#DarVueltaTodo: crecen la desigualdad laboral y la pobreza femenina ante la crisis

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Las mujeres componen el 70 % de la población con menores ingresos, y el 97 % de quienes reciben AUH. Al ritmo de la crisis la desocupación crece con más fuerza entre las jóvenes hasta 29 años.

Foto: Nuestras voces

Un nuevo 8M se avecina para conmemorar de manera activa y en las calles el Día Internacional de la Mujer. Desigualdad laboral, mayor precarización y feminización de la pobreza son constantes que definen la inserción adversa en el mercado de trabajo para las mujeres.

La participación laboral de las mujeres en el mundo ha aumentado durante las últimas tres décadas, acompañando los cambios impuestos por el neoliberalismo, aumentando la flexibilización del trabajo. Bajo estas condiciones generales de mayor explotación se desarrolló la inserción laboral femenina caracterizada por percibir salarios más bajos por igual trabajo o con dificultades para acceder a puestos jerárquicos; ocupando los puestos más precarios (con menor especificación) o de tareas relacionados al cuidado (salud, educación, trabajo doméstico, etc.), de menores cargas horarias y con mayor inestabilidad.

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En números podemos ver, de acuerdo con los últimos datos publicados por el Indec en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para el tercer trimestre de 2018, que la tasa de actividad de las mujeres alcanzó el 49,1%, más de 20 puntos por debajo de la participación masculina que fue de 69,5 %, para ese periodo.

Esta enorme diferencia se mantiene en la tasa de empleo que mide la relación entre ocupados y población total (donde la mayoría son mujeres), alcanzado para las mujeres el 43,9% y el 64 % para los varones.

La crisis y la feminización de la pobreza

El actual contexto recesivo de la economía que incluyó una caída de la economía en 2018 del 2,6 % (EMAE), pérdida del salario real (12 %) y contracción del mercado laboral con pérdidas de empleos, agudiza las condiciones desiguales y precarias para las mujeres. Mientras los niveles de pobreza ya alcanzan a 13,6 millones de personas ascendiendo al 33,6 % según las estimaciones del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, en el mismo informe se sostuvo: “En tanto se mantenga el actual escenario recesivo, sólo cabe esperar un aumento del desempleo, los trabajos de subsistencia y de la precariedad laboral, y por lo tanto, de las desigualdades estructurales que afectan al mercado de trabajo, con efectos directos sobre la pobreza.”

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Por el momento no se ven señales de recuperación de la economía, incluso se esperan subas en las próximas mediciones de pobreza como resultado de la crisis económica. En este sentido y por estar expuestas a una mayor precariedad laboral, son las mujeres sobre quienes recaen con mayor fuerza los efectos del ajuste aumentando su participación en los sectores más vulnerables y de menores ingresos.

El 97 % de los titulares de AUH son mujeres, y dentro de ese porcentaje si miramos por edades entre los 20 a 34 años se concentra el 61 % de las asignaciones. El monto de las AHU continúa siendo de miseria ($1831), muy por detrás de la inflación, según el cálculo realizado por el Observatorio del Derecho Social-CTA en enero de 2019 registraron una pérdida en términos reales de 17,4 % y prevén una caída similar para febrero.

Otro de los sectores vulnerables con alta composición femenina y afectado por los cambio del índice de movilidad son las adultas mayores que perciben jubilaciones. Una estimación de La Izquierda Diario reveló que en promedio, las mujeres jubiladas y pensionadas perciben haberes un 12 % más bajos que los de los varones.

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Si miramos el informe de Evolución de la distribución del ingreso de EPH se puede comprobar este crecimiento de la feminización de la pobreza. Los datos oficiales muestran que las mujeres siguen ocupando el 70 % de la población con menores ingresos. Además de ser el componente mayoritario del décil con menores ingresos, la brecha de ingresos respecto a varones alcanza el 25,2 %, según datos elaborados por Economía Femini(s)ta. Para profundizar en este aspecto te invitamos a leer: Desigualdad y salarios más bajos para las mujeres

Las jóvenes las más desocupadas

En cuanto a los niveles de desocupación nos encontramos que allí también las mujeres son “protagonistas”, para el III Trim de 2018 registraron una tasa de 10,5 % aumentando en 1 % respecto a igual periodo de 2017 –y por encima de la tasa de desocupación total del 9 %. Para los hombres la tasa de desocupación fue de 7,8 %.

Fuente: Elaboración propia en base a infome EPH-Indec

En el mismo sentido las mujeres representan niveles más elevados en las tasas de subocupación que abarca a quienes trabajan menos de 35 horas semanales. Esta tasa ascendió del 10,8 % en el III Trimestre de 2017 al 11,8 % para el mismo periodo de 2018. Para las mujeres la subocupación llegó al 14,4 % de las activas, mientras la subocupación de los varones se ubicó 4,6 % por debajo, alcanzando el 9,8 % de los activos.

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Esta desigualdad en el mercado laboral empeora para las mujeres jóvenes entre 14 y 29 años. Para ellas la tasa de desocupación desagregada por sexo y edad muestran una suba del 2 % en comparación con el III Trimestre de 2017; pasando de 19, 5 % al 21,5 %. La misma medición para los varones presentó una tendencia contraria registrando una caída de 1 %, del 15,5 % al 14,5 % actual.

Fuente: Elaboración propia en base a infome EPH-Indec

Estos datos tienen como intención graficar la situación de precariedad y pobreza que sufren cotidianamente las mujeres y que no mejorará mientras sigan aplicándose los planes de ajuste acordados con el FMI. Pero existen ejemplos de organización de las mujeres trabajadoras que intentan revertir esta insoportable situación, peleando por una transformación de conjunto de las relaciones de producción para finalizar con la explotación laboral – que afecta doblemente a las mujeres. Desde la gestión obrera de Madygraf han garantizado que todes sus trabajadores cobren igual salario por igual tarea, y tengan 6 meses de licencia por maternidad; poniendo en pie hace años una Comisión de Mujeres fundamental para enfrentar los despidos en cursos, mostrando la necesidad de que el movimiento de mujeres rodee de solidaridad estas experiencias de lucha.

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