Débora D'Antonio: “ellas estaban ausentes de los relatos ofrecidos por la Historia”

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Investigadoras y especialistas en estudios de género responden acerca de la historia del feminismo en nuestro país y la actualidad de su movimiento.

¿Cómo explicarías a alguien que no es del ambiente académico qué son los estudios de género?

Para hablar de los estudios de género debemos remitirnos primero a los estudios de las mujeres surgidos en los años setenta del Siglo XX que advirtieron que ellas estaban ausentes de los relatos habituales ofrecidos por la Historia, la Filosofía o la Literatura. En orden a eso estos estudios se propusieron: en primer lugar, restituir a las mujeres en los procesos históricos dirigiendo sus esfuerzos a rescatar y poner en valor numerosas vidas olvidadas y a complementar las narraciones que desde una posición masculina se habían presentado como pretendidamente universales; y en segundo lugar, estos estudios reorganizaron sus preguntas de investigación, interpelaron la ausencia de las mujeres en las fuentes documentales buscando alternativas para hallarlas y se animaron a periodizar atendiendo a los modos diferenciados en los que ellas se integraron a los procesos históricos. Posteriormente cuando se desarrollaron los estudios de género, que en nuestro continente fue a partir de mediados de los años noventa, estos se plantearon ir más allá de la historia de las mujeres poniendo en foco indagaciones que se centraban en las múltiples identidades sexuadas de los sujetos en el pasado. Tal como lo ha planteado la historiadora norteamericana Joan Scott: la perspectiva de género asumió la particularidad de las mujeres y también la de los varones y la de otras identidades como la de los que no adaptaban a modelos dominantes de masculinidad.

Ahora bien, no podríamos preguntar: ¿qué es el género para las Ciencias Sociales y Humanas? Cuando pensamos en términos de género entendemos que es una categoría que permite analizar la realidad pasada y presente en términos de relaciones sexuadas entre las personas. La perspectiva de género se propone comprender el porqué de las jerarquías y de las exclusiones de y entre los sexos. Hoy en día estos estudios no consideran al género como sinónimo de mujer ni de aquello que se halla enlazado al mundo de lo femenino (el hogar, la familia o la crianza, etc.). El género explica las desigualdades que estructuran las relaciones entre hombres y mujeres y que se dan en todos los órdenes de la vida social, económica y cultural y atiende a las tensiones que se producen en cada uno de esos escenarios entre varones y mujeres, pero también al interior de los grupos de mujeres y de los de varones. Estos estudios subrayan que las relaciones de género se encuentran atravesadas por cuestiones vinculadas a la portación de un determinado color de la piel, a la condición de clase, a la edad o la nacionalidad, entre otros factores. Los estudios de género también han discutido la naturaleza biológica de lo masculino y lo femenino y han propuesto una interpretación centrada en su carácter de construcción social, cultural e histórica, y por lo tanto contingente. La binarización del mundo en masculino y femenino no es un hecho insignificante, sino que resulta de una jerarquización donde unos son más poderosos que otras: lo masculino es superior, dominante y universal, y lo femenino es inferior, dominado y particular. Los estudios de género han permitido además situar la emergencia y los cambios que han impactado en las nociones de masculinidad y de feminidad. Entienden que el sexo es un hecho biológico determinado por la diferenciación sexual de la especie humana y que el género es lo que cada sociedad inviste sobre los sexos como los roles, las identidades y los valores atribuidos segmentadamente a varones, por un lado, y a mujeres, por otro. Otras perspectivas dentro de los estudios de género incorporan una dimensión psicoanalítica entendiendo que mujeres y varones son producidos por el lenguaje y por los procesos del inconsciente vinculados a la simbolización de la diferencia sexual.

Por último, vale aclarar que tanto los estudios de las mujeres como los de género han surgido y se han desarrollado al calor de las demandas de los feminismos, del movimiento de mujeres y de otras corrientes en favor de la disidencia sexual.

¿Qué rol cumplieron las mujeres en la historia de nuestro país?

Las mujeres, al menos desde hace más de un siglo, vienen impulsando diversos procesos para lograr su emancipación, amplificar sus derechos políticos, sociales y económicos, y evadir el confinamiento doméstico al que la sociedad burguesa las había condenado. En ese sentido desarrollaron diversas formas de participación para poder pertenecer a una comunidad política que les negaba su ciudadanía. A fines del Siglo XIX y principios del XX se destacaron las mujeres pertenecientes a las clases dominantes que contaban con un capital sociocultural que les permitía destacarse en la prensa independiente o disputar con los hombres de Estado espacios en la administración de asilos y hospitales a través de la Sociedad de Beneficencia, por ejemplo. Ambos lugares de intervención les permitieron trascender los límites del espacio doméstico. Hubo posteriormente mujeres que se centraron en luchar por alcanzar el voto y la posibilidad de ser candidatas elegibles a los escaños parlamentarios, así como por conseguir un código civil más justo que les permitiese autonomizarse de sus padres y maridos.

Las mujeres obreras, por su parte, ocuparon las calles y las plazas, los teatros y las fábricas para lograr mejores condiciones laborales y derechos habitacionales. En numerosas oportunidades ellas acompañaron, además, las luchas de sus maridos, hijos o hermanos. Así, en huelgas de gremios masculinos como la de los ferroviarios o la de los obreros de la construcción que tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XX, desplegaron sus propios repertorios de acción en las ollas populares, en la defensa de los presos, en los cortes de calles o en el enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Ocuparon importantes lugares en la construcción de la democracia de masas y en el apuntalamiento de los partidos políticos. También formaron parte de los procesos de modernización cultural al ingresar a las universidades y a las nuevas organizaciones de la izquierda revolucionaria de los años sesenta y setenta.

Durante la última dictadura militar las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo se colocaron en el centro de la escena política con el objeto de conocer la verdad sobre la desaparición de sus seres queridos y en los años de transición a la democracia lograron que, por ejemplo, la multipartidaria, una instancia de acción conjunta de distintos partidos pusiese en agenda las demandas particulares del feminismo. Los años noventa vieron nacer en el desguace del país al movimiento piquetero donde las mujeres fueron centrales en los cortes de ruta y en la recuperación de las fábricas que eran abandonadas por sus propietarios. Hoy en día son las mujeres dentro de las filas de los feminismos las que se colocan nuevamente a la vanguardia de la lucha por conseguir mayores derechos sexuales y reproductivos. En síntesis, las mujeres con sus acuerdos y diferencias tuvieron históricamente una amplia presencia en los hechos más importantes de la historia de nuestro país y dieron lugar a modos creativos de participación. Sin embargo, este proceso no ha sido lineal, porque la movilización y organización de mujeres no siempre tuvo un correlato inmediato con la consecución de nuevos derechos, tal como ha sucedido con la fabulosa lucha en favor del aborto, legal, seguro y gratuito que hasta ahora no logramos transformar en ley.

¿Qué opinás de la relación entre género y clase que representa un debate importante en la historia del feminismo?

Históricamente las cuestiones de género tuvieron significativa importancia para las izquierdas, aunque estuvieron subordinadas a que se resolvieran en primera instancia las cuestiones de clase que eran entendidas como la contradicción prioritaria del sistema capitalista. Sin embargo, si aceptamos que el género es un elemento constitutivo de las relaciones sociales que organiza el ejercicio desigual del poder, género y clase debieran entrelazarse y no subordinarse. En tal sentido, son los estudios de la interseccionalidad, los que tras un enfoque que entiende que el género, la etnia, la clase o la orientación sexual están estrecha e inextricablemente relacionados, nos muestran que el género es tan importante como el lugar que se ocupa respecto de los medios de producción. No hay categorías homogéneas que permitan pensar en la existencia de la “mujer” o del “varón” porque ambos están atravesados por diferencias de clase, de etnicidad, de raza, de edad, de sexualidad, de nacionalidad, entre otras.

¿Cómo ves hoy al movimiento de mujeres?

El movimiento de mujeres se ha constituido en una suerte de sujeto histórico referenciado en las luchas llevadas adelante por las mujeres para desarticular las desigualdades de los sistemas sociopolíticos construidos sobre la base de una división sexual jerárquica. Si en el siglo XVIII y XIX se buscó la igualdad de los derechos civiles (obligaciones matrimoniales y deberes y derechos sobre los hijos e hijas, acceso al trabajo y a la educación, por ejemplo), ya en el siglo XX, las energías se alienaron para obtener los derechos políticos.

En los años sesenta y setenta el eje cambió nuevamente y se colocó en agenda el derecho a la autonomía del cuerpo y al ejercicio de una libre sexualidad. Los movimientos de mujeres y los feminismos al colocar en el centro de su activismo la adquisición de mayores derechos se constituyeron en vanguardias contra la inequidad, la desigual distribución de poder y las exclusiones de la ciudadanía.

Hoy en día hemos dado el debate sobre otros temas clave como el de los feminicidios, la violencia de género y sexual, la brecha salarial, cómo afectan las deudas a las mujeres, los convenios colectivos de trabajo, el derecho al aborto, la construcción de instituciones libres de sexismo, etc. Hemos puesto también en discusión las formas del lenguaje, las relaciones de pareja y la construcción del orden familiar y doméstico. En síntesis, las mujeres, los feminismos y los movimientos en favor de la diversidad sexual instalaron sus preocupaciones en la opinión pública local en conexión con otros procesos que se están desarrollando a nivel internacional. Grandes movilizaciones como las impulsadas por el colectivo NiUnaMenos, el paro mundial de mujeres del 8 de marzo pasado o las multitudinarias marchas en todo el país por la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo nos muestran que a pesar de los derechos conseguidos no nos podemos relajar porque falta mucho y porque todo lo que hemos obtenido lo hemos conseguido luchando.

“En síntesis, las mujeres con sus acuerdos y diferencias tuvieron históricamente una amplia presencia en los hechos más importantes de la historia de nuestro país y dieron lugar a modos creativos de participación”

Acerca de la entrevistada

Débora D´Antonio Es Doctora en Historia por la Universidad de Buenos Aires. Es investigadora independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y se especializa en la historia argentina reciente y su enlace con los estudios de género y sexualidad. Es miembro del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA) y es profesora en la misma institución. Es autora del libro La prisión en los años setenta: Historia, género y política (Editorial Biblos, Buenos Aires, 2016) y compiladora y autora de capítulos en los libros: Violencia, espionaje y represión estatal. Seis estudios de caso sobre el pasado reciente argentino (Imago Mundi, Buenos Aires, 2018); Deseo y represión: Sexualidad, Género y Estado en la historia reciente argentina (Imago Mundi, Buenos aires, 2015); Hilvanando historias mujeres y política en el pasado reciente latinoamericano (Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2010); De minifaldas, militancias y revoluciones. Exploraciones sobre los ´70 en la Argentina (Ediciones Luxemburg, Buenos Aires, 2009) e Historia, Género y Política en los ´70 (Editorial Feminaria, Buenos Aires, 2005).



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