De los cortes de rutas a los sillones del Rectorado: Crónica de una muerte anunciada

0
261


“No hay ningún socialista honesto que suponga factible reformar toda esta vieja sociedad paulatinamente hasta sacar de ella una nueva y flamante como en las viejas utopías. La condición primera para reformar un régimen -lo ha demostrado siempre la historia- es la toma del poder por la clase portadora de esa reforma”. Julio Antonio Mella.

El pasado sábado se desarrolló puertas adentro de la UNLP y de una manera completamente antidemocrática, la Asamblea Universitaria que definió ni más ni menos, quién será el Rector de la UNLP por los próximos 4 años, y cuáles serán los principales lineamientos políticos e ideológicos que llevará adelante la Universidad platense. Como ya era sabido, el arquitecto Fernando Tauber accedió al cargo de Rector con el apoyo de 260 sobre 270 congresales. La casi unanimidad del resultado de la votación que se presenta a la comunidad universitaria como producto del diálogo no es otra cosa que el resultado de largas negociaciones en el marco de un proyecto común.

Quienes escribimos esta nota, lo hacemos desde un lugar particular: el de haber sido parte durante varios años de la corriente política que hoy decide integrarse al Rectorado, Patria Grande. Luego de más de 6 meses de nuestra ruptura, urge compartir las primeras conclusiones de esa experiencia de militancia. Conclusiones que hemos sacado al calor de las lecturas, discusiones y luchas encaradas en estos meses de experiencia política con el PTS.

En esta oportunidad, nos convoca a escribir el reciente y desafortunado suceso ocurrido en la Asamblea Universitaria: Patria Grande, una de las principales corrientes estudiantiles, que se autoproclama de “izquierda popular” y que dice luchar por el socialismo y el feminismo, se arrastró a los pies del proyecto de Universidad para pocos, que hoy encabeza Fernando Tauber.

El apoyo de la Corriente kirchnerista La Mella (Patria Grande) al candidato radical Tauber y a toda su gestión (incluyendo al ahora ex decano de la Facultad de Ciencias Económicas Martín López Armengol, alineado directamente al PRO) significa sin duda un retroceso para el conjunto del Movimiento Estudiantil.

A partir del apoyo al menemista Daniel Scioli en el balotaje de 2015, la organización Patria Grande ha ido profundizando un giro conservador cada vez más acentuado: La casi ciega condescendencia con el Papa, el llamado a votar a Cristina formando parte inclusive de las listas del PJ en las elecciones legislativas del año pasado, así como la completa integración al bochornoso co-gobierno universitario constituyen los ejemplos más claros de este giro, que lamentablemente se anunciaba.

Fuimos parte del proceso por el cual los giros a la derecha, la confianza en el Estado, la disputa de los cargos, la burocratización de la práctica política y los negociados por arriba, empezaban a ser moneda corriente dentro de las orientaciones políticas de Patria Grande. Bajo la premisa del mal menor, cualquier mísera mejora del mundo de hoy, por más efímera que significara, constituía una excusa para abandonar la independencia política y plantear una salida reformista. Luego de muchas discusiones en los inicios de nuestras experiencia con el PTS, pudimos visibilizar que estas “desviaciones” no eran la excepción sino la regla de una organización que a pesar de autoproclamarse de izquierda y revolucionaria (por plantear el socialismo como horizonte), estratégicamente estas banderas nunca se expresaron en las orientaciones e intervenciones concretas.

Es necesario remarcar, que un pequeño sector de la militancia de Patria Grande fue parte activa de las jornadas revolucionarias del 19 y 20 de diciembre del 2001, de la lucha contra la LES, de la exigencia al gobierno kirchnerista de la aparición con vida de Jorge Julio López, así como de los cortes de ruta que peleaban por tierra, techo y trabajo.

Paradójicamente, en el año 2010, la COPA (perteneciente al Frente Popular Darío Santillán, una de las corrientes piqueteras que en 2014 constituyó a Patria Grande) rechazó contundentemente la candidatura del radical Fernando Tauber (el mismo que hoy apoya). Transcribimos a continuación parte de esa declaración: “En términos generales, nuestra decisión de rechazar la candidatura de Tauber se basa en dos cuestiones fundamentales. La primera de ellas tiene que ver con la forma en que las actuales autoridades conciben el ejercicio de la democracia dentro de la Universidad, reproduciendo un régimen político jerárquico y elitista, que en lugar de promover la participación activa y el debate ideológico genera la desmovilización del conjunto de la comunidad universitaria y favorece los acuerdos corporativos. La segunda cuestión tiene que ver con el modelo general de Universidad que se ha consolidado durante la gestión de Azpiazu, plenamente situado en el horizonte neoliberal de la Ley de Educación Superior”.

8 años después, bajo argumentos como el “sentido del momento histórico” los militantes de Patria Grande, encarnan el oxímoron de “luchar desde adentro” con la Franja y el Peronismo e invitan al conjunto del movimiento estudiantil a confiar en las mismas gestiones que sostienen una Universidad para pocos desde hace décadas, las mismas que bajan el ajuste a los trabajadores, recortan presupuestos, constituyen la mayor agencia de precarización de la ciudad con cientos de trabajadores no docentes con contratos basura y docentes dando clases sin cobrar un peso durante años. Patria Grande, 8 años después, nos proponen en las facultades reemplazar las asambleas por reuniones abiertas, las votaciones generales por votaciones por curso. Nos proponen un rol pasivo, y abandonar las calles a cambio de firmar un pliego de demandas. Alientan una lucha fragmentada y encorsetada donde los estudiantes desatendamos las luchas que el conjunto de la clase trabajadora está dando valientemente en las calles, olvidándonos que el movimiento estudiantil también ha sido motor de la historia cuando ha salido a las calles junto a los trabajadores como en el Cordobazo, o recientemente en Francia recuperando las mejores banderas que hace 50 años parían al Mayo Francés.

La miseria de lo posible o preparar la lucha contra el ajuste

Pelear por “lo menos peor” fue transcribiéndose en una constante en la lógica política de Patria Grande, mejorar un poco las condiciones de hoy que rigen bajo este sistema, para después si luchar por el socialismo.

Frente al ejemplo de unidad de las filas obreras que nos ofrece la fábrica sin patrón neuquina, Zanon, Patria Grande propone dividir a la clase trabajadora entre ocupados y desocupados, para que estos últimos salgan a la calle simplemente por un mísero aumento del salario social complementario, reivindicando incluso la “identidad cartonera” (como si al cartonero le gustara ser cartonero).

Frente al ballotaje del 2015 convenció a su militancia de que Scioli, a pesar de no representar ni milimétricamente los intereses de los oprimidos, era la “mejor opción” frente a Macri.

Frente a la discusión del Aborto, laberínticamente justifican el apoyo al Papa: “es progresivo que esté el Papa Francisco y no otro”.

Hoy bajo esa lógica, pretender combatir a Cambiemos y al ajuste que aplica, conviviendo pacíficamente puertas adentro de la UNLP con los mismos espacios políticos (El PJ, la UCR y su ala estudiantil Franja Morada, y el mismo PRO) que votan, permiten y ejecutan ese ajuste.

En contraposición al escepticismo y la necesidad de integración y adaptación que Patria Grande le propone a su militancia y al conjunto del Movimiento Estudiantil, desde la Juventud del PTS en el Frente de Izquierda creemos que la Independencia Política tiene que ser la bandera que se levante bien alto para enfrentar al ajuste.

No se puede pelear por la democratización social y política de la universidad de la mano (y a la rastra) de quienes votan los recortes en el presupuesto universitario entre cuatro paredes en representación de los más de 110 estudiantes; no se puede defender la educación pública con quienes siguen avanzando en convenios con empresas privadas, y orientan nuestros planes de estudios al servicio de las grandes empresas.

La resistencia contra el ajuste no se fortalecerá votando la variante “menos mala” sino saliendo a la calle junto a los trabajadores, las mujeres y la juventud bajo una estrategia que se proponga cambiar todo de raíz.

La autoproclamada izquierda popular merece un nuevo bautismo, uno más de los tantos que ha tenido.

Lo que quedaba de izquierda se esfumó con el voto a Tauber y la integración a la gestión universitaria. Lo que se veía popular fue dilapidado en un frente común con la Franja Morada, el PJ, la Agremiación Médica Platense y el antiabortista Colegio de Médicos.

La izquierda no puede adaptarse a ese perverso juego que nos proponen los de arriba.

La tarea es sin duda la el de fortalecer una alternativa independiente.

El camino lo marcan las luchas que nos antecedieron: las que enfrentaron a la LES y a la CONEAU, las que lucharon contra la precarización en el 2013, las que salieron a la calle contra el ingreso eliminatorio en medicina y lograron la expulsión de nefastos personajes como Piombo o Pérez Albizu, de la Universidad Pública.

La Universidad tiene que estar al servicio de elevar el nivel de vida del pueblo trabajador y en función de resolver las necesidades sociales. Queremos una universidad en la que puedan estudiar los hijos y las hijas de la clase obrera.

El gobierno universitario no precisa de una camarilla elitista que ate los destinos de la educación a los intereses de los capitalistas. La pelea por que los estudiantes sean mayoría y por mayor representación para trabajadores y trabajadoras docentes y no docentes en el cogobierno universitario, es fundamental en el camino de poner en pie la universidad que queremos.

La tarea de las organizaciones revolucionarias es aportar, desarrollar, coordinar y orientar esos procesos por abajo para que cada pelea no empiece desde cero y para que las grandes luchas, producto de las crisis capitalistas, puedan dar una salida de fondo a este sistema.



Source link