas en distintos aspectos de la biología de los tiburones y otros peces. Por este medio, queremos expresar nuestra preocupación por los actos irresponsables e ilegales como los que se muestran en el video aludido que, lamentablemente, siguen siendo comunes todos los veranos”, declararon.

Según los profesionales, los últimos análisis científicos indican que la abundancia de esta especie ha disminuido drásticamente en el país. La población de este tiburón, compartida entre Argentina, Brasil y Uruguay, está catalogada como “en peligro crítico de extinción” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, la principal organización internacional dedicada a la evaluación y conservación de la biodiversidad.

En diálogo con La Izquierda Diario, Luis Lucifora, del Instituto de Biología Subtropical de Iguazú declaró que “sin dudas, el principal factor detrás de la disminución en la abundancia del escalandrún es la sobrepesca. Pero debemos tener en cuenta que se trata de una especie que es afectada no sólo por pescadores recreativos, sino también por buques comerciales”.

Según Lucifora, quien fue el principal coordinador de la iniciativa impulsada por estos cuarenta científicos, “en Argentina, la pesca comercial de tiburones grandes es menor, pero el escalandrún se mueve entre Argentina, Uruguay y Brasil. Por lo tanto, también es susceptible de la presión de pesca que encuentra en aguas de esos países, en donde sí hay pesca dirigida a tiburones grandes o estos son captura incidental de barcos que buscan otras especies, como atún o pez espada. Es un problema administrativamente complejo porque hay muchas jurisdicciones nacionales, subnacionales y hasta comisiones internacionales”.

Actividad ilegal

Los efectos de la pesca recreativa en las poblaciones marinas y los ecosistemas han aumentado la preocupación mundial en los últimos años. En Argentina, la pesca con caña, la pesca con redes y la pesca submarina de peces costeros, tiburones, rayas y quimeras son actividades de pasatiempos muy populares con más de 50 años de historia.

“A pesar de la relevancia tradicional y económica percibida de estas actividades en el país, las pesquerías recreativas marinas no estaban reguladas en gran medida, y no se han implementado programas oficiales de monitoreo de pesquerías a nivel nacional”, señalaron en su investigación Review of marine recreational fisheries regulations in Argentina, los especialistas Paula Cedrola, de la Dirección Provincial de Recursos Naturales de Santa Cruz, y Leonardo Venerus, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos de Chubut y también firmante del reclamo.

A excepción de algunos sistemas particulares para los cuales las instituciones de investigación y las ONG recopilaron algunos datos, no se han realizado encuestas exhaustivas para describir los aspectos ecológicos, sociales o económicos de estas pesquerías.

Cedrola y Venerus señalan que “de las cinco provincias costeras que abarcan ca. 8400 km y unos 20 grados de latitud de costa, solo la provincia de Buenos Aires tiene una legislación completa para todo su territorio, que incluye 15 áreas protegidas. En las provincias restantes, las regulaciones para la pesca recreativa marina están limitadas a unas pocas áreas protegidas (siete de las 37 áreas costeras bajo jurisdicción provincial, nacional o compartida). Esta falta de legislación alienta a los presuntos pescadores recreativos a desarrollar operaciones de pesca comercial a pequeña escala que ni se controlan ni se monitorean como tales, lo que contribuye a la sobreexplotación de algunas poblaciones costeras clave”.

Según indican los cuarenta científicos del Conicet, “en principio, la pesca que se muestra en el video es ilegal porque viola la Disposiciones Nº 217/2007 y 78/2014 de la Provincia de Buenos Aires. Estas reglamentaciones establecen la devolución obligatoria de los tiburones capturados de las especies escalandrún, bacota, gatopardo, martillo y cazón, limitan el número de cañas por pescador y también estipulan la modalidad de armado del aparejo de captura”. También se encuentra vigente la resolución del Consejo Federal Pesquero Nº 04/2013, “que establece que los buques de pesca comercial no pueden desembarcar tiburones mayores de 1,6 metros de longitud total en ningún puerto argentino”.

Según los profesionales, “estas reglamentaciones tienen como objetivo conservar y hacer un uso sustentable de las poblaciones de grandes tiburones del mar argentino. Se basan en conocimiento científico de la biología de esas especies en aguas argentinas acumulado durante muchos años, que indican que estos tiburones tienen un muy bajo ritmo reproductivo y que sus poblaciones han sufrido disminuciones severas”.

Marcada tendencia a la disminución de la población

Según nos explicó Lucifora, “la primera evidencia de disminución de escalandrunes en Argentina surgió en 2003. En ese año mi trabajo de tesis doctoral realizado en Bahía San Blas me permitió estimar que el escenario más probable para la población de escalandrunes compartida entre Argentina, Brasil y Uruguay, era uno que indicaba una disminución poblacional del 11 % anual. Ese resultado se obtuvo a través de un modelado estadístico de la población que incluía datos de fecundidad, edad de madurez sexual, mortalidad natural y por pesca y permitía estimar la tasa de crecimiento anual”.

En 2015, junto a Santiago Barbini y Daniel Figueroa, ambos del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras de la Universidad Nacional de Mar del Plata y firmantes del reclamo, Lucifora realizó dos análisis con un tipo de datos completamente diferente: “Usamos dos técnicas que permitían estimar la tasa de crecimiento poblacional a partir de datos no convencionales, como son los registros de captura de escalandrunes por parte de pescadores recreativos en revistas de pesca mientras se lo ponderaba por una medida de esfuerzo pesquero. Esas técnicas indicaron que la población de escalandrún disminuye a un ritmo del 27 % anual”.

Casi al mismo tiempo, Gastón Trobbiani y Alejo Irigoyen, del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos (Centro Nacional Patagónico) y firmante también del reclamo científico, realizaron un análisis en el cual entrevistaron a pescadores de las provincias de Buenos Aires y Chubut acerca de qué percepción tenían sobre la tendencia de la población de escalandrún y cuál pensaban ellos que era la magnitud de esa tendencia. El 92 % de los pescadores contestaron que la tendencia era hacia la disminución y que la disminución estaba en promedio en un 90 %.

“Si bien los números varían, -aclara Lucifora- lo que es lógico porque trabajamos con una especie sobre la que no hay muchos datos pesqueros (como puede haber para la merluza, por ejemplo), tenemos cuatro métodos diferentes que usan tres tipos de datos distintos y todos ellos indican que hay una disminución muy seria de la especie (y de otros tiburones también, como el cazón, el bacota y el gatopardo). Además, la información que hay de Brasil, que es menos detallada que la que tenemos en Argentina, también sugiere una seria disminución del escalandrún en Brasil, lo que es muy lógico porque es la misma población”.

El escalandrún, un tiburón inofensivo

El escalandrún es un tiburón de aparición estacional en Argentina. Las hembras se reproducen a partir de los 14-15 años de edad, y a partir de ahí dan a luz a dos crías en cada parición con una frecuencia máxima de una vez cada dos años. “Las costas bonaerenses son muy importantes en el ciclo de vida de esta especie, ya que en estas aguas tendría lugar el apareamiento, lo cual es fundamental para la preservación de la especie”, indican los científicos en su comunicado.

“Es un tiburón inofensivo que se alimenta de peces medianos (principalmente pescadillas, corvinas, gatuzos, rayas) y su dentición no está adaptada a cortar trozos de sus presas. Por este motivo, en general, traga a sus presas enteras y no se alimenta de presas mayores que el tamaño de su boca. Esto hace que trate al anzuelo con carnada de la misma manera. Por consiguiente, el anzuelo generalmente se clava en sus órganos internos (estómago, hígado, esófago, corazón), causando serias lesiones, que ponen en duda la supervivencia de los individuos devueltos al agua”.

Actitud responsable hacia la población de tiburones

Los científicos naturales señalan que “para evitar estas lesiones, los pescadores de tiburones responsables siguen la recomendación de la reglamentación vigente y colocan a unos 25-30 cm del anzuelo una boya mediana (del tamaño de un pomelo) que evita que el animal se trague el anzuelo y, de esta manera, tenga más posibilidades de supervivencia al ser devuelto al mar. También es recomendable el uso de anzuelos circulares, que son más propensos a clavarse en la boca, por lo que también minimiza el daño interno”.

“Por todos estos motivos, instamos a todos los pescadores a cumplir con las normativas vigentes y recomendamos enfáticamente que utilicen técnicas de captura que minimicen el impacto negativo sobre los tiburones. Además, solicitamos a las autoridades que ejerzan los controles necesarios para asegurar que las reglamentaciones se cumplan”, señalan los especialistas. “Finalmente, pedimos a toda la ciudadanía que haga un uso responsable de los recursos naturales. La conservación de los tiburones, del ecosistema marino y, en última instancia de nuestra propia especie, depende de las acciones de cada uno de nosotros”.



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