Cuatro claves para entender la crisis y la megadevaluación

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En días de caos económico para muchos trabajadores es difícil comprender lo que dicen (y ocultan) los medios de comunicación, economistas y opinólogos. Aquí una síntesis de los principales aspectos.

1) Déficit fiscal:

Las cuentas del Estado están determinadas, para simplificar, por la diferencia entre lo que se recauda y se gasta. Están en rojo hace años. Esto es porque se recauda menos de lo que se gasta. El Gobierno de Cambiemos le echa la culpa a un supuesto desborde en las partidas para jubilaciones, para los docentes, a la educación universitaria o a los trabajadores de la salud.

Pero lo cierto es que un componente central del presupuesto público es el gasto en intereses de la deuda que va a manos de los especuladores: más del 15 % del total del presupuesto. Es un porcentaje que duplica, por ejemplo, el desembolso para toda la educación. Y este porcentaje va a crecer por el nuevo endeudamiento con el FMI. No pagar la deuda liberaría enormes recursos para fines sociales.

Los acuerdos con el FMI (ya en estos días se cocina el segundo acuerdo en menos de tres meses por el fracaso del primero) busca abastecer dólares para garantizar los pagos de la deuda. No va un peso a educación, salud, jubilados y otros fines sociales.

Además, en el presupuesto público se beneficia con desgravaciones impositivas a muchos sectores empresarios. El Gobierno sólo mira el gasto. Pero la verdad es que también puede subir la recaudación, pero no lo quiere hacer (o lo hace muy limitadamente) para no tocar las ganancias patronales.

Por el contrario, a principio de su mandato Mauricio Macri sacó retenciones a los exportadores (y las redujo para los productos de la soja). En diciembre último votó en el Congreso, con apoyo del peronismo, una reforma tributaria que baja progresivamente los impuestos a las empresas: ganancias y contribuciones patronales, principalmente. Con estas medidas agravó el rojo fiscal.

La recesión a la que se conduce la economía achicará más la recaudación y agravará el déficit fiscal. Por eso diarios y bancos internacionales piden, como prometió Domingo Cavallo en 2001, que el país tiene que tener déficit cero el año próximo: esto significaría un recorte de partidas sociales mucho más brutal. Quieren atacar más a los jubilados, reducir asignaciones a chicos y adolescentes, achicar ministerios, reducir el poder de compra del empleado estatal.

2) Déficit externo

Las cuentas externas sintetizan las relaciones del país con el exterior. Las transacciones se realizan en dólares. Hay una gran escasez de dólares porque el flujo de divisas hacia el exterior es mucho más fuerte que los escasos ingresos que tienen lugar. Es el principal problema que empuja el dólar hacia arriba.

Al país ingresan dólares por diversas vías:

  • a) Exportaciones, en su mayor parte agrarias ahora afectadas por la sequía.
  • b) Turistas que visitan a Argentina.
  • c) Inversiones: pocas porque fracasó el pronóstico de la famosa “lluvia de inversiones”.
  • d) Especuladores que vienen a aprovechar su paritaria del 60 % con las altas tasas de interés que paga el Banco Central y otros instrumentos especulativos. Estos se están retirando a más velocidad que el delantero francés Kylian Mbappé a pesar que el Central sigue subiendo la tasa de interés porque ven que el patrimonio de la entidad monetaria se deteriora.
  • e) Deuda externa a través de la emisión de títulos que compran los fondos de inversión, muchos de ellos buitres, bancos internacionales como J.P. Morgan. Esta vía se cortó con la corrida iniciada a fines de abril por la falta de confianza del capital financiero internacional con el macrismo.
  • f) Préstamos del FMI: es la principal ventanilla abierta en este momento. Es otra vía de aumentar la deuda externa.

Por otro lado, los dólares que salen del país se vinculan fundamentalmente a los siguientes movimientos:

  • a) Pago de importaciones. El Gobierno las está reduciendo a través de la recesión.
  • b) Turistas argentinos que viajan al exterior. Los trascendidos indican que el Gobierno estudia poner un impuesto al turismo.
  • c) Pagos de la deuda externa. Históricamente Argentina paga más de lo que le prestan: ese es el negocio de capital financiero.
  • d) Salida de especuladores del país. Es precisamente lo que está ocurriendo con los que aprovecharon la “bicicleta financiera” con las altas tasa del Banco Central.
  • e) Fuga de capitales, principalmente de las grandes empresas. En la crisis de 2001 en la lista de las grandes empresas que fugaron están Pérez Companc, Telefónica de Argentina, Repsol, Telecom, Nidera, Shell y sigue los nombres. Ahora no dan los nombres de los que compran dólares, pero el 80 % de las compras corresponde a los que adquieren más de U$S 2 millones. Los bancos son la vía por la cual se fugan capitales.

Cambiemos no tiene ninguna solución para el déficit externo porque honrar los pagos de la deuda y la total libertad para que se vayan capitales es parte del manual neoliberal que respetan a rajatabla. Esto implica una sangría de dólares incesante que vacía las reservas del Banco Central (que son riquezas que generan las manos trabajadoras) y requiere cada vez más endeudamiento para pagar la deuda previa y garantizar la fuga. Un círculo vicioso.

3) Ganadores

Es evidente que el Gobierno privilegia los negocios especulativos. Entre los principales ganadores están los bancos, fondos de inversión, las grandes empresas que fugan dólares.

Con la devaluación permanente también se benefician los exportadores. Por cada dólar exportado en diciembre de 2017 obtenían $ 17. Ahora por cada dólar exportado obtienen $ 40 (o la cotización que alcance el dólar estos días). Es decir, que mejoraron sus ingresos más del 100 %. Los grandes exportadores son un puñado de empresas agropecuarias e industriales: Bunge, Cargill, Aceitera Genral Deheza (AGD), Nidera, Techint, Aluar y las automotrices.

El gran empresariado se beneficia con la devaluación del salario de los trabajadores: es lo que festejó estos días Cristiano Rattazzi, titular de Fiat Argentina.

4) Perdedores

Los perdedores principales son los que viven de su salario. Toda devaluación es ante todo una devaluación del salario: esto ocurrió con la devalución de Eduardo Duhalde en 2002, con la de Axel Kicillof en 2014, con la que hizo el macrismo apenas asumió y con la que está en curso.

Los cálculos de inflación están encontrando un nuevo nivel cerca del 40 %. Muchos analistas dicen que puede seguir escalando por encima de este valor por la retroalimentación entre devaluación e inflación.

Las paritarias originalmente fueron del 15 %. Luego algunas se ajustaron 5 % más. Incluso hubo sectores, como camioneros, que obtuvieron alrededor del 25 %. Pero de conjunto, la brecha entre la suba de precios y la suba de salarios cada vez es mayor.

La recesión está extendiendo los despidos en el ámbito estatal y público. Este viernes en el Ministerio de Agroindustria se anunciaron 500 despidos. Las estadísticas del Ministerio de Trabajo de junio exhiben un importante deterioro laboral en el ámbito privado. Son sólo las primeras consecuencias de la recesión.

Como se mencionó, el ajuste que pacta el Gobierno de Cambiemos con el FMI traerá nuevos recortes en educación, salud, a jubilados, a niños y adolescentes beneficiarios de asignaciones.

Bien lejos de la pobreza cero, los próximos datos que publique el Indec mostrarán una suba de la pobreza y la indigencia.

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