De Marco Polo a Xi Jinping, Italia se suma a la “ruta de la seda”

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La visita del presidente chino a Italia hace unos días selló el ingreso de la tercera economía europea a la “ruta de la seda” impulsada por Pekín. Malestar creciente en la UE y en Estados Unidos.

Italia es el primer país del G7 que ha ingresado en la denominada “Ruta de la Seda” china (Belt and Road Initiative, BRI). Algo que ha despertado alarmas en los socios europeos y en la Casa Blanca, por el avance que implica para gigante asiático en Europa.

El Washington Post informaba de la noticia de este modo: “Unos siete siglos después de que el legendario explorador y comerciante veneciano Marco Polo se embarcara en su odisea por China, los emisarios de Pekín están estableciendo una cabeza de playa propia en Italia”.

Lo que hasta hace unos años era un proyecto de China para la construcción de infraestructuras en países vecinos, se ha convertido en una política expansiva que abarca los cinco continentes en diversas áreas, desde transportes, gasoductos, oleoductos, construcción de centrales energéticas, acuerdos comerciales de exportaciones e importaciones, inversiones financieras y actividades culturales. Según Alice Ekman, investigadora sobre China del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI), la iniciativa “ya no solo incluye carreteras, rutas ferroviarias, puertos, aeropuertos e infraestructuras de transporte. También incluye normas y estándares, aduanas, tribunales, comercio electrónico… Básicamente, es una etiqueta que se puede pegar en todo un abanico de proyectos”.

La llegada de Xi Jinping a Roma fue presentada con entusiasmo por el gobierno italiano y los medios de comunicación. Al interior del gobierno de coalición entre la Liga de Salvini y el Movimiento 5 Estrellas de Di Maio, sin embargo, generó roces. Mientras Di Maio ha sido el principal defensor del acuerdo, Salvini no se opuso, pero ha puesto distancias y advirtió que hay que evitar “colonizaciones”.

El memorándum firmado entre los dos países incluye 29 acuerdos comerciales que se valoran (“potencialmente”) en 20.000 millones de euros. Aunque la inversión China en Italia sigue siendo menor que en otros países europeos, se ha presentado como un pacto estratégico, con toda la pompa. Entre los acuerdos comerciales firmados esta semana en Roma “destaca el alcanzado entre el Ministerio de Políticas Agrícolas de Italia y el gigante de compras por Internet Alibaba, que permitirá llevar a China naranjas de Sicilia.” (El País el 23/03) Pero China tiene más interés en invertir en los puertos italianos de Trieste y Génova, esperando reforzar la fuerte presencia que ya tiene en Grecia, donde la empresa china Cosco gestiona gran parte del puerto del Pireo. Este puerto va en camino de convertirse en uno de los más importantes de Europa y la región del Mediterráneo y China lo considera su “cabeza de dragón” en Europa.

Al mismo tiempo, China ofrece renovar el flujo financiero para Italia, en un momento en que la deuda pública alcanza el 130% del PIB y cuando el país ha ingresado oficialmente -durante la última semana- en “recesión técnica” después de dos meses con crecimiento negativo. Esta es la tercera vez que Italia entra en recesión desde el comienzo de la crisis. La primera vez fue durante el segundo trimestre de 2008 hasta el tercer trimestre de 2009, la segunda recesión se vivió desde el tercer trimestre de 2011 hasta el tercero de 2013. Con la caída del PIB en Italia, la recuperación del PIB europeo “aterriza”. De hecho, Alemania estuvo a punto también de entrar en recesión técnica, una situación que esquivó por poco margen. Aun así, la principal economía europea tuvo que recortar su previsión de crecimiento para 2019 del 1,8 al 1%.

Tensiones geopolíticas

El acuerdo de Italia con China cayó como una bomba entre los socios europeos y del otro lado del atlántico. El pasado el 12 de marzo, la Comisión europea había definido por primera vez a China como un “rival sistémico que promociona modelos de gobierno alternativos”. La movida de Italia abre una brecha -otra más- entre los socios comunitarios, en medio de las negociaciones fallidas sobre el Brexit.

El editor italiano del Washington Post, señalaba que “al perseguir el acuerdo de Belt and Road, el gobierno populista de Italia está rompiendo filas con los países más poderosos de Occidente, desafiando los deseos de la administración Trump, y poniendo de relieve el debate inestable dentro de Europa sobre cómo abordar las ambiciones de expansión global de China”.

La gira de Xi Jinping lo llevó de Italia a Francia, donde mantuvo una reunión extraordinaria con Macron, Merkel y Juncker. El presidente francés marcaba distancia con China en una frase: “Tenemos nuestras diferencias”. “Obviamente, el ejercicio del poder a lo largo de la historia de la humanidad no está exento de rivalidades, no somos ingenuos. Pero respetamos a China y estamos comprometidos con el diálogo y la cooperación”, señaló. Sus “diferencias”, no le impidieron, sin embargo, cerrar nuevos acuerdos comerciales con China, entre los que se incluye la venta de 300 Airbus por la suma de más de 30.000 millones de euros.

Por su parte, Junker exigía mayor “reciprocidad” en las relaciones comerciales entre la Unión Europea y China. Con el objetivo de frenar al dragón, Bruselas puso obstáculos para una mayor penetración de China en la UE, bloqueando la instalación de redes 5G en Italia por parte de Huawei, la compañía china de teléfonos móviles. Si bien Francia y Alemania ven en China una gran oportunidad de negocios, al mismo tiempo buscan evitar que se convierta en un avance imparable. El aumento de las inversiones chinas en países del este de Europa, donde crecen las formaciones políticas euroescépticas, también es un dato para tener muy en cuenta.

Mayor malestar generó toda la cuestión en la Casa Blanca. Desde el Consejo de seguridad no tardaron en responder a través de Twitter: “Italia es una de las principales economías mundiales y un gran destino para las inversiones… Apoyar al BRI le da legitimidad al enfoque depredador de China sobre las inversiones y no traerá beneficios al pueblo italiano.”

La creciente disputa comercial entre Estados Unidos y China ya tiene su capítulo “espagueti”.



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